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El Che sigue creciendo, con sus dos meses
y diez días de vida recién cumplidos, el pichón
aprende y desarrolla cada vez más las costumbres
y comportamientos típicos de la especie.
Cuando llega la hora de la comida, el Che
ofrece una calurosa y ruidosa bienvenida,
tanto a su "papá" como a su "mamá" títere,
agitando sus alas .
Al mismo tiempo, busca la comida tocando y
empujando el pico de sus padres, y acompaña
sus movimientos con ruidosos graznidos, que
demuestran su impaciencia por comer. Cuando
termina su alimento, interactúa con sus padres,
acicalando la parte del collar y cuello de
los mismos.
Pero si observan con cuidado, en sus alas
hay una gran novedad: entre el plumón aparecen
sus nuevas y sedosas plumas .
Estas comienzan a asomarse entre el espeso
y abundante plumón y, con el tiempo, lo van
a ir reemplazando.
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