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Guatemala
Tikal: los restos del esplendor maya


El Parque Nacional Tikal, situado en la selva de El Petén, al norte de Guatemala, guarda uno de los grandes tesoros arqueológicos de la humanidad en medio de una exuberante riqueza natural. Hace más de cinco siglos, Tikal fue uno de los centros urbanos más importantes del área maya en su tiempo, si no el más importante. Los mayas levantaron su ciudad sagrada en medio de la selva impenetrable, resguardados por monos y víboras. Con el paso de los siglos, la naturaleza avanzó sobre la creación humana y la cubrió por entero; la gran ciudad de los mayas fue absorbida por la selva. Recién en 1848, Tikal fue redescubierta y expuesta a la maravillada visión de los visitantes.

Tikal, declarada por la UNESCO "patrimonio de la humanidad", ofrece la maravillosa combinación de turismo natural con turismo histórico, ya que es a la vez un sitio arqueológico de suma importancia y una de las reservas naturales más importantes de Centroamérica. A lo largo de 576 kilómetros cuadrados, la selva se despliega en inmensa variedad y abundancia de la flora y fauna. En muchos casos, se encuentran allí especies ya extinguidas en el resto del mundo. Es por eso que Tikal resulta un santuario para los amantes de la observación de aves, tanto locales como migratorias. La inmensa selva es un refugio de tucanes, loros, guacamayas, colibríes, especies muy raras como los halcones de pecho naranja y por supuesto quetzales, las aves sagradas de los mayas.

Además, el parque resguarda a la mayor parte de los mamíferos de Guatemala. Es imposible ignorar los gritos de los monos aulladores, conocidos localmente como zaraguates, que aparecen desde cualquier lado y de pronto se ven colgando de todos los troncos. El observador silencioso y afortunado podrá ver también pizotes, mapaches y venados de cola blanca que se pasean tranquilamente entre las ruinas. Hay también gran cantidad de pumas y jaguares, pero no es probable encontrarlos en las áreas abiertas al público. Por el contrario, sí es posible cruzarse con serpientes de gran tamaño que habitan en la selva.

La diversidad de la flora hace de la selva del Petén uno de los grandes pulmones de Centroamérica. Allí pueden encontrarse especies amenazadas, como cedros y caobas. En la misma entrada del Parque Nacional Tikal, el visitante es recibido por un gigantesco ejemplar del árbol nacional guatemalteco, la ceiba, que convive en simbiosis con otras plantas y toma así un aspecto excepcional.

 

La antigua ciudad de los mayas

Quien crea que las civilizaciones precolombinas eran poco evolucionadas se llevará una sorpresa en Tikal. Cuesta recorrer por completo las más de 3000 construcciones que se extienden sobre 16 kilómetros cuadrados: terrazas, residencias, palacios, templos, plataformas ceremoniales, juegos de pelota, plazas, calzadas y baños de vapor.

Según los arqueólogos, Tikal habría sido habitada durante más de 1500 años; las primeras evidencias de ocupación del lugar se remontan aproximadamente al año 800 a. C, y las últimas a los 900 años d.C. En ese período, la civilización maya alcanzó un altísimo desarrollo cultural, artístico, arquitectónico, urbanístico y astronómico; se trata de la única civilización precolombina que desarrolló un sistema de escritura e incorporó el cero a su sistema de numeración.

Al entrar al Parque, el primer impacto llega con la Gran Plaza, el corazón de la antigua ciudad, donde se celebraban todos los acontecimientos públicos. Está rodeada por cuatro grandes construcciones que quitan el aliento. A este y oeste, se encuentran enfrentados los templos I y II, o Templo del Gran Jaguar y Templo de las Máscaras. Miden 45 y 38 metros respectivamente, y desafían al turista con escarpados escalones. Ambos fueron construidos aproximadamente en el año 700 dC, bajo las órdenes del Ah Cacao, cuya tumba fue construida en el templo 1. En la Plaza Este, donde desembocan dos antiguas calzadas, pueden observarse las estructuras, sin restaurar, del mercado y uno de los juegos de pelota. Para los mayas, el juego de pelota (en el que se dividían en equipos, como en el fútbol, pero no podían tocar la pelota con los pies) era ritual.

En Tikal es posible caminar durante horas y seguir descubriendo "nuevos" sitios arqueológicos desde la selva. Sólo se tiene una idea de su dimensión real desde lo alto del Templo IV, de 65 metros, la construcción más alta de todo Tikal. La subida es difícil, como subir por una empinada escalera a un rascacielos. Pero tiene su recompensa. El Templo IV, llamado De la Serpiente Bicéfala, supera ampliamente la altura de los árboles, de modo que ni los pájaros llegan tan alto. Desde allí se aprecia la inmensidad de la selva, y la silueta de los otros seis templos principales.

Datos útiles

Cómo llegar

Tikal queda en el distrito guatemalteco de El Petén, a más de quinientos kilómetros de la ciudad de Guatemala. La manera más sencilla de acceder es por medio de una avioneta; hay salidas regulares desde Guatemala, Belice y Chetumal (Yucatán, México). Los ómnibus desde la ciudad de Guatemala demoran aproximadamente catorce horas, ya que el terreno es muy malo. Otra opción es alquilar un vehículo, pero hay que tener en cuenta que la ruta está mal señalizada y con la lluvia puede llegar a embarrarse mucho. Por último, la opción "súper aventura" es llegar a Tikal por agua, desde el estado de Chiapas, México. Desde las ruinas mayas de Palenque se trata de un viaje de aproximadamente tres días, la mitad en precarias balsas que navegan ríos tropicales.

Dónde dormir

En el Parque Nacional Tikal hay un gran hotel, aunque sus costos son un poco elevados. También se puede acampar en el terreno. La población más cercana es Flores, un pueblito modesto y polvoriento a una hora de automóvil del parque. Allí es posible encontrar amplia oferta de alojamiento económico. Muchos turistas visitan Tikal en unas horas y regresan a su punto de origen en el día, aunque el parque no termina de conocerse sino en varios días.

Qué llevar

Tikal no es precisamente un jardín: es una selva tropical. Eso implica que hace mucho calor, un calor húmedo. Es conveniente llevar ropa liviana y clara, y no olvidar el sombrero. También son necesarios repelente para insectos y protector solar. Además, como en la selva puede haber reptiles peligrosos, es importante llevar zapatos cerrados, preferentemente de trekking. Una cantimplora para llevar agua resulta muy útil, y también es conveniente llevar algo para comer, ya que dentro del parque no se venden alimentos ni bebida.

 



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