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Travesía
serrana en moto
Héctor
Zorzi - Aventurero
Hola,
queridos amigos de Aventurarse. Como les había prometido,
aquí les mando la hoja de ruta del último
viaje que realicé con mi motocicleta Honda XL600V
(Transalp). Debido a mi trabajo en Buenos Aires y a que
mi familia reside en la ciudad de Santa Rosa, La Pampa,
solicité unos días en el trabajo y viajé
hacia mis pagos el día 24 de diciembre de 1999, por
la mañana, como para desayunar un poco de asfalto.
Por
motivos del famoso Y2K (problemas en las computadoras por
el año 2000) mi compañero de viajes, Walter
Belaustegui, debía permanecer en su puesto de trabajo
durante la transición del 31 de diciembre. ¡Qué
injusto! Así que, fiel a mis instintos y con la necesidad
de viajar, decidí emprender un viaje a las Sierras
de Córdoba.
La
primera etapa del viaje fue de Buenos Aires a Santa Rosa,
donde vive toda mi familia. Allí pasaría las
fiestas de fin de año. El viaje hasta Santa Rosa
fue de lo más "normal": 300 kilómetros
de sol y 300 kilómetros más, pero de lluvia.
Claro, fue normal, porque así, con lluvia, fueron
casi todas mis salidas. Esta no era la excepción.
Lunes
3 de enero. Sol versus nubes
Luego
de las fiestas navideñas y repuesto de tantos brindis,
preparé la hoja de ruta considerando los consejos
de mi amigo, Gustavo Lardone, que para esta época
estaba dedicado a la construcción de su casa, motivo
por el cual no pudo acompañarme. El plan del día
era llegar a Villa General Belgrano, etapa de algo más
de 500 kilómetros, los que para empezar no eran pocos,
teniendo en cuenta todo lo que tendría por delante.
Ya con todo empaquetado y atado sobre la moto, partí
rumbo a las Sierras de Córdoba a las 11:00 de la
mañana, con un día espectacular.
Todo
funcionaba a la perfección, hasta que el cielo se
enteró que yo estaba nuevamente en la ruta y sucedió
lo esperado: la lluvia. El sol se peleaba entre las nubes,
pero al final lograron vencerlo. Y así, una refrescante
llovizna, por momentos muy fuerte, me acompañó
por unos 250 kilómetros, hasta llegar a Villa General
Belgrano.
En
este trayecto me di cuenta del error que cometí al
no llevar el calzado para lluvia. Así fue que llegué
a Río Cuarto con el traje de lluvia y unas botas
improvisadas, hechas con unas bolsas de nailon negras. Allí
me detuve en una ferretería a comprar las botas de
goma, aunque no muy cómodas, útiles al momento
de impermeabilizar los pies.
Más
tarde, en una estación de servicio Esso, me detuve
a calentarme un poco junto a unos provincianos, aceité
la cadena, cargué combustible y hasta me leí
un diario, mientras esperaba que cese la lluvia.
Una
breve visita a la Plaza Cosquín, vacía pero
con algunos muchachos armando el escenario, quizás
preparándose para el festival de folklore. Horas
después llegaba a la Villa, para acampar en el Camping
Los Reartes. No había mucha gente, así que
pude elegir un buen lugar donde armar la carpa para pasar
la noche y secar algo de equipaje.
Martes
4 de enero. Aires frescos
Amaneció
un poco nublado, ideal para quedarse todo el día
dentro de la carpa. Pero mi idea era recorrer un poco Villa
General Belgrano y conocer su gente y sus costumbres. Di
unas vueltas por el pueblo, me detuve para probar un chocolate
con alfajores regionales en una típica cabaña
de la zona y viendo que el día comenzaba a mejorar,
con el cielo despejado, emprendí el viaje hacia el
norte de Córdoba.
Serpenteantes caminos, diques y una espléndida vegetación
adornaron mi camino hasta Capilla del Monte. Me detenía
en cada dique o lago que atravesaba. Un par de fotos, algún
refresco, un momento de tranquilidad para estirar las piernas
y llenar los pulmones de aire puro. Ese aire puro hacía
también inevitable recordar aquellos aires frescos
del Sur, de Ushuaia o Perito Moreno, tan frescos en mi memoria
desde aquel viaje con mi amigo
Walter y su Kawasaki 750Ltd.
Alta
Gracia y la majestuosa casa del Virrey Liniers, Dique los
Molinos, Lago San Roque, Cosquín, La Cumbre y Los
Cocos, finalizando la jornada en el camping del balneario
La Toma. Allí sólo permiten carpas, por lo
que los acampantes son en general mochileros, ciclistas
o gente con sus pequeñas carpas. Cabe destacar la
atención de los chicos de la administración,
por su buena predisposición y permitir elegir el
lugar donde uno quiere armar su carpa. Aprovecho este medio
para avisarles que me he quedado, sin querer, con el cartón
que identificaba el box donde paré. Prometo que el
año que viene, cuando vuelva, se los devuelvo.
Miércoles
5 de enero. La inmensidad del paisaje
Dicen
que como se empieza se termina. Y así se estaba cumpliendo.
Las nubes cubrían nuevamente el cielo, por lo que
presentí que sería una jornada más
que prometedora. Ante la posibilidad de nuevos chaparrones
y teniendo en cuenta mis planes de cruzar el camino de las
Altas Cumbres, ubicado al sur de Córdoba, decidí
empacar y emprender el regreso hacia Carlos Paz.
Llegando
al pie de la Sierra Grande, el camino comienza a elevarse
y llega a su máxima altura en el paraje El Cóndor.
Son algo más de 100 kilómetros, para cruzar
por encima de la sierra. Es un camino espectacular, pero
me habían recomendado no hacerlo si el día
no estaba despejado, ya que a esas alturas el cielo se pone
espeso y como uno tiene que subir a las mismas alturas que
las nubes, o más, cualquier desprendimiento deja
piedras en la ruta y para los motociclistas es muy peligroso
encontrarse en plena curva con un regalito de este tipo.
Pero
todo fue de maravilla, quiero reconocer que más de
una vez me encontré al borde del asfalto por mirar
la inmensidad del paisaje. Al final del camino se llega
a Mina Clavero, un balneario elegido por familias, muchos
jóvenes y hermosas jovencitas. Aquí, debo
mandar un saludo a Martín, un flaco de La Plata,
Buenos Aires, que se acercó con unos mates cuando
yo comenzaba a armar mi tienda. Charlamos de mi viaje e
intercambiamos anécdotas de viajes anteriores.
Jueves
6 de enero. San Luis espera
Día
de descanso a orillas del Río Mina Clavero y una
estadía en el Camping Dos Ríos, una vuelta
por Cura Brochero, asadito, mate va, mate viene, y pensando
en la etapa del día siguiente. Mis intenciones eran
pasar un par de días recorriendo la Provincia de
San Luis, digamos acampar en Merlo y El Volcán, lugares
que hacía muchos años no visitaba. Ya por
la noche, preparé las ataduras en la moto y cargué
casi todo el equipaje. Sólo dejé por empacar
la carpa y la bolsa de dormir.
Viernes
7 de enero. Lluvia y más lluvia
Como
no podía ser de otra manera, a las 5:00 de la mañana
un trueno me despertó. ¡Oh, no!, agua nuevamente.
Rápido como un rayo me levanté y empaqué
la bolsa, la carpa y algunas cosas sueltas, me puse el "venenoso"
(traje verde para la lluvia) y... empezó a gotear.
Rápidamente salí del camping, con los guantes
a medio colocar. El apuro se debía a que en la salida
del camping había una empinada subida de tierra y
"con la moto cargada no puedo andar haciendo piruetas",
pensé.
Recordé
que a unos mil metros había una estación de
servicio. Una vez allí, reacomodé y ajusté
las ataduras del equipaje, que no habían quedado
muy tensas debido al apuro de cargar todo antes que se moje
demasiado. Permanecí en ese lugar hasta las 6:30
de la mañana, charlando con el playero y esperando
que aclare un poco para poder salir a la ruta y facilitar
la visión.
La
historia del viaje hasta la capital de San Luis es muy húmeda.
Prefiero decir que el mal tiempo me acompañó
hasta la ciudad. Fueron unos 300 Kilómetros de agua
y viento. Nuevamente, una estación de servicio me
sirvió para descansar un poco, ajustar y aceitar
la cadena, un café caliente y algunos chocolates.
El diario y la radio coincidieron en el pronóstico
y parece ser que esta vez acertaron. ¡Lluvia para
todo el fin de semana!
Ante
este pronóstico tenía que decidir: acampar
con lluvia y esperar que el tiempo cambie o regresar a La
Pampa (a 500 kilómetros), donde seguramente me esperaban
con un buen asado y ansiosos de escuchar mis anécdotas.
Lo
pensé un rato y arranqué rumbo a mis pagos.
Después de 100 kilómetros de ruta, el cielo
se despejó y la lluvia se terminó. Al llegar
a Vicuña Maquena tomé la Ruta 35, que me lleva
directamente a la Ciudad de Santa Rosa. El sol: radiante.
Las
tres horas que demandó el tramo me sirvieron de balance,
luego de un viaje bastante cargado de agua, pero con mucho
para contar y compartir. Se fueron sucediendo decenas de
imágenes, imágenes que recordaban cada instante
vivido a pleno. Y no necesité más para convencerme
de que viajar en moto es una experiencia única. Sólo
puede ser vivida en carne propia, así que tomé
fuerte el manubrio, respiré hondo y disfruté
los kilómetros que me faltaban para arribar a Santa
Rosa.
Llegué
a las 15:30, aproximadamente. Había recorrido unos
1800 kilómetros en cuatro días. Ambos nos
merecíamos un descanso, ¿no?
Evocación
Hoy,
20 de noviembre, ya no tengo la moto. Durante mi regreso
de Córdoba, tuve la sensación de que esto
debía terminar así, a lo grande, con un viaje
sensacional y sin problemas. La historia se repite, dicen
por ahí. Así fue como yo compré esta
moto en Santa Rosa. Había juntado unos pesos y quería
comprarme una moto: la primera y la única. Así
fue también que conocí a Gustavo Lardone,
quien aún sigue repitiendo "me la arrancaste
de las manos y del corazón" , "esa moto
anda mejor que la mía", "cuando la vendas
avisáme, en una de esas te la vuelvo a comprar".
Palabras de Gustavo, un pampeano amigo, entrañable
y rutero empedernido, además, mi maestro.
Aquí
se cierra el libro de esta historia que empecé a
escribir hace algo más de dos años, de los
cuales me quedan miles de recuerdos, cientos de fotos, anécdotas
y la sensación de haber disfrutado a pleno el tiempo
que estuvo conmigo. Nunca la olvidaré. Es y será
irremplazable. ¡Es como la vieja!
Nota:
e-mail:
pampa9@yahoo.com
web: www.geocities.com/pampa9/
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