El Portal Latinoamericano de la Aventura y el Turismo

Suscribite
 
Elegí
Aventurarse
como página
de inicio

Agregá
Aventurarse
a tus favoritos

Recomendanos
a un amigo


Conferencia: Montañismo y Arqueología, otra visión de las montañas

Christian Vitry - Experto Aventurarse

El martes 9 de abril de 2002, en la sede del Club Entrenamientos de Montaña y Centro Cultural de Montaña (Perón 3390, Buenos Aires, Argentina), fui invitado a dar una conferencia, cuyo tema fue "Montañismo y Arqueología, otra visión de las montañas". Quiero agradecer a los organizadores por su interés en la concientización de los andinistas y compartir con ustedes parte de los temas abordados en la oportunidad.


Nuestras montañas tienen una característica distintiva, un valor agregado: poseen una carga simbólica y cultural de profunda data. Fueron y son objetos de culto. Las montañas como, otros elementos del paisaje, dejan de ser materia inerte para complementarse con significaciones culturales y transformarse en huacas (santuarios). Los Inkas potenciaron esta tradición ancestral, la magnificaron y llegaron construir pequeños "templetes" en las cumbres y laderas de las montañas; muchas veces, incluso, ofrendaron vidas en esos lugares.

Galán, Acay, Quewar, Llullaillaco, Nevado de Castillo, Chañi, Cachi y una treintena más que se conocen sólo en nuestra provincia, casi un centenar en el país y alrededor de doscientas en toda la cordillera andina: montañas con restos arqueológicos, que evidencian la profundidad en tiempo de estos rituales. Esa misma montaña que para algunos es una meta deportiva, para otros una fuente de minerales y trabajo, un motivo paisajístico o tal vez no sea nada; es, en cambio, para los andinos parte de su vida, tradición, cultura, religión.

No hace mucho tiempo, en una expedición realizada al Nevado de Acay, dialogaba con Don Pedro Cruz -hombre de tez curtida, manos ásperas, pétrea mirada y profundos pensamientos- quien vive al pie del macizo y me comentaba muy preocupado sobre las consecuencias de la sequía y la imposibilidad de alimentar a sus llamas y ovejas, las cuales estaban cada vez más escuálidas..."hace como siete años que no tenemos buena lluvia, los pastos escasean y no sabemos qué vamos a hacer si sigue así el tiempo". Y entre labios, se deslizó una reflexión emanada desde lo más profundo de sus convicciones culturales y religiosas: "...tal vez sea... [enmudeció por unos instantes] porque hace tiempo que no subimos a lo alto para ofrendar...". Sobre sus espaldas pesaba la tradición de siglos, encontrándose en una ambigua situación, que seguramente lo desestructuraba; por un lado, las explicaciones de los ingenieros y técnicos, conocedores de las ciencias de la tierra; por otro, sus costumbres "paganas" de alimentar la tierra con sangre, mediante un sacrificio, para que ella le devuelva los favores, comunión y comunicación íntima con las fuerzas telúricas que tanto respeta.

Otra experiencia de esta naturaleza la he vivenciado en el volcán Quewar, ubicado en el corazón de la Puna salteña. Sentada sobre una roca se encontraba una pastora junto a su hijita hilando un manojo de cobriza lana de llama, mientras cuidaba su rebaño en colaboración con los perros, fieles guardianes y compañeros. Luego de charlar un buen tiempo y habiendo yo sacado el tema de las ofrendas y la montaña, con total naturalidad y espontaneidad me contó que, cuando niña acompañaba a su padre a realizar las ofrendas a la montaña. Ella no había llegado hasta la cima del volcán -donde se hacía la ceremonia- pero era muy común este tipo de actividades en Santa Rosa de los Pastos Grandes, desde donde salían rumbo al volcán. Con el tiempo, la actividad minera trajo consigo la "civilización" y, poco a poco se fue perdiendo esta tradición como tantas otras. El hecho es que, a pesar de no realizar en la actualidad ofrendas en la cima de la montaña, las hacen en el bajo, pero dirigiéndose a ella y para ella; porque es allí donde se establece el contacto directo con la Pachamama; es el cerro quien les entrega el líquido vital a través de sus vertientes, es quien atrae las lluvias y apacigua los vientos, es el que esta más próximo al sol y la luna, es la representación de lo "sagrado" y es la montaña la que los protege de todo mal.

La montaña vincula lo celestial con lo terrenal, tratándose de un fenómeno más generalizado de lo que se suele pensar; por ejemplo, en la India, el Monte Meru es sagrado; en Irán, la montaña llamada Haraberezaiti; el Monte de los Países, en Mesopotamia; en Palestina, el Monte Gerizín; en México, el Popocatelpetl; y la mayoría de las montañas del Himalaya, sólo por mencionar algunos casos.

La idea generalizada parece ser que éstas señalan el punto más alto del mundo, entiéndase, el mundo de cada cultura, el centro del mundo; en ese punto elevado se está más cerca de los elementos adorados (sol, luna, rayos, arco iris, nubes, etc.); desde allí se tiene otra visión y perspectiva, impensada para la gente del llano. Ascender, significa trasladarse a otro nivel, estar en otro plano, no sólo geográfico, sino también simbólico, penetrar en una especie de "región pura" o "sagrada" que trasciende al mundo profano. Estos lugares se transforman en "santuarios" o "puertas de los cielos", lugares de tránsito entre el cielo y la tierra, donde el espacio y el tiempo se sacralizan.

Los hallazgos arqueológicos

No es casual que en las cumbres de las montañas y cerros, en general existan cruces. La mayoría es obra de los llamados "Extirpadores de Idolatrías", sacerdotes de la colonización y evangelización, cuya misión era borrar toda evidencia de idolatría y religión indígena precolonial. Los cerros eran santuarios adorados, sobre ellos había que poner el símbolo de la nueva religión, el nuevo objeto a adorar: la cruz; en otros casos, se construyeron iglesias y templetes sobre las huacas (templos del ídolo o el mismo ídolo).

El tiempo ha transcurrido y, a pesar de todo, la tradición y algunas costumbres perduraron hasta nuestros días. En un mundo globalizado, computarizado, capitalizado, posmodernizado, contaminado y todos los "ados" que se nos ocurran, existen personas que establecen una íntima comunión con la naturaleza, que la respetan y conocen profundamente, personas que miran más lejos y profundo que cualquiera de nosotros, habitantes de las urbes.

Los hallazgos arqueológicos en las montañas se produjeron en primera instancia por buscadores de tesoros, luego por arrieros y montañistas; finalmente intervinieron los arqueólogos profesionales, lamentablemente, sin que los primeros hayan cesado nunca su actividad. Existen muchos actos vandálicos en las cumbres, pero también existen personas dispuestas a cuidar y proteger el patrimonio cultural: éstos son los montañistas. Ellos transitan permanentemente por las alturas y los lugares inhóspitos, produciendo permanentemente hallazgos arqueológicos que generalmente son desconocidos por los científicos.

Como arqueólogo y montañista conozco ambas realidades y estoy convencido que es más viable capacitar y concientizar a los montañistas para que colaboren con los arqueólogos interesados en la protección del patrimonio, que entrenar arqueólogos para que suban a las montañas. Lo primero siempre será más expeditivo que lo segundo.

 

Nota:
El Centro Cultural de Montaña tiene como objetivo fomentar una conciencia de respeto entre los montañistas. Los invitamos a participar en nuestras conferencias y actividades y cualquier información que necesiten sobre los temas expuestos, no duden en escribir a entrenamientosonline@hotmail.com



 



Copyright 2000 - 2007 Aventurarse.com

info@aventurarse.com




Carreras de Aventura por país