Sauce de los Quevedos en bici
Diego Villafañe
- Experto
Aventurarse
El
pasado 11 de agosto de 2001, realizamos otra clásica
salida de montain bike en la provincia de Córdoba,
Argentina. Partimos del norte de la Sierra Grande (Cuchilla
Nevada), a 1950 metros de altura, para realizar una travesía
por huellas, sendas y caminos hasta Salsacate y Taninga,
en el valle de Traslasierra. Catorce ciclistas tomaron
parte de la excursión en esta oportunidad: Claudio,
Carlos, Marcelo, Gabriel, Daniel, Gustavo, Pablo, Tito,
Daniel, José, Luis, Nicolás (con bike new),
Iván (coordinador) y quien escribe (guía).
El día pintó para fuera de serie, con cielo
totalmente despejado. Pero, al llegar a la cota más
alta del circuito, en Cuchilla Nevada, el viento norte
soplaba con mucha fuerza, descontrolando por momentos
nuestra trayectoria, especialmente cuando impactaba de
costado. Luego, al ir internándonos en Cumbre de
Gaspar, se calmó un poco y, finalmente, nos volvió
a alcanzar con intensidad en Sauce de los Quevedos. Pero
esta vez, ¡de popa!
El
día había comenzado en nuestro local base,
Genoa Bikes, en el Cerro de las Rosas, Córdoba,
a las 07:50. Partimos con algunos minutos de retraso,
tras aguardar a un par de ciclistas con problemas para
"despegar"de sus cómodas literas. Ya
en camino, con buen promedio pasamos por Carlos Paz, Tanti,
Los Gigantes, el río Yuspe y Cuchilla Nevada, donde
con mucho trabajo por el tremendo viento, bajamos las
bikes del trailer para comenzar el pedaleo. Cargamos víveres
extra, ya que no nos encontraríamos con el móvil
de apoyo hasta finalizar el recorrido, en Taninga.
Emprendimos
los primeros cinco kilómetros con viento de frente,
¡Fue durísimo! Al llegar al desvío
cambiamos el rumbo. Comenzó entonces el primer
descenso. Pero el piso, lleno de piedras sueltas, y el
viento, que nos pegaba de costado e intentaba sacarnos
de la huella, se mostraban como considerables obstáculos.
Daba la sensación que nuestras bikes iban para
donde querían (ellas y no el piloto). Una etapa
difícil.
Al
final del tramo, cruzamos el río San Guillermo,
que traía escaso caudal. El largo tiempo sin lluvias
y las continuas heladas, habían dejado todo seco
y con escasos tonos verde. Entonces, comenzaba la etapa
del único ascenso importante, para superar Cumbre
de Gaspar. El viento se sentía mucho menos y ya
no representaba un problema o peligro.
Entre
espinas y piedras
El
marcado ascenso por la serpenteante huella fue espectacular.
Entre quebradas y filos, pasamos el cruce a la Capilla
y realizamos el alucinante descenso a Ciénaga de
Britos. Saludamos a la familia Barros, nos pelamos con
"la gorda" Zapata y continuamos por la senda
hacia el mirador, con varios desvíos y cruces,
primero en ascenso (corto) y luego en una larga bajada,
una de las mejores del circuito, esquivando espinillos,
algunas exóticas palmas Caranday, cruzando tranqueras
y superando algunos peligrosos escalones. Increíblemente,
nadie sufrió allí ninguna pinchadura. Luego,
preguntando a los ciclistas, descubrí que no se
trató de algo tan milagroso, ya que todos habían
hecho los deberes colocando gel anti pinchaduras en sus
cámaras.
Más
adelante, y siempre en marcado descenso, cruzamos por
el bosque de palmas, donde aprovechamos para tomar algunas
fotos y filmar. Claudio llevó su video cámara
y registró la travesía. Al llegar al primer
cruce del arroyo Sauce de los Quevedos, paramos para reagruparnos
y recuperar fuerzas, ingerir alimentos energéticos
y relajarnos un poco por la tensión de la larga
bajada que por momentos fue bastante técnica por
las curvas cerradas, la arena y piedras sueltas. A consecuencia
de ello, quedaron fuertes marcas en la pista (derrapes)
pero, por suerte, no hubo caídas para lamentar.
De
allí en adelante, la huella se hizo camino y el
descenso suave, intercalando algunas trepadas largas,
pero de poca pendiente, ideales para ganar estado físico
y practicar el pedaleo "redondo". Además,
claro, con el incentivo de contar con el viento de popa.
Finalmente, llegamos a la tranquila y pintoresca Salsacate,
cruzamos por el puente del balneario y seguimos hasta
Taninga, donde nos reencontramos con el vehículo
de apoyo y transporte antes de lo previsto, debido al
fantástico promedio realizado.