|
Dos
mujeres en la Patagonia
Dina
Vilches - Aventurero
El objetivo es partir desde San Martín
de los Andes, ir por el camino de los Siete Lagos, llegar
a Villa la Angostura, y bordear el lago Nahuel Huapi por
la ruta 231, hasta Bariloche. Aproximadamente, 200 kilómetros
a recorrer en cuatro días, acampando donde nos guste
y recorriendo los lugares que nos recomiende la gente del
lugar. Es necesario tener en cuenta los siguientes tips
para que la travesía sea una experiencia feliz:
- Entrenamiento
acorde con el esfuerzo a realizar. Esto implica un programa
llevado a cabo sistemáticamente, seis meses antes,
en los que se tendrán en cuenta las características
físicas y la actividad de cada participante.
- Tener
entrenamiento o experiencia en los tipos de accidentes
geográficos que se vayan a encontrar: subidas largas,
subidas pronunciadas, bajadas, ripio, ruta.
- Acondicionamiento
mecánico de la bicicleta.
- Acondicionamiento
para el peso que va a llevar y su distribución.
- Entrenamiento
y habilidad del ciclista para manejar en las condiciones
de subidas, ripio, viento de costado o la eventualidad
que se presente con todo ese peso.
- Llegar
al punto de partida 1 o 2 días antes. Descansar
en el lugar para aclimatarse y partir con un capital de
energía, no un déficit.
- Planificar
la travesía con los puntos de descanso intermedio
en las noches; campings u hosterías.
- Recolectar
datos de otros ciclistas que hicieron la travesía,
en todos los aspectos posibles y sus soluciones. En el
momento de una crisis a veces es difícil ser creativo,
pero vienen a la memoria todos esos pequeños detalles
escuchados o leídos.
- Estudiar
cada elemento a llevar en cuanto a utilidad y peso. No
llevar nada de más. El peso se multiplica con el
tiempo. No llevar nada de menos.
- Propiciar
la buena comunicación dentro del grupo.
Elementos
transportados
Cada
una de nosotras lleva dos alforjas traseras, una alforja
en portapaquetes y una gran riñonera y en ellos:
- Ropa
de ciclismo.
Rompevientos. Polar sin mangas. Remeras. Zapatillas de
bici. Zapatillas livianas, por si se mojan las de bici.
Ojotas para bañarse. Medias de bici y de abrigo.
Ropa interior. Pijama. Casco y guantes de ciclista. Mochilita
liviana para llevar las cosas al baño o transportes
cortos de comida comprada en el camino u otros imprevistos.
Alguna ropa "de salir" y zapatos livianos. Lentes
de sol. Lentes de leer. Lentes extra. Pañuelo o
barbijo para el viento. Luces de frente y titilantes de
atrás. Herramientas: Rayos. Cable de freno. Pedal
de repuesto. Cámara. Parches. Inflador. Inflador
de aire comprimido para emergencia. Llave 16, para desarmar
el pedal. Libretita chica para usar de bitácora,
con teléfonos y mails de amigos. Mapas.
- Elementos
para acampar.
Carpa. Bolsa de dormir. Aislante plástico de 2X2
para el piso de la carpa, para vivac o alguna otra emergencia.
Calentador. Marmita. Platos. Cubiertos. Mantel (tela de
pañuelo. No pesa y comiendo en el suelo, da una
sensación de hospitalidad e higiene). Servilletas
de papel. Una toallita chica, como repasador. Termo, mate,
bombilla, yerba. Leche en polvo. Café. Calditos
Quaker. Arroz. Pasas de uva (para momentos de extremo
cansancio, conviene tenerlas en la riñonera). Jabón
de lavar. Broches de ropa. Rip curl. Encendedor. Pilas.
Linterna chica (para colgar del techo de la carpa). Lupa
(para hacer fuego). Espejito (para hacer señales
o pintarse, ejem..., también afeitarse). Radio,
grabador, casettes (desaliento llevar este peso: el sonido
de la naturaleza es más lindo y no trae malas noticias),
cámara de fotos y rollo de fotos. Bolsas de plástico
para poner todo.
- Elementos
de toilette.
Cepillo de dientes. Dentífrico. Papel Higiénico.
Hojas húmedas. Toalla chiquita (verán que
inservible es un gran toallón). Pañuelos.
Tijerita. Pintura de uñas, quita esmalte. Algodón.
Cremas, bronceadores, protector labial y repelente. Importantísimo,
hilo y aguja. Shampoo y crema de enjuague. Cepillo para
el pelo. Hebillas para el pelo. Caja de primeros auxilios.
Geniol, más todo lo que habitualmente se use.
La
crónica día a día
Sábado
5 de enero de 2002
Salimos
de San Martín de los Andes a las 12:45. Cubrimos
la etapa hasta el lago Falkner- Villarino. Todo el camino
es de asfalto, unos 36 kilómetros. La subida hasta
el Chapelco, de aproximadamente 12 kilómetros, no
tiene casi descanso. A la derecha se tiene el lago Lacar
y a medida que se va ascendiendo se observa abajo la villa.
-
Dina, ¿después de la curva viene una bajada?
- No Lidia, acá lo que sube, sube; y lo que baja,
también sube...
Paramos
a comer una fruta y tomar unos mates. Finalmente almorzamos
una fabulosa ensalada de tomate y lechuga y fruta. Nos instalamos
bajo un árbol y tuvimos la compañía
de varias ovejas, hasta que el paso de los autos las ahuyentó.
Estábamos en el cruce del camino que va a Quila-Quina.
Seguimos
nuestro viaje pasando por el lago Machonico y finalmente
llegamos al Falkner. Acampamos en un camping agreste al
borde del lago Falkner, donde no cobran a los ciclistas.
Además, esté bien organizado. La vista es
hermosa. Hay buenos baños y proveeduría. No
hay luz eléctrica ni ducha. ¡Pero con un termo
de agua caliente que pedimos para el mate, nos dimos un
baño, digno de Popea! Comimos unas salchichas con
pan, caímos en las bolsas y dormimos muy bien.
Domingo
6 de enero de 2002
Subimos a las bicis a las 12:00. Recorrimos bosques con
subidas duras, a 4 km por hora, y bajadas con un paisaje
tan hermoso que despreciábamos la posibilidad de
tomar velocidad, para admirarlos. Sol y tábanos.
También pasamos el río Pichi Traful, con un
pintoresco puente y aguas transparentes y con entradas de
agua turquesa traídas por el Traful, que recuerdan
el color de los glaciares.
Llegamos
al camping del río Neuquenco, en el lago Correntoso,
a las 19:00. Armamos la carpa, nos dimos un baño
en el camping gratis, con ducha a dos pesos. Cenamos en
el comedor del lugar, muy bien atendidas por Mariana. Y
final de la jornada.
Lunes
7 de enero de 2002
A
la mañana siguiente, desayunamos café con
leche con tortas fritas hechas a la vista (y con foto).
La leche, ordeñada allí mismo de las vaquitas
que nos hicieron compañía desde que llegamos.
Compramos para llevarnos pan y queso caseros, de los que
dimos buena cuenta a orillas del lago Espejo.
Toda
esta jornada fue muy dura, por las subidas y por el ripio
de piedras grandes flojas y arenilla muy suelta. Aquí,
mientras empujábamos nuestras bicicletas en una subida
imposible, nos encontramos con cuatro chicos de Neuquén,
que también empujaban sus bicis con dificultad. Pero
en las charlas que siempre se inician entre "colegas",
nos dijeron que ellos corrían carreras de mountain
bike. ¿Mal de muchos consuelo de tontos? Esto nos
alentó, ¡ellos tampoco podían trepar
la subida en la bici!
Los
últimos kilómetros, de los 18 totales de ripio,
los hicimos bajo una leve llovizna, que no alcanzaba a aplacar
los torbellinos de tierra que parecían lenguas de
fuego. Las ráfagas de viento de distintas direcciones,
a veces ayudaban en una subida, a veces nos frenaban en
una bajada, siempre con una visión muy escasa por
la tierra y arenilla que por momentos nos hacían
desaparecer.
-
Lidia, ¿qué es camino de faldeo?
- Subidas, Dina, ¡subidas!
Los
10 kilómetros de asfalto previos a la Villa La Angostura
fueron bajo una lluvia tupida. Llegamos a la villa con las
últimas fuerzas, empapadas y muertas de frío.
En la Municipalidad nos informaron de una hostería
y fuimos como pollitos mojados. Nos dijeron un precio superior
al informado y como pollitos indefensos nos quedamos, porque
no estaba como para seguir la búsqueda. Nos sentimos
injuriadas en nuestros derechos, sensación que no
cambiaría al día siguiente, cuando volvimos
a insistir en la diferencia de precio, ahora no ya por la
diferencia que era casi un 20%, sino por el tono y la falta
de disposición en una actividad de servicio como
la de ellos. La hostería es Las Piedritas. En Villa
La Angostura. Atendida por sus dueños.
Martes
8 de enero de 2002
Pasamos
por la bicicletería, un locutorio y el supermercado.
Las zapatillas no habían terminado de secarse, hacía
frío y no conseguíamos entrar en calor. Por
eso, nos detuvimos a comer unas deliciosas pastas en un
buen restaurante que nos recomendaron en el supermercado.
Rico y barato. Tomamos la Ruta 231. El camino tiene más
de 100 curvas y a la vuelta de cada una hay una "postal"
diferente. Los últimos 40 kilómetros bordean
el lago Nahuel Huapi, de una belleza que no admite palabras,
sólo hay que verlo.
El
día estaba semi nublado y el viento fresco. Eso nos
ayudo a pedalear y lo pudimos cubrir en casi 8 horas, con
paradas para tomar agua y comer frutas. Al no poner tanto
esfuerzo, podíamos admirar los paisajes que se sucedían,
cambiantes y como repintados por las sombras de las nubes.
Por
el camino nos cruzamos con muchos ciclistas. Finalmente
llegamos a la intersección con la Ruta 234 hacia
Bariloche, en cuya primera localidad, Dina Huapi, nos habían
dicho que había un camping. No era así, de
modo que seguimos hacia Bariloche.
Pasamos
el aeropuerto, la terminal, el centro cívico y, tomando
avenida Bustillo a la altura del km 2,95, llegamos al camping
Selva Negra. Socios del ACA tienen descuento. Nos encantó
ya que el terreno es ondulado, con muchos árboles,
algunos muy grandes, y muchas flores. Y nos quedamos cuatro
días.
Las
carpas quedan en parcelas aterrazadas, a las que las plantas
dan privacidad. Hay mesas y bancos de troncos, baños
muy limpios, un fogón en el que cada noche alguno
de los "vecinos" prendía para hacer alguna
hamburguesa o asadito y al que rodeábamos para charlar.
Sus dueños y la gente que trabaja con ellos fueron
todos muy amables y con sentido de atención al cliente.
¡Todo bien!
El
día después
Miércoles
9 de enero. Estamos en una playita sobre el Lago Nahuel
Huapi, al lado del Club Náutico y cerca del camping
Selva Negra, donde nos alojamos. Estamos como lagartos disfrutando
del sol tibio, con un cielo radiante y planeando recorridos
dentro del área de Bariloche. Aquí nos quedamos
cuatro días, coronando nuestro recorrido.
Nota:
e-mail:
dina.vilches@iplanmail.com.ar
|