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Travesía ciclística de Ajusco a Cuernavaca
Yohsuke Takakura Domínguez - Aventurero

Ya había realizado un recorrido similar pocas semanas antes. Esa vez se trató de un trekking y ahora llegaba el momento de subirse a la bici. El 20 de marzo de 2000 fue el día elegido. Nos reuniríamos, entonces, Roberto, Carlos y Héctor, los tres del Distrito Federal, y Jonathan, Rodolfo y un servidor, de Cuernavaca. El lugar elegido para el encuentro fue la entrada principal del Estadio Azteca. Muy temprano, a las 6:30 estábamos los de Cuernavaca a la espera de los ciclistas del Distrito Federal.

Por fin, a las 7:30 nos desplazamos en dos automóviles hacia el Camino de las Diligencias, bajamos las bicis y comenzamos a prepararlas. Un rato después iniciamos el ascenso. El primer objetivo era llegar al cerro o volcán El Pelado, para lo cual tuvimos que seguir el Camino de las Diligencias pasando por las Cuevas del Aire y, más adelante, cruzando las vías de ferrocarril, para llegar a un peculiar arco natural de piedra, que fue merecedor de una buena foto.

Entonces, no lo sabíamos, pero desde ese momento comenzaba nuestra tragedia. Yo había recorrido la ruta un mes antes y, según recordaba, el camino estaba totalmente señalizado. Sin embargo, no contaba con que se habían abierto nuevas rutas y que los señalamientos marcaban varios caminos por igual, lo que no permitía diferenciarlos.

La ruta

Así fue que seguimos el camino que yo recordaba hasta que llegó el momento en que consideré que una ruta señalada podría optimizar la travesía, por lo que decidimos tomarla. Unos cuantos kilómetros adelante, la bicicleta de Roberto presentó problemas en el desviador trasero, el cual se dobló, lo que hacía de esa bicicleta algo totalmente inservible. El incidente se debió a la baja calidad del desviador, por un lado, y a que el ciclista no había realizado el mantenimiento necesario del sistema de transmisión de potencia de la bicicleta, por el otro.

Esto nos retrasó mucho, ya que tuvimos que quitar el desviador y reducir la cadena para que quedara en una posición más o menos adecuada. Claro, a partir de eso Roberto ya no contaba con una bici de montaña, sino con una súper pesada bicicleta cross.

En ese momento, además, observé que tanto Roberto como Carlos contaban con una muy mala condición física, por lo que estaban dando las últimas. Sin embargo ellos tenían bien entendido por mi parte que, al empezar la ruta, no había regreso. Para agravar la situación el camino se terminó y nos dimos cuenta que nos habíamos desviado de nuestro objetivo, por lo cual decidimos tomar la aparente ruta más corta hacia El Pelado: la línea recta.

Lo más difícil

Seguimos en línea recta hasta encontrar una población no contemplada en el viaje. En ese punto preguntamos cómo continuar nuestro recorrido y nos indicaron un camino que, a pesar de las muchas vueltas, nos reencaminó hacia El Pelado. Continuamos ese camino hasta que también se terminó, por lo que tuvimos que seguir a campo traviesa. En ese tramos Rodolfo sufrió una caída, la que aparentemente no revestía consecuencias. Más tarde nos enteraríamos que esa caída le había costado media muela.

La cosa se tornaba cada vez peor. El Pelado parecía pintado en el horizonte y era algo inalcanzable. El agua se agotaba para los ciclistas del Distrito Federal. Afortunadamente, los guayabos la habíamos racionado bastante bien. Se empezó a ver la desesperación y cansancio en casi todos. Supongo que yo era el más presionado aunque, por ser el guía, procuré no demostrarlo para no empeorar la situación.

Después de un largo rato de cargar bicicletas y atravesar barrancos, por fin encontramos el camino hacia El Pelado. Fue un momento de mucha alegría para todos y más aún para mí. Ya con nuevos ánimos continuamos el ascenso a El Pelado y llegamos a la parte más alta. Entonces tomamos un gran descanso para revisar las bicis y prepararnos para el descenso, el que sería algo pesado por su extensión.

Otra vez en camino

Nos habíamos tardado más del doble del tiempo previsto, y ya eran las 13:30, hora en la que planeábamos estar en Cuernavaca. Encontramos, en ese punto, un ciclista que marcaba la pista para una carrera. Nos explicó que debido a las múltiples competencias que se habían desarrollado y que estaban por desarrollarse, se habían hecho muchos caminos y que cada carrera había marcado diferentes caminos. Una vez listos, empezamos el descenso. Yo me cansé haciendo indicaciones de que el tramo El Pelado - Fierro del Toro sería el de mayor peligro. Sin embargo, los ciclistas del Distrito Federal que nos acompañaban demostraron su poca experiencia aventurándose en bajadas que no eran capaces de dominar a velocidades fuera de su alcance, y queriendo estar siempre adelante sin conocer el camino. Eso provocó, además, que siguieran de largo en varias desviaciones.

Finalmente, sucedió algo que temía desde hacía un rato. Roberto perdió el control en una bajada y se dio el golpe de su vida. Él estaba adelante de todos, seguido por Johnatan y por mí. El camino estaba lleno de piedras, las que tal vez con más experiencia podía haber esquivado o brincado. ¡Nunca vi casco con un golpe tan profundo! Lo seguro es que, afortunadamente, el casco cumplió muy bien su objetivo.

Cuando Roberto se levantó estaba lleno de tierra. Nariz y boca le sangraban, y tenía ligeros raspones en la cara. Inmediatamente lo atendimos hasta cerciorarnos de que se encontraba bien para continuar. Después de esa experiencia se entendió que la ruta era algo serio, por lo que Roberto y Carlos bajaron la velocidad del descenso.

Después de seguir y seguir bajando, llegamos a Fierro del Toro. Lo más glorioso allí fue la tiendita donde, como lo habíamos planeado, nos abastecimos de agua y energéticos. Tras un breve descanso seguimos hacia Tres Marías. El camino hasta allí fue rápido y sin complicaciones.

Ya en Tres Marías, Roberto y Carlos estaban completamente acabados y fue necesario regresarlos en camión al Distrito Federal. Sólo quedábamos Héctor, Jonathan, Rodolfo y yo. El Down Hill de Tres Marías a Cuernavaca fue, sin dudas, lo mejor de la ruta. Sinceramente sucedía que por fin podíamos dedicarnos a hacer lo que veníamos a hacer y no a cuidar niños. Necesitamos sólo 28 minutos para el recorrido desde Tres Marías hasta Cuernavaca. ¡Fue sublime!

Conclusiones

En total, realizamos la ruta Ajusco-Cuernavaca en 9 horas. Eso incluyó las múltiples paradas y descansos, que fueron determinantes para el excesivo tiempo empleado. La distancia total recorrida fue de aproximadamente 35 kilómetros, ya que cortamos mucho en línea recta antes de El Pelado. Como conclusión, creo que es importante la sinceridad. Está bien que alguien quiera poner metas más allá de sus límites. Pero lo mejor es siempre decir sólo lo que se es capaz de hacer, para no jugar con el tiempo de los demás. Por otro lado, creo que en el caso de los deportes extremos, debe quedar muy claro de que si se toma como objetivo ir al límite extremo de las posibilidades, se debe considerar la posibilidad de sobrevivir para repetir algún día la experiencia.

Por último, en este deporte como en cualquier otro o en la vida misma, por mucho que te quieras hacer responsable por el bienestar de los otros, eso no es posible si ellos no lo desean así.

 

 

Nota: yohsuke1@yahoo.com

 



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