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Las mujeres y los mecánicos
Silvana
Solá- Experta
Aventurarse
Aunque nada tenga que ver, el título de esta nota nos
podría remontar imaginariamente a la tan conocida historia
de la Bella y la Bestia.
Aunque en principio sólo suena divertido, no deja de ser
interesante y cuestionable el trato que se les da a las damas
en todos los servicios a cargo de caballeros. Tal como sucede
entre la dama y el mecánico del automóvil, la dama
y el plomero, la dama y el electricista, la dama y el albañil,
la dama y el técnico de la computadora, y un sinfín
de rubros que podríamos ampliar hasta el cansancio, sucede
igualmente con la dama y el mecánico de la bici.
Recuerdo en una oportunidad, cuando fui de visita a lo de mi abuela,
la confusión que tuvo la pobre al explicarme la actitud
del electricista. Sorprendida me contaba que el portero eléctrico
se le había descompuesto y cuando el aparato estuvo reparado
y al momento de abonar por el servicio le consultó al experto
qué problema fue el que produjo el desperfecto, el caballero
le contestó: ?¡Ah... (y se quedó pensando),
bueno... se le descompuso el corazón!?.
En otra ocasión Carmen, mi tía postiza, tomó
las medidas para cambiar la vieja ventana del living por una más
moderna, corrediza y de aluminio. Acto seguido se dirigió
a la antigua casa de aberturas de la zona y le encargó
al vendedor la ventana con esas medidas. Grande fue la sorpresa
de mi tía cuando el elegante morocho le preguntó,
con evidentes signos de preocupación, si estaba segura
de que esas eran las medidas. Ni lerda ni perezosa, la tía
Carmen que ya conocía de estos avatares, le respondió
muy segura de sí misma: 'Y mire, mi marido me dijo eso...'.
Por supuesto, y de yapa, el fulano puso la moraleja: '¡Ah,
si su marido lo dijo está bien!'.
¡Vaya a saber una cuántos de estos ejemplos suceden
a diario! La pregunta que nos queda ahora es saber si los mecánicos
de bici de la actualidad, expertos y facheros, hacen diferencias
entre mujeres y varoncitos...
Los mecánicos fashion
Es probable que esta actitud de los ?más fuertes? se deba
a las antiguas costumbres de relación entre hombres y mujeres.
Que la cultura de las cavernas haya dejado sus huellas ancestrales
en el electricista de mi abuela y el vendedor de mi tía
Carmen. Pero para salir de la duda y no caer en la tentación
de comparar a la generación actual con la de antaño,
y mucho menos en el ambiente del ciclismo, preferí indagar
acerca de cuánto saben las mujeres sobre la mecánica
de las bicicletas, si los mecánicos y vendedores dan un
trato preferencial a las ladys que ingresan a las bicicleterías
y si ellas alguna vez se enamoraron de su mecánico o tuvieron
hacia ellos una actitud de confianza más o menos marcada.
Estas preguntas y otras tantas dieron pie a realizar una encuesta
de marketing, donde lo primero que surgió es notar que
la palabra 'mecánico' ya no suena -como antes- a rústico,
ni a macho cabrío sino, por el contrario, suena fashion...
como bien lo representó la tira televisiva 'Gasoleros'.
¿Qué mujer no quisiera consigo un Héctor
Panigassi o un Bonzo, el personaje que representaba Pablo Rago?
De todas maneras, los personajes que encontramos en los actuales
y modernos shoppings del rodado, no siempre se parecen a los personajes
de la tele, pero por suerte tampoco son los mecánicos de
las viejas bicicleterías de barrio.
Los nuevos técnicos son más bien la imagen del marketing
actual. Como bien lo indica la tendencia, pareciera ser que para
vender un par de pedales hace falta una cara bonita, una buena
presencia y nada de mameluco engrasado. Para hacerlo sencillo
diría, pues, que así como están, una los
puede invitar a tomar un helado o a probar la bici por Palermo,
allí por la zona del Rosedal, donde se erige el monumento
al siervo y donde entrenan los alumnos de la BiciEscuela.
No caben dudas de que las bicicletas de ahora no son como las
de antes, y los mecánicos de hoy tampoco. Estos muchachos
no usan gomina... Por suerte encontramos en el mercado ciclístico
muchachos sin gomina pero con suficiente atracción como
para que a una le den ganas de que se le pinche la cámara,
se le corte la cadena, se le desajuste vaya a saber qué
parte o se le descalibre toda la bici. ¡Cuanto más
tarden en arreglarla, mejor...!
Contrapedales
En realidad, no sé si es cierto lo que dice Cristian de
la bicicletería Dax, en unanimidad con el resto de los
mecánicos encuestados: que las mujeres no saben ni medio
de la mecánica de la bici. Esto lo digo porque si nos remontamos
al párrafo anterior, resulta evidente que la actitud femenina
es más una excusa que una realidad. Ante la 'belleza de
la bestia' surge la ignorancia de las 'bellas'.
Estamos de acuerdo con lo que opina Cristian con respecto a que
los hombres se la dan de que las saben todas, y es difícil
aconsejarlos porque no tienen apertura a conceptos diferentes
a los ya preconcebidos por ellos.
Para ejemplificar quiero recordar una anécdota de 'concepto
preconcebido' sucedido noches pasadas. Paseando por mi barrio
con Malena -mi cachorra de Labrador-, escuché cómo
crujía algo. Al mirar hacia el lugar vi con pena cómo
un flaco indagaba sobre su playera, que había ?sonado?
como a bicicleta destartalada. Por supuesto le ofrecí mi
ayuda. Me miró como diciendo ?¿y vos que podés
hacer??. Hubo puntos suspensivos. Casi el diálogo se cortó.
Creí que pensó que lo iba a asaltar. Balbuceó:
'... no, lo que pasa es que esta bicicleta tiene otro tipo de
frenos'. Y yo respondí sin dejarlo terminar la explicación
poco clara: 'si, frenos contra pedal, dentro de la masa'. La tensión
aún estaba presente. Para tranquilizarlo le sugerí
que levantara la bici tomándola por el asiento, mientras
yo hacía movimientos laterales de la rueda trasera para
comprobar mi diagnóstico de conos flojos. Al fin se le
vio otro semblante al decir: ¿parece que de esto sabés
bastante??. Simultáneamente le señalé cómo
el cono estaba suelto y quedaban a la vista las bolillas y el
interior del eje. Para hacerlo más didáctico le
expliqué cómo era el mecanismo de la masa trasera
de su bicicleta. Recién en ese punto de la conversación
-con cara de sorprendido- me preguntó si eso tenía
solución y qué debía decirle al bicicletero.
¡Bah...! sea como fuere, todo lo que dije hasta ahora sólo
sirve como introducción para comprender cómo el
paso de los años fueron modificando la conducta del mercado
comercial y el servicio que se brinda en los diferentes rubros.
Dado que, si observamos con detenimiento, antes bastaba con vender
un producto así como así. Hoy en día, la
globalización exige a las empresas, sin importar las dimensiones
de la misma, que para poder vender sus productos deban agregar
el condimento básico: 'el buen servicio'. Esto es, lo que
mencionaba con anterioridad, la facha, la experiencia, el conocimiento,
la buena presencia, la cordialidad, la pulcritud, la credibilidad
y el stock variado en los exhibidores, entre otros aditivos más
técnicos que no vienen al caso.
Con estos complementos espero que cada una saque sus propias conclusiones
cuando va de compras por aquí o por acullá. A continuación
está presente para todas nosotras un resumen de la opinión
generalizada del grupo de féminas consultadas.
Dicen las que saben
Cuando una entra en la bicicletería Dax, por ejemplo, Cristian
informa acerca del inconveniente yendo justo al grano, sin tecnicismos
que sólo le interesan a los fabricantes. Brinda asesoramiento
y tiene en cuenta la relación precio/marca con respecto
a lo que uno necesita.
El es didáctico, y nos hace sentir que tenemos cabida en
este ambiente donde las mujeres somos minoría. Este chico
es genial, es algo así como un libro de autoayuda, te sube
la autoestima. "No sé... a veces me parece que tiene
un trato preferencial con las chicas -agregó con énfasis
una ciclista anónima- siempre que vamos con algún
problema de mecánica o necesitamos asesoramiento para comprar
tal o cual repuesto nos trata bien".
A veces una se imagina que en el momento de salir de tour por
las bicicleterías, los hombres tienen más seguridad
con respecto de lo que van a comprar porque 'se las saben todas'
y es por eso que no le dan posibilidades a los mecánicos
y vendedores de asesorarlos con mayor soltura. En nuestro caso,
ávidas de conocimientos, podemos inducir inconscientemente
a los "Panigassi de las dos ruedas" a que despierten
su instinto de protección o de paternidad y salgan en nuestro
auxilio de manera natural, elegante y halagadora.
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