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Mountain Bike + trekking en Córdoba: Gigantes entre Los
Gigantes
Silvana
Solá -
Experta Aventurarse
Silvana Solá, en esta salida cicloturística -con
predominio de mujeres pudo - demostrar que la convivencia entre
hombres y mujeres ciclistas no sólo es posible, sino que
también "ambos bandos"' pueden salir beneficiados
con las capacidades que cada cual puede transmitir al otro. Lo
principal es que los más experimentados pudieron gratificarse
colaborando con los otros, y el resto fue capaz de enseñar
que con voluntad se puede escalar la montaña más
alta.
Hace un par de años viajé hasta Villa Carlos Paz,
en la provincia. de Córdoba, para iniciar un recorrido
inusual. Luego de pasar la primera noche en un camping de Cabalango
(a diez kilómetros de la ciudad), el lunes 18 de enero
iniciamos la pedaleada. Nuestro primer destino fue el refugio
"Amelita" (propiedad del Club Andino Carlos Paz), que
está situado en la base de Los Gigantes, a una altura de
aproximadamente 1.900 metros sobre el nivel del mar.
Mountain bike
El grupo iba custodiado por un vehículo de apoyo que, además
de llevar los bagayos y las provisiones, estaba a la expectativa
de los ciclistas que, agotados, decidieran bajarse de la bike,
pero... se quedó con las ganas. Si bien estaba previsto
que algunos pudieran ascender en la combi, el team compuesto en
su gran mayoría por principiantes no sólo llegó
a destino y a salvo a bordo o arrastrando sus bicis
sino que también demostró un temple de acero y una
voluntad de hierro. Para muchos, fue una experiencia de descubrimiento
de sus capacidades.
En la etapa inicial se recorrieron 42 kilómetros trepando
sobre suelo de ripio y arenilla. Al comienzo sufrimos una temperatura
muy elevada; a medida que subíamos el frío se hacía
cada vez más pronunciado, aumentado por una molesta lluvia.
Este recorrido se realizó en más o menos siete horas,
incluidas las paradas técnicas.
Trekking
La etapa más crítica llegó al día
siguiente, cuando nos tocó el turno del trekking. La mayoría
aún no se había recuperado del esfuerzo del día
anterior cuando encaramos una caminata de unas cuatro horas cuesta
arriba (más o menos cuatrocientos metros de altura), con
un clima que pintaba amenazante y que fatigaba el ánimo
antes de comenzar la ruta trazada.
Para los que no conocen de la técnica de la montaña,
imaginen que los grados de dificultad del trekking se miden casi
como los de las salidas de mountain bike. Cada montaña
tiene distintas rutas que conducen a un mismo lugar, pero algunas
son más largas y/o escabrosas que otras.
Pues bien, en nuestro cronograma estaba prevista la ruta sencilla,
que dejó de serlo cuando por causa de la llovizna y la
espesa niebla perdimos los puntos de referencia llegando a la
mitad del recorrido por el camino largo. En este punto, cuando
paramos para almorzar, decidimos esperar a que aclarara un poco.
La posibilidad de regresar al refugio base estaba presente, pero
sonaba a frustración. Entonces buscamos consenso sabiendo
que, cuando mucho, pasaríamos la noche acovachados en alguna
cueva de la montaña.
Por suerte, no fue necesario pasar la noche a la intemperie, ya
que logramos con éxito llegar al refugio "Rafael Juárez",
en la cumbre (también propiedad del Club Andino Carlos
Paz). Pernoctamos allí y bajamos luego, a media mañana,
en no más de dos horas, silbando bajito y correteando como
cabritos por la pradera.
Nuevamente nuestro destino era al refugio base, donde nos recuperaríamos
para lo mejor.
Hacia abajo
Al día siguiente nos esperaba el adrenalínico descenso
hasta Cabalango. Cumplimos la tarea con éxito: los punteros
recorrieron los 42 kilómetros en dos horas (pero con prudencia),
y en dos horas veinte minutos para los rezagados.
La fiesta finalizó al entrar al camping. Como en un ritual
de bautismo, nos tiramos al río, eufóricos y con
la ropa de ciclistas puesta, mientras los atónitos y los
sedentarios veraneantes que reposaban plácidamente sobre
las rocas nos miraban con cara de no entender nada...
Para resaltar
A pesar de las edades dispares del grupo (entre 20 y 66 años),
las personalidades se complementaron y resultó un equipo
tan homogéneo que a todos los integrantes le llamó
poderosamente la atención.
Durante el viaje de regreso, planificaron un pronto reencuentro
con asado mediante.
En este grupo, donde predominaba el sexo femenino, no hubo que
preocuparse por lo que habitualmente se dice de nosotras... Todas
las chicas nos comportamos como buenas señoritas. Los varones,
muy galantes y correctos, parecían de otra película.
El equipo supo compartir todas las intimidades que hacen a la
convivencia, y no se escucharon quejas al momento de fregar los
platos sucios ni para lavar la ropa. Todos coincidimos en que
es maravilloso ver a los hombres cocinando y a las damas armando
las carpas sin protestar.
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Carreras
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