Alguna
vez José Ingenieros, definiendo a un idealista, dijo que
"no todos se extasían ante un crepúsculo, sueñan frente
a una aurora o cimbran en una tempestad; ni gustan de
pasear con Dante, reir con Molière, temblar con Shakespeare,
crujir con Wagner, enmudecer ante el David". Seguro que
no estaría demás en aquel listado el ítem "recorrer el
sur argentino", ya que el filósofo concluye el párrafo
diciendo que "el Ideal es un gesto del espíritu hacia
la perfección".
Los paisajes de la Patagonia deslumbran al que los pisa.
Existen muchas formas de admirarlos. En este caso la ruta
elegida es la provincial 234, más conocida como Camino
de los Siete Lagos, y el medio de transporte es una bicicleta
todo terreno. Aquel trecho neuquino une a San Martín de
los Andes con Villa la Angostura en 112 kilómetros, mitad
asfalto, mitad ripio. En general, los rodados transitan
durante el verano y primavera debido al frío invernal
y a las lluvias otoñales. Pero las ganas de ver los colores
del otoño sureño pudieron más que las costumbres.
Nos despedíamos de la Capital Federal con un fresco pero
soleado día de abril mientras que las nubes nos esperaban
en Neuquén. Dos horas de avión separan a Buenos Aires
de San Martín de los Andes (también se puede llegar en
bus viajando aproximadamente unas 20 horas). El armado
de las bicicletas en el aeropuerto fue rápido. El avión
llegó a las 14.30 hs. y hay 23 kilómetros de distancia
hasta el pueblo. Por eso fue preciso apurar la marcha.
Desde el Lago Lácar (el primero de los siete) arranca
la travesía. Como comienza a media tarde es aconsejable
hacer un breve tirón y no dejar que la noche nos encuentre
pedaleando. El clima no ayudó en principio. La lluvia
amenazaba. Los primeros 15 kilómetros son en subida (hay
sólo dos bajadas leves) y realmente es desgastante, por
eso es bueno hacer el esfuerzo y dejarlos de lado antes
de que anochezca para empezar la jornada si
guiente
con desniveles constantes. Pasamos la noche en el Arroyo
Partido donde se puede cargar agua y armar el iglú. Allí
cenamos y con el estómago bien lleno nos metimos en las
bolsas.
El segundo día mostró un gran sol y un cielo totalmente
despejado. Nos despertamos a las nueve debido al cansancio
del día anterior. Ya podían disfrutarse las subidas y
bajadas en las que la velocidad llegaba a 60 kilómetros
por hora. Después de un rato de pedaleo, en el kilómetro
27, llegamos al Arroyo Hermoso, donde se pueden reponer
energías y tomar agua. A esa altura está el desvío a Confluencia
y a Paso Córdoba. Es importantísimo elongar para seguir
sin problemas.
En el kilómetro 32 nos encontramos con el Lago Machónico,
de agua verde, el número dos de la lista empezando en
San Martín. En esa misma ruta, ocho mil metros más adentro
empieza un camino de tierra de dos kilómetros al Lago
Hermoso. El charco no forma parte de los Siete Lagos pero
vale la pena visitar. En principio se divisa la laguna
Pudú Pudú como antesala del espejo de agua que se encuentra
500 metros después, y no en vano fue nombrado Hermoso.
Pedaleamos otros dos kilómetros y al mediodía ya nos pesaban
los pies y el hambre se hacía sentir. Almorzamos arroz
con salsa de tomate y queso rayado; un menú adecuado para
reponer energías. Con el estómago contento el ejercicio
se hizo mucho más liviano.
Subidas
y bajadas conducen al kilómetro 45 que enfrenta a dos
lagos espectaculares: el Falkner y el Villarino, tres
y cuatro de la lista. En el primero hay un camping organizado
con parrillas, canilla, despensa y una vista perfecta.
Ahí se despide el Parque Nacional Lanín y da la bienvenida
el Parque Nacional Nahuel Huapi. Hay un punto panorámico
en el que vale la pena frenar a disfrutar de la vista.
Otro que se despide es el asfalto que acompañó la mitad
del camino.
El panorama ya es otro. Tierra abajo, bosque en los costados,
montaña arriba. Setecientos metros más tarde se encuentra
el Lago Escondido que sólo merece un adjetivo: espectacular.
Rodeado de vegetación sus aguas están muy por debajo de
la ruta. Hay un descenso prominente en el que las bicicletas
no son bien recibidas.
Las mejores velocidades se alcanzaron en ese tramo. De
película. Una bajada constante con curvas y contracurvas
une al Escondido con Pichi Traful, el brazo norte del
Lago homónimo. La pesca es practicada en este lugar pero
siempre con la autorización del guardaparque. Allí se
encuentra su casa y un hotel llamado Palabras de Vida,
propiedad de una fundación adenominacional (no se aferra
a religión alguna en especial) sin fines de lucro que
lleva el mismo nombre. Aquél recibe estudiantes de colegios
religiosos en viajes de egresados y turistas convencionales
a los que se les ofrece (sin compromiso) participar en
actividades espirituales y/o excursiones por la zona.
José, un cubano de treinta y monedas, y Palomo son los
dos cuidadores del hotel. Su hospitalidad fue clave ya
que hacía frío y estábamos cansados. Pichi Traful es un
buen sitio para pasar la noche porque tiene lugar de acampe
y agua.
Tercera jornada. El día no ayudó. Estaba muy nublado,
pronto
iba a llover. El ripio se hace largo. A los 21 kilómetros
saliendo de Pichi Traful se encuentra el desvío a Villa
Traful. De tener tiempo suficiente, es aconsejable visitarla.
El arroyo Neuquenco, excelente para refrescarse, saluda
y presenta con una impresionante vista panorámica al Lago
Correntoso, enorme espejo de agua que se deja ver en tres
oportunidades. Una de sus curvas desvía el camino hacia
el Lago Espejo Chico, que no está entre Los Siete pero
que no deja de deslumbrar. El arroyo Rucamalén o río Espejo
Chico lo une con el Correntoso. No está de más pedalear
5 kilómetros (ida y vuelta) para conocerlo. De ser necesaria
una parada, hay un camping muy bien provisto a orillas
del lago que, desde hace diez eneros, es sede de la Fiesta
del Mochilero, reuniendo a más de 500 aficionados.
La salida del Correntoso es, después de la del Lácar,
la más dificultosa. El desgaste es enorme, más aun en
medio de la llovizna. La tierra frenaba las ruedas de
la bicicleta a tal punto que, en pequeñas bajadas, hay
que seguir pedaleando para que el rodado se mueva. Por
eso, es necesaria una buena alimentación antes de afrontar
el trecho.
El último tramo de ripio mezcla subidas y bajadas constantes.
Se llega en una hora al Lago Espejo. Este es el último
de Los Siete y puede apreciarse en dos oportunidades.
La primera, desde la ruta, y la segunda, tomando un corto
camino que lleva al "Resort" situado a sus orillas. En
verano nuclea a muchísimos fanáticos de los deportes acuáticos
(wakeboard, windsurf, ski, etcétera) ya que su temperatura
no se asemeja al de los demás lagos patagónicos.
Pocas sensaciones se comparan a la de ver el cartel que
indica: para la derecha, Chile, y para la izquierda, la
Angostura. Y no por el hecho de que faltan sólo 10 kilómetros
para la Villa, sino por la gratificación de una prueba
a punto de superarse. De ahí en adelante el asfalto vuelve
a hacerse presente y el Lago Nahuel Huapi acompaña desde
la banquina derecha. Es increíble pedalear con semejante
vista. Ya no hay cansancio, sólo subidas, bajadas y buenas
velocidades (aproximadamente 55 km./h).
En escasos minutos arribamos a la Angostura, un pueblo
perfectamente preparado para recibir gente con brazos
abiertos. Un baño caliente, descanso y paseo a pie por
el centro son el mejor premio para casi 130 kilómetros
de pedaleo.
Al día siguiente tuvo lugar un triple paseo. Primero tuvo
lugar el Puerto, que está a 3 km. de la Villa. Luego,
Bahía Manzano, un lugar de maravillas. Hermosas construcciones,
pinos y dos bahías hacen del lugar un sitio especial para
recuperar energía. Recorrerlo en bicicleta es un placer.
Sin dudas uno de los lugares más bellos y pintorescos
de toda la Patagonia. Pero lo que se llevó los laureles
fue la recorrida en Fourtrax por el Faldeo del Cerro Bayo.
Un sendero atraviesa el bosque hasta llegar a la base
del cerro.
Increíble la vista.
El regreso a San Martín de los Andes se emprendió a las
21 horas. Un minibús hace en dos horas y media lo que
a la bicicleta le lleva dos días pero sin la magia ni
la adoración de la naturaleza que permite el rodado. Se
llega a las 23.30, así que de ser posible hay que tener
las reservas de hospedaje de antemano.
Después
de una noche en San Martín llegó el día final. La fuerte
lluvia no nos permitió recorrer el pueblo en su totalidad,
como nos hubiese gustado. De todos modos, no impidió que
su magia se sienta. La calidez de los lugareños y la belleza
de su paisaje se hizo presente. Pararse frente al Lago
Lácar y mirar con orgullo el punto de partida dio para
pensar que haber hecho mountain bike en el Camino de los
Siete Lagos valió la pena y que la bicicleta demostró
ser uno de los medios más efectivos para meterse 100%
en la naturaleza.
- José Ingenieros fue un filósofo argentino nacido 1877
y fallecido en 1925. Ejerció una gran influencia en el
pensamiento de su tiempo. Estudió medicina y fue uno de
los introductores de la psicología en el país. La frase
está tomada de "El hombre mediocre" (1913), su obra más
importante de psicología social.
Recomendaciones:
- Para hacer la travesía se utilizó la bicicleta Olmo
Alterra 4, ·www.olmo.com.ar·.
Es imprescindible el uso de casco y llevar cámaras de
repuesto.
- El viaje a San Martín de los Andes puede hacerse en
avión (dos horas de vuelo) por Southern Winds. Reservas
al (011) 4312-2811. O bien en bus desde la Estación Retiro.
Tel: (011) 4310-0700.
- El primer tramo es en subida. Por eso se recomienda
hacer una primera parada en Arroyo Partido a 15 km. de
San Martín. Hay agua y espacio para acampar. Después comienzan
los desniveles. La segunda noche se puede pasar en Pichi
Traful donde hay zona de acampe, guardaparque y agua.
Es importantísimo salir temprano y no pedalear de noche.
- En Villa la Angostura se puede conseguir hospedaje en
la Hostería Las Cumbres ·www.7lagos.com/lascumbres·
que se encuentra sobre la avenida Siete Lagos a un kilómetro
del Cruce.
- Para regresar a San Martín de los Andes se toma un colectivo
que sale a las 21 horas. de la Terminal de la Angostura
situada en el Cruce. El precio es de $ 13 (bicicleta incluída).
- En San Martín de los Andes se puede dormir en el Hotel
Rosa de los Viajes situado en la Avenida San Martín 817
·www.7lagos.com/rosahotel·.
Nota:
e-mail:
gonzalo-aziz@colegionewlands.com