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Desafío
El Aguará 2003, primera edición
Miguel
Maximiliano Ruiz - Aventurero
Después
de algunas amenazas del clima, con lloviznas y frío
durante todo el sábado, el domingo 24 de agosto,
día de la carrera, amaneció de la mejor manera
posible: totalmente despejado, con un sol radiante, fresco
y con muy poco viento. Llegamos a la chacra El Aguará,
lugar donde iba a ser la carrera, a eso de las 10:00 de
la mañana, y minutos después empezaron a llegar
los demás competidores.
A
eso de las 12:30 hs., y después del clásico
conteo regresivo, largamos con mi coequiper Zulema, y los
restantes 39 equipos inscriptos a lo que sería la
primera edición del Desafío
El Aguará, la primera carrera de aventuras
realizada en Paraná (Entre Ríos, Argentina).
La
primera prueba fue una corrida corta, de 2 kilómetros
aproximadamente, una vuelta retornando nuevamente al punto
de partida, para que los equipos se distanciaran y no lleguen
todos juntos a buscar las bicicletas.
Como
con Zulema no conocíamos nuestros ritmos, en esta
etapa nos retrasamos bastante. Pero sabíamos que
en la siguiente etapa de bicicleta, nos recuperaríamos,
así que seguimos tranquilos.
Hicimos
la primera transición a las bicletas sin problemas,
y ya se empezaba a notar la cordialidad del público,
amigos y familiares, que alentarían y apoyarían
a todos los competidores, hasta el final, sin importar el
puesto que lleváramos.
En
las bicicletas estábamos más parejos, en unos
minutos pasamos un par de equipos, y ya podíamos
ver un pelotón adelante que en la primera parte de
trekking se nos había perdido, y que se convirtieron
en nuestro próximo objetivo.
Después
de unos kilómetros de tierra el camino se hacía
intransitable, con un poco de barro y agua, y tuvimos que
bajar de las bicicletas y pasarlo a pie, lo que nos sirvió
para acercarnos un poco más al grupo de adelante.
Luego
de llegar a una calle asfaltada, que después se hizo
de tierra, entramos al llamado camino costero,
un mirador natural excepcional, en lo alto de las barrancas,
desde donde se puede apreciar el río Paraná,
en toda su extensión.
El
error
Recorrimos
este camino, pasando por unos cañaverales, bajadas,
subidas, etc. Para ese entonces, teníamos al grupo
de adelante a unos 200 metros, y no le perdíamos
pisada. ¡Error! Al llegar al final, erraron el recorrido
y doblaron siguiendo el camino, en vez de entrar por un
sendero (que casi no se veía), y aunque con Zulema
dudamos sobre si ese era el circuito establecido, igual
los seguimos (maldita masificación).
Esto
nos llevó a bajar por un sendero estrechísimo,
muy cerrado, muy empinado (con partes de 45º apróximadamente
de inclinación), y con barro bastante resbaladizo.
Llegamos hasta la costa del río, lo bordeamos unos
metros, y cuando vimos que los otros equipos se volvían
nos dimos cuenta de la equivocación. Y también
de lo que significaría ese error para nosotros: ¡subir
con las bicicletas el mismo sendero que nos había
costado tanto bajar!
Pero
bueno, había que seguir, así que nos dimos
ánimo, y aunque estábamos compitiendo en la
misma categoría (mixto corto), nos solidarizamos
entre todos los equipos, y luego de mucho esfuerzo en conjunto,
logramos subir.
Con
Zulema nos recuperamos lo justo como para seguir pedaleando,
y volvimos unos 100 metros, hasta tomar el sendero correcto.
Este sendero era también bastante empinado, y en
un momento se cortaba porque estaba socavado por un arroyo
que corría por el fondo. Nuevamente trabajamos todos
los equipos juntos, y bajamos con las bicicletas.
Seguimos
el curso de este río casi seco, hasta que llegamos
nuevamente a orillas del Paraná (esta vez por el
lugar correcto), encontrándonos con un paisaje espectacular,
con las barrancas de un lado, imponentes, y el río
del otro.
Pasamos
por el primer puesto de control, y después de recorrer
unos 100 metros nos encontramos con lo que sería
la prueba más exigente de toda la carrera: subir
nuevamente la barranca pero por una especie de escalera
hecha con neumáticos viejos, ¡y con las bicis
a cuesta! (subida que se conoce como las mil cubiertas,
pero que si bien esa cifra es exagerada, al subirla parecería
que hasta se quedan cortos...)
Encima, veníamos de trepar el sendero por donde nos
habíamos equivocado, así que teníamos
las piernas bastante cansadas. Cargamos las bicicletas al
hombro, y como pudimos empezamos a subir, parando de a ratos
a descansar. Yo subí primero, deje mi bicicleta,
y baje para ayudar a mi compañera, que ya había
hecho casi toda la subida.
Ultimo
tramo
Ahí
si, nos tomamos un poco más de tiempo para recuperarnos
(porque el cansancio era enorme), y después de hidratarnos,
y comer algo, retomamos las bicicletas, y emprendimos la
ultima parte de la etapa: unos 5 o 6 kilómetros,
sin mayores complicaciones. Como esto nos llevó menos
tiempo que al resto, salimos nuevamente delante del grupo,
y aprovechamos para sacarles toda la ventaja posible, ya
que sabíamos que el tramo de pedestrismo que faltaba
nos iba a costar mucho más.
Llegamos
nuevamente a la chacra, dejamos las bicicletas y rápidamente
empezamos la última etapa de pedestrismo, nuevamente
alentados por el público, familiares y amigos. Hicimos
unos 300 metros, hasta llegar a un arroyo que tuvimos que
cruzar por un puente hecho de sogas, y seguimos hasta salir
a un camino de tierra.
A
partir de aquí, nos quedaría un trekking de
6 kilómetros aproximadamente, así que buscamos
nuestro ritmo, aminorando la marcha en las subidas y tratando
de ir más rápido en las bajadas. Pasamos el
arroyo Las Tunas, con agua hasta la pantorrilla,
después un par de vados mas, y finalmente un trekking
mas parejo, por camino de tierra.
Seguimos
así, hasta llegar al puesto de control que nos indicaba
que ya estábamos en la mitad de la etapa (a partir
de ahí debíamos regresar por el mismo camino).
En este tramo, empezamos a cruzarnos con otros competidores
que ya estaban de regreso, y el intercambio de palabras
y aliento, típico en estas carreras, nos daba aun
más fuerzas para seguir, y nos indicaba que ya faltaba
poco para la llegada.
A
esta altura, yo empecé a notar el cansancio, sobre
todo en las piernas, que faltando menos de 2 kilómetros,
daban indicios de acalambrarse, por lo que tuvimos que parar
a elongar un par de veces. Pasamos nuevamente por el arroyo,
nuevamente mojarnos los pies, y entramos por la parte de
atrás de la chacra, donde ya se veía el arco
de llegada. 100 metros antes de llegar, cruzamos nuevamente
el arroyo y al salir, esa trepada final hizo
que a los 10 o 15 metros, las piernas se me acalambraran
mucho mas que antes, pero sabia que si paraba, me iba a
ser imposible seguir. Así que decidí aminorar
la marcha, y con el último gramo de fuerza
conseguimos cruzar la línea final, en medio de aplausos
y felicitaciones.
Entrega
de premios con propina...
Después
de recuperarnos, al averiguar nuestra posición, nos
enteramos que habíamos salido cuartos en nuestra
categoría, cosa que nos alegró muchísimo,
por lo duro de la carrera, y por el alto nivel de los competidores.
Hasta
acá estábamos más que conformes, y
sentíamos que, como dijo Galeano, ... lo que
venga es propina. Y habría propina.
Después
de la entrega de trofeos, 2 o 3 horas después, escuchamos
la voz de Eduardo (que oficiaba de conductor), que decía
que el equipo que había salido segundo en nuestra
categoría, había sido sancionado y eliminado
(cosa que admitieron y aceptaron correctamente), porque
uno de los competidores había corrido sin mochila
(elemento obligatorio en este tipo de carreras). Así
que nuestra posición final fue del tercer puesto,
¡con trofeo y todo!
Agradecimientos:
a todos los que nos alentaron y acompañaron incondicionalmente
durante toda la carrera, familiares, amigos, conocidos (gracias
mamá por el "aguante"). Y a Verónica,
Emiliano y Mara, por soportar la dura tarea de ser "puesto
de control". Y mis felicitaciones para Eduardo Nin
y Lautaro Ferrarotti, los organizadores, que aunque fue
su primera carrera, salió todo muy bien.
Nota:
e-mail:
maxiruiz@hotmail.com
Toda
la información del Desafío El Aguará
2003 está en el Informe
Especial que se publica en el portal.
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