Pampacross 2001
Luis
Rosenkjer
-
Experto Aventurarse
Ya
estoy de vuelta en Bariloche, luego de un mes de características
bien especiales en Catriel, y que intentaré comentar
y transmitir lo mejor posible en este relato. En primer
lugar, quiero felicitar a todo el equipo de trabajo,
y a cada uno en particular, pues le puso todas las pilas
a cada una de las tareas que le tocó realizar.
El grupo en general, y de manera espontánea,
todos generaban un buen humor contagioso. El pasarla
bien fue entonces el común denominador de todo
el período, aun con una meteorología que
no resultó del todo favorable. Y ya sabemos lo
difícil que es conseguir esto entre los parapentistas.
Este es el detalle del equipo:
Guille,
"el enamoradizo". Tornero más que eficiente,
aunque se le trepaban las hormigas en la camioneta durante
los viajes a los despegues. Creo que ya sacó
ciudadanía en Catriel, así que tendremos
servicio permanente de remolques por la zona. Tiraba
los sondeos a la mañana y nos proveía
agua en los despegues.
Ariel,
quien me sorprendió hablando inglés con
cada extranjero. Pasó por el Pampacross tomando
vino y cerveza con los checos hasta altas horas de la
noche. El último día, aterrizó
con el biplaza 10 minutos antes de subirse al micro.
Creo que se enamoró, pero de una minita que se
llama AVAX RS. Las cervezas con los checos le rindieron.
Fue tornero en varias oportunidades y le dedicó
mucho tiempo a los alumnos locales.
Juan,
"diente de leche", hacía tornos cuando
otros elegían el día para volar, y volaba
cuando otros elegían el día para tornear.
Siempre de buen humor y dispuesto a ayudar en cualquier
cosa. Por culpa de las monedas embrujadas, le tocó
subir al poste de la manga para cambiarla y nos sorprendió
con sus habilidades de escalada. Algunos se quejaron
de los gritos nocturnos que salían de su carpa.
Pedrito,
el chofer de la patrol, nos perseguía por todos
lados y este año no fue fácil con los
cambios de viento y rutas a seguir. Finalmente, aprendió
a manejar el GPS y hasta habló en inglés
con David. No dejó muñeca parada y todos
los sábados a la tarde lavaba la camioneta. Recién
al final entendí por qué. Además,
era el proveedor de las viandas para el mediodía.
Mauro,
nos sorprendió con sus habilidades culinarias
y "marketineras". Sembró mucho parapente
en Catriel. Y se disputó algunas de las carilindas
del camping con Pedrito. Para los chicos, era "el
del pelo de dos colores".
Javier,
"el indeciso", no sabía si cocinar,
tornear, volar, hacer de papá rescatando al Fede,
o de marido, dándole bola a Fabiana. Llegó
con dos carpas. Una para la heladera (eléctrica
y de 1,5 metros de alto), y otra para él. Como
siempre, aportó mucho material para ejercitar
todos esos músculos que se utilizan para la risa.
"¡Qué valor!"
Gonzalo,
"el desocupado", hacía las entrevistas
con la radio y la televisión locales. Se le complicaba
cuando le preguntaban a qué se dedicaba, además
de volar en parapente. Junto a Pachocki, se turnaban
para coordinar los despegues. Se pasó mucho tiempo
cargando traks y coordenadas en la computadora y en
los GPS. Y otro tanto gastándolo a Javier con
blues inventados, acompañado por Ale con su guitarra.
Cuando aparecía la rubia se escondía detrás
de las carpas para que no lo vean.
Ale,
quien ya me aclaró que el año que viene
no hace la cobranza. Hizo de todo, y sobre su personalidad,
me parece que no es necesario agregar nada. Disfrutó
de la visita de Azul, su hija, y es el principal responsable
de la "buena onda general". Muchas veces nos
encontramos a las 7:00 de la mañana en el bunker
del primer piso, él haciendo números y
contestando correos, y yo bajando una vez más
la "meteo" del día, para intentar la
mejor decisión posible en la elección
del despegue.
Entre
el cielo y la tierra
El
90 por ciento de los pilotos que pasaron por el Pampacross
2001, volaron menos de lo que esperaban y se fueron
diciendo que el año próximo seguramente
nos visitarán nuevamente. Muchos de ellos ya
me han reconfirmado por e-mail, de modo que no era solo
cumplido. Algunos, además, volverán con
acompañantes. Eso habla bien del entorno y, sobre
todo, del ambiente. Respecto del vuelo, como ya se imaginarán,
es poco lo que les puedo contar. Sólo hubo tres
vuelos de más de 100 kilómetros. El más
largo fue de 125 kilómetros. Hubo cinco días
de mucho viento y mucha pileta. Otros diez días
fueron de mucha estabilidad y techos de menos de 1.500
sobre el piso (esto es bajo para la zona). Diez días
fueron de vientos muy suaves y variables, condiciones
difíciles para hacer vuelos de distancia.
El mayor techo
fue de 3.800 metros, o sea unos 3.400 sobre el piso,
y sin nubes. Posiblemente, hubo uno o dos días
con buenas condiciones, no aprovechados al 100 por ciento,
algunas veces por exceso de precaución o direcciones
de viento inapropiadas para el lugar de despegue elegido
y las rutas a seguir.
Mi
conclusión es que, si bien el piso estaba seco,
los arbustos estaban muy verdes, y evidenciaban lluvias
muy importantes en agosto y septiembre. Muchas veces
toqué las hojas de esas plantas con espinas de
tres centímetros de largo y me sorprendió
lo frescas que estaban en días con 35 grados
de calor. Vi muchas flores, y eso también me
sorprendió. Por algún motivo que desconozco,
tuvimos más viento norte que en años anteriores.
Eso contribuyó a la mayor estabilidad.
Hubo
un accidente, por un corte de soga a baja altura y enganche
de la misma antes que el piloto aterrice y/o alcance
a liberar el suelte. Hubo una emergencia y eso nos recuerda
que el desierto, a pesar de ser llano y estar verde,
no permite distracciones. Seguramente,
en agosto o septiembre del próximo año
estaremos nuevamente ansiosos por ir a pasar buenos
momentos al Pampacross e intentar nuevos récords.
Nos vemos en diciembre de 2002. Hasta la próxima.