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Puente del Inca - Cristo Redentor Y2K
Alejandro
Moyano -
Experto Aventurarse
Si bien esta no es una típica salida de free-ride, sí
es una de las más lindas que se pueden hacer en Mendoza.
Requiere de cierta preparación física previa ya
que se alcanzan los 4.200 metros sobre el nivel del mar, con
el consiguiente problema que esta altura implica: el posible
apunamiento. Además se necesitan por los menos dos días
para hacerlo tranquilo, disfrutando de los paisajes de la zona
de la alta montaña mendocina.
Como todos los años, la Agrupación Ciclística
Universitaria de la Universidad Nacional de Cuyo realiza esta
excursión como un homenaje a la Gesta Libertadora del
General San Martín, ya que una de las columnas del Ejército
Libertador a mando del General Espejo, pasó, en 1818,
por el mismo cerro donde ahora se encuentra el monumento del
Cristo Redentor, justo en la frontera entre Argentina y Chile.
La salida fue el sábado 15 de enero de este año,
a las 7. Dos transportes llevaron a los pedalistas y las bicicletas
hasta Puente del Inca, a 120 kilómetros de la capital
mendocina, donde instalamos una especie de campamento base en
el Regimiento de Cazadores de Montaña. Allí dejamos
las mochilas e inmediatamente salimos en las camionetas a almorzar
en la Laguna de Horcones, ante una increíble panorámica
del Aconcagua. Curiosamente, los guardaparques nos negaron el
ingreso con las bicis porque, según ellos, causarían
mucho impacto ambiental. Yo traté de hacerlos entender
que 20 bicis bien manejadas no causan tanto impacto como las
100 mulas que suben a diario en temporada alta, pero no hubo
caso: hay una reglamentación y se debe cumplir. Dejamos
las bicis bajo la custodia de los mismos guardaparques y caminamos
los 800 metros que nos separaban de la Laguna. Allí hicimos
un almuerzo rápido y seguimos una poco más arriba
hasta un puente colgante sobre el Río Horcones, que fue
construido para filmar parte de "Siete años en el
Tíbet". Las chicas del grupo acariciaban las piedras
que fueron tocadas hace un par de años por Brad Pitt
como si fueran sagradas. Al regreso les entregamos a los guarda
parques una bolsa llena de la basura que tiran los turistas
que-no-causan-tanto-impacto-ambiental como las bicis.
A las 14 bajamos en las bicis por la ruta internacional, a través
de unos seis kilómetros, hasta Puente del Inca, y allí
pudimos disfrutar del resto de la tarde libre. Esas fueron las
horas en que más nos divertimos. Algunos tomaron baños
termales, otros exploraron la zona. Por mi parte, me dediqué
a marcar un circuito por donde pienso hacer próximamente
una carrera de descenso y después me di un súper
baño en un piletón de agua termal junto con otros
integrantes del grupo.
Después de la cena y de una caminata nocturna, dormimos
como troncos para levantarnos, no sin un gran esfuerzo, a las
6:30 del domingo. Desde Puente del Inca nos quedaban unos 15
km. de fuertes subidas por ruta hasta la localidad de Las Cuevas.
Allí, luego de una breve parada para la foto de rigor,
abandonamos el asfalto para encarar la subida al cerro del Cristo:
ocho kilómetros de caracoles por un camino de tierra
en muy buen estado. La temperatura iba bajando y la altura se
hacía sentir. El viento, siempre presente, soplaba ahora
con más fuerza, por lo que la subida se tornó
muy dura. El pelotón se separó y cada uno subió
a su ritmo. La soledad y el paisaje ayudaban a que éste
fuera un momento casi místico: sólo la montaña,
el ruido de las cubiertas en la tierra, el viento y pensamientos
de cada uno.
A la salida de una curva cerrada y con mucha pendiente me sorprendió
una gran construcción que marca la mitad del camino.
Pensé que me iba a costar más llegar hasta allí.
Hicimos una parada para reagruparnos y reaprovisionarnos. Como
apoyo contábamos con un Unimog que nos seguía
de cerca.
Desde allí el camino adquiere aún más pendiente,
el viento y la altura hicieron que en alguna subida tuviésemos
que bajarnos de las bicis y caminar. Algunos ya habían
optado por subirse al camión, otros se empecinaron en
llegar pedaleando a pesar de haber agotado ya sus energías.
De pronto, después de una curva, nos encontramos de frente
con el Cristo Redentor. Nos abrazamos emocionados por haberlo
logrado, agotados pero felices. Allí nos sacamos las
fotos oficiales, tomamos algo caliente y sin casi demorarnos
encaramos la bajada.
Adrenalina pura. El camino está tan bueno que se baja
muy pero muy rápido. Los descensistas cortamos por una
morena de unos dos km. que habíamos visto en la subida.
El atajo nos ahorró varios caracoles y cuando menos lo
esperábamos ya estábamos de regreso en Las Cuevas.
Lo que tardamos casi dos horas en subir, en bajada lo hicimos
en 13 minutos.
Desde Las Cuevas, por la ruta Internacional, hasta Puente del
Inca es la zona donde más rápido he andado sobre
mi bici. El ciclocomputador marcó 87 km/h de máxima:
más adrenalina.
En el Regimiento nos recibieron con un gran asado y copiosa
cerveza para cerrar nuestra aventura. A las 19 estábamos
ya de regreso en Mendoza preguntándonos si al fin de
semana siguiente lo podríamos repetir.
El fin se semana siguiente hicimos otro gran asado con más
cerveza pero, como por diversos motivos no pudimos volver a
hacer la travesía, esta vez sólo vimos las fotos
y jugamos a un clásico de nuestro grupo: el bici-fútbol.
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de Aventura por país
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