Trekking
a Plaza de Mulas
Staff Aventurarse
Cada
año llegan a la llamada Cordillera Principal de
Mendoza, en Argentina, muchísimos aventureros de
todo el mundo. El motivo de tantas visitas tiene nombre:
Aconcagua. Esta imponente montaña, con sus 6962
metros, posee la mayor altura, no sólo de América
sino, además, de cinco continentes. Su atractivo
y la necesidad de preservarla ante tanto tránsito,
obligó incluso a la creación del Parque
Provincial Aconcagua, en 1983.
El
nombre "Aconcagua" podría derivar de
la expresión quechua "Ackon Cahuak" que
significa "Centinela de Piedra". Este es el
origen más aceptado. Sin embargo, en lengua mapuche
"Aconca-Hue" se traduce como "Viene del
otro lado" lo cual haría referencia al río
chileno que lleva ese nombre y que antiguamente se creía
que tenía sus orígenes en las laderas del
Aconcagua.
La
zona, efectivamente, fue muy bien conocida por antiguos
pueblos americanos, como los mapuches y aymaras. Hasta
allí también llegaron los dominios del gran
Imperio Inca, durante su avanzada hacia el sur en el siglo
XV.
Hoy,
el lugar despierta el interés de aventureros de
todo el mundo, algunos dispuestos a desafiar sus límites
para llegar a la cumbre, otros con la ambición
de realizar un trekking por zonas de una riqueza paisajística
indescriptible, aquellas que conocieron tan profundamente
los antiguos pueblos sudamericanos.
En
el Parque Aconcagua
Emprender
una aventura en la montaña requiere, casi sin excepciones,
de ciertos preparativos. Y si esa montaña es un
gigante en medio de la cordillera, esos preparativos se
multiplican. Se torna fundamental contar con la vestimenta
adecuada, ya que el clima es muy riguroso. La tienda a
utilizar debe ser adecuada para la altura, ya que los
fuertes vientos y las nevadas son cosas de todos los días.
Pero algo muy importante, también, es contar de
antemano con los guías de montaña idóneos.
Una
vez previstas estas cuestiones sólo hay que llegar
a Puente del Inca (2700 metros), la población más
cercana al cerro. Entonces, comienza la aventura.
En
el lugar es posible adquirir los clásicos servicios
de mulas para carga. Es el animal de carga por excelencia,
tanto como lo es el yak en las colosales alturas de Nepal
y Tibet.
Luego
de una breve caminata, se ingresa al Parque Provincial
Aconcagua. Ahí, en Horcones, debe presentarse ante
el guardaparque el permiso de trekking previamente gestionado
en la ciudad de Mendoza. Se atraviesa la laguna Horcones
y la caminata continúa.
Un
rato más tarde, se cruza otro puente muy bello,
construido hace pocos años, por debajo del cual
un río marrón arrastra no sólo agua
sino bastante barro. El camino es puro polvo y piedras
sueltas. Al rato, comienzan a sentirse las primeras molestias
provocadas por la altura. El oxígeno disminuye,
a la vez que el polvo aumenta.
La
vista por momentos es increíble. La Pared Sur del
Aconcagua puede apreciarse en toda su grandeza. Es, sin
dudas, uno de los más difíciles desafíos
para cualquier montañista. Luego de una jornada
agotadora, se llega a Confluencia (3200 metros), allí
donde se unen dos cauces, uno proveniente de la Pared
Sur y el otro, de la Pared Norte. Es el lugar ideal para
establecer campamento y esperar que sea otro día,
para transitar los senderos en este gran gigante de piedra.
La
imponente Pared Sur
Establecido
el primer campamento en Confluencia, la vivencia en la
montaña empieza a sentirse intensamente. El mundo
de las ciudades quedó definitivamente atrás
y todo es paisaje puro y desolado.
¿Cómo
resistir la tentación, entre tanto paisaje, de
llegar a la base de la mítica e imponente Pared
Sur? Con un nuevo amanecer se inicia la marcha a Plaza
Francia (3800 metros), campamento al pie de donde se alza
la gran pared.
Se
bordean entonces el río Horcones Inferior y el
glaciar Horcones Inferior. Son unas cuatro horas de travesía,
donde a veces el sol está tan fuerte que no da
tregua a los cansados cuerpos que deben además
lidiar con alturas a las que no están acostumbrados.
Así se llega finalmente a Plaza Francia.
Pero
se sabe, la montaña tiene su propia lógica.
Entonces, y a pesar del sol, antes hubo que cargar los
equipos ante la posibilidad de alguna tormenta o un simple
cambio de temperatura. Dicho y hecho, aparece el clásico
viento del sur, aparece el frío, e incluso algo
de nieve en pequeños copos.
Una
vez frente a la Pared Sur, es imposible no sentirse minúsculo
ante semejante obra natural. Luego de apreciar sus contornos
y tal vez, reconocer un poco la zona, llega el momento
del regreso al campamento en Confluencia.
Un
rato de descenso es suficiente para dejar el mal tiempo
arriba y una hora más tarde, el campamento en Confluencia
se aparece ante los ojos y promete un descanso y el consuelo
de un té caliente que devuelve el alma al cuerpo.
Hacia
Plaza de Mulas
Otro
día se abre a pleno sol. Entonces, la estadía
en el primer campamento llega a su fin. Es el momento
de iniciar la caminata hacia Plaza de Mulas. Al
rato de partir, se transita un campo de cantos rodados
llamado Playa Ancha que es, claro, un río muy ancho
y apenas con algo de agua. Aproximadamente
a mitad de camino se aparece ante los ojos la figura del
refugio Ibáñez, una pirca que quedó
abandonada y guarda, como recuerdo, solamente el nombre.
La
aridez de la zona se ve acompañada por la muy escasa
y poco variada fauna. La que existe está adaptada
para soportar esa aridez, al igual que su flora que es
más bien de hierbas que soportan las bajas temperaturas
y el clima seco. El animal más característico
debe ser el cóndor, muy valorado por los pueblos
andinos y hoy en peligro de extinción, a raíz
de los abusos del hombre moderno.
Al
fin, luego de siete u ocho horas de travesía y
más de mil metros de ascensión, se llega
a Plaza de Mulas, que no sólo es el objetivo final
elegido para el trekking sino además, representa
el campamento base para la escalada a la cumbre por la
ruta normal.
Los
paisajes de altura
Al
recorrer Plaza de Mulas, lo primero que impresiona es
que hay personas de todas las latitudes, la mayoría
con la ilusión de coronar la cumbre del Centinela
de Piedra. El ambiente es de amabilidad y un lugar propicio
para intercambiar sensaciones, compartir con extranjeros
esa bebida tan americana que es el mate y claro, comer
como Dios manda.
Pero
antes es menester instalar la tienda y acomodarse. El
frío se hace sentir. Por momentos también
el viento se torna fuerte y hace disminuir aún
más la baja temperatura. La altura provoca algunos
dolores de cabeza ante los que es indispensable estar
atentos. Si luego de un descanso y de beber la suficiente
cantidad de agua esos dolores continúan, lo mejor
es descender para evitar que el mal de altura se incremente.
Al
día siguiente, llega el momento de continuar el
trekking. Una elección que vale la pena es el ascenso
al Cerro Bonete, de 5100 metros. Los paisajes ahí
son increíbles. Se ve el Tupungato, otro gigante
cerro de la cordillera en Mendoza. Además, los
penitentes -estructuras de hielo que semejan hombres rezando-
se abren ante vistas que no pueden parar de disfrutar
tanta belleza.
Luego
de retornar a Plaza de Mulas: un descanso, con la satisfacción
y calma de haber realizado trekkings de los más
variados en la montaña más alta de occidente.
Desde el campamento puede observarse parte de lo recorrido
y disfrutar la imponencia del paisaje en su totalidad.
Sólo
resta desandar el camino a Confluencia y Puente del Inca.
Atrás queda el imponente coloso de la cordillera
andina, pero bajo la promesa de un futuro retorno. Y tal
vez, porqué no, con intento de cumbre incluido.
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