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Discurso Inaugural del I Congreso Argentino de Medicina de Montaña
Carlos Pesce
- Colaborador


Señoras, señores, queridos amigos de la montaña:

La opulenta Pampa Húmeda, fuente inagotable de riquezas agropecuarias y escenario predominante de las luchas por el poder durante el transcurso de nuestra breve historia como nación, se impone falazmente como dominante orográfica de la República Argentina.

El legendario esplendor incaico, las proezas militares de San Martín y de Güemes, los repetidos destierros de Sarmiento y los ya superados conflictos limítrofes con nuestros hermanos chilenos, aparecen como los únicos hechos relevantes que colocan a las montañas en las páginas de nuestros libros de historia.

Pero no debemos engañarnos, la Argentina es un país montañoso, a espaldas de la mayoría de sus habitantes y siempre a más de mil kilómetros del foco de nuestra atención, la Argentina es un país montañoso.

Una de las fronteras montañosas más largas de la tierra recorre nuestro país a modo de columna vertebral de norte a sur; el Aconcagua, la montaña más alta del mundo fuera de los Himalayas se encuentra en nuestro territorio, nuestros hielos continentales conforman el glaciar más grande que existe por fuera de los círculos polares, cientos de miles de argentinos habitan en localidades ubicadas en nuestras zonas montañosas y en nuestro altiplano; y una importante raigambre cultural se esconde en las entrañas de los Andes.

Amigos, por todo esto, la Argentina es un país montañoso.

El vivir en un país con estas características tiene sus grandes ventajas, y creo que de una forma u otra todos los aquí presentes hemos disfrutado de esta virtud y muchos de nuestros recuerdos imborrables han sido fabricados sobre los hielos, la nieve y las rocas de nuestra cordillera.

Pero el hecho de habitar en un país montañoso implica asumir ciertas responsabilidades, que se distribuyen en distintos niveles y oscilan como un péndulo, desde el extremo del compromiso tácito del individuo para el cuidado de su propia salud y seguridad, al nivel máximo de responsabilidad que debe ejercer el estado, como ente de contralor y regulación de las actividades que se realizan en las montañas. Dentro del barrido que este péndulo recorre, entre extremo y extremo, existe una variada gama de grises conformada por las que podemos llamar “organizaciones intermedias”.

Los tres niveles descriptos se encuentran representados hoy en este acto, los individuos, las instituciones intermedias -dentro de las cuales se encuentra la SAMM- y los organismos oficiales. Los tres convocados por un mismo objetivo, mejorar las condiciones de salud y seguridad en nuestras montañas.

Han pasado ya tres años desde nuestro primer encuentro en la maravillosa ciudad de Arica, en el marco del IV Congreso de la International Society for Mountain Medicine. Allí, paradójicamente fuera de nuestras fronteras, comenzó a tejerse la trama que dio origen a la Sociedad Argentina de Medicina de Montaña, que hoy, a través de éste, nuestro primer congreso, da sus primeros pasos y se presenta en público.

Nuestro país vive momentos difíciles, atravesamos una de las crisis más graves de nuestra historia. Pero las crisis no se resuelven con quietud, ni sentándose a esperar un momento mejor; las crisis se resuelven con protagonismo, con movimiento, con producción, con creatividad y con imaginación, fundamentalmente con imaginación.

Creo que es momento de comenzar a mirar hacia los costados, debemos dejar de esperar soluciones que provengan desde arriba y de deprimirnos por el panorama que se nos presenta por debajo. Sólo mirando hacia nuestros costados podremos encontrar individuos con proyectos semejantes a los nuestros decididos a sumar sus esfuerzos en la creación de nuevos espacios, mucho más transparentes, más cristalinos y más filantrópicos de los que estamos desgraciadamente, casi habituados a tolerar.

Hoy gran parte de nuestros compatriotas se encuentran sumergidos en la desesperación, buscando desordenada y anárquicamente el camino que les permita acceder a los elementos básicos de subsistencia en el corto plazo. Quienes tenemos la suerte de estar situados en un estrato diferente y conservamos todavía la capacidad de poder ejercer cierta influencia sobre nuestro futuro, no sólo debemos asumir la responsabilidad de definir un destino mejor para nuestros hijos, sino que estamos obligados a hacer extensivo este acto a los hijos de los que hoy, sólo pueden dedicar todas sus energías a conseguirles un plato de comida.

Les puedo asegurar que la realización de este congreso es un ejemplo cabal de esta actitud.

No estamos resolviendo los problemas más graves que aquejan a nuestra vapuleada República con este congreso, es cierto, pero sí estamos poniendo en juego un mecanismo que quizás sea el más adecuado para hacerle frente.

Nos hemos dedicado durante estos vertiginosos últimos seis meses a sumar, a sumar buenas voluntades, a sumar amistades, a valernos de la confianza en el otro, del buen humor y de la responsabilidad, y con el pasar de los días, quienes participamos en la organización de este evento, hemos descubierto, casi con asombro, que estábamos construyendo algo. Del medio del caos algo empezaba a tomar forma, con menos tropiezos de los esperados por nosotros y muchos menos escollos de los pronosticados por algunos.

Y aquí estamos, comenzando algo que es el fruto de la capacidad de un grupo de individuos que han tenido la virtud de poder reconocer en otros el interés por un objetivo común.

La medicina de montaña amigos, no es nada sin su objetivo principal: el hombre. Y a diferencia de otras especialidades de la medicina, donde los medicamentos o el bisturí son instrumentos terapéuticos elementales e indispensables, en la medicina de montaña la herramienta terapéutica, paradójicamente, es el mismo hombre. Sí, el vehículo fundamental de la salud en la montaña es el mismo montañero y la cantidad de información que lleve en su cabeza sobre cómo evitar problemas y como actuar ante los mismos. Basándonos en tales argumentos es que la convocatoria a estas jornadas científicas no se ha limitado sólo a profesionales de la salud, ya que estos son sólo parte de una cadena que requiere de la fortaleza de todos sus eslabones para cumplir con sus objetivos. La fortaleza de una cadena se rige por la de su eslabón más débil, nuestro objetivo es que en este congreso todos los que estamos interesados por la salud en las montañas, desde el investigador básico al aficionado, podamos encontrar una fuente de información útil, práctica e atractiva.

No es casualidad que la industria farmacéutica esté prácticamente ausente como patrocinadora en este congreso médico, a muchos de los profesionales de la salud que participen de estas jornadas les resultará un tanto extraño encontrar sponsors que podríamos definir como poco convencionales para eventos de estas características, pero esto tiene una razón de ser: los medicamentos suelen llegar tarde en la montaña y el objetivo de nuestra especialidad es tratar de evitar las situaciones donde los mismos son requeridos; esto evidentemente no ha resultado del todo alentador para ciertas empresas que teóricamente se interesan por la salud de la población.

Pero bueno, aquí estamos, inaugurando a pesar de todo, el primer congreso argentino de medicina de montaña y fisiología de la altura.

Gabriel Celaya, un poeta español, escribía a mediados del siglo pasado en el contexto de un país destruido por una guerra terrible y fraticida, lo siguiente:

Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse
”.

Estableciendo un paralelismo entre la idea de este poeta y los objetivos que perseguimos a través de este congreso, podemos decir que la ciencia concebida como un lujo intelectual ubicada fuera del contexto social y cultural, es un adorno inútil, caro y egoísta. De ahí nuestra intención de darle a estas jornadas un objetivo eminentemente práctico, buscando establecer un substrato propicio para mejorar las condiciones de salud y seguridad en las montañas de nuestro País.

Los cosmólogos y los físicos contemporáneos mensuran la realidad a través de un concepto global e indivisible que denominan espacio-tiempo, cualquier observación que se quiera hacer tomando cada uno de estos conceptos por separado desemboca en niveles de abstracción que resultan, por lo menos para mí, absolutamente ficticios.

Esta fracción del espacio-tiempo es en la que nos toca desenvolvernos y siendo uno de los objetivos principales del presente, la construcción del futuro, es que los convoco amigos a trabajar en el seno del Primer Congreso Argentino de Medicina de Montaña y Fisiología de la Altura, y les pido que pongamos “Manos a la Obra”.

Muchas Gracias.

 

 

Nota:

e-mail: cpesce@armstrong.com.ar
web: www.sammarg.org



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