Aventurarse
por el Noroeste Argentino y Atacama
Federico
Norte -
Experto Aventurarse
Las
provincias que ocupan el extremo noroeste de la República
Argentina, tradicionalmente llamado NOA, son privilegiadas
en lo que hace a sus riquezas naturales. Mucho más importante
aún es que conservan un fuerte legado histórico, fruto
tanto de las culturas ancestrales como de la colonización
hispánica proveniente del Perú.
A veces resulta difícil explicar y transmitir los sentimientos
y sensaciones que se sienten al guiar pequeños grupos
de turistas, ávidos de naturaleza y aventura, que sólo
desean alejarse de sus rutinas habituales en la ciudad,
en la que todo, absolutamente todo, se mide en forma material
y superficial.
Caminar
por ruinas y encontrar los restos de una ciudad preincaica,
donde se calcula vivieron miles de habitantes, es una
imagen que emociona. Ver esos restos de paredes, enterratorios,
basureros y plazoletas, que hace unos 700 años fueran
lugares con una activa vida social y comercial, es como
si una secuencia de cine pasara por la mente imaginando
situaciones o escenas de aquel entonces.
Pero hay mucho más. Descender en una balsa haciendo rafting
por el cañón del río Juramento; cabalgar por pastizales
de montaña a más de 3.000 metros sobre el nivel del mar;
hacer trekking por el filo de una montaña, sintiendo el
vuelo de los cóndores sobre la cabeza; pararse en medio
de un salar en la puna: pueden ser momentos y sensaciones
imborrables para cualquier persona sensible que ame las
actividades en la naturaleza.
El NOA y su gente
Entiendo
que la verdadera esencia de cada lugar está en su gente.
Es en el interior de las personas donde vive la naturaleza
de una región, cualquiera fuera. En los rostros y la piel,
el paso de los años y la dureza del clima. En los espíritus,
todo el bagaje de la cultura, en este caso producto de
la fusión de sangres indígena e hispánica. El NOA es,
sin dudas, un lugar de ensueños aún no descubierto por
mucha gente. Sus personas son hospitalarias, gentiles
y predispuestas, se trate de jujeños, salteños, tucumanos,
catamarqueños o riojanos.
Desde el monte chaqueño hasta las altas cumbres de los
Andes se pueden ver selvas de transición, selvas subtropicales,
valles fértiles con abundantes precipitaciones, valles
semiáridos y hasta la estepa de la puna en la región altiplánica.
Acompañando
tanta variedad geográfica, no es difícil imaginar la diversidad
climática. Por eso, la magia del lugar llama a viajar.
En un día entero, recorriendo 500 kilómetros en el vehículo,
suelo utilizar calefacción por la mañana y aire acondicionado
por la tarde viendo, en el mismo día, valles, montañas
nevadas, vertientes congeladas a 4200 metros, desiertos
de sal y selvas subtropicales.
Visita a un vecino:
Atacama
Y
como si fuera poco el maravilloso entorno de este fabuloso
teatro natural y humano, existen dos pasos cordilleranos
que nos conectan con uno de los desiertos más áridos del
mundo, tras la cordillera andina. Se trata del desierto
de Atacama, en la segunda región de Chile.
Sin dudas, resulta un nuevo
shock -sensitivo y espiritual- cruzar la Cordillera de
los Andes y llegar a la cuna de la antigua civilización
atacameña. El lugar es increíble. En aquel soberbio desierto,
apenas se observa algo de verde alrededor de su pueblo
más importante: San Pedro de Atacama. Un desfile de volcanes
hacen de límite este del desierto y un extenso pañuelo
blanco, el salar de Atacama, se tiende en lo más profundo
de su territorio.
Flamencos
rosados en lagunas saladas, géiseres que explotan al amanecer
y ruinas arqueológicas, son parte de éste loco colage
de imágenes conviviendo. El paisaje parece desolador desde
la cumbre del volcán Láscar, aún activo, o desde el mítico
Lincancabur, con sus 6.000 metros que dominan toda la
vista del desierto. Estos son, con paisaje desolador incluido,
los principales atractivos para los montañistas de todo
el mundo. Ellos se acercan a San Pedro con el fin de encontrarse
con el silencio y el misticismo del lugar. Y quien busca
tales atributos, en Atacama los encuentra con toda seguridad.
Hay que pensar a esta región
de Atacama como un destino para explorar con tiempo y
no como una zona de paso para aquellos que suben a Machu
Pichu o para los que bajan hacia la Patagonia.
Millones de estrellas en
un cielo libre de polución, la brisa de la montaña que
golpea el rostro y el verde de la selva grabándose en
las retinas. Mi mensaje final: olviden el sentimiento
de pequeñez que a mucha gente le invade al presenciar
estos paisajes. Esta región los espera para sentirse tan
inmensos como la naturaleza misma porque los hombres somos
parte de ella.