Travesía sin tiempo por Latinoamérica II
Bruno
Monfrinotti
- Aventurero
Me
encuentro por estos días en la mitad del mundo.
Con un pie en el Sur, otro en el Norte y el corazón
en Buenos Aires. Antes de relatarles mis últimas
experiencias en Perú y Ecuador, debo pedir disculpas
por no haber enviado antes mis relatos. En realidad, decidí
tardar un poco más, porque mis primeras experiencias
por tierras ecuatorianas resultaron algo aburridas, a
causa de una seguidilla de quince días muy feos,
que nos obligaron a caminar un poco menos.
Al final
de mi relato anterior,
nos encontrábamos con Sergio (primo y compañero
de aventuras) en la histórica Cusco, Perú.
De esa hermosa ciudad nos trasladamos en avión
a Lima, por sólo $25 más que el costo bus
y con un ahorro de treinta y cinco horas. Sin parar ni
siquiera un momento, de allí seguimos viaje hacia
Trujillo. Se trata de una ciudad que no tiene demasiadas
particularidades. Sin embargo, es un poco más limpia
que otras y es también famosa, por tener las mejores
playas del país, aunque a mí no me deslumbraron
especialmente.
Cerca
de allí se encuentran las ruinas de Chan-Chan (sí,
como el final del tango). Son los restos de una antigua
ciudad (del siglo III), construida íntegramente
en adobe. Plazas, templos, casas y mercados fueron hechos
de grandes bloques de barro y, a su vez, todo amurallado
con paredes de casi dos metros de ancho. La erosión
y el paso del tiempo no dejaron demasiado, así
que es un poco difícil imaginarse cómo habrá
sido aquella ciudad.
Al
parecer, la civilización que habitó la zona
se encontraba bastante avanzada en lo que a su organización
social se refiere. Pero, gradualmente, el lugar se fue
haciendo más y más árido, hasta transformarse
en lo que es hoy, una especie de desierto del Sahara.
Entonces, la ciudad fue abandonada y la civilización
desapareció.
De
Trujillo nos fuimos hacia Chiclayo, una ciudad más,
y que sin embargo es famosa por estar cerca de un importante
descubrimiento arqueológico. Se trata del Señor
de Sipán. Este famoso personaje, jefe de la Civilización
Mochica, tras la muerte, fue enterrado junto a sus mujeres,
guardianes, esclavos y pertenencias. Toda esa gente fue
asesinada para acompañar a su jefe en el viaje
hacia el más allá. Para que no escaparan,
o tal vez como símbolo de su permanencia eterna
allí, les cortaban los pies.
En
la mitad del mundo
De
Chiclayo nos fuimos a Machala, en Ecuador. El viaje fue
un poco tormentoso ya que al pasar por la aduana, en la
bodega del bus, encontraron un par de armas. Nos detuvieron
por casi cuatro horas y la inoperancia de la gente de
la aduana fue suprema. Antes de comenzar a hablar de mis
experiencias, quiero decir que el que piense que Ecuador
es verde, se equivoca. Ecuador no es verde, ¡es
VERDE! Al cruzar de Perú a Ecuador, se está
pasando del desierto absoluto a una vegetación
grandiosa. Machala, como dije, fue nuestra primera ciudad
en el nuevo país. Algo sucia y desordenada, frente
a ella se encuentra la isla de Jambeli, que posee playas
igual de descuidadas. Allí pasamos unos días
sin mucha suerte, ya que se nos vino el mal tiempo, que
se extendería por unos quince días más.
De
allí seguimos hacia Guayaquil. La ciudad no nos
cautivó, aunque hay que marcar una salvedad: Plaza
Bolívar. Allí, en lugar de alimentar a las
palomas, le das de comer a las iguanas. La convivencia
entre personas e iguanas es armoniosa, por lo tanto, éstas
ni piensan en escaparse.
En
esa ciudad se nos planteó el dilema: seguir por
la costa o por la montaña. Pero, como estábamos
algo cansados de tanta montaña, la decisión
no fue muy difícil y nos fuimos para Salinas, una
ciudad balnearia típica, con altos edificios, comercios
y hoteles por todos lados. El problema es que la temporada
comienza en julio, así que la ciudad estaba vacía
y nos aburrimos bastante.
Entonces
fuimos para Montañitas, un pueblito bastante pintoresco
por sus cabañas de tres pisos y su estilo rústico.
Pero el tiempo seguía jugándonos mal y no
pudimos disfrutar de sus playas. De allí seguimos
hacia Manta, el puerto número uno de Ecuador. Como
tampoco nos gustó mucho, seguimos para Bahía
de Caraques, en donde ya cansados de tanto mal tiempo,
nos metimos al agua (¡agua tibia!), aunque no había
nada de sol.
Nuestro
siguiente destino fue Atacames, previo paso por Pedernales
y Muisne. Al fin, allí apareció febo y pudimos
broncearnos, al menos un poquito. Además, como
era fin de semana largo, aprovechamos para hacer un poco
de vida nocturna.
Al
fin, llegamos a Quito. A partir de ese momento cambiarían
las cosas para nosotros, que veníamos bastante
aburridos. Quito nos pareció la capital más
linda vista hasta ahora. Muy limpia y ordenada, la parte
histórica está muy bien mantenida y la gente
es muy amable y tranquila. Además, como buena ex
urbe española posee muchas, muchísimas iglesias.
La
selva
De
allí, nos fuimos para Baños de Tungurahua,
un pequeño pueblo sobre el lado oriental de los
Andes, que posee baños termales y cascadas muy
bonitas que caen hacia el valle. En el río Tempato,
que pasa muy cerca del pueblo, hicimos por primera vez
rafting. Se trata de un río considerado Clase III,
lo que permite una gran diversión, sin mucho riesgo.
(Nota: Sergio se fue al agua).Después hicimos una
excursión a la selva, durante tres días.
Nunca había vivido algo así. La naturaleza,
allí, desborda por todos lados. La vegetación
es lo primero que impacta. Es tanta la vida vegetal que
mientras se camina, resulta difícil ver el sol.
El clima es loquísimo. De pronto llueve como si
fuera el ultimo día del mundo y a los quince minutos
sale un sol radiante, que evapora el agua caída
y genera un clima casi de baño turco.
Allí
nos cruzamos con plantas utilizadas como desinfectantes,
cicatrizantes, repelentes de insectos y caucho. También
jugamos con lianas, como alguna vez lo hizo Tarzán.
Probamos unas hormiguitas que tienen gusto a limón
y unos gusanos que viven dentro de la guayaba. Viajamos
en canoa de troncos por un río en plena selva y
vimos monos, serpientes, pájaros y otros animalitos
típicos de la selva amazónica.
El
día de mi cumpleaños lo pase con Sergio,
dos chicas canadienses muy simpáticas, el guía
y un chamán (médico brujo). El chamán
nos preparó la ayahuasca, una planta medicinal
y alucinógena, típica de la zona. Machucó
las ramas de la planta y la hizo hervir con otras hojas
-no recuerdo sus nombres-, durante cuatro horas. Una vez
evaporado bastante líquido, queda un néctar
muy amargo que se toma sin haber comido nada y luego de
una limpieza que realiza el chamán con una escoba
hecha de hojas y con una piedra que transmite un espíritu
del lugar ¿Se imaginan el miedo que teníamos?
Tomamos
la pócima. Era de noche y nos encontrábamos
en el medio de la selva. Sólo nos restaba esperar
los efectos. Según nuestro chamán, veríamos
nuestro futuro, hablaríamos con los muertos, haríamos
viajes a otros mundos y era probable que vomitáramos.
Lo cierto es que vomitamos y en buena forma, pero de los
viajes al futuro y encuentros con los muertos, nada de
nada. Al día siguiente regresamos a Quito.
Clásicas
aventuras urbanas
Llegamos
a la jungla de cemento casi a las doce de la noche y,
como estábamos con un hambre atroz, dejamos las
mochilas y nos fuimos a comer. Al salir del
restaurante, pasamos por una calle poco transitada. Allí,
debimos pasar un momento difícil cuando, de no
sé dónde, salieron dos tipos, uno grandote
y el otro más chiquito. El más grandote
se abalanzó sobre Sergio, sin decir una sola palabra
y sin mostrar ninguna arma. Mientras tanto, el otro se
quedó a unos metros. Sin esperar un segundo, lo
tomé al grandote por los hombros y lo empujé
separándolo de Sergio. Entonces comenzó
a arrojarme piñas, sin mucha precisión ni
fuerza.
En
ese momento, recordé que en la esquina nos habíamos
cruzado con un policía. Entonces comencé
a gritar, "¡policia, policia! Nos dejaron tranquilos,
corrimos hacia la esquina en busca del susodicho policía
y cuando volvimos, por supuesto, ya no estaban. No hubo
rasguño alguno, y tampoco perdimos ni un centavo.
Todavía seguimos preguntándonos qué
quisieron hacer los dos tipos. El más grandote
se enfrentó solo y sin armas contra nosotros dos.
Mientras tanto, el más chico lo único que
hacía era meter las manos en sus pantalones como
si tuviera un revolver.
El
próximo paso será: Colombia. Estamos planeando
el viaje para que sea lo mas seguro posible. Muchos me
pidieron que hable acerca de cómo es la gente en
cada uno de los lugares recorridos. En un próximo
envío, prometo, lo haré.
Continuará...
Ver:
Travesía sin tiempo
por Latinoamérica I
Ver: Travesía
sin tiempo por Latinoamérica II
Ver: Travesía
sin tiempo por Latinoamérica III
Ver: Travesía
sin tiempo por Latinoamérica IV
Ver: Travesía
sin tiempo por Latinoamérica V
Ver: Travesía
sin tiempo por Latinoamérica VI
Ver: Travesía
sin tiempo por Latinoamérica VII
Nota:
brunomon@hotmail.com