Travesía sin tiempo por Latinoamérica I
Bruno
Monfrinotti
- Aventurero
Partimos
el 1 de marzo de 2001 de la ciudad de Buenos Aires con
la intención de recorrer América del Sur
para disfrutar de sus paisajes, gente, lugares y cultura.
Junto a mi primo, Sergio, planeamos un viaje que no posee
itinerario fijo, pero cuya idea original fue salir de
la capital argentina, pasar por la bella zona del Noroeste
(NOA) y subir desde allí, paso a paso, ciudad a
ciudad, hasta México. El tiempo que tomará
el recorrido será muy flexible y podrá durar
algunos meses e incluso uno o dos años. En el transcurso,
y mediante correo electrónico, relataré
las peripecias de la gira con fotos y detalles.
31/03/2001.
Este primer contacto lo escribo desde La Paz, Bolivia,
y en principio les cuento que estamos muy bien de salud
y seguimos adelante. La ultima vez que alguien supo de
mí estaba a punto de partir de San Antonio de los
Cobres, Salta, en el Tren a las Nubes, aunque en realidad
el convoy que tomamos fue mixto (de carga y pasajeros)
y sólo costó 10 pesos. El verdadero Tren
a las Nubes sale casi 100, pero tiene todos los lujos
y no se detiene en ningún lugar hasta finalizar
el trayecto. El recorrido de ambos es el mismo, salvo
que el nuestro paraba en cada pueblito donde subía
y bajaba gente de variada cultura andina y extraña
mercadería. Dada esa diversidad, entre estación
y estación, se formó una linda mixtura de
alemanes, franceses, argentinos y coyas que convivimos
en perfecta armonía, excepto algún borracho
molesto de los que siempre hay.
San
Antonio de los Cobres está a casi 4.000 metros
de altura sobre el nivel del mar, razón por la
cual comenzamos a sentir los problemas de la falta de
aclimatación (sorocho, como dicen los coyas). Nos
tomamos unos tés de coca y otras yerbas -muy raras-,
y al día siguiente continuamos, no muy bien de
salud, pero seguimos.
Con
el correr de las horas las molestias se esfumaron y pudimos
visitar Tilcara, Purmamarca y Humahuaca. Los tres son
lugares hermosos con una interesante combinación
de cultura indígena y española, sumada a
un paisaje maravilloso en el cual sobresale el Cerro de
los Siete Colores. Luego pasamos un día en la Quiaca,
Yavi y cruzamos a Villazon, Bolivia. No tengo mucho que
decir de estos sitios, me parecieron sólo ciudades
de paso.
Después
de diez horas de viaje en un ómnibus que parecía
una licuadora por como se movía, llegamos a Potosí.
La ciudad posee mucha historia y vasta tradición
hispánica. Aquí se encuentra el cerro explotado
antiguamente por los ibéricos que llenó
de plata las arcas del reino al costo de ocho millones
de aborígenes muertos mientras trabajaban en las
minas. Hoy en día continúan abiertas y producen
en forma tan primitiva como entonces. También aquí
se ubica la Casa de la Moneda, sitio donde se acuñaba
todo el metal que se extraía del cerro. Así
que toda divisa que diga "Pts." fue grabada
en Potosí (también se acuñó
para Argentina).
Partimos
hacia Uyuni y el recorrido demandó otras ocho horas
de colectivo 4x4 (es increíble la capacidad de
manejo de los choferes). Se trata de un pueblito frío,
ventoso y aburrido, pero es la base para acceder al Salar,
las lagunas, los geisers y otras maravillas naturales.
Cuando estábamos por salir, y con el mal de altura
superado, se me ocurrió agarrarme una flor de angina
que nos paralizó por tres días. Sergio,
mi primo, se portó como la mejor de las mamás
al traerme el tecito a la cama y comprarme todos los remedios.
Superada la fiebre, retomamos los planes e iniciamos la
excursión de cuatro días a los alrededores.
Para
mi lo más impresionante fue el Salar de Uyuni.
Las fotos no representan ni un diez por ciento de lo que
sentí en ese lugar. Dio la sensación de
estar en el polo pero sin frío. Han levantado hoteles
totalmente construidos con bloques de sal. Los interiores,
mesas, sillas y decoraciones también fueron realizadas
con el mismo mineral. Había una zona inundada que
reflejaba el cielo y las nubes de tal forma que se perdía
la noción del horizonte. Definitivamente parecía
otro planeta.
Bolivia
es un país rico en naturaleza en el cual hay que
superar ciertas carencias existentes tales como la falta
de baños en buenas condiciones, camas e infraestructura
turística. Los caminos no están señalizados
y sólo se puede circular en 4x4. Recién
en las cercanías de La Paz las rutas comienzan
a estar asfaltadas.
Al
terminar el recorrido nos fuimos para Oruro donde no hay
nada para rescatar. Ahora estamos en La Paz, pero eso
lo dejamos para el próximo informe.
Tierra
de tradiciones
15/04/2001.
Espero que todos se encuentren en perfecto estado de salud
física y mental. Y si esto es verdad, espero que
se estén cumpliendo sus más ansiados deseos.
Nuestra segunda comunicación virtual la hacemos
desde Nazca, Perú, donde están las famosas
líneas. En el último correo nos habíamos
quedado en La Paz, capital de Bolivia. La ciudad es, por
supuesto, la más grande del país y no hay
mucho para contar dado que es algo aburrida, no sólo
porque carece de joda, sino también porque no hay
mucho que ver con respecto a otras facetas culturales
(¿qué? ¿la joda no es cultura?).
Lo único raro es que está asentada en un
inmenso pozo entre montañas. El centro comercial
se encuentra justo en el núcleo y los suburbios
se ubican en las paredes de ese imaginario hoyo. Cuanto
más arriba se está, más pobre se
es.
Por
otro lado, de noche se la ve realmente linda, ya que al
observar el largo de sus calles, se distingue un cordón
de lucecitas que llega hasta la mitad del cielo. Y más
arriba aún, se ven otros resplandores que parecen
las estrellas.
Desde
allí nos fuimos para Copacabana (no la brasilera),
en las orillas del Lago Titicaca. Lo más interesante
de ese pueblito es la gran catedral de estilo moresco
(mucha iglesia para una comarca tan pequeña). Nos
la pasamos comiendo trucha, trucha y trucha porque costaba
alrededor de 1,25 dólares, incluidas las papas
y el arroz. Así que hambre no se pasó. Luego
partimos en un barquito por el inmenso lago, casi salado,
a la Isla del Sol, famosa por la creencia de que allí
nació el dios Inca Viracocha. Faltaba el mítico
Tatoo (de la recordada serie televisiva) diciendo "!!el
avión, el avión!!", dado que es tan
bella como aquella. Hicimos un trekking por el lugar en
dirección sur-norte. Sergio se pegó un chapuzón
en el lago. Como no tenía malla, se metió
en calzones. En el mismo momento que salía del
agua, con su lomo de "chipendale", también
se marchaba de una escuela cercana un gran grupo de alumnas
que se hicieron un festín con el blanquito panzón
que no sabía dónde esconderse. Las chicas
piropearon al galán argentino en quechua.
Al
término de un par de días muy descansados,
nos fuimos a Puno y después para Arequipa (sur
peruano). Se trata de la segunda ciudad en tamaño
del país. Nos tocó llegar en plenas elecciones.
Lo que nos pareció llamativo fue la poca efervescencia
política que anida en la gente. Es mucho más
importante para ellos todas las
celebraciones religiosas. Las procesiones se suceden una
tras otra, con individuos encapuchados, llevando velas
y grandes carrozas con imágenes de la virgen y
Cristo. El ambiente es muy lúgubre e introspectivo,
y se los ve muy metidos en la celebración. De Arequipa
no se puede resaltar más que su centro colonial
con plaza, iglesia, recova y un convento muy antiguo.
De
allí salimos para Cabanaconde, un pequeño
pueblo situado al borde del Cañon del Colca y donde
pueden verse, en su ambiente natural, a los cóndores.
Fue alucinante ver a estos bichos volando como en una
danza sobre nuestras cabezas.
Al
segundo día bajamos al oasis. Es un lugar muy verde
que se encuentra al fondo del cañon (cuando digo
al fondo, es bien al fondo). Debimos bajar mil metros
perpendiculares, o sea, tres horas de descenso. Se imaginan
como nos quedaron las piernas, y si encima tienen en cuenta
que al otro día tuvimos que subirlos, ni les cuento.
Por suerte, abajo, en el oasis, había una pileta
de agua termal -tibia- para el relax de este joven caminante.
Así se pudo recuperar un poco la energía
derrochada en la bajada.
El
alojamiento era una cabaña hecha de cañas
con techo de hojas de palmeras, compartida con gallinas,
cabras y arañas que entraban como pancho por su
casa (o tal vez nosotros entrábamos como panchos
por la nuestra). Por suerte, al ser un lugar bajo, el
clima era cálido y agradable a diferencia del resto
de la puna, que es frío, árido y seco.
A
los dos días emprendimos la subida. Fue infernal,
nunca me cansé tanto. Lo más duro no era
el dolor de las pantorrillas ni de los cuadriceps, sino
todos los pibes de la zona que nos pasaban silbando como
si lo disfrutaran los muy desgraciados. Ellos tardaban
una hora veinte lo que nosotros hacíamos en tres.
En definitiva, lo que más dolió fue el amor
propio.
A
la noche nos volvimos para Arequipa y de allí a
Nazca, donde estamos escribiéndoles.
Algunas
curiosidades:
15/04/2001.
El que encuentre un baño limpio en tierra boliviana,
que le saque una foto y la publique en el Guinnes. En
Perú, en ese sentido, las cosas andan un poquito
mejor. Sin embargo, en ambos países, cuando se
viaja en colectivo de larga distancia, hay paradas para
orinar. El problema está en que se estacionan frente
a cualquier casa y gritan "parada para orinar".
Todos bajan y le mean el frente de la casa al pobre dueño,
y cuando digo todos me refiero a hombres, mujeres y niños.
Por supuesto, no nos quedamos atrás y nos sumamos
a la regadera general. Me pregunto si el propietario de
esa casa pagará la cuota de Alumbrado Barrido y
Limpieza.
Nos
llamó la atención la timidez y la introversión
de los bolivianos. Son muy buena gente, pero es difícil
comunicarse. Es bastante diferente en Perú. Aquí
las personas se acercan y quieren conversar, no tienen
miedo ni vergüenza, cosa que en Bolivia detectamos
porque casi nadie se arrimó por propia iniciativa.
Por
ultimo, es muy interesante observar el tema de la moda.
Las mujeres -llamadas cholas- llevan las típicas
prendas que todos conocemos, hablo de polleras, blusa,
chalequito, sombrero tipo hongo, trenzas y la frazada
haciendo de mochila donde llevan al chico o alguna mercadería.
Lo más destacado es ver los cambios que se producen
de pueblo en pueblo. Algunas cholas sólo usan otro
tipo de sombrero, pero las más transgresoras poseen
bordada la ropa con colores vivos y hasta tienen gorros
que parecen tortas de cumpleaños de quince, con
piedritas de colores y escarapelas gigantes.
El
trayecto místico
06/05/2001.
En el último contacto estábamos por visitar
las líneas de Nazca. No sé si les dije que
el pueblo no tiene nada prodigioso, sólo es otra
localidad de Perú sin mayores particularidades.
Lo atractivo son esas rayas que muchos habrán oído
hablar. Nos subimos a una avioneta y nos dispusimos a
sobrevolar la zona. Fue un viaje de unos 25 minutos en
el que el piloto-guía nos fue mostrando las figuras.
Al pasar sobre el dibujo de la ballena, el piloto dijo:
"esa es la ballena". Luego pasamos por la figura
del mono y gritó: "el mono", y así
sucesivamente. Esperábamos un poco más de
información pero fue algo difícil obtenerla.
Al final del vuelo nos dijeron que nos iban a mostrar
un video ilustrativo, pero cuando comenzó la proyección,
me di cuenta que era un capitulo del Discovery Channel
que ya había visto. De todas maneras, la observación
de esos dibujos fue suficiente para asombrarme por la
precisión con que fueron realizados.
El
lugar es una llanura desértica, de tierra estéril
-no llueve hace unos cuantos cientos de años-,
en la cual los antiguos habitantes dispusieron dibujar
animales para llamar la atención de los dioses,
y de esa manera, atendieran las súplicas por un
poco de agua. Las líneas sólo pueden verse
desde el aire, lo que hace creer a muchos en ovnis y demás
tonterías. Según una estudiosa alemana,
única investigadora de este legado, las líneas
pueden haberse hecho con métodos bastante inteligentes.
Lo gracioso de todo es que nadie divisó las figuras
hasta no hace tanto tiempo. La carretera panamericana
cruza este desierto insolentemente como si nada le importara.
Es muy probable que se haya borrado algún dibujo
o línea importante.
Luego
nos fuimos para Pisco, otra población sin demasiada
trascendencia. Su peculiaridad es ser parada obligada
para dirigirse a Paracas. Si no me equivoco, el sitio
es donde desembarcó San Martín para liberar
Perú. Desde allí tomamos una lanchita que
nos llevó a las Islas Ballestas, tierra de formaciones
rocosas, hábitat de numerosas aves, lobos marinos
y lugar de extracción del guano (excremento de
pájaros). Sobre una ladera había dibujado
un gran candelabro de unos 300 metros de altura, supuestamente
realizado por piratas. No hay mucho para agregar de las
islas.
Partimos
para Lima. La verdad, me sorprendió esta ciudad.
Estaba esperando algo parecido a La Paz, pero no fue así.
Es bastante grande (seis millones de habitantes) y esta
muy bien cuidada. Si bien el centro estaba bastante sucio,
desordenado y caótico, tiene barrios muy pintorescos
como Barranco, Miraflores o San isidro. Aquí se
nota muy bien la diferencia entre ricos y pobres. Una
cosa que nos llamó mucho la atención fue
la seguridad que poseen las casas de los más adinerados.
Están resguardadas con hierros en punta, cables
electrificados y hasta guardianes del lado de adentro.
Si bien es una linda ciudad, no es muy interesante.
Pasado
el tiempo que tardamos en curarnos de inoportunas diarreas,
nos dispusimos a viajar para Cusco. Buscamos la variante
menos traumática para nuestros traseros, ya que
el viaje duraba entre 30 y 35 horas de ómnibus.
Decidimos hacerlo en tres partes, parando en Ayacucho
y Andahuailas. El viaje llevó tres días
y conocimos pueblitos que tampoco tenían mucho
de encanto.
Al
llegar a Cusco nos dimos cuenta que allí si había
mucho para ver. Los dos primeros días hicimos un
city tour y rescatamos el cuidado que ostenta la ciudad.
Creo que es la más linda que visitamos en Perú.
Esta llena de iglesias (como todas las recorridas hasta
el momento) y construcciones coloniales muy bien conservadas.
Los residentes están bastante avivados y los precios
son un tanto más altos, pero por lo menos brindan
buenos servicios.
Hace
una semana nos decidimos a realizar el famoso Camino del
Inca. En cuatro días nos movimos mucho y dormimos
en carpa. Si bien fue la aventura más cansadora
que tuvimos hasta ahora, valió la pena tanto esfuerzo.
Los paisajes semi-selváticos por momentos, de altura
por otros, y ruinas incas o pequeñas ciudades abandonadas
de piedra en el medio del bosque, hacían pensar
que se trataba de un viaje mágico. El camino se
introducía por bosques de vegetación tupida,
con flores de muchos colores y sonidos de animalitos que
vaya a saber que eran. Corrían arroyos de los cuales
se podía beber agua. Había instantes donde
el día era espléndido y a los 15 minutos
estábamos dentro de una nube espesa que no te dejaba
ver a más de 10 metros.
No
soy escritor, no sé transmitir con palabras la
belleza de tanta naturaleza mezclada con construcciones
de antiguos habitantes. Este camino es altamente recomendable
para excitar los sentidos y la imaginación de una
manera muy graduable. Los días constaban de seis
horas de caminata intercalados por el almuerzo, la merienda
y la cena. La comida era preparada por un cocinero y las
carpas, alimentos y demás necesidades, eran transportadas
por hombres de unos 60 kilogramos de peso capaces de cargar
otros 50 sobre sus espaldas. Al mismo tiempo, llegaban
una hora o dos antes que nosotros. Era increíble
la fuerza de esta gente. Subían y bajaban montañas
como si fueran hormigas. Las mochilas eran más
grandes que ellos. La verdad se llevaron todos los premios
porque después de semejante esfuerzo, armaban las
carpas, nos hacían la comida y al día siguiente
nos despertaban tempranito con el desayuno. (¿nos
quedó algo de que quejarnos?).
La
mañana del ultimo día fue mágica
porque llegamos a La Puerta del Sol, lugar desde donde
se ve, desde arriba, la ciudad perdida de los Incas. A
medida que va amaneciendo, se puede notar como el sol
acaricia con sus rayos las ruinas de la legendaria Machu
Picchu develando sus secretos íntimos (estoy hecho
un poeta ¿no?). Bajamos hacia las entrañas
de la antigua urbe y recibimos una explicación
del guía que dejó bastante que desear. No
voy a comentar todo lo relatado porque pueden averiguarlo
en cualquier enciclopedia. Para terminar, nada mejor después
de tanto trajín que una buena zambullida en aguas
termales.
Cuando
el cuerpo había reposado lo suficiente, fuimos
a un pueblito llamado Aguas Calientes que está
rodeado de muchas montañas. De una de ellas nace
una vertiente de agua a muy alta temperatura que fue aprovechada
por el hombre y se almacena en piletas. Por sólo
cinco soles (1 peso y medio), puede tomarse un placentero
descanso y pasar un rato bomba, bomba.
Al
día siguiente, subimos a un trencito que nos regresó
a Cusco. Fue un trayecto muy lindo entre montañas
y siempre acompañado por un río bastante
rápido y caudaloso. No es mucho lo que recuerdo
ya que la mitad del viaje lo dormí.
Ahora
estamos en Cusco, mañana volvemos para Lima y rápidamente
nos vamos a Trujillo para hacer un poco de playa. Lo demás
queda para el próximo contacto.
Continuará...
Ver:
Travesía sin tiempo
por Latinoamérica I
Ver: Travesía
sin tiempo por Latinoamérica II
Ver: Travesía
sin tiempo por Latinoamérica III
Ver: Travesía
sin tiempo por Latinoamérica IV
Ver: Travesía
sin tiempo por Latinoamérica V
Ver: Travesía
sin tiempo por Latinoamérica VI
Ver: Travesía
sin tiempo por Latinoamérica VII
Nota:
brunomon@hotmail.com