Ofidios y supervivencia
Walter
Martinez
-
Experto Aventurarse
No
sería práctico describir en este texto
todas las especies ofídicas, dotadas de veneno,
que existen en Sudamérica. Sin embargo, mencionaré
a las serpientes con hábitat en la Argentina,
que también se extienden a países vecinos,
y comentaré someramente acerca de la anaconda.
Asimismo daré algunos principios básicos
de conocimiento para la protección, que son comunes
para todos los casos.
Contrariamente
a lo que se cree, las serpientes no tienen la piel viscosa
y resbaladiza, propia de los peces o de algunos batracios.
Precisamente, es seca y, a veces, hasta áspera.
Curiosamente, pueden engullirse presas de mayor diámetro
que su propio cuerpo, debido a la aptitud que le permites
separar ambas mandíbulas y a la particularidad
flexible de su cuerpo. La epidermis no crece con el
resto del cuerpo, razón por la cual la cambian
varias veces al año. Prácticamente, el
ofidio sale de su "túnica", quedando
ésta casi intacta. Dicho fenómeno se repite
mientras el animal vive, pues su crecimiento termina
con la muerte.
Todas
las serpientes son animales poiquilotermos. Es decir,
no regulan su temperatura interna, a diferencia de los
mamíferos y las aves (homeotermos), que sí
lo hacen y son llamados de "sangre caliente".
De ahí, el letargo característico o hibernación
en el que algunos de los ofidios entran durante el invierno,
y el hecho de que sucumban si están excesivamente
expuestos a fuertes rayos solares.
Uno
de los órganos de las serpientes, que más
aprensión suele despertar en el hombre, es su
cimbreante lengua bífida. En realidad, este órgano
no es una lengua, puesto que la función que cumple
está destinada a captar sensaciones del mundo
exterior y, según investigaciones realizadas
en institutos especializados, es un apéndice
protráctil y retráctil, adaptado a las
sensaciones olfativas. Por otra parte, la serpiente
no necesita de lengua, ya que carece del sentido del
gusto y, por tragarse las presas enteras, no tiene razón
alguna. Tampoco emite ningún sonido con la boca,
y mientras que en otros animales la lengua ayuda a tragar
los alimentos, en las serpientes la que cumple tal función
es la hilera de dientes ganchudos, que empujan la presa
tragada hacia su interior.
Sin
pretender decir que las serpientes son totalmente sordas,
sus oídos son sumamente rudimentarios y no les
permiten captar ondas aéreas, como en el común
de los animales. Sólo perciben sonidos o vibraciones
por la parte ventral, como el paso de una persona. En
cuanto a los ojos, su inmovilidad y carencia de párpados
indica una visión pobre.
Los
ofidios se trasladan con movimientos ondulatorios horizontales.
Las serpientes venenosas de la Argentina recorren distancias
medias y no superan los 500 metros por hora, en su marcha
zigzagueante. En cambio, las del género Coluber
como la "ñacaniná" (Cyclagras
gigas), que carece de veneno, es muy rápida.
En una ocasión, me vi obligado a apurar el paso
y saltar varias veces por algunos segundos, para poner
distancia con una ñaca-niná de pésimo
humor, que con su metro y medio me perseguía,
con su cabeza erguida. Independientemente de su velocidad
traslativa, cualquier ofidio venenoso o no, es muy veloz
para morder y rara vez sus mandíbulas dan en
el vacío.
Ofidios
útiles para el hombre
No
siempre los ofidios son perjudiciales para los humanos.
Todos ellos se alimentan de otras alimañas y
roedores, que ocasionan daños y enfermedades.
La llamada "mussurana" (Clelia clelia
clelia), a pesar de su temeroso aspecto negro intenso
y azulado, es muy útil. Este ofidio come serpientes
a las que traga por la cabeza y es inmune al veneno
que le inyecten en la refriega. Puede alcanzar los dos
metros de longitud. Posee buen carácter y es
completamente inofensivo para las personas. Como se
comprenderá, es importante lograr la conservación
de esta necesaria especie. En estas regiones, nunca
mate a un ofidio de color negro brillante: estará
destruyendo una especie importante para el equilibrio
ecológico.
Las
boas
Las
boas son tímidas y muy rara vez atacan al hombre.
Generalmente, prefieren huir ante la presencia humana.
Su poder reside en la fuerza colosal de sus anillos,
con los que sofocan a la víctima, la que muere
por asfixia. Ninguna constrictor es venenosa ni tiene
poderes hipnóticos, como se ha escrito en algunas
novelas. Pero posee un par de mandíbulas armadas
con varias hileras de fuertes dientes, con los que sujeta
a la presa y le ocasiona serias heridas.
Existen
boas de hábitos acuáticos, arbóreos
y terrestres. La tan mentada "anaconda"
(Eunectes murinus), actúa indistintamente en
cualquiera de esos medios. De cuerpo pesado, muy compacto
por su gran masa muscular y de piel amarillenta con
manchas negras, conforma una silueta fascinante. Tiene
su hábitat en el Amazonas y en el Mato Grosso.
A pesar de su imponente aspecto, posee buen carácter
y el riesgo para una persona está dado por su
tamaño y otros factores imponderables. Los niños
y las personas que nadan en cursos de agua, corren peligro.
Los que probaron su carne asada, consideran que constituye
un bocado excelente. Existen infinidad de historias
cargadas de fantasía, donde se relatan encuentros
con feroces anacondas de dimensiones enormes. Nada de
eso fue comprobado. Los datos más serios coinciden
en que no supera los nueve metros, con un ancho aproximado
de treinta centímetros y un peso cercano a los
80/90 kilos. Nunca provoque a este demonio.
En
los trópicos, y entre otras especies, tiene su
hábitat la "boa esmeralda" (Corallus
caninus), hermoso ejemplar de tamaño mediano,
de color verde y costumbre arbórea. En Sudamérica,
hasta la Argentina, encontramos la boa "curidyú"
(Eunectes notaeus), con un máximo excepcional
de seis metros de largo, y la boa "arco iris"
(Epicrates cenchria), que no sobrepasa el metro. Pero
en esta región también existe una constrictor
llamada "lampalagua" (Constrictor occidentalis),
que debido a su buen carácter, puede ser domesticada
como una inofensiva mascota de jardín. En ciertas
condiciones, puede convivir con los humanos, pero al
carecer de inteligencia, no siente el mismo apego que
tienen los perros, ni reconoce a un individuo en particular
como su amo. Esta boa rara vez supera los cuatro metros,
con un grosor aproximado a los 15 centímetros.
Las
serpientes
Identificamos
en este estudio, como serpiente, a todo ofidio peligroso,
con capacidad de portar veneno. En horas diurnas suele
ser común encontrarse sorpresivamente con una
serpiente. De hecho, las he encontrado en terrenos boscosos,
selváticos, arenosos y pedregosos. Pero esta
posibilidad aumenta durante la noche, por ser el horario
en que generalmente se alimentan los ofidios y otras
especies de animales.
Es
fácil conocer cuando una serpiente (Bothrops
o Crótalo), está dispuesta a la agresión.
Ello ocurre cuando el ofidio se enrosca o adopta la
forma de una "S", apretada en el suelo y apuntando
con la nariz al blanco, cuando achata el cuerpo y mueve
violentamente el extremo córneo de la cola. En
esta circunstancia, el ataque sobreviene si la víctima
puede ser alcanzada por los colmillos inoculadores,
en el impulso que la serpiente ejecuta con su boca completamente
abierta, sin despegar la totalidad de su cuerpo del
piso. En la Argentina, no se conocen ofidios venenosos
de hábitos arborícolas. Salvo Chile, que
no posee reptiles peligrosos, existen en todo el Continente
americano.
La
foseta loreal, es otro sentido que poseen sólo
las serpientes. Son dos orificios ubicados a ambos lados
de la cabeza, entre la nariz y cada ojo. Su función
es la de detectar la proximidad de presas de sangre
caliente, su distancia, trayectoria y velocidad. Básicamente
actúa como un preciso sensor térmico,
tanto en la oscuridad total como a plena luz, que le
transmite al cerebro de la serpiente, junto con los
ojos, los datos necesarios para calcular el golpe, en
relación con la longitud de su cuerpo. Toda una
"computadora de ataque".
Si
al caminar, usted escucha un insistente repiqueteo,
similar al sonido que produce un sonajero, deténgase
de inmediato, no dé un paso más y observe
el suelo, pronto a retroceder. Sólo una serpiente
de "cascabel" (Crótalus durissus
terrificus), es capaz de producir semejante campanilleo.
Normalmente, este ofidio, al sentir las vibraciones
de los pasos de una persona, se enrosca, levanta la
cabeza y agita velozmente el cascabel de la cola, advirtiendo
de esa manera su presencia, mientras se prepara para
atacar. Comprenderá el lector: la reacción
del caminante es instintiva; todos entienden el significado
del "amable" mensaje y huyen precipitadamente.
Es por ello que las víctimas ocasionadas por
esta serpiente son escasas.
En
cambio, la "yarará" (Bothrops)
es la protagonista de la mayoría de los accidentes
ofídicos que ocurren en la Argentina. Al advertir
la proximidad de un individuo, se enrosca como todo
ofidio y sin producir sonido perceptible, lanza por
sorpresa un veloz ataque abriendo la boca casi 90 grados.
Y por lo general, no suele errar el golpe. Esta serpiente
posee un carácter muy irritable y prefiere defenderse
antes que huir de una persona que intente atraparla.
La
vistosa "coral" (Micrurus), si bien
tiene un poderoso veneno, no ataca al hombre a menos
que se la tome con la mano y se la moleste en exceso.
Por suerte, los accidentes producidos por este ofidio
son casi desconocidos. Además, la verdadera serpiente
de coral no es tan abundante como las demás especies
nombradas. Dentro de las distintas especies de corales,
existen algunas inofensivas de características
muy similares a las restantes, y que generalmente son
motivo de confusión ante un sorpresivo encuentro.
Estas semejanzas suelen ser confundidas en un primer
momento, aun para los expertos ojos de la gente de campo.
Para
ayudar a una rápida identificación del
ofidio, en el cuadro comparativo que sigue se indican
las diferencias más notables.
Serpientes
marinas y otras
Algunas
serpientes de mar, tienen un veneno muy activo y habitan
aguas cercanas a la costa. Se caracterizan por tener
la cola plana, como una suerte de remo para impulsarse.
Suelen medir dos metros, pero se han capturado ejemplares
de hasta cuatro metros de longitud. Los accidentes con
serpientes de la familia de hidrófidos, son raros.
En general prefieren alejarse de los humanos.
No
se tiene conocimiento que existan en el Atlántico
Sur. Pero el Canal de Panamá puede ser una buena
puerta de acceso. En la Argentina encontramos algunas
especies de culebras de agua dulce. Como están
desprovistas de glándulas productoras de veneno,
no tienen relieve para nuestro estudio. Aunque suelen
tener mal carácter.
Todos
los ofidios (aun los terrestres), tienen excelente aptitud
para nadar. Por esta circunstancia, el peligro de encontrarnos
con una serpiente aumenta con las inundaciones de campo.
Los ofidios nombrados en esta nota son designados con
diferentes nombres vulgares, según la región
geográfica que se trate. Ello puede originar
confusión pues se piensa que son distintas serpientes.
Evite
un accidente
La
prudencia constituye, como de costumbre, la mejor terapia.
Si no tiene un buen calzado, aléjese de los pastizales.
No introduzca las manos entre los arbustos, debajo de
los troncos caídos o grietas de ningún
tipo. Cuando busque leña, mueva antes por algunos
segundos, con una vara, lo que intente levantar del
suelo. Examine la cama, ropas y calzado antes de usarlos.
Limpie de malezas los alrededores del campamento. Use
siempre una buena linterna cuando camine de noche y
jamás lo haga descalzo.
Recuerde
que las mordeduras de serpientes se localizan en un
amplio porcentaje en pies y manos. Estas medidas de
seguridad son practicadas en el campo, hasta por los
niños. Respete a todos los ofidios y en especial
a los que desconozca. No intente impresionar a nadie.
La
mayoría de las personas reaccionan en forma instintiva
ante la presencia de una serpiente. Primero se experimenta
sorpresa, temor o desagrado. Luego se busca la forma
de matarla de inmediato. Sin embargo, son pocos los
que saben que remitiendo -con las precauciones del caso,
en un recipiente especial- una serpiente venenosa adulta
y viva al Instituto Nacional de Microbiología
Dr. Carlos G. Malbrán, pueden ser gratificados
con una ampolla de suero antiofídico.
Algunos
hombres de campo capturan a los ofidios empleando una
simple rama con una horqueta en el extremo, con la cual
se aprieta la "nuca" de la víbora contra
el suelo. Luego la toman fuertemente con una mano detrás
de la cabeza, de forma de evitar que gire y muerda.
Por último, emplean la otra mano para levantar
el cuerpo del animal a fin de que no cimbre y poder
arrojarlo dentro del recipiente. Este no es un procedimiento
muy difícil, pero se necesita cierta experiencia.
Practique previamente con culebras, antes de intentarlo
con una serpiente venenosa de varios kilos de peso.
Para mayores datos se sugiere a los interesados solicitar
instrucciones a este Instituto.
Serpientes
y fantasías
Al
ignorar determinadas curiosidades que nos reserva la
naturaleza, algunas personas, por distintas razones,
son propensas a asociar los ofidios con ideas nebulosas
que rayan la fantasía y las leyendas, todas ellas
transmitidas por un tercero, y nunca por el supuesto
testigo del hecho que se relata. Es común escuchar
en el campo a personas que afirman haber visto con sus
propios ojos a curanderos que poseen el don de sanar
o curar a personas que fueron mordidas por una víbora,
ya sea con "palabras mágicas" o dándoles
a beber un simple vaso de agua, o bien con aplicación
de ungüentos especiales, preparados por ellos.
No
puedo poner en duda la aparente veracidad de esos relatos,
puesto que en la mayoría de los casos son testigos
hábiles que obran de buena fe. Pero cabe aclarar
algo muy importante. Habría que ver si realmente
la persona atacada fue mordida por una serpiente venenosa
o si lo fue por una vulgar culebrilla. Todos los ofidios
muerden, de lo cual pueden surgir o no complicaciones.
En
invierno, durante la muda, el veneno es escaso o puede
haberse agotado en un ataque anterior. Además,
existen culebras que, por su rara agresividad y la coloración
de la piel (como la "falsa coral" o la "falsa
yarará", entre otras), se asemejan casi
en un todo a las verdaderas. No obstante lo expresado,
debo reconocer que en todas las regiones existen algunos
nativos que, empleando un arte empírico y usando
determinadas hierbas, suelen curar importantes afecciones
externas. Se han comprobado casos asombrosos.
Esta
habilidad la practican todos los pueblos de la tierra
y se remonta a épocas anteriores a Cristo. También,
claro, encontraremos embusteros. Ese tipo de tratamiento
con métodos naturales, aún no pudo ser
interpretado por la ciencia. Ello no es de extrañar.
La selva de Sudamérica, guarda aún muchos
secretos. Para tener una idea sobre qué parte
de nuestro cuerpo debemos cuidar de un eventual ataque,
se considera oportuno hacer conocer los siguientes porcentajes
de accidentes ofídicos ocurridos a seres humanos: