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Travesía
por la Sierra de San Antonio, México
Bernardo
Marino -
Aventurero
Hace
alrededor de un año, cuando descubrí la página
web México en
Bicicleta, viendo los diversos recorridos de Nuevo
León y estados aledaños, me interesó
en particular uno, en Coahuila. Se trataba de un trazado
de treinta kilómetros, partiendo del poblado Jame
hasta Mesa de Las Tablas. Sin embargo, allí se mencionaba
la posibilidad de atravesar por completo la Sierra San Antonio,
para llegar a Monterreal, lo que incrementaría en
buen grado los kilómetros por recorrer. En fin, nunca
había emprender tal travesía, por una u otra
razón. Finalmente, junto a dos amigos me lancé
a Coahuila, para enfrentar el reto.
Repuestos
ya de la previa travesía desde La Huasteca a El Cercado,
y con bríos de aventura y exploración, Antonio
"Tonio" Mendoza, Francisco "Paco" Morales,
Arturo Castillo y yo, Bernardo Marino, nos pusimos de acuerdo
para emprender el recorrido de Jame a Monterreal. Buscamos
información y finalmente quedamos de vernos en casa
de Tonio el sábado temprano, a las 6:30. Desgraciadamente,
a nuestro compañero Arturo no le fue posible unírsenos
en esta ocasión.
Paco
y yo dejamos nuestros automóviles allí, para
subir las bicis en el de Tonio, dos en el rack de techo
y otra en el de cajuela. Ya preparados con todo, salimos
los tres con rumbo a Saltillo. Durante el camino, discutimos
los últimos detalles logísticos del recorrido.
Comenzaríamos en Jame, ascenderíamos a Ciénega
la Purísima, de ahí bajaríamos hasta
El Zorrillo, para tomar la desviación a Mesa de Las
Tablas. Luego subiríamos a Monterreal, para continuar
por la carretera, pasando San Antonio de las Alazanas. Más
adelante tomaríamos la desviación a Escobedo,
y pasado este pueblo seguiríamos hasta la otra desviación
para Jame.
Una
hora después, llegamos al poblado Jame, a unos 1800
metros de altura, con el clima bastante fresquito. El pueblo
estaba silencioso, unas cuantas gentes afuera iniciaban
sus labores diarias. Decidimos estacionar enfrente a una
casita, pidiendo permiso a la dueña del humilde hogar,
que amablemente nos lo concedió.
Nos
bajamos, y en verdad que hacía algo de frío;
de hecho los habitantes del pueblo vestían chamarras
ligeras. El cielo estaba claro y despejado, perfecto para
comenzar nuestra travesía. Aún no sabíamos
con exactitud de cuántos kilómetros sería
el recorrido entero. Por lo pronto, frente a nosotros el
camino ascendía levemente. Eran los primeros 10 kilómetros
de subida, hasta Ciénega La Purísima, el punto
más elevado del valle.
La
separación
Comenzamos
a pedalear, admirando el paisaje boscoso a nuestro alrededor.
Sin embargo, Paco, que estaba afectado por una leve gripe,
se fue quedando atrás, ya que ésta le subió
bastante con el primer esfuerzo. En el Km 5, Tonio y yo
nos detuvimos para esperarlo. Quince minutos después
nos alcanzó, muy fatigado por la gripe. Decidimos
que tomara un raid para los faltantes cinco kilómetros
de subida. Nos esperaría en Ciénega y de ahí
continuaríamos juntos el descenso de doce kilómetros
hasta El Zorrillo, punto donde nos desviaríamos del
camino principal para dirigirnos a Mesa de Las Tablas.
En
ese momento pasó una camioneta, y ya que Paco se
trepó, lo
seguimos. Pero llegados a Ciénega, nuestro compañero
no estaba allí. Después de detenernos un momento
para pensar qué hacer, decidimos continuar. Probablemente
Paco no se había bajado allí, tal vez había
seguido adelante. Si así era, lo veríamos
durante el descenso a El Zorrillo. Tal descenso de doce
kilómetros, lleno de curvas por el valle, está
magnífico. A tan rápida velocidad íbamos,
que llegamos al Zorrillo en 10 ó 15 minutos.
Bueno,
aquí tengo que aclarar que no hay ningún señalamiento
que diga "El Zorrillo". Lo bueno es que nosotros,
un poco antes, le habíamos preguntado cuánto
faltaba a un pastor y éste nos indicó que,
pasando Huerta Erika, enseguida aparecería El Zorrillo.
SIn embargo, pasando Huerta Erika, no vimos ningún
señalamiento que indicase el punto donde debíamos
desviarnos. Y, por cierto, tampoco vimos a Paco.
En
busca de Paco
De
buena suerte yo reconocí el paraje donde estaba la
desviación, y eso sólo gracias a que meses
antes había visto en MEB una foto donde salía
la desviación. De hecho, había un letrero,
pero las palabras casi borradas que tenía no decían
"El Zorrillo". De todos modos, nos quitó
la duda un ranchero que pasó en una camioneta. También
le cuestionamos si había visto a algún ciclista
solo y nos respondió negativamente, despidiéndose.
¿Dónde estaba Paco?
En
eso llegaron otros seis ciclistas que antes, durante el
trayecto de la bajada, nos habían pasado en dos camionetas
para, más adelante, estacionarlas en un rancho. Les
preguntamos lo mismo y nos contestaron lo mismo que el ranchero
minutos antes. Nos desearon suerte, mientras se dirigían
por la desviación.
Teníamos un serio problema. Si Paco había
seguido, ¿quién sabe dónde habrá
parado? (50 km más adelante se llega a Rayones).
Tal vez, los que le dieron raid se habían metido
a un racho al lado del camino, y mientras él estuvo
allí, nosotros habíamos pasado sin que él
nos viera. En ese caso, llegaría dentro de poco.
Pero no fue así.
A
las 11:10, decidimos seguir. Donde quiera que estuviera
nuestro compañero, a final de cuentas nos estaría
esperando en el carro al final. Frente a nosotros se alzaba
un cerro, alto e imponente. Y el camino hacia Mesa de Las
Tablas ascendía directo el cerro. Súbitamente,
el sendero se volvió muy inclinado, lo que nos obligaba
a hacer esfuerzos muy fuertes para subir pedaleando sobre
la bici. Ciertas partes eran imposibles de hacerse sobre
las bicis, por lo que teníamos que caminar y empujarlas.
La
vegetación de pinos en este cerro está deteriorada,
ya que hace años hubo un incendio en la zona, por
lo que a nuestro alrededor veíamos restos de árboles
quemados. Pero no estaba nada feo, al contrario, igual de
escénico que antes.
Pedalear
en el paraíso
Así
estuvimos ascendiendo, alrededor de una hora. Pasamos a
los seis ciclistas que se habían parado en una pequeña
meseta para analizar unos mapas y cometiendo un gran error
decidieron regresarse, sin saber que la cumbre estaba ya
próxima, en dos vueltas. Proseguimos, y finalmente
llegamos a la cumbre. Amigos, lo que hay arriba de este
cerro, es algo maravilloso. Es un pequeño rancho
llamado Los Llanitos, y este nombre se le da ya que hay
allí un llano extenso. Un llano verde y florido,
en partes cultivado de maíz. Al fondo, las casitas
rústicas del rancho, medio ocultas bajo la sombra
de grandes árboles de ramas frondosas.
Nos
atendió amablemente una señora joven con su
hijita, dándonos indicaciones y ofreciéndonos
agua fresca. Según la señora, había
se necesitaba una hora y media caminando para llegar a Mesa
de Las Tablas. Consultamos nuestros mapas y vimos que nos
esperaba un descenso, lo que significaba una muy buena noticia,
después de la extenuante subida.
Proseguimos
por el camino, descendiendo la ladera opuesta del cerro.
A nuestro lado derecho, abajo, en un estrecho vallecito
entre el cerro y una sierra a nuestra derecha, veíamos
ranchos y bodegas de cultivos de manzana. Al final, llegamos
a un extenso valle de belleza extraordinaria y fantástica.
El camino lo atravesaba casi justo por el medio, se perdía
en la lejanía, y a nuestros lados, de ambos lados,
veíamos praderas donde los caballos corrían
libremente. Más allá, después de unas
cabañas, comenzaba el bosque de pinos.
El
cansancio
Proseguimos
por el camino, admirando con creciente felicidad el paisaje
circundante. Un rebaño de ovejas cruzó delante
de nosotros como saludándonos. Más adelante
le preguntamos a una niña cuánto faltaba para
Mesa de Las Tablas y nos dijo que estaba un poco más
adelante. Finalmente, a la 1:00 en punto del mediodía,
llegamos. El lugar era un conjunto de casas, con una iglesia
y una escuela. Nos detuvimos en un campo de fútbol
(eso parecía), bajo un techito con una banca. Comimos,
descansamos, y hasta platicamos con un niño curioso
que se nos aproximó, ya que nos estábamos
preparando para continuar.
Nos
dijo que para Monterreal no nos faltaba mucho, pero era
en subida. Bueno, "el último esfuerzo",
nos dijimos, y, despidiéndonos de él y de
los habitantes que se asomaban de las casas para saludarnos,
emprendimos el último ascenso.
El
camino se hizo más ancho, y durante el ascenso nos
pasaron de ida y vuelta varios automóviles. Nos estábamos
aproximando. Pero en verdad, que nuestras piernas ya no
aguantarían mucho más. La subida a Los Llanitos
había estado bastante fuerte y creo que eso nos fregó.
Como pudimos, nos resignamos neciamente a seguir pedaleando
sobre la bici.
Altas
sobre nosotros, grises nubes se iban formando, preanunciando
lluvia. Recorrimos la última recta, al final de la
cual encontramos una familia de día de campo en un
bosquecillo, que escuchaba música a gran volumen.
Claro, nos preguntamos ¿cómo puede cierta
gente ir a esos lugares para escuchar música, a todo
volumen?
Después
de una curva, entramos a otro valle. Las montañas
que lo flanqueaban tenían una vegetación en
verdad peculiar: pinos verdes obscuros, manchas de pinos
verdes claros, y a lo alto, hierba o plantas rojas. Además,
comenzamos a ver muchas cabañas, y minutos más
tarde descendimos por completo a la esquina más extrema
del valle.
Un
esfuerzo más
Estábamos
en el Renacer de la Sierra u Oyameles, donde rentan cabañas.
Nos detuvimos a platicar un rato con un empleado de la renta
de cabañas, mientras mirábamos a nuestro alrededor
cómo la gente, sin ninguna preocupación, hacía
fogatas y tiraba basura. Ese lugar tan bello, de hecho,
se había convertido en un basurero. No entiendo algunas
cosas. Digo, si vienen aquí es porque les gusta la
naturaleza. Pero entonces, ¿por qué tiran
escombro?
Desde
este punto en adelante, comenzó un descenso recto.
Cuatro kilómetros después encontramos las
cabañas lujosas de Bosques de Monterreal. Finalmente,
comenzó el asfalto. Empezaba el último tramo
de la travesía: más de treinta kilómetros
de carretera, para llegar de nuevo a Jame.
Casi
dieciséis kilómetros fueron de pura bajada
leve, hasta San Antonio de Las Alazanas, a una velocidad
bastante elevada. Lo disfrutamos bastante, observamos el
paisaje y vimos cómo, raramente, cambiaba en forma
gradual la vegetación de las montañas a nuestros
lados. De pinos a árboles, de árboles a matorrales.
Pasado
San Antonio, tuvimos que pedalear un gran tramo recto hasta
la desviación a Escobedo. En ese punto, una fresca
brisa nos llegó, mientras obscuras montañas
se agolpaban en el horizonte y la silueta de la carretera
se perdía a lo lejos. En ciertos puntos, no tan distantes
de nosotros, estaba ya lloviendo.
Comenzó
a soplar un fuerte viento, por lo que fuimos cortando el
viento por turnos, facilitándonos así un poco
la pedaleada. Una sola vez paramos para comer unas granolas,
ya que en verdad necesitábamos algo de energía
de ayuda.
Final
y reencuentro
Cuando
llegamos al entronque a Escobedo, dimos gracias de que el
viento ya no nos pegara de frente, pues a esa altura cada
pedaleaba la sentíamos en las piernas. Seguimos,
pedaleando, un pie tras otro, y viendo el pueblo acercarse
a cada momento un poco más. Finalmente nos internamos
en Escobedo, donde, en la plaza, preguntamos con esperanzas
a un señor cuánto faltaba para el entronque
a Jame. Su respuesta nos eliminó toda esperanza:
"n'ombre amigos... les faltan 22 kilómetros,
nada más. Y no se preocupen, sí, llegan antes
de las 21:30 y no se van a perder el baile de Jame".
Bueno,
qué le íbamos a hacer. Continuamos sin perder
un minuto. Salimos del pueblo y más adelante preguntamos
a una pareja lo mismo. Pero ésta nos dijo que faltaban
tan sólo cinco kilómetros. "El entronque
está ahí, en la loma, allá adelante,
en un ratito se la hacen".
Pero
ese ratito se nos hizo no tan cortito, y sobre todo la última
subida, que a pesar de estar leve, nos pareció inmensa.
Pero llegamos y allá abajo, a los pies de la alta
montaña, estaba Jame. Descendimos con la esperanza
de que Paco nos estuviera esperando en el automóvil.
Pero no fue así. Desmontamos las cosas y hablamos
con la señora de la casa. Eran las 17:00. Paco nunca
llegó allí, en ningún momento del día.
Preocupados, subimos las cosas, y nos fuimos a buscarlo
en carro hasta El Zorrillo, diciéndole a la señora
que si llegaba Paco, le dijera que se quedara ahí.
Subimos
hasta Ciénega la Purísima, y seguimos hasta
El Zorrillo. No vimos nada. Incluso les preguntamos a varias
personas. Nada. Si al regresar a Jame, aún no estaba
Paco, entonces regresaríamos por la carretera, para
buscarlo, ya que si se hubiera aventado el recorrido entero,
pues en ese momento estaría apenas recorriendo el
tramo de carretera. Regresamos a Jame, para nuestra sorpresa
allí estaba él. Eran las 18:00 y acababa de
llegar.
Algunas
conclusiones y consejos
Lo
que sucedió fue esto: tomó el raid a las 10:00
de la mañana y se bajó en Ciénega La
Purísima. Sin embargo, no nos espero allí,
decidió adelantarse y esperarnos en El Zorrillo,
para alcanzar a comer algo mientras llegáramos nosotros.
Pero, obviamente, se pasó, ya que no había
señalamiento alguno, y además, cometió
el error de no preguntar a nadie sobre las indicaciones.
Cuando se fijó en su velocímetro, vio que
marcaba ya treinta kilómetros Se había adelantado
diez kilómetros de la desviación. Cuando le
preguntó a una señora, ésta le dijo
que El Zorrillo estaba mucho antes, por lo que tuvo que
desandar ese tramo de subida.
Lo
bueno fue que esto le dio fuerzas y, llegado a la desviación,
se aventó a hacer el recorrido completo. Justo cuando
comenzaba a subir a Los Llanitos, se topó con los
seis ciclistas que le dijeron que nosotros habíamos
pasado hace una hora. Y así, estuvo todo el tiempo
una hora atrás de nosotros.
Todo
salió bien, a fin de cuentas. Fue un reto épico
que todos cumplimos. Atravesamos sierras impresionantes,
rodamos por paisajes bellísimos y aprendimos ciertas
cosas:
- Siempre
se designa a un guía y a un retaguardia, nadie
en el
grupo los debe de rebasar ni atrasarse.
- Si
no se conoce el camino, hay que tratar de no atrasarse
ni adelantarse.
- En
cada excursión, se debe de designar un líder
y el grupo debe de acatar lo que indique éste,
para formar así un equipo unido y fuerte.
- Cuando
no se conoce el camino, es necesario preguntar frecuentemente.
Es muy probable que, sobre todo en veredas, uno se pase
las desviaciones.
Ojalá
sigamos correctamente estos consejos, para no tener problemas
en futuras excursiones y travesías. ¡Saludos!
Nota:
www.meb.com.mx
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