Buceando
el Antilla, en Aruba
Marcelo
Mammana -
Experto Aventurarse
El
Antilla era un carguero alemán de 120 metros de
eslora. Durante la segunda guerra mundial navegaba por
el Caribe, probablemente haciendo trabajos de inteligencia.
Cuando, en marzo de 1940 Alemania le declaró la
guerra a Holanda, el barco se encontraba cerca del extremo
noroeste de Aruba. El gobierno holandés de la isla
se preparó entonces para confiscar el buque. Pero,
para evitar tal confiscación, el capitán
decidió hundirlo.
Hizo descender a la tripulación. Ordenó
a los pocos hombres que quedaban a bordo que pusieran
las calderas a todo vapor. Cuando estuvieron a máxima
temperatura, y luego de poner a sus hombres a salvo, ordenó
abrir unas compuertas permitiendo la entrada de agua.
Al contacto con el líquido frío las calderas
explotaron, partiendo en dos el casco y hundiendo el barco.
Los integrantes de la tripulación pasaron el resto
de la guerra como prisioneros en lo que actualmente es
el Divi Flamingo Hotel, en Bonaire (¡Mal lugar para
ser prisionero de guerra! ¿No les parece?).
Después de más de medio siglo bajo el agua,
el mar ha colonizado sus restos y las criaturas marinas
hicieron de esta tumba un oasis de vida. Hoy es uno de
los sitios de buceo más visitados de la isla y
uno de los mejores naufragios del Caribe. Ofrece, además,
innumerables oportunidades para la fotografía submarina.
Fotos
para todos los gustos
Ya
sea de día con un lente gran angular, o de noche,
ideal para fotografía macro, el Antilla es inmejorable,
y un solo buceo no alcanza para aprovechar toda su variedad.
Es difícil decidir qué película llevar.
Yo prefiero el blanco y negro para los naufragios. Pero
en este caso, tanto las imágenes a contraluz, como
los sujetos macro, piden a gritos película color.
Lo mejor es bajar varias veces, y probar todo.
El barco descansa hoy sobre
su banda de estribor, a 18 metros de profundidad. Generalmente
se lo bucea comenzando en la popa, yendo hacia la proa
por estribor y volviendo por babor. En su camino hacia
la proa los buzos pueden entrar en las bodegas de carga,
encontrando allí mucha vida marina. Generalmente
son peces acostumbrados a la oscuridad, como los peces
cardenal y peces soldado. En esos compartimientos también
es posible hallar coral negro.
Habitualmente la primera
parte del buceo es profunda. Alguna que otra vez, sin
embargo, hemos hecho el recorrido por las partes superficiales,
a no más de 5 metros de profundidad. Así,
entrando en esos compartimientos y acercándonos
a la superficie, hemos descubierto cardúmenes escondidos.
En el silencio y la oscuridad de estas zonas poco visitadas,
encuentran la tranquilidad que no podrán hallar
en aguas más profundas.
Yendo
por estribor se aprecian la cubierta, los mástiles
y la torre de vigilancia, todos rodeados de enormes cardúmenes
de sardinas. Estas nubes de peces son tan densas que bajan
en 2 y hasta 3 diafragmas la luz del sol! Son realmente
impresionantes y se pueden fotografiar bien con un gran
angular, tratando de sacarlas a contraluz.
Ocasionalmente se escucha
un tronar, producto del choque de esos cardúmenes
contra el casco. Hay que estar atentos porque esas estampidas
son consecuencia de la acción de algún predador
cercano, sea de un banco de atunes o una barracuda. Ver
esa escena de caza es un espectáculo imponente.
El Antilla, un buceo
a través de la historia
El
casco fue partido en dos por la explosión. La parte
central del buque es una enorme maraña de hierros
retorcidos donde resulta difícil identificar alguna
estructura. Muchos peces buscan abrigo allí. Dos
enormes pargos y una morena verde son residentes permanentes
en esa área. También hay que tener cuidado
porque hay un gran número de peces escorpión
mimetizados entre los restos.
Rodeando la proa y volviendo
por babor, el buceo cambia. El casco escorado, hoy cubierto
de corales y esponjas, asemeja a un buceo de pared. Si
bien algo monótono, el recorrido por ese lado permite
apreciar una gran cantidad de peces.
Es la parte más
segura para recorrer de noche, cuando se impone la fotografía
macro. El casco está tapizado por corales en copa
que abren sus pólipos en la oscuridad. Morenas
moteadas salen a cazar. Peces loros duermen en sus globos
mucosos. En fin, las oportunidades abundan, y lo que durante
el día era monótono, en la noche se vuelve
un espectáculo de silencioso colorido.
A mitad de camino, una
ruptura en el casco donde éste se apoya en el fondo
permite a los buzos pasar nuevamente a la banda de estribor,
entrando en una de las bodegas. Hay muchos peces ángel
y peces ardilla allí abajo. El buceo generalmente
termina en la popa.
Con
el aire remanente se puede ingresar por las claraboyas
a alguno de los camarotes. En el interior de esos cuartos,
algunos muy pequeños, la oscuridad se interrumpe
por haces de luz que ingresan por las rendijas y hendiduras
de las paredes. Si bien es difícil calcular la
exposición, se pueden obtener buenas fotos allí
adentro. Pero hay que cuidarse de no remover el limo del
fondo, lo que reduciría notablemente la visibilidad.
Ya con las últimas bocanadas de aire, los buzos
se agrupan en la cuerda de la boya de amarre. Una parada
de seguridad antes de salir es fundamental. Por ser un
buceo poco profundo, un tanque alcanza para alrededor
de una hora. Los rollos de fotos en cambio, se acaban
mucho antes que el aire.