Pedaleando para ayudar
Mariano
Loréfice
- Experto Aventurarse
A
simple vista, parecería que el único beneficiado
del ejercicio de pedalear es el propio ciclista. Pero
el beneficio no se limita sólo a él, sino
a todos aquellos que compartimos el medio ambiente y
que ganamos en salud con un vehículo que no contamina.
En abril de 2001 me llamó la gente de Promofilm,
productores de "La Misión" -un programa
de TV- por una consulta sobre la Muralla China. Les
comenté mi proyecto de hacer una travesía
"contrarreloj" desde Ushuaia a la Quiaca.
Tenía la intención de conseguir apoyo
y continuar con las campañas ecológicas
realizadas en las dos vueltas a la Argentina durante
el '93 y '94. A ellos les pareció más
interesante si lo hacía con un amigo ciego, con
el cual había corrido triatlones. Y de a poco
le fueron dando forma a este proyecto.
Cuando el ciclista realiza
una travesía que para el común de la gente
impacta por la magnitud del esfuerzo, es fácil
obtener la atención de los medios y hacer difusión
de un mensaje.
En este caso, Pablo Astoreca,
un atleta ciego, sería el portavoz de la travesía
solidaria "El derecho a ver"
y un ejemplo de voluntad y ganas. Yo tendría
el honor de guiarlo y sumar mis pedaleadas a las suyas,
en una bicicleta tándem.
Con una figura como Pablo, con carisma, capaz de sensibilizar
a la gente, a la producción no se le iba a hace
tan difícil cumplir con "La Misión".
La preparación
de Pablo
Pablo
es corredor de pruebas de fondo desde hace más
de diez años. En la maratón tiene una
marca personal de 2:57 hs. Participó en la Olimpíadas
de Barcelona, donde obtuvo un sexto puesto. Su sueño
es ganar la medalla dorada en las próximas Olimpíadas
en Atenas. Para eso, alterna los entrenamientos con
su profesión de abogado y la vida de casado que
lleva con Patricia. Como tantos atletas, también
le gustaría contar con algún patrocinante.
Durante la temporada '91/'92 corrimos varias carreras
del circuito nacional de triatlón e innumerables
duatlones. A partir de esa fecha no anduvimos más
juntos en bici y él se dedicó a entrenar
exclusivamente para maratón.
Dos meses antes de realizar
esta travesía, nos confirmaron que sería
un hecho. La noticia nos llegó de sorpresa, aunque
hacía un año que estábamos a la
expectativa. Al tándem lo puso en condiciones
la gente de Zenith y un mes antes nos pusimos a entrenar
intensamente. En total, fueron 14 salidas con un kilometraje
máximo de 105 kilómetros. Aparentemente
muy poco, pero con un ritmo de exigencia alto. Confiaba
en su buena base de fondista y en su entrenamiento de
maratón. No nos asustaba que el promedio diario
de la travesía superara los 180 kilómetros.
Primera
etapa con Julián Weich
El
día jueves 27 de junio de 2002 se convocó
a la gente a lo que sería la salida formal de
nuestra travesía. Nos reunimos en la avenida
costanera de Posadas, con vista al Paraná y al
largo puente que une esa ciudad con Encarnación,
Paraguay. Antes de salir tuvimos la ocasión de
conocer a Brenda (9 años) y a otro muchacho que,
gracias al proyecto de "El derecho a ver",
habían sido provistos de unos lentes especiales.
En el programa anterior de "Sorpresa
2002", habíamos presenciado lo emocionante
que les resultó ponerse esos lentes y ver por
primera vez un rostro. Para nosotros era una enorme
satisfacción colaborar y deseábamos que
al final de la travesía se juntara el dinero
necesario para financiar el proyecto.
Muchos ciclistas se habían
juntado para acompañarnos. Un cartel pasacalle
marcaba la salida y todos estaban listos para largar.
Parecía la largada de algún "Tour
de France".
Eran las 14:00. La gente
estaba ansiosa y expectante. En el último segundo
y sorpresivamente, no podía ser de otra forma:
apareció Julián. A la madrugada de ese
día era su cumpleaños. Se había
tomado un avión para estar con nosotros. Primero
dimos una vuelta a la costanera, con ciclistas que querían
darse el gusto de acompañarnos, aunque sea en
ese corto tramo, y nuevamente nos preparamos para la
salida.
La largada se volvió
a demorar: admiradores de Julián se acercaban
para sacarse una foto. A pesar de la prisa, no se molestó
en lo más mínimo: "tomate tu tiempo,
no te vayas a caer", le respondió a un chico
que se acercaba esquivando bicis con esfuerzo. Sabíamos
que a las 8:00 tendría que volar a Buenos Aires
y que si quería acompañarnos en la primera
etapa lo tendría que hacer contrarreloj. Algún
participante de "Fort Boyard" me había
dicho que era antipático.
Casi todos los del pelotón
tenían bicis de ruta. Julián iba con una
Lanín, de Zenith, y cubiertas "Worm Drive".
Lógicamente tendría que hacer más
fuerza. No creíamos que fuera a hacer todo el
trayecto pedaleando. Para colmo, hacía calor
y llevaba camiseta y calzas largas.
A mitad de camino se
fueron todos y Julián seguía firme. Hicimos
una parada para darle más presión a sus
cubiertas, pues con las ruedas bajas es más exigente
el pedaleo. Se había entretenido con la gente
de la largada y se nos pasó ese detalle.
Kilómetro 100:
Llegamos a Ituzaingó a un promedio de 31 km/h.
Julián lo hizo con nosotros. Sin la magia de
la televisión, con el propio esfuerzo de sus
piernas y corazón. Para él no hubo descanso,
se subió a la camioneta y rápidamente
lo llevaron al aeropuerto de Posadas.
Desarrollo de la travesía
Las
etapas habían sido armadas para realizarlas con
cierto margen. No era tanto lo que pedalearíamos
por día, pero tendríamos que cumplir con
horarios de salida y llegada. El tiempo era limitado
y eso nos gustaba: queríamos que fuera un desafío,
exigirnos y ver qué tanto podíamos dar.
A veces no era necesario, pero íbamos al máximo
por diversión. Cabe destacar que el viento en
contra y los tres días de lluvia no nos dieron
tregua. Tratábamos de no "chuparnos"
al jeep que teníamos por delante y salvo durante
60 kilómetros que hicimos a su reparo, podemos
decir que todo el viaje fue de cara al viento.
Por las primeras ciudades
nuestra presencia pasó desapercibida. Pero a
medida que la gente se enteró la convocatoria
fue en aumento. La llegada a La Paz fue muy emocionante
y nos trajo a la memoria los triatlones que corrimos
allí, donde Pablo era aclamado como si fuera
un campeón mundial.
Fuera de lo deportivo
y cumpliendo con la misión de convocar gente
que se solidarizara con la causa: Pablo se transformaba
en el mejor orador y ante las cámaras y reporteros
su soltura seguía siendo la de un campeón.
En Rosario se nos sumaron
dos veteranos que habían viajado desde Jesús
María, Córdoba, para acompañarnos
hasta Buenos Aires. También otros dos muchachos
que a la salida de Santa Fe fueron robados y consiguieron
bicis prestadas. El entusiasmo de la gente era verdaderamente
motivador. Nos estremecía ver cómo se
acercaban chicos con sus alcancías. Otros le
entregaban a Pablo cartas con manifestaciones de cariño
y apoyo.
San Pedro fue la última
escala y allí se formó un verdadero pelotón
que nos acompaño hasta Buenos Aires. Un grupo
de aventura de Quilmes, de once integrantes, viajó
para interceptarnos. Ese día el viento estuvo
implacable. Fue una prueba difícil de superar
y casi todos los que llegaron a Buenos Aires tuvieron
que poner muchas ganas. Por momentos, también
nos acompañaron cuatro tándem con ciclistas
ciegos de APANOVI. Aparte de los ciclistas, también
se fueron sumando autos a la caravana.
Misión
cumplida
Cargando
el estandarte de "El derecho a ver" y acompañado
de una gran cantidad de ciclistas, Pablo pedaleó
desde la Avenida General Paz y Libertador, hasta el
circuito de ciclismo KDT. A pesar de ser jueves a la
tarde, no faltó gente a la convocatoria y ahí
estuvo la profesora Perla Mayo, autora del proyecto,
que lo recibió con mucha emoción. La cantidad
de dinero necesaria para comprar los 40 lentes especiales
y financiar el proyecto que les permitiría a
muchos "salir de las sombras" fue superada.
Pablo conoce la importancia de esto. Hasta los 16 años
veía y luego quedó ciego por presión
ocular (glaucoma). Estos anteojos, a él ya no
le sirven. Quizás no pueda volver a ver jamás
como alguno de nosotros, pero tiene capacidad para seguir
imaginando este mundo policromático. Por cierto,
se destaca su poderosa visión interior que le
permite creer en metas que a muchos le parecen inalcanzables
y la voluntad de realizarlas. ¿Cuántos
de nosotros somos ciegos, que nos quedamos limitados
con el mundo material que nuestros ojos ven?
Agradecimientos
A
Gendarmería Nacional, que nos acompañó
todo el tiempo con dos jeeps del Destacamento Nº
2 de Rosario; y a Martín Caserotto que fue coordinando
el trabajo de los muchachos. A Pablo Tobías,
nuestro asistente personal. A Zenith, Basset y Ansilta
por apoyarnos con equipo e indumentaria. A Adolfo Santos,
comisario deportivo. A todos los que nos acompañaron
y colaboraron durante el viaje. A Promofilm por hacer
realidad un sueño.
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Pedaleando en
tándem
A
fines del siglo pasado se usaban las bicicletas
tándem para permitir que los ciclistas
pudieran succionarse y desarrollar más
velocidad. Se dice que con estas bicicletas se
puede ir un 10% más rápido. Personalmente,
no tuve la oportunidad de subirme con un ciclista
profesional. Pero hace 12 años que vengo
experimentando con este tipo de bicicletas. En
el '92, en Bariloche, tuve la oportunidad de subir
con un tándem de MTB hasta el refugio del
Cerro López. Los resultados fueron increíbles:
lo puede atestiguar Edy de Carihué. El
estaba incursionando en el deporte y gracias a
esta bici el recorrido nos demoró sólo
1:20 hs. Creo que con esta bicicleta se reparten
bien los esfuerzos y haciendo un trabajo de equipo
se puede realizar un viaje de cicloturismo con
una persona que de otra forma no podría
acompañarnos.
Es recomendable
para viajar con tu pareja. Generalmente las mujeres
pesan menos y la diferencia de kilos que habría
con un compañero masculino podría
ser ocupada por el equipaje. A partir del mes
de diciembre la gente de Zenith desarrollará
tándems MTB de aluminio.
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Misión:
Baja visión
Son
muchas las personas que, tanto en la Argentina
como en el resto del mundo son diagnosticadas
como ciegas o no videntes, cuándo en realidad
aún conservan un pequeño porcentaje
de su visión. La baja visión representa
un reto mundial que actualmente afecta a unos
150 millones de personas. Las principales causas
de esta discapacidad están asociadas a
enfermedades congénitas, enfermedades de
la córnea y la vejez.
El problema de
aquellos que padecen esta enfermedad es que estas
personas no son ciegas como para recibir servicios
sociales, pero tampoco lo suficientemente videntes
para desarrollar una vida con funciones visuales
normales. Sin embargo, rara vez se estimula a
quienes la padecen a usar la vista. Si se pudiera
aumentar de alguna manera ese pequeño porcentaje,
estas personas podrían potenciar su sentido
de la vista y llevar una vida con funciones visuales
normales.
En la ciudad de
Posadas, Misiones, existe un centro de rehabilitación,
al que concurren más de 160 personas con
diferentes problemas visuales. Allí se
intenta rehabilitar a aquellos que tienen baja
visión, con los nuevos avances tecnológicos
que combaten este mal. El equipo de producción
de La Misión se contactó con ellos
para poder asistirlos y lograr que consigan sus
objetivos. Con lo recaudado en la movida de Pablo
y Mariano pudieron comprarse 40 pares de anteojos
para dicha institución. Para más
información contactarse con Perla Mayo,
www.bastonverde.com
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