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Un día de lluvia
Jacques
Zwobada
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Experto Aventurarse
Los
primeros días del último febrero no fueron
muy benévolos con el clima en la zona de Bariloche,
pero gracias al espíritu de aventura de nuestros
visitantes, decidimos salir igual al Río Manso.
Aquella mañana estaba nublado y con amenaza de tormenta.
Muchas veces hemos salido con lluvia de la ciudad y al llegar
al río, dos horas después, encontramos el
cielo se despejado. La pregunta de cada uno que subía
a la combi era ¿se va a abrir?.
Lo cierto es que cuanto más nos acercábamos
al río, más se cerraban las nubes. Cuando
faltaban pocos kilómetros para llegar se desató
una feroz lluvia. Los ocho aventureros hacían bromas
y nosotros los seguíamos. Al llegar al río
llovía aún más fuerte, de modo que
decidimos almorzar bajo un toldo. Después de un buen
té o café para recuperar el calor, nos aprestamos
a salir. Por lo general, ante este panorama las caras son
largas y si hablamos de suspender, mejor; pero no fue el
caso de estas cuatro parejas que en todo momento se entregaron
a la aventura.
La lluvia no cesaba y nos esperaban dos horas y media de
navegación. Las bromas se sucedían y por suerte
no hacía frío, así que después
de equiparnos y de una pequeña charla técnica,
salimos raudos al agua.
El primer tramo fue muy tranquilo, el choque de las gotas
en la balsa nos marcaban el ritmo. Todo era distinto, la
música del río y del bosque, algún
martín pescador aparecía en escena... De repente
vino la acción. El agua estaba más revuelta
que nunca. "Adelante, adelante", fue mi orden,
¡¡más fuerte!!. Y así fuimos sorteando
cada rápido.
A pesar de la lluvia que persistía, no hacía
frío y todos disfrutamos mucho. Al llegar, Antoine,
mi hermano, nos esperaba con un gran toldo y agua caliente
para el mate con tortas fritas recién hechas. Una
buena manera de coronar un gran día.
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