Doble
Cruce de los Andes 2002, parte I
Gustavo González
- Experto Aventurarse
El
día 18/1/02 estaba todo listo. El trailer estacionado
en la puerta, la comida embalada, los equipos preparados
y las bicis ya despachadas con anterioridad. A eso de
las 17:00 comencé a cargar el trailer con la ayuda
de Tito (Francisco Ferrari), quien se acercó a
colaborar y despedir a los participantes. También
pasó a saludar Héctor Laborde. Cuando ya
teníamos casi todo cargado, comenzaron a caer los
participantes. Luego apareció el minibús
y finalmente, a eso de las 20:00 y tras un fuerte aplauso,
partimos.
El
primer tramo hasta Jáuregui lo aprovechamos para
comentar cómo serían viaje, paradas, trayecto,
etc., y se realizó una actividad de integración
que salió diez puntos, ya que los participantes
desde el vamos se integraron entre sí. Algunos
ya se conocían de las reuniones informativas, otros
de salidas, mientras que otros se veían por primera
vez. A continuación les ofrezco, a grandes rasgos,
un comentario acerca de cada uno de los participantes
de este viaje.
El
grupo
Horacio
Lorenzo. Trabaja en Uruguay. Había hecho un
par de salidas cortas. Una persona muy macanuda y colaboradora.
Su viaje era un desafío.
Cecilia Mariana Vaccario. Docente en ciencias biológicas.
Sólo realizó antes el desafío Luján-Mercedes.
Soltera y no me acuerdo más deslumbrado ante tanta
belleza.
Mauricio Zuccari, alias "Piero". Cartero
de Mariano Acosta (pago que defiende a muerte). Soltero.
Colabora en las salidas desde hace un tiempo. Ha hecho
numerosos viajes cortos durante 2001 y varias salidas
largas como el Camino de los Acantilados y Altas Cumbres.
Oscar Varela. Médico, quien concurre con
su esposa, Virginia Ballesteros. Ella también
médica. Es su primera salida especial con Bike&Trek.
Su objetivo, vivir unas buenas vacaciones de aventura.
José Tobal. Abogado. Llegó aquí
junto a su esposa, Diana Tobal, quien es docente
(creo que ciencias de la educación). También
es la primera salida que realiza con nosotros. Ambos,
marido y mujer, poseen dos maquinas impresionantes: una
Trek y una Klein, valuadas en varios miles de dólares.
Andrés Contestín. Trabaja en una
empresa que fabrica cinturones de seguridad en Pilar.
Casado, con una nena, arregló todo para tener esta
semana libre y realizar el Doble Cruce. Viene a los entrenamientos
y cuando puede hace salidas cortas.
Sergio Licari y Lucrecia Vales. Ambos veterinarios,
viven en Lomas de Zamora. Corren triatlón y hace
muchos años realizaron un viaje similar con bici
y alforjas. Sergio le regalo este viaje a Lucrecia para
su cumpleaños. Querían revivir la experiencia.
Augusto Pascual. De Chacabuco, por lo que recién
subiría en Chivilcoy. Es farmacéutico y
realizó la travesía P.N. Lanín junto
con Dr. Lemon y Eduardo Pol (quienes se reencontrarían
en este viaje). Su amigo Gustavo Quiroga le insistió
para anotarse en este viaje. Lamentablemente éste
se fracturo un brazo al caerse de una escalera y no pudo
viajar.
María Inés Márquez. Fonoaudióloga,
soltera, también muy bonita. Realizó salidas
con otro prestador y por recomendación cayo acá.
Antes había realizado la salida Parque Pereyra-La
Plata. Ante tan bellos ojos mi mente quedó en blanco,
así que sigamos con el siguiente.
Federico Svec. Periodista de la revista Aventura.
Alias "Homero", y fanático de los Simpson.
Viaja para realizar una nota sobre esta salida. Anteriormente
cubrió la salida por las Sierras de Cura Malal.
María Julia Nogueira. Abogada (¡y
qué abogada!). Hace spinning y ya realizó
un cruce con otro prestador. También hizo numerosas
salidas cortas. Súper simpática y muy bella
así que quedé re enamorado. Pero como soy
muy profesional lo disimulé durante todo el viaje.
Julio Cesar Rodríguez. Trabaja en Marketing.
Hombre muy callado, que pasa desapercibido. ¡El
participante ideal!
Guillermo Díaz. Médico. Alias "Dr.
Lemon", de 56 años, pero con una simpatía
y ganas de pasarla bien de jovencito. Realizó la
travesía al Lanín y la última nocturna
a Luján.
Virginia Fernández Varela. Arqueóloga.
Casada con Alejandro Jarak, empleado de una importadora.
El es futbolero viejo y por la insistencia de su mujer
comenzaron a andar en bici para hacer una actividad juntos.
Vienen a los entrenamientos, a salidas cortas y sobrevivieron
a Los Acantilados para contar una y otra vez lo buena
que fue la salida.
Un servidor, Gustavo González. Profesor
de Geografía, soltero, coordinador del viaje, 37
años. ¡Muy simpático, pintón,
profesional independiente y con experiencia!
Jorge Tedesco, conductor del minibús. Como
antecedente inmediato, tiene un viaje al Norte en el cual
el coordinador (¡otro, no yo!) chocó la camioneta
contra una vaca, arruinándole toda la trompa. Es
propietario del vehículo, una Iveco 2001 con algunos
"lujillos" que se usan pro primera vez en este
viaje, como: aire acondicionado, reproductor de CD y buena
velocidad (fácilmente, la pone a 110 km/hora).
Así
finalizamos las presentaciones de los que viajan en el
minibús. Algunos de los detalles los recuerdo y
otros son inventados. Las mujeres casadas no se pongan
celosas si no les elogié su belleza, pero ya están
casadas. Además, es un chiste ya que yo soy imparcial
y hay que tratarlos a todo por igual.
Equipo
completo
Arribamos
a Jáuregui, donde subió la comida caliente:
empanadas de carne, jamón y queso, humita (las
más ricas) y pollo, más tres tartas especiales.
Todo una delicia. Para beber había gaseosas, agua
o cerveza, y bombones de chocolate como postre. El próximo
destino sería Chivilcoy, donde subiría "Chacabuco".
Aparte de los viajeros en minibús también
participaron viajando por su cuenta los siguientes aventureros:
Claudio
Oliveira. Arquitecto. Padre de Mariano Oliveira, el
único "niño" de 12 años
de toda la travesía. Ambos realizaron numerosas
salidas cortas y especiales, y concurren frecuentemente
a los entrenamientos. Viajaron en avión.
Ernesto Barnetche. Periodista, editor de Al Borde,
coordinador de las salidas de cicloturismo desde los primeros
viajes. Contador de leyendas, a cargo de cerrar la caravana
cicloturística y de la interpretación ambiental
durante la travesía.
Alfredo Siniga. Kinesiólogo. Tercera vez
que realiza el cruce. Ante la pregunta de por qué
lo hace, esboza que la alternativa es el hotel de 5 estrellas,
y que son todos iguales. Esto es lo que le gusta hacer
y compartir con gente similar. Tiene una Cannondale doble
suspensión que es un flor de maquinón. Viajó
en camioneta.
Horacio Pepe. Viajó en auto. Segunda vez
que realiza esta salida. Trabaja en una distribuidora
de electricidad y es fotógrafo, por lo que anda
con la cámara a cuestas todo el viaje. Realizó
salidas cortas y largas. Además, concurre a los
entrenamientos. Luego del Doble cruce se iba a subir el
Volcán Lanín.
Eduardo Pol. ¡Qué personaje! Es abogado.
Fue el último en anotarse. Realizó las salidas
de Colonia, Tandil, Altas Cumbres y P. N. Lanín,
siempre viajando en avión y sumándose en
el lugar. Sus ocurrencias nos hacen reír mucho.
Néstor Villa. Peón rural. Soltero
y con un hijo. Vive en el camping Amigos de la Naturaleza
y es la segunda vez que se desempeña como cocinero-ayudante.
Un fenómeno, siempre dispuesto a colaborar. Es
hijo de guardaparque baqueano, por lo que conoce mucho
de plantas y de los lugares.
En
Chivilcoy subió Augusto. Yo tomé el volante
hasta Lonquimay, La Pampa. Luego siguió Jorge hasta
General Acha, donde paramos a desayunar. Cruzamos todo
el desierto. Entramos a la Patagonia y al mediodía
arribamos al Alto Valle, donde se realizaba una novedosa
parada de almuerzo en una chacra.
Llegada
a San Martín de los Andes
Nos
recibió Sandra, junto a su familia, en su chacra
de Vista Alegre. Nos mostró el lugar y las producciones
que allí realiza y algunos aspectos de la explotación.
Luego, algunos nos tiramos a la pileta a refrescarnos.
La mesa estaba preparada abajo de un sauce a la fresca
sombra. Primero nos sirvieron unos choclos riquísimos.
Luego ensaladas, cada una más sabrosa que la otra
y en una mesa con todos los detalles muy bien cuidados.
El plato principal eran unas supremas de pollo. Postre
frutal, manzana, durazno y pelones. De más está
decir que nadie quería seguir. Atención
muy cálida, buena comida, lugar excelente, abundante
bebida, pileta, tranquilidad y todo por 7 pesos.
Por
fin pudimos partir. Paramos en otra chacra y compré
un cajón de duraznos y pelones y otro de ciruelas
por módicos 11 pesos. Me puse a descansar tirado
en el piso del minibús. Un rato más tarde
desperté con la novedad que habíamos tomado
por la ruta a Zapala. Si bien la distancia es la misma,
se demora una hora más, por que es un camino de
montaña con tramos llenos de pozos.
Luego,
el último tramo hasta Junín de los Andes
fue a mi cargo, y en camino de montaña. Por fin,
cerca de las 23:00 arribamos a San Martín de los
Andes. Saludamos al resto de los integrantes del grupo
y nos fuimos a cenar: pizzas caseras con cerveza, gaseosa
o agua y cerezas de postre.
Como era tarde, la mayoría nos fuimos a dormir
a una cabaña (aislante y bolsa en el piso unos,
cama y colchón otros). A descansar. El siguiente
sería el gran día.
Las
consignas
La
primera etapa en bici incluiría la salida por la
Ruta 48, atravesando el Parque Nacional Lanín y
bordeando el lago Lácar, en una trepada de 15 kilómetros.
Luego, otros tantos de bajada hasta Yuco. De allí
seguíamos, para terminar el día en Nonthue.
En total, una etapa de 40 kilómetros. Me levanté
a eso de las 7:00 para preparar todo. Desperté
al Vasco. Empezamos a cargar algunas cosas en el trailer
y a preparar el primer desayuno. Poco a poco se fue cargando
el trailer. Cayo Néstor (cocinero-ayudante local)
y se hizo cargo del desayuno. Colgué tres papelitos
en lugares bien visibles: uno con la actividad y el equipo
a llevar, otro con los energéticos que se repartían
día a día y el tercero con la normativa
general de la travesía. Más que nada, son
una ayuda memoria para no estar repitiendo a cada rato
las consignas.
Tras
desayunar, pasamos a verificar las bicis que habían
sido armadas por El Vasco. A probar cambios, altura del
asiento, frenos. Luego, y ante la impaciencia por salir,
se dio una charla general detallando las consignas generales
del viaje y cómo no manejaríamos de ahí
en más. Esta charla es fundamental y de ella depende
el buen desarrollo de la travesía.
Comienza
el pedaleo
Una
vez que estuvo todo listo y cargado se dio orden de partida.
El primer tramo, hasta el asfalto, sirvió de prueba
para las bicis, regulaciones, en fin, ver que todo esté
diez puntos. Partí último. Doblé,
aceleré por tierra y rápidamente me comí
la zanja. Se clavó un cuernito, la bici se elevó
y caí parado. Alcancé al grupo. Con el vasco
regulamos cambios, verificamos bicis, y más consejos.
Eduardo se había olvidado el casco en el camping.
El grupo siguió y él el regresa a buscarlo.
Más tarde nos alcanzaría.
Asfalto
y bajada. A disfrutarlo por que serían los únicos
durante seis largos días. Luego tomamos la ruta
a Hua Hum y comenzó el ripio, y con él llegaba
también el polvo de algunos vehículos, no
tantos como el año anterior, dada la crisis que
atraviesa la Argentina.
Tras
unos metros en bajada comenzaba el ascenso, un duro y
largo caracol. Los que lo encaran rápido llevan
la peor parte. Sus fuerzas se agotan, surge algún
mareo y la pregunta "qué hago yo acá?
Es la consecuencia lógica del cambio de aire, el
paso brusco del llano a la montaña. Lo ideal es
encarar despacio, en 1:1 o 1:2, pero constante. Ponerse
metas cortas y no pensar en lo que falta: "voy hasta
tal árbol", "hasta la curva", y
así. Los metros pasan y se convierten en Kilómetros.
Así
llegamos a Pampa Trompul, donde nos abastecimos con agua
y repartimos algunas almendras y pasas. Entonces, Eduardo
nos alcanzó con su casco recuperado. Continuó
así la subida. El minibús se adelantó
para ir preparando el almuerzo en Yuco. Otro tramo en
subida y por fin la vista del Lago Lacar. ¡A bajar!
Se
olvidan todas las penurias, el calor y el esfuerzo. Todo
es adrenalina: manos aferradas al manubrio, posición
aerodinámica, brazos y piernas levemente flexionados
que hacen de amortiguación y el paisaje que pasa
a mil. Caracoles cerrados, donde es imperativo frenar.
A medida que bajamos aumenta la vegetación. Por
fin, tras una curva errada aparece el minibús.
"Qué raro -pensé en ese momento- que
estén que estén haciendo el almuerzo en
este lugar. ¿Se habrán equivocado?"
No fue una equivocación. El serrucho del camino
terminó con el trailer.
Fue
grandioso cómo las mujeres colaboraron en traspasar
todos los bártulos del trailer al minibús.
Por suerte entró todo. El Vasco siguió con
el grupo hasta Yuco y elaboramos un plan de emergencia.
El trailer quedaría allí, atado a un árbol.
El minibús iría a preparar el almuerzo como
estaba planificado. Luego de almorzar trasladaría
todos los equipos a Nonthue, donde se descargaría
todo, con Néstor como custodio y pre-armando el
campamento. El minibús regresaría a buscar
el trailer (colaborando con Jorge, el chofer, Freddy Siniga
y Horacio Pepe). Lo llevarían a San Martín
de los Andes a reparar. Dejarían en San Martín
la última hilera de asientos para tener más
lugar. De paso, traerían los caballetes para la
mesa, que habíamos olvidado en esa ciudad. La travesía
continuaría normalmente según lo planificado.
Y
así fue. Arribamos a Yuco y almorzamos una picada
con tutti: salamines, queso, mortadela, papas fritas,
aceitunas, y varias bebidas como Cepita, jugos y Terma.
De postre abundante fruta.
Historias
en la playa
Luego
de almorzar cargamos todo en el minibús y éste
partió hacia Nonthue, según lo planificado.
El grupo ya se había dirigido al lago Lácar,
donde nos bañamos en una playita escondida. Nadamos
en agua transparente, pero algo fría. Algunos se
animaron a zambullirse desde una gran roca. Después
de eso, nuevamente retomamos el pedal y paramos en un
arroyo a cargar agua. ¡Qué gran cosa que
uno pueda tomar agua pura y fresca de un arroyo! Luego,
un par de subidas y otro par de bajadas con buena vista
al Lago Lacar. Parada para sacar fotos.
Ya al atardecer, arribamos a Nonthue, camping agreste
con sanitarios y duchas. Algunos fueron al lago, otros
tomamos la merienda (que entre otras delicias constó
de: mermelada de la chacra "El Monje" del Hoyo
(Chubut), dulce de leche granja La Salamandra, Nutella,
Granola y pan casero. Entre comida y unos mates la charla
se animó y nos seguimos conociendo cada vez más.
Mientras armábamos el campamento, algunos se bañaban.
Al mismo tiempo, la cena estaba siendo ya planificada:
los famosos fideos con salsa crema roquefort, que han
popularizado mundialmente al Vasco. Cenamos. Por la bebida
reclamada deberíamos ponernos duros para que el
tinto calculado no se acabe al segundo día. Luego
de las cerezas de postre y el clásico licor casero
de dulce de leche, fuimos a la playa a ver estrellas fugaces
y contar historias de trasgos y duendes del bosque. Ya
estábamos entrando en calor.
Continuará...