Doble
Cruce de los Andes 2002, parte III
Gustavo González
- Experto Aventurarse
Y
llegamos ya a la tercera entrega de este informe
completo. Espero que el relato les resulte elocuente
y, sobre todo, divertido. Repasemos ahora, a modo de resumen,
lo acontecido en las primeras etapas. Habíamos
arribado a San Martín de los Andes, luego de unas
27 horas de viaje en minibús. La primera etapa,
entre San Martín de los Andes y Nonthue fue realizada
con éxito pese a las subidas iniciales. La segunda
etapa resultó más "light", casi
todo en bajada y con dos horas en trasbordador por el
Lago Pirehueico. Todo venía muy bien e incluso
la comida era excelente calidad, hasta que en la tercera
etapa casi perdemos a un participante que cayó
de un puente y quedó colgado de unas cañas.
Pasó el susto. Más tarde, luego de un baño
termal en Liquiñe, el grupo se aprestaba a superar
la etapa más dura. Así fue:
El
final del relato anterior
nos dejó yendo hacia las habitaciones a dormir,
para afrontar con fuerzas la jornada siguiente. Por la
mañana, el desayuno en la hostería no fue
lo más feliz. Faltaban leche, mermeladas y dulces,
los que finalmente fueron provistos por Bike&Trek
y no por la hostería. Mientras se terminaban de
preparar los bagayos, con El Vasco fuimos a comprar los
alimentos para el día: pan, queso, jamonada, bananas
y melones de postre. Esto se basó en las experiencias
anteriores, ya que en la primera y segunda edición
el almuerzo fue encargado en las hosterías. "La
colación" -como la llaman los chilenos- se
hace con una sola rodaja de fiambre. Es decir, los sandwiches
de jamón y queso son: un pan con una rodaja de
jamón y otro pan con una rodaja de queso. Los argentinos
hacemos los sandwiches con un pan y una rodaja de jamón
y otra de queso, ambas en el mismo pan. No obstante, si
nuestros sabios gobernantes insisten con sus políticas,
prontamente ni tendremos para hacer una "colación"
a la chilena.
Bueno,
todo listo y se da la orden de partida. El primer tramo
es hasta las Termas de Hipólito Muñoz. El
Camino Internacional es la única calle de Liquiñe.
Las casas están todas hechas en madera y abundan
las botillerías y otros almacenes de similar estilo.
En
lento pero constante ascenso, se pasa por carabineros
y se sale del pueblo, observándose una cascada
en el puente "La Cascada". En Chile, cada puente
tiene nombre.
Como
me había quedado a pagar el saldo de la Hostería,
salí ultimo y me costó alcanzar al grupo,
pero los fui superando ya que hacían numerosas
paradas para sacar fotos, dado que el paisaje era sublime:
precipicios, valles muy verdes, laderas boscosas y un
río que a toda velocidad desciende de la montaña.
Alcancé a la mayoría en un puente en construcción:
el grupo observaba cómo entre tres o cuatro obreros,
por medio de poleas, izaban un tremendo tirante de madera
que formará parte del futuro puente. Hasta el que
parece ser el capataz trabaja. Si fuera Argentina, quizás
estarían dos trabajando, mientras tres hacen el
asadito.
Reflexiones
en la subida
En
los más o menos 100 Kilómetros recorridos
en Chile, al menos se notan obras. Algo se hace. Veamos.
Lago Pirehueico: construcción de un trasbordador
nuevo; Paso Hua Hum: construcción de varios puentes
de cemento, en reemplazo de los de madera; Neltume: una
máquina vial mejorando la calzada; Salto Huilo-Huilo:
confitería y servicio de guías (este emprendimiento
es privado) y ahora el puente recién nombrado.
En los 1600 kilómetros que hicimos desde Buenos
Aires, antes de llegar a Chile, no recuerdo haber visto
obras si no "parches" para salvar el camino
en zonas inundadas (terraplenes de tierra y desvíos)
y tramos de ruta que parecen bombardeados por la cantidad
de baches que tienen.
En
Chile cada nueva obra es anunciada con carteles como:
"Nuevo puente tal" o "Provisión
de agua potable". En mi país, en cambio, la
mayoría de los carteles están para indicar
las obras que se encuentran paradas. A pesar de haber
vivido una dictadura terrible, que todavía mantiene
dividido al país, en Chile se nota estabilidad,
la gente vive tranquila, trabaja, te saluda por el camino
y todos son muy amables. No obstante, charlando más
profundamente con alguno de ellos, también despotrican
contra sus gobernantes o declaran que el trabajo también
es escaso. Pero se percibe otra "mentalidad",
como si hubiera algún futuro...
En
eso ocupaba mi mente para olvidarme de la subida: la huella
sigue en ascenso, partes con sombra, partes más
empinadas, laderas degradadas por aserraderos hoy abandonados,
sudor cayendo a chorros y una velocidad lenta pero constante.
Paradas en los escasos arroyos a refrescarse un poco y
repartir algunas pasas de uva o almendras. Algunos más
rápido, otros más lento, pero todos a su
ritmo y sin subirse al vehículo, iban superando
la subida.
Por
fin llegamos al "Puente Blanco", el lugar más
adecuado para almorzar ya que el arroyo cuenta con un
fácil acceso y hay lugar para estacionar el minibús.
Nos detuvimos para almorzar y refrescarnos en el arroyo.
Preparamos los sandwiches y en bandeja se armó
el "delivery": le alcanzábamos los sandwiches
a cada uno, para que pueda almorzar sin moverse de su
piletón preferido. Luego, de postre, unos melones
realmente espectaculares. Breve descanso y a seguir.
El
gran desafío
La
motivación de muchos no es sólo el desafío
de superar los Andes o de superarse a sí mismos,
sino ir detrás del short extremadamente corto y
de un rojo muy llamativo de una participante. Realmente
pedalear con semejante paisaje adelante motiva subir la
cuesta más empinada. En eso estaba, sudando la
gota gorda en una pendiente, cuando siento jadeos y respiración
en la nuca. Miro para atrás y veo que un participante
pugna por alcanzarme. Si bien la salida no es competitiva,
es cicloturismo, donde se trata de salir y llegar juntos,
donde nos ayudamos en vez de competir, surge el "bichito"
de la competencia:
-¿Así
que me querés pasar? -pienso-.
-Ahhhh, ahhhh, aaahhhh -suspira mi perseguidor-, ya lo
alcanzo a González (debe pensar él).
Y
se conjugan el aliento cada vez más cercano, la
lucha entre la edad, entre la mejor y peor máquina,
entre la pierna más fuerte y la resistencia, entre
el camino y sus piedras, entre la pendiente que sube cada
vez más y en curva y en que me va a pasar por adent...
¡¡¡PAFFFF!!!
Al
mirar hacia atrás veo a mi oponente caído
en el suelo, de costado y sin haber podido sacar las zapatillas
de las trabas automáticas. Parar sería una
humillación para él y prefiero seguir, en
fin, hacerme el "dolobu". Siguen la subida y
las paradas en los arroyos.
-¿Cuánto
falta?
-Para la aduana falta poco y ahí empieza la subida
empinada, comento.
-¿Más empinada que esto?
Y
finalmente llegamos a la aduana. A medida que vamos llegando
nos desplomamos de la bici y, como podemos, extraemos
el documento y se lo alcanzamos al carabinero.
Un
breve descanso, mantecol mediante, y a prepararnos para
la subida brava. El cartel lo anuncia: "Pendiente".
Mandamos
el minibús primero, como lo hacemos siempre, y
nos apuramos porque se nubla el cielo y comienzan a caer
algunas gotitas. Uno a uno, los osados ciclistas que intentaron
subir lo imposible pedaleando, fueron cayendo. La fortísima
pendiente y el material suelto (el camino ya no es de
ripio firme, sino todo de piedra suelta) imposibilita
y frustra cualquier intento de subirlo andando. Si te
quedás en algún tramo intermedio, es imposible
volver a arrancar. Así que terminamos todos caminando
y empujando la bici.
Tras
una curva observo que el minibús también
se ha quedado. A pocos metros de donde la pendiente afloja,
pero se ha quedado. A medida que llegan los ciclistas
van dejando sus bicis y nos disponemos a empujar.
-¡A la una, a las dos y... a las treeeesss!
Y
así todos juntos, la rueda resbalando, humo negro
saliendo y olor a quemado, el minibús comienza
lentamente a moverse y, para alivio nuestro, puede superar
la dura cuesta. Unos metros más y la pendiente
afloja, pero ahora la dificultad es otra: el camino tiene
numerosos troncos cruzados transversalmente, para evitar
se lave durante los deshielos. Así que vamos saltando
entre troncos semi enterrados en el camino. ¡Y por
fin, algo nuevo! Un cartel anuncia el ingreso al Parque
Nacional Lanín. Antes no había nada, ni
siquiera un cartel que anunciara que habíamos ingresado
a la Argentina.
Besos,
abrazos y felicitaciones entre todos por el logro cumplido.
Es un momento muy emotivo, ya que el objetivo que nos
propusimos ha sido alcanzado. Tanto el muy entrenado como
el que vino más flojo, tanto el que vino con una
bici sencilla y pesada como el que tenía una súper
maquina, tanto los varones como las mujeres, todos pudimos
alcanzar los 1123 metros de este duro paso y ninguno tuvo
que subirse al vehículo de apoyo. Luego, la clásica
foto en el portal de ingreso a la Argentina y en el hito
internacional.
Heridas
de viaje
Sigue el camino desastroso y con mucha piedra. Una
leve bajada y luego otra subida. Finalmente el camino
mejora, hay mas tierra y menos ripio. Comienza un veloz
descenso de 8 kilómetros. El paisaje cambia totalmente,
ya que del lado argentino está protegido. Se ven
grandes árboles de troncos inmensos y centenarios.
Al lado de la ruta, cañas colihue que se expanden
sobre el camino, muchísimas amancay (flor amarilla,
típica del P.N. Lanín). Las sombras del
bosque cubren toda la ruta.
Comenzamos
el adrenalínico descenso. Rápidamente, las
máquinas se desplazan como bólidos a 50
o 60 Km/h y en cada curva es imprescindible frenar para
no salirse del camino. Tras una curva veo a Alejandro
detenido.
-Sí,
ya sé. No me digas nada: te caíste. -le
digo-.
-¿Qué te pensás, que soy tarado?
-me contesta-. ¿Cómo me voy a caer? Le estoy
sacando una foto a Virginia.
-Ok.
Sigo.
Al
rato y tras otra curva veo un torbellino de polvo y una
masa gorda y amorfa revolcándose en la tierra.
Con gritos de dolor intenta pararse y nuevamente va para
el suelo. Es Alejandro, el master biker que se ha pegado
tremendo palo y en una parte recta y casi plana. Se despellejó
varias partes de su cuerpo pero está vivito, coleando
y de buen humor. Al rato llega Virginia, que baja muy
prudentemente y despacio, y nuevamente pone la cara de
circunstancia, como diciendo "¡Qué b...
! ¿Otra vez?".
Otra
vez las recomendaciones para que vaya despacio y nuevamente
hay que centrar la rueda, que está hecha un "8"
(ocho). Esta tarea es encomendada a El Vasco. Yo sigo
el descenso, ya que hay que armar el nuevo campamento
en Las Termas.
Otro
que también sufrió un lindo palito es "Chacabuco",
que según los testigos venía súper
fuerte y en una curva tuvo que frenar, comiéndose
la tierra del camino. Resultado: otro casco que salvó
una cabeza, una oreja sangrante y un pequeño tajo
en la cara. En fin, heridas de viaje que luego serán
trofeos imborrables de esta travesía.
A
reponer fuerzas
Por
fin llegamos al camping Las Termas que está a metros
de las termas de Lahuen-Co ("agua milagrosa",
en mapuche). El camping sigue siempre igual, o peor, cada
año. La infraestructura es de hace décadas
y construida por Parques Nacionales. El concesionario
sólo la mantiene y observa cómo se degrada
año tras año, sin invertir en mejorar la
calidad de los servicios y echándole la culpa siempre
a Parques Nacionales. El año pasado no había
agua caliente, supuestamente, porque Parques Nacionales
no le había entregado la leña; este año
se había roto no sé qué cosa.
-Así
la cosa no va. Cada año que vengo está peor.
La gente busca servicios y por eso tenés el camping
vacío, porque no hay buen servicio -le comento
al concesionario, mientras retiro las tortas fritas para
la merienda-.
Y
como esto es turismo aventura, hay que adaptarse a la
escasa infraestructura existente. Además no hay
otra opción de camping para elegir.
Se
van armando el campamento y la merienda (poco, porque
es tarde y falta poco para la cena). A medida que van
terminando, les doy las indicaciones para que vayan a
pegarse un baño termal en las bañaderas.
Se junta un lote grande de bikers y, toalla sobre los
hombros, hojotas en los pies y algo de ropa limpia en
una mochila, nos dirigimos a la terma.
Una
vieja cabaña de madera construida por Parques y
concesionada a $ 2. El baño nos espera. Al costado,
el humeante "Pozo Central" y varios piletones,
donde al agua se va enfriando. La surgente está
en un mallín y llama la atención que a metros
del agua caliente corre un arroyo de agua helada. De las
seis bañaderas sólo se pueden usar cuatro.
El agua fría no anda, así que hay que ir
con un balde al arroyo, buscar agua, e ir llenando la
bañadera con agua termal y 3 ó 4 baldes
de agua fría. Este trabajo lo hace un muchacho,
pero su velocidad es tal que decido colaborar para no
esperar tanto. Las bañaderas están en cuartos
individuales, en los que hay además una vieja camilla,
símbolo quizás de otros tiempos, cuando
se hacían masajes.
Lo
único nuevo, unos machimbres en el zócalo.
Pese a todas estas pálidas, las termas son únicas,
ya que para buenas instalaciones están Copahue
o Río Hondo, así que hay que mentalizarse
en disfrutar estas "aguas milagrosas" en estado
salvaje. Así lo pienso, me desnudo y me meto poco
a poco en la tina, que es algo pequeña pero lo
suficientemente cómoda como para relajarse y dejar
que lo minerales penetren por los poros del cuerpo y los
dolores musculares se aflojen, para ser invadido por una
sensación de bienestar. Diez o quince minutos son
recomendables. Es suficiente para salir súper relajado
y tranquilo.
El
camping está rodeado por densos cañaverales
de caña colihue (Chusquea culeu). Si uno detiene
la mirada un rato observará que también
somos observados. Pequeños movimientos y ruiditos
emergen del cañaveral. Enfocando un poco más
la vista, se podrán observar pequeños seres
que se escabullen entre las cañas y esperan el
menor descuido para obtener algo de comida. Y así,
mientras preparamos la comida o charlamos, tintillo por
medio, las ratitas pasan a metros nuestro. Todo tiene
su explicación. No es que el camping sea una inmundicia,
que la basura esté tirada por ahí, que aceche
la peste bubónica, la negra, el Hantavirus o el
duhaldismo, sino que la caña colihue ha florecido.
Esta gramínea florece masivamente cada 40 o 60
años, produciendo una espiga cuyo fruto es una
semilla pequeña. Luego de florecer, la planta muere
y permanece seca de 10 a 15 años. Este verano se
ha producido la floración masiva. ¿Y cuales
son las principales consecuencias de esto? Aumentan los
riesgos de incendios forestales y, al haber una sobreabundancia
de semillas, aumenta la abundancia de comida y las poblaciones
de roedores se incrementan en poco tiempo: así
sucede con el ratón colilargo y el ratón
oliváceo.
El
Hantavirus es una enfermedad que afecta los pulmones y
a menudo puede ser fatal. Este virus se deposita en la
materia fecal, orina o secreciones de algunos roedores
como el colilargo. Se trasmite principalmente al respirar
pequeñas partículas provenientes de excrementos,
orina o saliva de los roedores. Tampoco hay que entrar
en pánico, ya que el virus tiene una corta vida
al ser expuesto al sol y al aire libre. Lo importante
es la prevención y así dejamos bien cerradas
las carpas, guardando toda la comida en lugares fuera
del alcance de los ratones, depositando en lugares cerrados
la basura y evitando ingresar a construcciones abandonadas
o leñeras. Terrible paradoja: lo que más
abunda es comida para ratas.
Gracias
a las sabias intervenciones culinarias de Freddy Siniga,
el clásico guiso de lentejas se convierte en un
manjar elogiado por todos. La sobremesa, la charla, el
licorcillo de dulce de leche y a dormir, que fue un día
duro. Al día siguiente, por fin, tocaría
un medio día de descanso.
Agua
milagrosa
Día
24/1/2002. Comienza la quinta etapa de la travesía.
En total, 17 kilómetros Entre las termas de Lahuen-Co
y Laguna Verde. Pero, antes de partir a tal objetivo,
por la mañana descansamos y disfrutamos de los
baños termales. La hora de levantada es más
flexible, ya que la etapa de pedaleo es corta. El cielo
amaneció por primera vez nublado y con amenaza
de lluvia. El viento empujando las nubes que vienen desde
Chile, cargadas con la humedad del Océano Pacífico.
Por suerte, sólo descargan ocasionales garúas
sobre nosotros.
Armamos
un sobretecho para cubrirnos durante el desayuno (la carpa
comedor no llegó entre el equipo despachado previamente)
y nos vamos preparando para la caminata a los pozos termales.
Nos reagrupamos en el pozón central y tras una
breve explicación y recomendaciones de seguridad
(no acercarse mucho a los pozos ya que hay gente que se
ha "fritado" cayendo accidentalmente en uno
de ellos) partimos en la caminata.
Se
atraviesan densos cañaverales totalmente secos
por un sendero bastante ancho. Se cruza el Río
Oconi por un "puente" precario de troncos, para
llegar a un mallín con altos pastizales y tramos
barrosos. Por fin llegamos al pozo "Barros del Chancho",
que es lo suficientemente para albergar unas veinte personas.
Nos
vamos sacando la ropa (quedamos en malla, claro). Descendemos
por una pequeña escalerilla de madera de sólo
dos escalones y el pie se hunde en una resaca de barro,
ramitas y hojitas en descomposición (el barro curativo).
El agua es transparente, pero el fondo barroso que es
removido la transforma en negra. El olor a azufre impregna
el ambiente y lentamente nos vamos metiendo en el agua
termal. Poco a poco, porque está caliente, nos
vamos sentando sobre el lecho barroso. Algunos, con algo
de asco, se resisten pero finalmente son convencidos ante
las exclamaciones de placer de los participantes. Sólo
unos pocos / as cobardes se resisten a esta experiencia.
El
paso siguiente es mandar la mano hacia el fondo, para
recolectar un poco de barro y untarse por todo el cuerpo
(cara incluida) de manera de quedar totalmente embarrado.
El segundo paso consiste en hacer bromas a la única
soltera en el pozón. Dr. Lemon se fue acercando
a la susodicha con el agua hasta el pecho y mostrando
la malla en sus manos. Cuando estuvo bien cerca se levantó
y: ¡sorpresa! Todos pensaban que estaba en bolas,
pero la que llevaba en sus manos era la malla de Horacio
que se la había sacado antes.
El
agua termal es así. Excita y transforma a los ciclistas.
Siempre después de esta etapa surgen romances y
transas que no son nada más ni nada menos que otra
de las consecuencias del "agua milagrosa". Así
que algunos se fueron sacando la malla. El agua del pozón
se recalentó y al son de los gritos de los guerreros
embarrados "¡qué se saque la malla!",
¡Que se saque la malla!". Primero fue la parte
de abajo y ante los aplausos cerrados revoleó el
corpiño. Un revuelo general, y algunos se empezaron
a abalanzar...
Ustedes
saben que la crisis está terrible y hay que rebuscárselas
de todas formas. Si quieren saber verdaderamente qué
ocurrió en el caliente pozón termal, tendrán
que hacer el siguiente tramite:
-Realizar
una transferencia o deposito de $10 a la siguiente cuenta:
Banco Itau Buen Ayre.
Caja Ahorro pesos 482044-301/0
CBU: 2590010320048204430104
CUIT: 20-17009203-2
Nombre y apellido: Gustavo Miguel González.
Una
vez realizado el pequeño tramite, mandar el número
de transferencia y dirección de e-mail y le mandaremos
el detalle pormenorizado de todos los sucesos ocurridos,
adjuntando una foto exclusiva tomada con una cámara
subacuática.
-"Se
ve que está acostumbrada por que lo revoleo como
una verdadera profesional" fue el pensamiento generalizado.
Luego de los 15 o 20 minutos de rigor salimos del pozón
(algunos limpios y otros con el barro en todo el cuerpo)
para dirigirnos a la "zanja".
Los
sonidos del silencio
¿Qué
es la zanja? Alguno recordará su infancia, más
si vivió en algún barrio de calles de tierra,
donde no existían los cordones de cemento. Recuérdese
la zanja con agua podrida que corría por la puerta
de su casa. Es algo similar. Hasta tienen las mismas algas
verdes. La zanja es un pequeño arroyito de agua
termal al costado del sendero, donde te podés recostar
y sentir cómo el agua calentita corre a tus costados.
De paso te ponés algas en la cara y el resto del
cuerpo. Estas algas te dejan el cutis sedoso. Es realmente
algo asqueroso, a lo que pocos se animan.
La
zanja estaba un poco fría, así que regresamos
a los "Barros del Chancho", para darnos el baño
final, donde nos sacamos el barro del cuerpo.
Comenzamos
el regreso al camping recorriendo otros pozos naturales.
Ya en nuestro destino, comenzamos a desarmar todo el campamento,
cargar el minibús, repartir los energéticos
del día, explicar el recorrido y realizar un precalentamiento.
El
tramo de bici de hoy sería por la Selva Valdiviana,
que es un área que tiene más de 1500 milímetros
anuales promedio de precipitaciones y en ella se desarrollan
ejemplares de coihues que superan los 2 metros de diámetro
y los 40 metros de altura. Un denso sotobosque de caña
colihue, asociada con arbustos como el michay y el espino
negro, caracterizan a este ambiente. Desgraciadamente
las nubes impiden ver la cumbre nevada el majestuoso Volcán
Lanín.
Pasamos
por el Lago Carilafquen, "lago verde" en mapuche,
cosa que es verdaderamente cierta, ya que el reflejo de
la vegetación le imprime un color profundamente
verde. Más adelante nos desviamos por un camino,
para almorzar en la cascada Carilafquen. Dejamos las bicis
atadas a un amigo árbol, repartimos el almuerzo
que cada uno debería transportar hasta la costa
del lago y propuse un ejercicio:
-"Esta
es la penúltima vez que vamos a caminar por un
bosque antes de llegar a Buenos Aires. Propongo hacerlo
en silencio, para ir escuchando los sonidos del bosque."
La verdad que el grupo se porto bárbaro, ya que
pudimos escuchar el ruido del viento entre los árboles,
el crujir de los mismos, el sonido del chucao (ave más
oída que vista) y, a lo lejos, el rumor de la cascada.
En
un clima de paz y total armonía con la naturaleza,
arribamos a la costa del Lago Epulafquen (dos lagos, en
mapuche), donde se observa el cerro Los Angeles y el Escorial,
que se hunde en el lago.
El
almuerzo: jardinera con ingredientes. Queso, aceitunas,
palitos. Almorzamos y luego nos fuimos a conocer la cascada.
Nos internamos por un sendero de reciente apertura, que
nos dejó en cercanías de la cascada, que
es un pequeño salto oblongo que une los Lagos Carilafquen
y Epulafquen. En sus nacientes hay excelentes piletones
para nadar. Lástima el día frío,
algo ventoso y nublado. Recorrimos la cascada. No obstante
las condiciones climáticas imperantes, varios se
animaron a nadar en un piletón de agua transparente,
aguas abajo de la cascada, más protegido del viento.
"El agua no está tan fría", nos
dijeron.
Un
brindis para festejar
Luego
de un par de horas, desandamos el sendero caminado y regresamos
a las bicis. Continuamos el recorrido deteniéndonos
en El Escorial, que es un río de lava solidificada,
proveniente del Volcán Achen Ñiyeu ("lugar
que estuvo caliente", en el idioma de la gente de
la tierra) que se distingue nítidamente por su
forma cónica. Atrás de él se ubica
el Volcán Huanquihue (lugar que ladra, que suena).
El paisaje es muy extraño, con las formas retorcidas
y porosas de la lava tratando de ser colonizadas por el
bosque.
El
camino sigue prácticamente en sombra, constituyendo
uno de los tramos más atractivos del recorrido.
La siguiente parada sería la Laguna del Toro que,
por la ausencia de grandes nevadas, está prácticamente
seca. Dejamos las bicis y recorrimos el fondo seco de
la laguna, hasta un sector de grandes rocas.
Le
comento a la gente que allí había antes
una cascada, donde incluso yo me bañaba. Freddy
y Horacio agregan que el año pasado el agua llegaba
casi hasta la ruta. El Lago Curruhue Grande, Laguna Verde
y Laguna Escorial desaguan por el Río Escorial
al Lago Epulafquen, aunque no se ve el correr del agua
por que ésta pasa en forma subterránea,
debajo nuestro.
Nuevamente,
un corto pedaleo por el bosque hasta otra nueva parada.
Atamos nuevamente las bicis y descendemos a la Laguna
Escorial, que también está prácticamente
seca. Saltamos un arroyo que ha ido escarbando su cauce
en la arena volcánica a medida que la laguna se
fue secando, para ir caminando por una playa solitaria.
Se divisan los dos volcanes y la escoria de lava que seguramente
fue detenida por el agua.
La
ultima parada del día fue Laguna Verde, donde hay
un camping agreste (con sanitarios pero sin duchas) y,
como el camino es en bajada y está en buen estado,
es ideal para ir muy fuerte.
Montamos
el campamento a orillas del Río Curruhue, que también
está varios metros por debajo de su nivel normal
y también montamos una protección contra
la lluvia, que por suerte amenaza pero nunca concreta.
Tomamos
allí la clásica merienda. Pusimos a enfriar
las bebidas y realizamos las típicas tareas de
un campamento. Nuevamente, Freddy intervino para mejorar
la salsa para los fideos. Con hiervas, vino y pescado
se armó una segunda salsa, que estuvo para chuparse
los dedos. Mientras cenábamos viene el flaco que
cobra el camping. Se me acerca y me dice en voz baja:
-"Gustavo,
no es para alarmarte, pero fijate que un matrimonio está
asustado, porque su carpa está rodeada de ratas."
Y
nuevamente la solidaridad del grupo, que colaboró
con Oscar y Virginia corriendo la carpa del lugar elegido
a uno más cercano a nosotros y no tan metido entre
la vegetación. Llega la hora de la prevista caminata
nocturna por el bosque, pero las constantes amenazas de
lluvia impiden realizarla. Entonces, pasamos al brindis
con champaña y chocolates para festejar que todo
viene saliendo muy bien. Luego, el fogón y la ronda
de chistes.
Continuará...