|
¡Aventuras
en Moreno!
Andrea
Gómez Cello - Aventurera
Cuando
me dijeron que no había quién fuera a buscarme
cierto alivio provocó un suspiro ya que la tormenta
de Santa Rosa había pasado de largo y el invierno
resistía a retirarse de Buenos Aires. Sin embargo,
mi suerte quiso ser distinta y finalmente pasaron por casa
a las ocho de la mañana rumbo a Moreno: Domingo 1
de Septiembre: 3º
Carrera de Aventura en Moreno con trekking y mountain
bike. El pronóstico se había quedado bastante
corto (¿o será que uno ya está viejo
para las bajas temperaturas?) porque los seis grados que
suponíamos reinaban en la Reserva Ecológica
de la Municipalidad de Moreno Parque Los Robles
se sentía hasta en los huesos, para no ser escatológicos.
El
sol amenazaba con asomarse pero se quedó en amenazas
porque a las 10 de la mañana se fue para no volver,
con el consecuente entumecimiento de todas las partes del
cuerpo humano susceptibles de congelarse. En este escenario
natural muy bien cuidado y tapizado de gente yendo de un
lado a otro nos encontrábamos ese domingo para enfrentar
una de las carreras de aventura más emocionante,
difícil y divertida del año.
La
organización estuvo a cargo de los miembros del Club
de Corredores de Moreno que junto a su grupo de colaboradores
y diligentes asistentes llevaron a cabo con éxito
apabullante esta increíble carrera.
¡Largada!
Con
los antecedentes del frío intensísimo de los
días anteriores y la lluvia constante que cayó
hasta el sábado a la noche, los competidores mostraban
en sus semblantes cierta preocupación que no desmerece
ni al mejor gladiador. De todas maneras todos se bancaron
el congelamiento y agrupados en el claro del bosque realizamos
la cuenta regresiva.
El
grupo salió a una velocidad sorprendente y con una
fuerza tan arrolladora que apenas se pudo tomar una fotografía;
al siguiente segundo habían desaparecido. Pero detrás
de sus huellas quedó ese halo de energía vital
que los acompañó en cada tramo y donde nos
montamos para monitorear cada kilómetro de aventura.
Así,
recorrieron los primeros de los 15 kilómetros de
trekking bajo el fresco aire de los álamos y robles
que bordeaban el primer tramo. Todo venía bien hasta
que comenzaron a bordear la reserva. Ya no había
calle ni camino, sólo una huella marcada por Dios
sabe quién que al principio era durita y sequita
pero luego se transformó en un campo de arroz: agua
hasta las rodillas y juncos y yuyos altos sin ninguna manera
posible de encontrar tierra seca. Era de esperarse: una
carrera de aventuras no es tal si no tiene agua, barro y
pendientes. Además de superar, sin garrochas, las
enormes raíces que como manos desesperadas sobresalían
de la tierra y unas lagunitas que había que cruzar
varias veces con el agua a las rodillas (y no eran precisamente
aguas termales). Todo fuera por combatir el aburrimiento
de un trote rutinario.
La
etapa de mountain bike
El recorrido los llevó nuevamente al claro de la
largada, donde esperaban las bicicletas su turno de batalla.
Cascos, guantes, accesorios y tal vez cambio de estrategias
se entremezclaban en el parque cerrado mientras Elvio anotaba
los tiempos, Daniel impartía los retos correspondientes
y el público alentaba a sus ídolos. Un descanso
merecido para tomar un par de tragos de agua fresca que
entregaban las chicas al retomar el camino. Esto parecía
mucho mejor ahora. La bici te pone otras pilas, ¿viste?
Y así partieron a recorrer huellas que los llevaron
al terraplén vigilado en la primera curva por Pucho.
¡Qué linda vista de todo el dique! Allá
abajo, unas vacas bebían muy tranquilas mientras
en una canoa remaban holgazanamente.
A
pesar del fuerte viento y del frío intenso este tramo
se disfrutaba muchísimo. Pero todo lo bueno se acaba
pronto y una nueva huella con miles de pisadas marcadas
se transformó en una verdadera prueba de resistencia:
una libra de más en las cámaras y las partes
más íntimas del cuerpo lo lamentarían.
A este ritmo de foxtrox aventurero siguieron atravesando
un campo bajo un cielo encapotado y amenazador y luego un
bosque y más allá un puente donde Lito hacía
de guardia (escapándose un toque a ver
qué pasaba con Juan) para acometer de pronto con
una bajada en picada y arrasar a toda velocidad con una
pequeña laguna que no podía evitarse ni con
la mejor maniobra y las mejores indicaciones del Kaiser
según comentara Hernán Plohn. Una refrescada
siempre viene bien, ya tenían bastante barro del
casco para abajo. Un camino largo y sinuoso que parecía
no tener fin los llevó a encontrarse con un flaquito
temblando de frío quien señalaba hacia arriba:
sí, había que trepar. Gracias que no se le
ocurrió largarse a llover, con este frío nublado
ya había sufrimiento de sobra.
La
ventolera no se hizo amiga y soplaba con todo, pero se cargaron
las bicis al hombro y escalaron hasta la ruta. Al menos
al llegar arriba, mientras se acomodaban el casco y los
riñones podían tomar dos segundos de respiro
y observar una inmensa masa de agua planchada que se perdía
en el horizonte llevándose aquella ansiedad que había
dominado antes de largar. Mejor no empezar a preguntarse
¿qué cuernos hago yo acá?
y salir volando. Al menos un pedacito de asfalto para aliviar
la marcha pero... aquél gendarme no tenía
cara de buenas noticias: cinta roja y su mano hacia abajo,
¿otra vez? Y Juan gritaba desde allá abajo:
¡Por acá! y la pregunta de siempre:
¿En qué habrán estado pensado
cuando se armó este circuito? ¿Me bajo o me
tiro?.
Y
con la imagen de Tom en el giro de esa moto insuperable,
la empinada pendiente se esfumaba en tres segundos. ¡Cuidado
con la barranca! Era la otra indicación de
Juan y no sabemos todavía si tenía muchas
intenciones de evitar el blooper. Pero por más que
se pudiera evitar la caída a la barranca más
adelante enfrentaron otra vez la gracia favorita: bici al
hombro y agua hasta las... rodillas. Un nuevo camino los
llevó por el costado del terraplén del dique
hacia una entrada lateral de la reserva ingresando a una
zona construida y sorteando una tranquera para llegar por
una huella interior nuevamente a la zona de encuentro.
El
cross final
De
vuelta al parque cerrado nadie sabe precisar si es mejor
o peor bajarse de la bici... en el estado en que se llega
a esta instancia ya no queda mucho por pensar: o parás
o seguís. Los primeros llegaban velozmente y con
ansiedad desmedida por saber cuánto tiempo llevaban.
Tiraban las bicicletas, revoleaban los cascos, cambiaban
zapatillas y chocando a cuanto se cruzara por delante partían
sin saludar ni posar para las fotos. No faltaba más
que 7 kilómetros de trotecito para aflojar tensiones
y llegar triunfantes. La primera pareja robaba desde temprano:
Entresalta y pisándole los talones venía el
trío más famoso del circuito de Adventure
Race de Argentina: Team Argentina-Moreno. Y en unos minutos
un grupo renombrado que arrasaba la tranquera y aún
se tomaba algunos minutos para descansar un poco.
Comenzaban
a llegar después los verdaderos peleadores de esta
titánica aventura. Aquellos que se esforzaban duramente
por superarse, por mejorar los tiempos, por arrastrar el
compañero a cualquier precio. Un poco más
cansados, dudosos del aire que respiraban y hasta tambaleándose
del cansancio. Más de uno salió corriendo
adelante del grito: ¡Pará! ¡El
casco! Y había que regresar a quitárselo
y revolearlo como fuera. Las piernas temblando, el corazón
saliéndose del pecho, el compañero empujando
y la gente alentando son, en esos momentos, el único
sustento para continuar la aventura. La actitud mental y
una profunda convicción se convierten en la armadura
impenetrable que levanta los talones y los pone un metro
más allá y otro más.
Sólo
restaban unos kilómetros de trotecito para pasar
por el convento, rezar alguna plegaria y hacer un poquito
de calle alrededor de la reserva. A esta altura atravesar
el barro de un camino no era tanto desafío, más
bien como dice Pablo Bianchi en su relato: se parecía
a aquella época de infancia cuando nos calzábamos
las botas de lluvia y salíamos a pisar los charcos
y mojarnos despreocupadamente.... A esta altura no
importaba tanto ser los primeros, alcanzaba sólo
con llegar, con superar una meta, con saberse ganador de
sí mismo.
Y
sumergido en este tipo de pensamientos de pronto aparecía
bajo los pies una calle asfaltada que resultaba conocida:
la entrada al parque. Y la cinta roja marcaba el claro del
bosque donde los esperaba la arcada blanca. En esos últimos
metros, en esos últimos minutos finales de casi tres
horas de competencia arremetían como si alguien fuera
a pasarlos y alzando los brazos y abriendo sonrisas eran
recibidos por toda la gente.
El
final
Entresalta,
Team Argentina-Moreno, Escapes Lalo, Derby, Melli, Nacho,
Juan, Guille, Pablo, Julio y todos los demás conocidos
y famosos corredores de prestigio iban llegando frescos
como si hubieran ido hasta el terraplén a mirar el
agua. Bueno, Jorge encontró por alguna huella un
lindo desgarro en su pierna, pero llegar del brazo de Florencia
y Sebastián es un lujo que no cualquiera puede darse.
Un
ratito más tarde llegaron los luchadores de los que
hablábamos más arriba. Esos rostros tenían
sobre la piel el esfuerzo, el sudor, la fiebre del que intenta
un poco más; y el desgarro tal vez era interior pero
la cura viene del alma. Los abrazos cansados pero felices
y los epítetos propios de la ocasión eran
el marco de ese momento incomparable: los obsequios, las
fotos, el tiempo que se hizo y sobre todo el lugar donde
estaban las hamburguesas. Como
dijo Pablo Bianchi di Carcano: ... y el corazón
que se siente como si te dieran el oro en las olimpíadas...
Los
restantes continuaban llegando mientras ya un asador de
hamburguesas y ruedas despachaba a los hambrientos
más de una vez y cuando se acabaron las hamburguesas
siguieron los choripanes. En una íntima pero emotiva
ceremonia se entregaron los premios correspondientes. Claro
que el famoso trío ganador cedió el Primer
Premio a los segundos. Sebastián Tagle fue distinguido
con una placa ya que el Club de Corredores de Moreno lo
considera su padrino y Florencia Gorchs recibió
demasiados besos. Jorge Iacobbaccio rengueaba un poco pero
saludó a todo el mundo y Ricardo oficiaba de aprendiz
de locutor. Maroñas en cada detalle y la troupe de
asistentes controlando detrás de escena. El profe
Guindón se había ido perseguido por el frío
y se perdió los aplausos pero en la próxima
no va a poder escaparse.
Una
jornada friolenta pero atrapante, un bosque húmedo
pero inundado de buena onda, caras súper contentas
a pesar de las horas de sufrimiento nos hacen rememorar
ese dicho de Pablo: la única diferencia entre
un niño y un hombre es el tamaño de sus juguetes.
Los
premios, premios son. Aunque todos sabemos que el Premio
Mayor es el que se lleva para siempre, invisible bajo el
esternón, entre nuestros tesoros más preciados.
Dedicado
a los grandes portadores de pecheras grabadas con nombre
propio: Fuerza.
Nota:
e-mail:
andreamaat@hotmail.com
Toda
la información de las Carreras de Aventura en Moreno
está en el Informe
Especial que se publica en el portal.
|