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Enfermedad por Descompresión

Guillermo Ramón Gil - Experto Aventurarse

La enfermedad por descompresión, también conocida como bends en la literatura de habla inglesa, constituye una de las dolencias más graves que puede experimentar un buceador, deportivo o comercial. Afortunadamente, también es muy fácil de evitar, principalmente en el buceo deportivo.

Esta enfermedad consiste en la formación de burbujas de nitrógeno en nuestro organismo, en grados variables, como resultado de ascensos demasiados rápidos o de inmersiones excesivamente prolongadas.

El aire que respiramos está compuesto por un 20% de oxígeno y un 80% de nitrógeno, aproximadamente. Hay otros gases que, a los efectos de esta explicación, podemos obviar.


El aire que respira un buzo deportivo, es el mismo aire que se mencionó anteriormente, pero comprimido dentro de un cilindro de aluminio o de acero. Sus proporciones son iguales.



A medida que el buzo desciende, la presión que actúa sobre el mismo aumenta en proporción directa a los metros de agua que quedan por encima del buceador. Así, a 10 metros de profundidad, el buzo estará sometido a 2 atmósferas de presión: una de ellas es la presión atmosférica normal a nivel del mar y la otra es la que se suma cada 10 metros de agua aproximadamente. A 30 metros estará sometido a 4 atmósferas, a 40 metros, a 5 y así sucesivamente.

A nivel del mar, a 1 atmósfera de presión, el nitrógeno que respiramos entra y sale de nuestros pulmones sin ingresar prácticamente a nuestros tejidos corporales. En cambio, a medida que la presión aumenta, ese nitrógeno comienza a introducirse en nuestros tejidos y permanece en los mismos hasta que la presión disminuye es decir, hasta que iniciamos el ascenso. En esas condiciones, empiezan a formarse burbujas microscópicas que terminan eliminándose por los pulmones. Si respetamos las normas de tiempo y profundidad, sobre las que hablaremos un poco más adelante, la liberación de esas burbujas es absolutamente asintomática e inocua. Les pasa a todos los buzos deportivos, en cada uno de sus buceos, y no tiene ninguna trascendencia.

Si en cambio excedemos esos límites de tiempo y/o de profundidad, que ya explicaremos, aparecerá la enfermedad por descompresión. La misma puede tener distinta gravedad pero nunca es una enfermedad menor.

Para explicar mejor cómo se produce esta enfermedad vale el ejemplo de una bebida gaseosa agitada enérgicamente que se abre en forma brusca. Todos hemos visto lo que ocurre con su contenido y cómo aparecen miles de burbujas. Lo que en realidad ha ocurrido es que, al destaparla bruscamente, disminuyó la presión dentro de la botella y permitió que los gases contenidos en el líquido se eliminen rápidamente. En el buceo podríamos comparar al líquido con nuestro cuerpo y a las burbujas de la bebida con las burbujas de nitrógeno presentes en nuestros tejidos.

Conociendo su mecanismo de producción, es fácil deducir cómo evitarla. En la actualidad, gracias al estudio de muchos especialistas en medicina del buceo, se sabe que hay tiempos máximos y profundidades máximas, y que si nuestras inmersiones respetan esos tiempos y profundidades, la posibilidad de sufrir enfermedad por descompresión es casi inexistente. De esas experiencias, han surgido las actuales Tablas de Buceo que permiten calcular cuánto tiempo se puede permanecer a determinada profundidad con un margen razonable de seguridad.

Conocer el manejo de dichas tablas es fundamental para los buzos deportivos, aún en esta época en que se usan mucho las computadoras u ordenadores especialmente diseñados para esa actividad. Estos útiles instrumentos, como muchos otros, no son infalibles y únicamente conociendo bien las Tablas de Buceo se puede saber si los valores que da una computadora son razonables o decididamente equivocados.

Estos márgenes de tiempo y profundidad nos brindan referencias de máximos parámetros de inmersión. No obstante ello, no es aconsejable alcanzar siempre esos límites ya que hay factores tales como: frío, stress, estado físico inadecuado, ejercicio intenso y otros que pueden hacer que, aún permaneciendo dentro de esos límites, aparezca la enfermedad por descompresión. Sin embargo, en estos casos, no suele ser grave.

En resumen: es imprescindible planificar previamente todos nuestros buceos y tratar de no llegar nunca a los límites de tiempo y profundidad que nos indiquen las Tablas de Buceo. También debe tenerse en cuenta la existencia de factores que predispongan a la aparición de enfermedad por descompresión ya que su presencia hace que los valores obtenidos en las Tablas de Buceo se reduzcan aún más. Observando estas simples precauciones, como se dijo al principio, es casi inexistente la posibilidad de sufrir esta enfermedad.

Cómo detectarla precozmente, un factor fundamental para su tratamiento exitoso, lo veremos en otra nota.



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