Excursión al Cañón de la Escalera
Daniel
García Montes- Aventurero
Era
un buen sábado para caminatas. Elegí, entonces,
la zona del Cañón de la Huasteca, cerca
de Monterrey. La hora a la que inicié la caminata
fue tal vez la peor que hubiera podido elegir, ya que
eran las 12:00 y el calor ya era demasiado elevado. Como
originalmente sólo tenia intenciones de caminar
un par de horas, decidí comenzar a caminar a conocer
algunos de los lugares que esconde este complejo sistema
de cañones y montañas donde la verticalidad
domina el campo visual.
Llevando
como guía el mapa del INEGI (Instituto Nacional
de Estadística, Geografía e Informática
de México) de la región, caminé a
través del llamado Cañón La Escalera,
atravesando el poblado Buenos Aires. Para lo que se espera
de un sábado, creo que había muy poca gente
en la zona. Casi no vi escaladores, sólo un par
de grupos aislados en la entrada del cañón.
Pasando
Buenos Aires, dejé de ver personas. Comencé,
entonces, a escuchar los bellos sonidos del desierto,
el del viento entre los arbustos y los muy bellos producidos
por las aves. No sé si debido a la época
del año, pero a lo largo de todo el recorrido me
cruzaba con infinidad de mariposas.
Una
de las paredes del Cañón era una larga sucesión
de rocas asombrosamente verticales, lo que se acentuaba
por la casi ausencia de vegetación. En algunos
tramos se apreciaban alturas de, al menos, 100 metros,
sin una sola planta que cuelgue o crezca en la pared.
Ignoro
si existen rutas de escalada en la zona, pero definitivamente
el lugar presenta un potencial enorme para hacer big wall
(gran pared), con desniveles de al menos 300 metros en
las partes de mayor verticalidad. El problema es que para
llegar a esas paredes, no hay buenos accesos y a la mayoría
de los escaladores, por múltiples motivos, no les
gusta escalar muy lejos de los autos o caminos.
El
acercamiento
El
camino era un tanto pesado, formado por piedras de río,
redondas y pulidas, de tamaño variable, que dificultaban
la marcha. Por otra parte, era casi recto y con una pendiente
poco pronunciada, lo que me hizo extrañar el uso
de bastones.
Después
de unos cuatro kilómetros, ya en el Cañón
de las Escaleras, el camino daba a una puerta metálica,
al pie de unos monumentales peñascos que según
el mapa del INEGI, se conocen como Picacho La Botella,
en el paraje marcado como Loma Alta.
Rodeé, entonces, hacia el Sur esa propiedad y resultó
que tras la puerta y una cerca de alambre de púas,
aparecieron algunas casas y un Jagüey. Justo detrás
estaba el imponente Cañón al que, según
creo, se lo conoce como el de Guitarritas.
Hasta
ese punto, el camino era apto para autos 4x4 o MTB, pero
para acercarme al Cañón, subí por
veredas marcadas por ganado entre plantas espinosas de
muy diversas clases. Casi al llegar al punto más
alto, volví la vista y el paisaje que se presentó
ante mis ojos fue de verdad magnifico. Dominaba con la
mirada buena parte de la pared que forma el Cañón
de las Escaleras. Se observaban el Picacho del Águila,
que marca el camino hacia la entrada al Parque, y al fondo,
entre bruma y nubes, las innumerables cimas de la Serranía
de Chipinque. ¿Cómo expresar algo que con
palabras para describir la esencia de su belleza?
Un
reino de soledad
El
Cañón de las Guitarritas (llamémosle
así mientras alguien más lo confirma o desmiente),
que está entre el Picacho de la Botella, de 1800
metros, y el Picacho El Oregano, de más de 2000
metros, es estrecho y muy sinuoso. Desde la Loma Alta,
baja la vereda hasta el lecho seco del río. El
camino sigue en una sucesión de desniveles rocosos
y de trechos relativamente planos y llenos de piedras
pulidas de muy diversos tamaños.
Al
llegar, la única huella de presencia humana era
una tubería, no supe si de agua o de material eléctrico.
También había algo así como una cruz
tallada en una roca, al pie de una de las tantas curvas.
La cantidad de mariposas era impresionante y de muy diversas
especies. ¡Todo un espectáculo multicolor!
En
cierto punto el Cañón se dividía,
siendo la menor de las divisiones el llamado Cañón
de los Peyotillos. El camino principal daba hacia un lugar
marcado como Los Rodríguez.
Justo,
un kilómetro antes de llegar a dicho lugar, decidí
que era tiempo de regresar, ya que el agua comenzaba a
terminarse. Había llevado 3,5 litros y resultaron
insuficientes, y por mucho. Además, no llevaba
comida, salvo algunas barras de granola. Para colmo, las
nubes amenazaban con una tormenta de las buenas.
El
regreso
Al
regresar a Loma Alta, no deje de sentir que el Picacho
La Botella es asombrosamente parecido a Potrero Chico,
salvo que en esta última montaña hay mucha
más vegetación. Me sentí muy afortunado
de estar ahí, de haberme atrevido a salir después
de mucho tiempo de inactividad y de problemas de salud
que padecí (estuve incluso hospitalizado a causa
de una mal curada infección intestinal, con la
consiguiente deshidratación extrema).
La
obra de Dios se aprecia mejor en las cosas muy pequeñas
y en las cosas muy grandes. Y yo estaba allí, sentado
frente a una maravilla de su creación. Las escalas
temporales perdían sentido en la escala humana,
y alrededor de mí estaba la vida, aferrada a cualquier
hueco y de mil maravillosas formas, con espinas, capas
cerosas, grandes flores. Entonces el encanto se rompió,
a causa de un vehículo todo terreno que salió
de quién sabe dónde y que, con estrépito,
pasó por el camino algunas decenas de metros bajo
el nivel en el que yo me encontraba.
Emprendí
el regreso y comencé a sentir los efectos del esfuerzo
y el clima. Además, dada la hora, el camino se
me hacía difícil de recorrer entre tantas
piedras pulidas. No sé cuál era mi aspecto
al aproximarme a la zona turística.
Una
pareja me ofreció llevarme hasta la entrada al
Parque. Aún ignoro por qué me negué
a aceptar su ayuda. Hubiera sido menos pesado. Pero bueno,
a fin de cuentas, con insolación y todo logré
llegar a la entrada y tomar un taxi de regreso a casa.
Un baño de agua fría y un reparador sueño
me sirvieron para recuperarme de esta buena caminata.
Me prometí, "volveré pronto".
Daniel García pertenece al Grupo Alpino Pax.
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e-mail: daniel.garcia@corp.terra.com.mx
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