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Peregrinación al Glaciar de las Lágrimas
Esteban Facio
- Aventurero


Una de las historias que más me asombraron desde chico fue ésta, la de los jugadores de rugby uruguayos que lograron, luego del brutal accidente del Fairchild 227 de la Fuerza Aerea Uruguaya, sobreponerse al hambre, al frío, sobrevivir durante 72 días y literalmente atravesar los Andes para conseguir auxilio.

Durante el año que pasó (2002) estuve buscado información en internet, tenía dos referencias, una vendiendo la excursión, lo cual no estaba entre mis ideas, y la otra que encontré estaba en www.aventurarse.com, en la cual se contaba la travesía realizada hasta el Glaciar por el C.A.S.De. encabezada por Guillermo Tibaldi (experto Aventurarse). Logré contactarme con él y me dio información, consejos, etc. Fue así que conseguí la cartografía de la zona, cambié una vieja notebook por un GPS, y comenzamos a preparar lo que sería el trekking en sí.

Habiendo planteado mi propuesta entre unos amigos, conseguí que Néstor Moyano (de la ciudad de Dolores, Buenos Aires) se anotara, y más tarde se sumó Enrique Ricci (de Mendoza Capital).

En viaje

El mes de marzo nos encontró un poco atrasados rumbo al Glaciar de las Lágrimas. El miedo que más nos desvelaba era llegar a la zona y encontrarnos con un río Atuel mucho más crecido que lo normal, íbamos a entrar en la época de deshielos. El camino hasta el avión no iba a ser difícil de encontrar ya que contábamos con las coordenadas para el GPS y la huella por la que pasan las excursiones a caballo.

Viajamos desde Mendoza Capital hasta Malargüe y desde ahí a la localidad de El Sosneado a unos 140 kilómetros. Desde El Sosneado restan unos 40 kilómetros de ripio al Refugio Soler. Llegando casi al final del recorrido pasamos junto al Hotel "Termas", hoy abandonado y cubierto por un manto de misterio. Es interesante recorrerlo, pero con mucha precaución. Y también tomar un baño en las termas.

En el Refugio Soler comienza el trekking. El punto de vadeo está unos 3 kilómetros al norte del mismo. La soga recetada por Guillermo fue fundamental a la hora del vadeo, la misma era de 8 y un largo de 50 metros. Cruzamos así de isla en isla y con mucho cuidado, ya que el Atuel tira con muchas ganas. Existió la posibilidad de contratar a alguno de los pobladores de la zona para que nos cruce con caballos, pero sacrificaba un poco el espíritu del viaje. No hay que confiarse tampoco de los arroyos que siguen más tarde, el Barroso y el Rosado.

Después de vadear, y debido a los imprevistos, decidimos buscar el mejor lugar para acampar, comimos y antes de dormir nos tiramos a contemplar el maravilloso cielo de la cordillera, agradeciéndole a Dios el poder vivirlo.

La vegetación en esta zona es escasa y va desapareciendo aún más con la altura, igualmente pudimos conseguir algunas ramitas y reconfortarnos con el calor del fuego. Arriba las noches son frías, solitarias y tranquilas como solo en la montaña pueden serlo, eso que hace de las experiencias en estos lugares algo único.

Al día siguiente nos preparamos para comenzar a subir la primer falda que se ve al frente, una pequeña lomada que esconde en su interior el río de “Las Lágrimas”. Una vez arriba nos encontramos con la huella de los caballos, la misma que nos conducirá hasta los restos del avión, está muy bien marcada y desgraciadamente hay rastros de gente que no siente el mismo amor por la naturaleza que nosotros.

A mitad de camino

Siguiendo la huella cruzamos la Yesera, una formación de piedra blanca y arenosa. Mas tarde el "Arroyo Rosado". Seguimos caminando y llegando al "Barroso", confundimos el camino, pensamos que era el arroyo de "Las Lágrimas", erramos y en vez de vadearlo lo seguimos unos 2 kilómetros arriba, cuando se nos ocurrió prender el Gps, la flecha estaba clavada en el oeste, miramos la caída del río y corre de Norte a Sudeste. Nos dimos cuenta. ¡Estábamos siguiendo el Barroso!

Por suerte el GPS nos sacó de semejante error, ese día solo podíamos vadear el Barroso y hacer campamento del otro lado, con tanta buena suerte que encontramos el primer refugio (2500 metros) con las últimas luces del día. El mismo está escondido detrás de una gran roca, hecho de piedra y algunas maderas. Armamos la carpa (mediana) dentro del espacio de piedra y nos quedó inclusive un espacio para el fuego.

Al día siguiente solo nos restaba levantarnos temprano y caminar hasta el glaciar, teniendo como hora estimada de ascenso las 14:00 hs. Este último tramo se hace un poco más complicado y es el más lindo en cuanto al entorno. Nosotros caminamos con el equipo hasta el segundo refugio que está antes de vadear el Río de las Lágrimas. Aquí dejamos el equipo pesado y armamos las mochilas de ataque. Los paisajes que atravesamos en este tramo no tienen palabras para describirlos.

Luego de vadear el arroyo “Las Lágrimas”, el camino se pone un poco más difícil y peligroso, se asciende en unas dos horas unos 1000 metros, y hay que tener en cuenta que a esa altura se pueden comenzar a sufrir los primeros síntomas, y que se camina por cornisas de piedra que por momentos se abren a nuestros pies descubriendo que un solo error al pisar terminaría bastantes metros mas abajo, con resultados indeseables.

Llegamos...

Finalmente el camino se termina y a nuestros pies aparece parte del glaciar, imponente, cargado de nieve, rodeado de picos muy altos, con el valle que caminamos a sus pies, en su costado más cercano una saliente sin nieve de la montaña y tres pequeñas cruces.

Del avión poco se ve, ya que el glaciar lo ha ido cubriendo y como ya nos habían comentado, estos últimos años a habido mucha nieve. Solo un pedazo del ala y las cruces. En la cruz principal, pedazos de todo tipo así como parte de equipos, el VOR, fierros, chapas, placas recordatorias, recuerdos. Lo que más me llamó la atención fue un pequeño zapatito rojo que había en el altar.

Al pie de la cruz principal, la tumba, un circulo de piedra donde descansan los cuerpos, recé, pensé e imaginé como habría sido la vida allí arriba, donde el único sonido es el viento y el frío cala los huesos del más baqueano.

Contemplé por última vez los picos contra los que chocó el avión, también el glaciar por donde comenzó el descenso hasta el lugar donde finalmente se detuvo y donde los sobrevivientes pasaron el tiempo en la montaña. Emocionado caminé de regreso montaña abajo.

Solo al tiempo de mi regreso comprendí porque esto no es un simple viaje de aventura, sino una verdadera peregrinación.

 

 

Nota:

e-mail: efacio@marklam.net

Fotos, mapas y relatos en www.efacio.freeservers.com

Dentro del equipo las cosas que hay que remarcar son:

  • GPS.
  • Soga de 8 de unos 50 metros.
  • Cartografía de la zona: Usamos la carta topográfica de Risco Plateado, la misma se consigue en el Instituto Geográfico Militar (www.igm.gov.ar), bajo el Nro. de Hoja 3569-13. Es recomendable comprar un mapa satelital de la zona.

Puntos GPS:

  • Gral Soler: 34-45-43 S 70-04-10 W
  • 1 Parada: 34-44-17 S 70- 07-15 W
  • 2 Parada: 34-44-59 S 70-07-55 W
  • A. Rosado: 34-44-66 S 70-08-78 W
  • Yesera: 34-44-88 S 70-08- 52 W
  • A. Barroso: 34-45-62 S 70-11-68 W (aquí dormimos).
  • 1 Parada: 34-46-08 S 7012-43 W
  • 2 Parada: 34-45-52 S 70-12 26 W
  • 3 Parada: 34-45-90 S 70-15-30 W (CREO... aquí vadeamos Las Lágrimas, de allí van a empezar a subir de 3000 a 3700 más o menos).
  • Cruz Avión: 34.45.92 S 70-17-02 W

Agradecimientos: al experto Aventurarse Guillermo Tibaldi por toda la información que nos dió y a mis compañeros de travesía, Enrique Ricci y Pancho por haber confiado en esta aventura que parecía una locura más al principio.



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