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Expedición Invernal Vallecitos 2002,
parte I
Gabriel Esquivel - Aventurero

Cinco meses. Este es el lapso de tiempo que hubo desde la primera expedición al Cordón del Plata (Mendoza, Argentina) que integré en febrero y la segunda expedición al mismo lugar, en julio. Significó mucho para mi haber vuelto al mismo escenario, tras haber regresado a mi casa con un fracaso. No fue fácil de aceptar el fracaso en la cumbre del Cerro Plata, sufrir un edema periférico, ser abandonado en un lugar de acampe a 4200 metros de altitud por dos compañeros de expedición, quienes prefirieron intentar hacer alguna cumbre en vez de auxiliarme. Por suerte, esa vez me crucé con Cristian Ferrari, un andinista argentino que me ayudó a bajar con mi equipo personal y un grupo de andinistas españoles que regresaban de hacer cumbre y al observar que estaba afectado de edema periférico, me ayudaron a bajar y me llevaron hasta un hospital de Mendoza.

En julio de 2001, con un compañero, mientras asistíamos a un curso de montañismo en Tierra Sur, proyectamos armar una expedición al Cordón del Plata para intentar la cumbre del Cerro Plata (6000 metros de altitud). Esa fue mi primera experiencia en una expedición de gran magnitud, la que creí que sería fácil. Luego, la experiencia vivida me demostró que no fue así. Y volver con un fracaso de esa expedición fue el detonante para que en Buenos Aires me siente a analizar lo ocurrido y me prepare mejor, en fin, para corregir los errores.

Lo primero fue un duro entrenamiento en el gimnasio, alternado con salidas aeróbicas. Para ello, el instructor del gimnasio, un andinista, paracaidista y buzo de la Fuerza Aérea, me diseñó un programa de ejercicios y en cinco meses me preparé física y psicológicamente para encarar una nueva expedición invernal a Vallecitos, en el Cordón del Plata. Ni los consejos de mi instructor de andinismo, Pablo Bravo, hicieron efecto para que desista de ir a ese lugar en invierno. Los hechos me darían la razón. Invité al andinista Cristian Ferrari del Club Andino San Martín y al Dr. Hernán Pinto, quien tiene conocimientos de andinismo también, pero no fue posible que ambos se unan a la expedición por contratiempos que tuvieron. Sobre todo, me hubiese gustado que venga Hernán porque hubiese sido una gran oportunidad contar con su presencia, para llevar adelante algún estudio sobre el mal de altura, algo que ambos tenemos agendado para alguna expedición futura.

Con predisposición, organización, madurez, información adecuada del terreno al que iba (conocía el lugar), conociendo y respetando las limitaciones del clima del lugar, contando con un compañero de equipo, profesional, confiable y responsable, con las ganas de hacer cumbre, viajé a Mendoza a encontrarme con quien luego sería mi compañero de expedición a Vallecitos. Este es mi relato.

09/7/02 - La partida de Buenos Aires

Por la tarde viajé a Mendoza para encontrarme al día siguiente con quien sería mi compañero de equipo en la Expedición Invernal a Vallecitos: el andinista mendocino Daniel “Chino” Estebez. Así el equipo quedaba integrado: Daniel, cerca de recibirse de guía de alta montaña, integrante del equipo de carreras de montaña “Team Mendoza”, buzo, paracaidista, encargado del escuadrón pararescate de helicópteros LAMA de la IV Brigada Aérea Mendoza (con varios rescates en alta montaña, inclusive uno de sus amigos falleció en un helicóptero LAMA de la Fuerza Aérea que se estrelló en la pared sur del Plata), con dos cumbres en el Aconcagua (6962 metros de altitud), seis cumbres en el Cerro Plata (6000 metros de altitud), y expediciones a varios cerros. Por otro lado, quien suscribe, con poca experiencia en cumbres: Volcán Lanín, donde sólo llegué a 2900 metros de altitud, Cerro Tres Picos, Cerro Uritorco, Cerro Champaquí, Campamento “El Salto” -4200 metros- en el Cordón del Plata, entre otros, y con dos cursos de “Orientación, Navegación Terrestre y GPS” y “Trekking y Travesías de Montaña”, donde aprendí mucho sobre medicina de montaña. También soy traductor de inglés y el conocimiento de ese idioma me posibilitó establecer contactos con expediciones extranjeras cuando había estado en el Cordón del Plata en febrero último.

Llegada a Mendoza y ascenso al Cerro Arco

10 de julio. A las 10:30 hs. me estaba esperando Daniel en la estación de ómnibus y enseguida fuimos a su casa para comenzar con los preparativos de la expedición. Como sólo nos conocíamos por teléfono, comenzamos a contarnos sobre nuestras actividades de montaña. Yo hace pocos años que me dedico al andinismo y mi nuevo compañero me sobrepasaba por experiencia y años. De acuerdo a lo que hablamos, Daniel me dijo que antes de ir a hacer cumbre necesitaba probarme en algunos cerros cercanos a la ciudad (en la zona de precordillera) para observar mi evolución en la altura y resistencia física. Por la tarde fuimos al Cerro Arco, a pocos kilómetros de la ciudad de Mendoza.

Comenzamos el ascenso y a los diez minutos empecé a sentir el cambio de oxígeno en mis pulmones, debido a la diferencia de climática entre Buenos Aires y Mendoza. Superada esa situación, respirando profundamente por la nariz, en una hora llegamos a la cumbre. El camino tenía una suave pendiente de 30 grados, con algunos planchones de nieve del que debíamos cuidarnos de nos patinarnos. Luego, bajamos y nos fuimos a practicar escalada libre a una pared de roca cercana al lugar.

Ascenso al Cerro Aspero

Al día siguiente nos levantamos temprano, desayunamos liviano y partimos en dirección al Cerro Aspero, muy próximo al Cerro Arco. El recorrido desde la base hasta alcanzar la cumbre y con regreso incluido, nos demandó utilizar técnicas alternadas de trekking, ascenso, muy poco de escalada en un total aproximado de 30 kilómetros en más de cinco horas, según las estimaciones de Daniel. Este cerro fue una prueba para mí, porque el relieve, la abundante vegetación y los accidentes del terreno, no tenían nada que ver con el cerro Arco. Para llegar a la cumbre, los últimos cincuenta metros demandaron la utilización de técnica de escalada libre, por una peligrosa pendiente de 65 grados.

Una vez que regresamos a la base del cerro, Daniel me vio en perfectas condiciones físicas y me dijo que me veía apto para hacer alguna cumbre en Vallecitos. Ahora faltaba lo mejor.

12 de julio: Hacia el Cordón del Plata (Vallecitos)

El Cordón del Plata forma parte de la Cordillera Frontal Andina y comprende varias cumbres, entre ellas, la más alta es el Cerro Plata, de 6000 metros de altitud. Por sus características, el lugar es utilizado como escuela de Alta montaña y lugar de aclimatación por muchos montañistas argentinos y extranjeros para luego ir al Aconcagua. Por la mañana fuimos al negocio de Fernando Pierobón a alquilar grampones para Daniel y botas de doble propósito para mí. A las 14:00 hs., partimos en una combi alquilada en dirección al Cordón del Plata, a 80 kilómetros de la ciudad de Mendoza: iban, además de nosotros dos, Pablo Tapia y Gustavo Peralta (ambos guías de montaña locales) y Fernando, un rosarino amigos de ellos.

El conductor del vehículo que nos llevó, el gringo Stafolari, nos acompañó con mates durante el viaje de dos horas de duración, hasta que llegamos al Centro de Esquí Vallecitos, ubicado a 2900 metros de altitud, base de donde partiríamos con nuestra expedición. Luego nos dividimos en dos grupos, Daniel y yo salimos en dirección al primer sitio de acampe y los demás en dirección a otro cerro.

Llegada al campamento “Las Veguitas”

Al llegar confirmamos las versiones escuchadas en la ciudad de Mendoza. Unos guías de alta montaña que estaban en el centro de esquí, nos comentaron que, debido a la gran acumulación de nieve que había en el lugar, era imposible intentar hacer cumbre en los cerros más altos de ese sistema montañoso, entre ellos el Cerro Plata, Vallecitos y Rincón. Nos dijeron que había entre 1,50 y 3,00 metros de nieve acumulada. Debido a esto, muchas expediciones tuvieron que desistir de sus travesías, siendo que iban provistos de esquíes o raquetas para la nieve.

Como Daniel disponía de apenas tres días para hacer alguna cumbre, porque tendría un entrenamiento de carreras de montañas en los próximos días, fue decisión de él que intentemos hacer cumbre en algún cerro de más de 4000 metros de altitud y no nos arriesgáramos en tan poco tiempo a hacer cumbre en otros cerros de más altura, con el consecuente peligro del clima que había en puerta. Además, éramos sólo dos integrantes. Si uno de nosotros se accidentaba, el otro lo ayudaría, pero estaría faltando un tercer integrante, que en el eventual caso de una situación crítica iría en busca de ayuda. Por regla, es mejor ir a la montaña en grupos de no menos de tres integrantes.

El ascenso en el trayecto hacia el lugar de acampe “Las Veguitas” fue por nieve dura, debido a la temperatura de esa hora (17:00 hs.) y sin sol. A mitad del camino tuvimos que calzarnos los grampones, debido a que patiné y caí por el endurecimiento de la nieve. Afortunadamente, hice auto-aseguramiento con mi piqueta razón por la cual no fui a parar a un arroyo treinta metros detrás de mí.

Luego de unos veinte minutos, llegamos al sitio de acampe acordado y armamos la carpa en medio de un clima de viento y mucho frío. Por la noche, recogimos agua en un arroyo cercano y preparamos la cena, que consistió en una sopa de fideos bien caliente, té y galletitas de agua con salamín. Antes de dormir estudiamos en detalle y planificamos la travesía que haríamos. Debimos conformarnos e intentar la cumbre del Cerro Adolfo Calle (4300 metros de altitud) y/o Stephanek (4100 metros de altitud), por el riesgo que significaba intentar hacer cumbre en cerros más altos, donde nos expondríamos a posibles peligros. En fin, respetábamos la información que teníamos sobre el clima.

El momento de la verdad

Nos levantamos a las 09:30 hs. del sábado, juntamos agua para llevar en la travesía y desayunamos bien. Repasamos la lista de elementos con que íbamos equipados, alimentos a llevar, estima de tiempo en alcanzar la cumbre y llegada al campamento, etc. El itinerario sería: campamento Las Veguitas - base del cerro X - cumbre en el cerro X - base del cerro X - campamento Las Veguitas. Equipamiento: mochilas de ataque a la cumbre - piquetas - botas dobles - grampones - gafas/anteojos para sol - cartas de navegación del lugar (topográficas) - brújulas - TE Celular - botiquín de primeros auxilios - líquidos y alimentos ricos en hidratos de carbono (de absorción rápida).

Teníamos el estado físico y la aclimatación necesaria para comenzar un ascenso. A las 10:30 hs. partimos de Las Veguitas. Para esta travesía, yo me equipé con la siguiente vestimenta: primera y segunda capa de tela polipropileno (era con lo que yo contaba), tercera capa un buzo de polar y un cubrepantalón de tela Ultrex, y cuarta y última capa una campera de tela Ultrex. Cada uno portaba una mochila de ataque de 40 litros. Llevábamos también crema de doble protección anti-UVB para el rostro y lápiz de manteca de cacao para los labios. A Daniel le avisé donde llevaba mi teléfono celular, en caso de alguna urgencia.

Nos calzamos las botas de doble propósito y enseguida me di cuenta que las cintas de aseguramiento de mis grampones no alcanzaban a engancharse con la hebilla, porque la longitud de las mismas era corta. “¡No es posible!”, dije. Luego, Daniel me dijo que por estas cosas a veces se aborta una travesía. Con ingenio, mi compañero y guía extrajo un cordín de paracaídas que tenía en su mochila y solucionó el problema.

Cuando salimos del campamento había algo de nieve, pero al alejarnos ciento cincuenta metros en dirección a los cerros que elegimos ascender, la nieve acumulada se incrementaba. Seguimos viaje con buen clima a pesar de todo, con sol y sin vientos. A medida que nos alejábamos más de la carpa, comenzamos a cruzar por un terreno con mucha nieve, hasta llegar a la base de un acarreo de piedras nevado que nos llevaría a los cerros Adolfo Calle y Stephanek. A medida que caminaba sobre la nieve hasta llegar a la base de los cerros, debía regular mi respiración, debido a que cada paso que daba significaba ganar altura y era necesario respetar lo que mi organismo me decía… era necesario “escucharlo”. Esta es una de las premisas que todo andinista debe conocer y respetar en un ascenso. No debemos olvidar que a mayor altura hay una disminución de la oxigenación en nuestro organismo. Hay menos presión atmosférica en la altura y nuestro organismo, al verse limitado por esta situación, desarrolla mecanismos fisiológicos para la adaptación al medio ambiente en que está. Para subsanar esto, es necesario adaptar al organismo por medio de un proceso de aclimatación.

Así, fui regulando mi respiración, concentrándome en mi tarea y tratando de evitar la hiperventilación y de no repetir la mala experiencia que tuve cinco meses atrás, con los efectos del mal de altura, trastorno ocasionado por la falta de oxígeno, que produce asfixia cerebral y que se manifiesta por un dolor de cabeza, aceleración de pulso, fatiga respiratoria, náuseas y trastornos del sueño.

Daniel, conocedor del lugar me dijo que él abriría camino y que yo siga su huella. Así lo hicimos. Finalmente, llegamos a la base de los cerros. Llegaba el momento de la verdad.

Continuará...

 

Nota:
e-mail: explorer_hiker@hotmail.com

 

 



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