Ascenso al Volcán Lanín, parte I
Gabriel
Esquivel - Aventurero
Este
relato sobre el Volcán Lanín tiene un significado
especial en mi vida, porque marcó mi inicio en
el montañismo de media y alta montaña. Si
bien desde 1997 he ascendido cerros de menos de 3000 metros
de altitud e hice trekkings por algunos lugares turísticamente
conocidos y otros vírgenes de nuestro país,
la experiencia en esta expedición me hizo decidir
sobre lo que realmente me gusta. Explorar, conocer, ascender,
escalar, ganar más altura. Así fue que armamos
una expedición entre tres argentinos, un chileno
y un suizo: Daniel Lombardo, Guillermo Iglesias, Jaime
Romero Luengo, Franz y, quien suscribe, Gabriel Esquivel.
A ellos los considero mis padres en el andinismo, porque
si bien nos conocíamos de hacía pocos días,
ocuparon parte de su tiempo en enseñarme muchas
cosas de este deporte. Un factor importante de esta expedición
fue la camaradería y la comunicación que
hubo entre nosotros, fundamental a la hora de encarar
una actividad como el montañismo.
Hacia
la base del Volcán Lanín
Domingo
4 de febrero del 2001. Salí en ómnibus de
la estación de Retiro, en Buenos Aires (Argentina),
con destino a la ciudad de Neuquén, donde pasé
mi primera semana de vacaciones recorriendo Villa La Angostura,
San Martín de los Andes y, finalmente, Junín
de los Andes, punto de partida para viajar al Volcán
Lanín. A mediados de febrero, me dirigí
en micro hacia Tromen, un lugar a pocos kilómetros
del límite con Chile, en un campamento vecino a
la casa del guardaparques y de la Gendarmería Nacional.
A las pocas horas de estar asentado en el camping, conocí
a dos andinistas que estaban listos para comenzar el ascenso
al Lanín, a quienes les pregunté si podía
unirme a la expedición, ya que me encontraba solo
y tenía poca experiencia en montaña. Aceptaron
con la condición que siguiera el objetivo de su
expedición. A la misma se sumó otro andinista
que hacía 10 días estaba esperando ascender
con algún grupo. Así también lo hizo
un suizo de nombre Franz. A partir de ese momento el grupo
quedaba constituido.
Partida
de Tromen y ascenso al RIM-26
Terminamos
de chequear nuestros equipos (mochilas, bastones de trekking,
piquetas, piolets, crampones, abrigos, alimentos energéticos
para balancear el desgaste físico del ascenso,
agua para hidratarnos, etc.) y nos ubicamos para una foto
con nuestro gran objetivo como fondo. El punto de partida
fue el puesto fronterizo de Gendarmería Nacional
Argentina, donde registramos nuestra partida al guardaparques.
Luego comenzamos el trekking para atravesar un bosque
de lengas hasta cruzar el Arroyo Turbio (la base del volcán)
y encontrarnos con el filo de la ruta de ascenso llamada
Espina de Pescado ante la imponente y majestuosa imagen
del Lanín frente a nosotros.
Aquí
el terreno es rocoso, formado por afiladas piedras sueltas.
El día estaba soleado, con pocas nubes pero con
fuerte viento, lo cual nos llevó a decidir que
luego de ascender por el camino de Espina, tomaríamos
una bifurcación hacia la derecha por la ruta llamada
Camino de Mulas (de pendiente más suave). Así
fue que cambiamos nuestro itinerario, menos sacrificado,
más largo y esto nos ocasionó junto a Jimmy,
con quien estábamos en permanente comunicación,
los primeros síntomas de cansancio en nuestras
piernas. "Comienza como un anciano y llega como un
joven" le dije en alusión a quien quiere hacer
alguna cumbre. El trayecto demandó un gran esfuerzo
por caminamos sobre muchas piedras y rocas, donde hicimos
dos paradas obligadas para hidratarnos y alimentarnos.
Sobre
la nueva ruta en la que estábamos, antes del llegar
al primer refugio BIM, a 2350 metros de altitud y con
capacidad para quince personas, veníamos observando
la aproximación de nubes hacia nosotros y noté
cómo en dos minutos cambió el tiempo con
la presencia de ellas sobre nosotros. El sol desapareció
y el clima cambió, empezamos a sentir más
frío, el viento soplaba fuerte y una llovizna nos
mojaba, obligándonos a abrigarnos más como
precaución de otra eventual descomposición
del tiempo.
Una
vez que alcanzamos el refugio BIM, si bien nuestro objetivo
de la primera etapa era llegar al refugio RIM-26, elegimos
parar y descansar por las condiciones climatológicas
del momento. De pronto nos encontramos con la sorpresa
de que el mismo estaba ocupado en su totalidad por militares
de los ejércitos de Argentina y Chile. Por esta
razón, luego de descansar cinco escasos minutos
y ser invitados por la gente del Ejercito con un té
caliente que nos dio energías y nos hizo entrar
un poco en calor, seguimos nuestra ruta de ascenso al
RIM-26 (con expresa indicación de los militares
acerca de las ruta a seguir). Reiniciada la marcha, nos
encontramos repentinamente en medio de dos nubes, con
la temperatura que había descendido a casi 0º
C. en un minuto y enseguida comenzó a neviscar...
"Estábamos en medio de un viento blanco."
Aquí sentí realmente cómo esa nevisca
penetraba mi ropa y me hacía sentir el frío
en la piel y sobre todo "me molestaba".
Nos
preocupamos bastante porque se redujo la visibilidad.
Nos veíamos sólo a pocos metros de distancia
y debíamos encontrar un hierro que estaba clavado
en un lugar estratégico a modo de marca, que nos
guiaría por el camino final para llegar al próximo
refugio. Casi no nos podíamos ver entre nosotros.
Franz y Guillermo se adelantaron unos metros para encontrar
la marca, pero era imposible verla. El frío se
hacía sentir cada vez más. Entonces Daniel,
que había pedido la frecuencia de VHF de los militares
y la había memorizado (150.805 mhz), ante la urgencia
decidió llamarlos para pedir "indicaciones
y orientación". Estos nos respondieron de
inmediato y sugirieron que buscáramos reparo urgente,
que nos mantengamos en movimiento y no nos durmiéramos
porque una patrulla compuesta por tres andinistas de ellos
nos alcanzaría enseguida.
Nuestro
agotamiento físico tras siete horas de ascenso
casi ininterrumpido, los nervios, la inestabilidad del
tiempo y su progresivo empeoramiento, presentaban un escenario
algo desconcertante ante la situación. Sólo
quedamos expectantes a la espera de la ayuda. Hubo un
momento de falta de comunicación y nervios, bajo
un viento que soplaba con más fuerza, con Guillermo
y Franz adelantados. Guille nos gritaba muy nervioso que
sigamos ascendiendo y los alcancemos, nosotros le gritábamos
que era necesario quedarse a esperar, que la patrulla
estaba en camino y, para peor, Daniel, Jimmy y yo, que
estábamos juntos y más abajo que ellos,
teníamos el viento en contra. Escuchábamos
a Guillermo pero él no a nosotros, según
nos contó después.
Luego,
con un poco de mas visibilidad y con el viento que seguía
soplando fuerte, seguimos ascendiendo por una lengua de
nieve de 200 metros de largo, para ganar altura y posicionarnos
en un terreno más seguro. A los pocos minutos apareció
la patrulla y nos guió en medio de ese clima hacia
el refugio RIM-26, no sin antes cruzar por una angosta
y peligrosa senda de lajas sueltas al borde de una pared
de roca a 50 metros del refugio. Estábamos mojados,
con hambre y frío. Me acuerdo que cuando vimos
el refugio no lo podíamos creer. ¡El refugio!
-gritamos con alegría entre todos.
Primer
día en el RIM-26
Al
refugio llegamos cansados y mojados por la lluvia que
comenzaba a caer más fuerte aún. Eramos
nuevos huéspedes. En el lugar había dos
andinistas de Tandil, quienes al día siguiente
intentarían hacer cumbre. Calentamos agua e invitamos
con un té bien caliente a los integrantes de la
Patrulla. Enseguida, luego de despedirnos y agradecerles
la ayuda, nos cambiamos de ropa y preparamos la cena,
mientras acomodábamos nuestros equipos.
Guillermo
no sentía dos dedos de su pie derecho, así
que lo solucionamos mediante unos masajes para que recuperen
la circulación sanguínea. La lluvia que
estaba cayendo sobre el refugio se transformó en
una tormenta de gran magnitud, con vientos que comenzaron
a golpear en ráfagas la estructura del refugio.
Nos olvidamos de la tormenta y comenzó lo más
esperado por nosotros: una cena con fideos y salsa de
tomates bien caliente. Después llegó el
momento de acostarnos para descansar y al día siguiente
pensar y reponer energías.
Junto
a Jimmy, con quien habíamos entablado una buena
amistad, empezamos a contarnos historias de viajes y cuentos.
Ahí fui conociendo a quien con el tiempo llamaría
en forma afectuosa "Jimmy el Sherpa". Pero ésta
es otra historia.
Segundo
día en el RIM-26
A
la mañana siguiente nos levantamos a las 10:00
hs. con un día soleado. El clima del Volcán
Lanín es muy cambiante. Algunas expediciones se
ven complicadas por esta razón. Ese día
fue un descanso para nuestro grupo. Entre el desayuno
con mate, té, galletitas con paté y dulce
de leche empezamos a contarnos acerca de nosotros, nuestras
vidas. También empezamos a diseñar la segunda
etapa de la expedición, el día y el tiempo
para atacar la cumbre del volcán, entre otros detalles.
El día para nosotros fue de un ritmo normal en
el refugio, con salidas esporádicas para buscar
agua a un arroyo cercano y así hidratarnos bien.
Luego del almuerzo, Daniel tuvo la iniciativa de ir a
conocer el último refugio (C.A.J.A.) para conocer
el camino y el terreno que ascenderíamos el día
que hagamos cumbre.
Así
lo hicimos y para llegar al refugio C.A.J.A., cerca todavía
del RIM-26 tuvimos que ascender por una lengua de nieve
de 200 metros de longitud y rocas, donde aprovechamos
a practicar con nuestros crampones escalada sobre nieve
y también a conocer cómo cada uno de nosotros
respondía al patinarse sobre la nieve. Para una
eventual caída sobre nieve o hielo caminábamos
sobre ella hacia arriba, nos tirábamos sobre su
superficie e inmediatamente clavábamos nuestras
piquetas, auto-asegurándonos y frenando el desplazamiento
de nuestros cuerpos sobre la nieve.
La
nieve estaba muy fría, pero necesitábamos
chequear la seguridad personal y grupal de la expedición.
Lo hicimos bien. Salimos de la lengua de nieve y seguimos
ascendiendo con la técnica de escalada libre por
una pared de lajas donde teníamos que afianzarnos
bien buscando algún punto seguro de agarre porque
algunas de las lajas estaban sueltas. Así, luego
de cruzar esa pared seguimos ascendiendo con mucha precaución,
ayudados por nuestras piquetas y piolets, por una pequeña
pendiente de piedras y rocas, con mucho cuidado porque
en ese lugar hay muchos desprendimientos.
Llegamos
al refugio, ingresamos y no había nadie. Seguimos
ascendiendo por la misma pendiente hasta llegar a un lugar
que sería el punto de partida para atacar la cumbre,
una lengua glaciaria con más de 1000 metros de
longitud. Mirando en dirección hacia la cumbre
no se veía el final de la lengua, pero a no más
de cincuenta metros, detrás de nosotros estaba
el final de esa lengua, que terminaba en un precipicio.
Retornamos
al refugio RIM-26 y por la tarde llegó un alemán
de nombre Genz, con quien hablamos un poco. No conocíamos
cómo progresaba en algún ascenso o escalada,
no conocíamos su historial alpino o andino, pero
por su aspecto -quiero decir, su vestimenta- parecía
profesional. Lo invitamos a unirse a nuestro grupo para
hacer cumbre, y él aceptó la invitación.
Ahora la expedición estaba compuesta por seis integrantes.
Mas tarde preparamos la cena y nos acostamos. Esa noche,
no pudimos dormir bien.
Continuará...