Un peregrinaje a la patria del mountain bike
Mariano
D´Alessandro
- Experto Aventurarse
Tras
años de organizar travesías de mountain
bike en mi país, Argentina, decidí por fin
visitar la meca del ciclismo todo terreno: la región
de Moab, en Utah, Estados Unidos. El Estado de Utah no
es muy conocido fuera de los Estados unidos, y es precioso:
rocoso, infértil, pero con grandiosas maravillas
naturales, es el estado que reúne más parques
nacionales en toda América. Allí se encuentran
el Grand Canyon (Gran Cañón), Arches National
Park (Parque Nacional de los Arcos), Bryce Canyon National
Park (Cañón de Bryce), Canyonlands National
Park (Tierras del Cañón), Capitol Reef National
Park (Capitolio Arrecife), Lake Powell (Lago Powell),
Monument Valley (Valle de los Monumentos), Zion National
Park (Parque de Sión), y, por supuesto, la hermosa
ciudad de Salt Lake City, con su gran Lago Salado. Ese
fue mi punto de partida.
En todo viaje, el primer día es el indicado para
los desencuentros. Así fue como, apenas bajé
del avión, demoré más de una hora
en encontrar en las guías el único hostel
que había, me tomé un bus y me perdí,
luego perdí tiempo hasta darme cuenta de que los
taxis sólo venían si uno los llamaba por
teléfono, y tardé más tiempo en conseguir
moneditas para poder llamar alguno. Finalmente llegué
agotado luego de semejante trajín y preferí
dejar este primer día en el olvido. El plan era
pasar un día en Salt Lake City para luego alquilar
un auto que me llevara a Moab, la meca mundial para la
práctica del mountain bike.
Lo
más admirable de Salt Lake, una ciudad nada compacta
pero muy prolija y rodeada de montañas, es que
fue fundada por Brigham Young el siglo pasado, sobre un
desierto. En el 2002 será sede para las Olimpíadas
invernales, ya que cuenta con gran cantidad y calidad
de nieve en polvo, lo que la convierte en uno de los mejores
lugares del mundo para la práctica del esquí
y el snowboard.
Después de un paseo
por la ciudad, partí con mi auto alquilado, dispuesto
a recorrer las 250 millas que me separaban de Moab. Pasé
el día conduciendo entre cañones que me
recordaban a las películas del oeste, y crucé
con emoción el famoso Río Colorado. Como
iba tranquilo y disfrutando el viaje, llegué a
destino casi al atardecer, cuando el paisaje se volvía
aún más rojizo. Como bien dicen sus habitantes,
Moab significa aire libre. Las vecinas Montañas
La Sal, con sus picos aún cubiertos de nieve, contrastaban
con el panorama rocoso.
Luego de buscar, encontré un hostel ubicado en
las afueras de Moab, con aspecto rústico, para
viajeros de verdad. Esa misma noche, me costó romper
un poco el hielo e integrarme al resto de los huéspedes:
varios norteamericanos, un par de canadienses, Jeremy
de Australia y un sudafricano. La mayoría de ellos
había viajado hasta allí para hacer honores
a la actividad que más fama le dio a Moab: el mountain
bike.
Encontré
una gran influencia hispana e indígena en la región,
aunque de estos últimos no haya quedado mucho.
Mi objetivo era conocer la zona, para realizar en el futuro
alguna travesía, y de paso salir a pedalear. Al
día siguiente, después de un buen desayuno,
combiné con Jeremy para llevar su bici a reparar
y de paso alquilarme una para conocer el Slick Rock Trail,
el sendero de mountain bike más famoso de Moab.
Slick Rock Trail, el
desafío máximo
Con
todo el equipo listo, dejamos el auto en el centro del
pueblo y desde allí partimos en bici. Jeremy me
sugirió cargar agua, y al ver que yo llevaba sólo
una caramañola, me dijo "¡No! ¡¡Más
agua!!". Más tarde comprendí por qué
me lo decía. Desde el pueblo hasta la entrada al
sendero de ciclismo, donde hay guardaparques y control,
median quince minutos de subida exigentes, que generan
una buena entrada en calor. Por suerte el cielo no estaba
totalmente despejado, ya que el sol hubiera sido feroz.
Moab cuenta con un clima seco, con marcadas estaciones
de lluvia y sequía, y en primavera el calor ya
era duro de soportar.
Cuando finalmente llegamos, quedé azorado al ver
la cantidad de camionetas 4x4 y jeeps que había
en el estacionamiento. Habría más de doscientos
vehículos, en su mayoría llegados de diferentes
lugares de Estados Unidos, para hacer mountain bike.
Jeremy, mi amigo australiano, estaba imparable, y enseguida
me llevó a dar una vuelta de práctica antes
de entrar definitivamente al sendero.
El
terreno era de piedra colorada y áspera, con subidas
y bajadas constantes, marcado con líneas de pintura
blanca y muy exigente tanto a nivel físico como
técnico. La vuelta inicial tiene poco más
de una milla. Me resultó un poco pesada, ya que
iba al ritmo de Jeremy y soportando una bici alquilada,
y trataba de habituarme a este nuevo tipo de camino, que
no existe en Argentina. Grande fue mi sorpresa cuando,
a la primera parada, Jeremy me dijo "bueno, ahora
comienza el verdadero sendero que tiene doce millas!!"
El Slick Rock Trail (aproximadamente
"camino de la piedra lisa") es un lugar impactante.
Recibió su nombre de los primeros pioneros de la
zona, ya que el terreno, compuesto parcialmente de piedra
arenisca de Navajo, corroída en las formas redondeadas,
resultaba liso bajo los cascos de caballo. Sin embargo,
no resulta igual bajo las ruedas de una bicicleta. El
circuito deportivo fue creado por los motociclistas de
off-road, y descubierto años después por
los amantes del ciclismo todo terreno.
Mi amigo australiano llevaba
quince días allí; prácticamente conocía
de memoria el Slick Rock Trail. Poco a poco le fui tomando
la mano, y allí comenzó el verdadero placer
de conducir la bici por medio de un camino que ofrece
una sorpresa a cada instante. Había momentos donde
uno necesitaba grandes cualidades técnicas; enseguida
venía una subida como para llegar a doscientas
pulsaciones, y luego un descenso en un tobogán
de 40 metros, todo resultaba increíble. El terreno
no se parecía a nada que hubiera recorrido antes
en bicicleta. Además, cada subida regalaba maravillosas
vistas sobre el Río Colorado, los cañones,
las montañas y el pueblo de Moab.
El
Slick Rock Trail es el ombligo del mundo para los amantes
del ciclismo de montaña, que recorren cada rincón.
Muchos no están preparados técnica y físicamente
para semejante desafío, y se los ve por los caminos
luchando con sus bicicletas. Este no es un circuito para
principiantes; las autoridades del lugar advierten que
es imprescindible llevar casco, mucho agua, protegerse
del calor y tener dominio previo de las técnicas
del mountain bike. El Slick Rock Trail realmente exige
un gran desempeño físico. ¡Decir que
tomamos agua es poco!! Entre los dos tomamos seis litros,
y aun así siempre estaba esa sensación de
necesitar más, así que este es uno de los
consejos más importantes. El almuerzo se compuso
de barras de granola con un conjunto de frutas secas y
pasas de uva, consumido en un lugar privilegiado: un anfiteatro
desde el que veíamos el río Colorado y el
cañon que de a poco comenzaba a formarse, en medio
del paisaje desértico y rojizo de Utah.
Hicimos un descanso luego
del almuerzo, que aún así no me resultó
suficiente, y retornamos cada uno en diferentes momentos.
La vuelta entonces resultó más divertida
y placentera que la ida, ya que podía volver a
mi ritmo y habiendo ganado más dominio de la bici
en este terreno. Las vistas de los cañones se ponían
a cada momento más impresionantes.
Atardecer en los Arcos
Nos
encontramos con Jeremy en la bicicletería, para
devolver la bici que yo había alquilado y hacer
una buena elongación. Después de una ducha
nos encontramos con otros dos amigos del hostel y surgió
otro programa: visitar el Arches National Park, ubicado
a sólo quince minutos de ruta, para ver el atardecer
sobre el Delicate Arch, un arco natural de más
de doce metros formado por la erosión del viento
y el agua.
El Arches National Park es lo más parecido que
vi a estar en otro planeta. Allí se preservan más
de dos mil arcos naturales de arenisca, junto a una variedad
única de formaciones geológicas. Millones
de años de historia de la tierra se exponen ante
los ojos del visitante. Las extraordinarias características
del parque incluyen piedras en equilibrio, formas de aletas
y pináculos, en medio de un paisaje llamativo,
embellecido por texturas y colores contrastantes.
El
área llamada "las montañas" guarda
miles de marcos diferentes para apreciar la belleza de
las montañas La Sal, en el horizonte. Es difícil
decir cuál formación resulta más
impactante: el Doble Arco, la Piedra Movediza, el Arco
del Paisaje. Sin embargo, todos los visitantes coinciden
en un punto: quien no ha visto el Arco Delicado (Delicate
Arch) no ha estado en el Parque. Este arco es la más
famosa imagen de Utah en el mundo.
Ya en el lugar hicimos
un trekking de más media hora para acceder al Delicate
Arch, y el espectáculo fue deslumbrante. El arco
se encuentra en el borde de un gran anfiteatro de arenisca
navaja. Allí encontramos a más de veinte
personas de diferentes edades, sexos y nacionalidades
sentados silenciosamente en el suelo. Todos esperaban
ese momento clave en el que el sol se pone iluminando
el arco, quien devuelve con todo su esplendor un matiz
de vivos rojos fuego, naranjas y ocres. Fue un momento
de fuerte intensidad espiritual que dejó a todos
sin aliento. A nosotros, exactamente, la paz que necesitábamos
después de la enorme producción de adrenalina
del mountain bike en Moab. Había sido un día
de contrastes.