El Zambezi: río de dos caras
Mariano
D´Alessandro
- Experto Aventurarse
El
mítico río Zambezi, en el corazón
de Africa del sur, corre durante cientos de kilómetros
formando la frontera natural de Zambia, a la que separa
primero de Botswana y más adelante de Zimbabwe.
Adorado durante siglos como un dios, el río es
cambiante y presenta distintos motivos de admiración
a lo largo de su curso. En este punto, forma la caída
de agua más importante del continente, las indescriptibles
cataratas Victoria (o Victoria Falls). A partir de las
Vic Falls, el río genera los rápidos más
adrenalínicos del mundo; se lo conoce por eso como
"poderoso Zambezi", y es la meca de los amantes
del rafting y el kayak. Sin embargo, a medida que corre
hacia el Océano Indico, el río se ensancha
y se convierte en un pacífico santuario natural.
Ya
llevaba cerca de una semana en Africa cuando llegué
a Zambia, el plato fuerte de mi viaje. Estaba integrando
un safari internacional con intenciones de conocer por
dentro el Africa profunda. Nos acercábamos al mítico
río Zambezi cuando llegamos con mucho calor al
Gwabi Lodge, un campamento con pileta cercano al pueblo
de Chirundu, a orillas del río Kafue y cercano
a su confluencia con el Zambezi. El plan para los siguientes
tres días era un increíble canoeing por
el río. Desde Chirundu hasta la frontera con Mozambique,
el Zambezi desciende apenas 42 metros en una distancia
de 150 kilómetros, de manera que fluye muy lenta
y suavemente a través de su amplio valle. Esto
lo hace ideal para el canoeing, que permite convivir de
cerca con los más impactantes exponentes de la
fauna salvaje africana.
Debíamos
tener una charla instructiva para tomar todas las precauciones
necesarias. Durante la charla me enteré de que
el hipopótamo, quien sería nuestro vecino
por las siguientes jornadas, es el animal que más
muertes humanas ha causado en África, y para que
no tuviéramos dudas nos mostraron una canoa literalmente
partida por la mitad por el ataque de uno de estos simpáticos
animalitos. Los hipopótamos pueden llegar a pesar
2600 kg si toman la sopa; los ocupantes de aquella canoa
se salvaron de casualidad de una muerte casi segura. Cuando
estábamos todos pálidos y con la presión
baja pensando en qué dolor aducir para abortar
la misión, los guías nos explicaron cuáles
eran las precauciones que debíamos tomar para que
el viaje en canoa fuera inolvidable, y por buenos motivos.
El resto de la tarde sirvió para acomodar el equipo
personal que íbamos a necesitar en los días
que durara el canoeing y para disfrutar de un lindísimo
crepúsculo tomando una cerveza en la pileta del
Gwabi Lodge. Comprobamos que en el sur de Africa se toma
cerveza hasta con las medialunas.
A merced de la corriente
A la mañana temprano equipamos las canoas. Cuando
John y Angie, los australianos del grupo, intentaron subirse,
la canoa hizo una media vuelta campana y los pasó
por agua. Los demás no sabíamos si reír
o llorar, porque en el río se necesita mucho control
sobre las canoas para sortear cualquier tipo de peligros
y este no era el mejor de los augurios.
Finalmente
vencimos los primeros temores, subimos a las canoas y
comenzamos la travesía. De a poco se fue convirtiendo
en algo no tan difícil y sí muy divertido;
los primeros cinco kilómetros sirvieron para maniobrar
y practicar. Todos íbamos de a dos. A mí
me tocó formar equipo con una chica escocesa a
la que todo le causaba miedo; como dirigía todas
las maniobras, le quedó el título de "capitán".
En este primer día no fue importante el avistaje
de hipopótamos. Cuando nos cansábamos de
remar uníamos las canoas y dejábamos que
nos llevara la corriente; esto nos permitía tomarnos
el tiempo para ver el río con sus diferentes paisajes.
Desde las orillas, los pescadores nos saludaban todo el
tiempo y fui aceptando de a poco la increíble sensación
de estar en un lugar tan lejano y salvaje, África.
Entre hipopótamos
y elefantes
Por
la tarde llegamos a la isla donde plantaríamos
el campamento. Después de armar las carpas nos
fuimos a caminar con Addo, un guía de Zambia, quien
nos explicó diferentes aspectos del ecosistema
que rodea al Zambezi. Enseguida nos topamos con la primera
sorpresa: la impresionante osamenta de un elefante. Un
poco más tarde, ya en el campamento, me senté
a observar otro genial atardecer; veía a los últimos
pescadores volviendo a sus chozas y escuchaba la orquesta
que generan los hipopótamos en el crepúsculo.
En eso estaba cuando me llamó sigilosamente uno
de los guías sudafricanos para mostrarme una manada
de seis elefantes, que pasaban tranquilamente ¡a
sólo cuarenta metros!
Esa noche la advertencia fue clara: aunque no estuviéramos
en una reserva natural, el lugar donde acampábamos
bien podía estar lleno de fauna salvaje. Hasta
para ir al baño, no debíamos alejarnos más
de diez o quince metros de las carpas, y menos aún
de noche. Esa noche tardamos siglos en dormirnos, ya que
escuchábamos rugidos de leones, hienas, elefantes
y hasta los pasos y respiración de los hipopótamos.
No queríamos ni pensar a qué distancia estarían;
solo el hecho de que el "hipo" se sentara sobre
la carpa daba terror.
Durante
los siguientes dos días estuvimos en el agua bien
temprano, desde las siete de la mañana hasta las
cuatro de la tarde. Tuvimos que tomar precauciones con
las quemaduras solares, y todo se puso más complicado
a causa del viento en contra y la cantidad de hipopótamos
que debíamos ir sorteando. Luego de una jornada
muy exigente a nivel muscular, llegamos a Fisherman´s
Island, una isla solitaria al margen del río donde
el canoeing terminaba. Desde allí contemplamos
otro de esos increíbles atardeceres que caracterizan
a Africa. Al día siguiente regresamos al Gwabi
Lodge en lancha; las canoas viajaron enganchadas.
Victoria Falls: quinientos
millones de litros de agua por minuto
Continuamos la excursión por tierra, en dirección
contraria: subimos a un camión y partimos remontando
el río. Nos dirigíamos hacia el famoso puente
internacional Livingstone-Victoria Falls. Entrando en
Zimbabwe, me sorprendí al ver las increíbles
cataratas, que despiden un rocío que de a poco
nos obligaba a utilizar los limpiaparabrisas. Otra gran
sorpresa fue ver babuinos (pequeños monos africanos)
por todos lados: en los techos de la aduana, en el estacionamiento
y hasta en los baños.
Resulta
impresionante la increíble cantidad de turistas,
especialmente europeos y australianos, que visitan este
pueblo en cualquier época del año. Aquí
se encuentran las Victoria Falls, las cascadas más
importantes de Africa, de ciento ocho metros de caída
máxima y un kilómetro y medio de ancho.
Deben su nombre a David Livingstone, quien las bautizó
así en honor a la reina Victoria de Inglaterra.
De cualquier manera y con el mismo valor los locales las
llaman "Mosi oa Tunya", que quiere decir humo
que truena. El nombre está bien ganado: las increíbles
columnas de vapor de agua, que se ven desde muy lejos,
desde cerca producen una lluvia torrencial; el estruendo
constante que se escucha desde ocho kilómetros
a la redonda se debe a los quinientos millones de litros
por minuto que caen desde más de cien metros de
altura.
Conseguimos un mapa de las cataratas y a medida que nos
acercábamos increíblemente veíamos
a todo aquel que cruzáramos en nuestro camino totalmente
empapado. Las cataratas desde cerca son sencillamente
espectaculares. Con ellas como centro de atención,
se pueden hacer infinitas actividades en la zona. Mountain
bike, helicóptero o ultraliviano son otras opciones
válidas para conocer "la catarata del diablo",
"las cataratas del arco iris" o "el punto
del peligro" en las Vic Falls. Para quien busque
una opción diferente, también se puede pasar
una jornada entera en alguno de los espléndidos
parques nacionales que hay en estos países y en
Botswana, cuya frontera se encuentra muy cerca, con reservas
de fauna realmente asombrosas: elefantes, jirafas, búfalos,
cebras e impalas en su medio natural.
Deportes extremos en
el Zambezi
El
poderoso Zambezi es la meca mundial de los amantes del
kayak y el rafting, pero no se recomienda para principiantes.
Está considerado como el río de aguas blancas
más exigente y peligroso del mundo; al momento
de mi estadía estaba cerrado para los deportistas,
a causa de los accidentes mortales que se habían
producido debido a su gran caudal de agua. Para navegarlo
hay que planificar cuidadosamente en qué época
del año se lo visitará.
El
lugar también ofrece el bungee jumping más
alto del mundo, desde el puente que une a Zambia con Zimbabwe:
ciento once metros de caída libre sobre el río.
¡Adrenalina asegurada! Se trata nada menos que del
histórico puente de Livingstone, que bien vale
como paseo aún para los que no se animen a saltar.
La vista desde allí es única, ya que se
ven las dos caras del Zambezi. Hacia una dirección
se obtiene un panorama privilegiado de las cataratas;
hasta allí el río fluye manso, tranquilo,
de casi dos kilómetros de ancho y lleno de peces,
cocodrilos, hipopótamos, elefantes y águilas
pescadoras. Pero las Vic Falls lo cambian todo. Al darles
la espalda desde el puente, se divisa su obra: un río
salvaje y encañonado de apenas 200 metros de ancho,
donde el agua corre haciendo olas y espuma, desafiando
con su energía a todo lo que se encuentre a su
alrededor. De algún modo, las dos caras del salvaje
río Zambezi son una muestra representativa del
espíritu de Africa.