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Travesía de windsurf en el Mar Caribe
Cuaz
- Colaborador Aventurarse


Corría el año 1999 y me proponía un nuevo reto: realizar una travesía de windsurf (tabla con vela) en el Mar Caribe, para llegar a la Isla de Cuba. El plan era navegar desde Cancún o desde Cozumel y en principio, junto al equipo de trabajo, teníamos en mente realizar la misma el 8 de agosto, pero eso dependía de muchos factores: clima, mi entrenamiento, embarcaciones y los frecuentes detalles que aparecen en un proyecto como este.

Con todas las ganas comencé el entrenamiento en Cozumel, supervisado por Nilo Dzib y Raul De Lille, ambos originarios de la isla y reconocidos mundialmente en el medio del windsurf por sus logros internacionales. De más está decir que estaba en manos de expertos que han ganado campeonatos mundiales y medallas de oro en Panamericanos.

Los entrenamientos desde un principio fueron muy fuertes. Empecé entrenando de una a dos horas diarias, para pasar a 4 o 5 horas. Aspiraba a las 8 horas diarias.

Todo se estaba preparando. Planeaba utilizar dos tablas y tres velas. Una tabla corta para cuando el viento fuera fuerte y una tabla larga para cuando el viento fuera poco. Lo mismo con las velas, las chicas para mucho viento y las grandes para poco viento.

Entrenamiento y preparativos

Mientras continuaba con los entrenamientos y se acercaba la fecha prevista intentábamos solucionar detalles como el trato con los barcos de apoyo, y la entrada a Cuba para la fecha prevista. Mientras tanto, cada vez me sentía más seguro sobre la tabla de windsurf. Cuando empecé los entrenamientos a finales de mayo, pasaba más tiempo en el agua de tanto caerme y tratando de levantar la vela. Con el correr de los entrenamientos, y aún cuando me faltaba técnica, logré lo necesario para encarar la travesía.

A partir de eso tuve la oportunidad de disfrutar algo nuevo. Por ejemplo, cuando vas a toda velocidad es una sensación impresionante. El viento empuja la tabla y esta se despega dejando únicamente la parte trasera deslizándose rapidísimo. Se pueden alcanzar hasta los 100 Km/h., que en el agua significa, claro, muchísimo.

Así seguía la cuenta regresiva. Cada día me sentía más seguro. Llegué en algún momento a entrenar de 6 a 8 horas por día, al menos cuando hubo viento que por momentos fue escaso y no me permitió salir más de dos horas. Luego se tuvo que posponer para la primera semana de septiembre, entre el 1 y el 5. Eso lo solicitaron las autoridades cubanas, específicamente el Guarda Costas Nacional de Cuba, porque en esas fechas se les facilitaba más la operación del evento.

Así se iba definiendo todo. El entrenamiento y los preparativos resultaron una aventura en sí misma, y me demandaron meses de concentración y esfuerzo. Eso sin contar satisfacciones tales como cuando me tocó navegar cerca de un grupo muy grande de delfines (eran como treinta) justo enfrente del centro de Cozumel. Fue una experiencia inolvidable. Incluso, uno bastante grande se lució con un gran salto frente a mí, como a 10 metros de distancia. Esa es una de las experiencias que puedo contar, pero son muchas más y lo cierto es que varias veces navegué con su entrañable compañía y con las de otras especies como bonitas de tortugas y algún que otro cocodrilo.

El viento decide

Todo había valido la pena. Ya estaba en el momento de la verdad. El día 11 de septiembre, a las 6:19 partí de las costas de Cozumel, en Quintana Roo, para realizar por primera vez el cruce en tabla de windsurf de México a Cuba.
Durante toda la travesía el viento no fue lo suficientemente fuerte para alcanzar la velocidad esperada. Habían pasado 10 horas ya, cuando entré en estado de agotamiento. Eran las 16:35. Se decidió continuar en relevos, como estaba previsto en caso de no lograr resistir tanto tiempo y Nilo Dzib, continuaría la travesía.

Finalmente la travesía debió cancelarse. No se logró llegar a Cuba debido a que el viento siempre fue débil. Después de esas 10 horas de navegación, sufrí deshidratación y agotamiento. La excelente organización de la expedición permitió una atención inmediata. Mientras me encontraba recuperándome en el camarote, el equipo técnico evaluó la posibilidad de continuar la travesía hacia Cuba, utilizando relevos. Finalmente se optó por regresar a Cozumel.

Desafortunadamente, el clima no nos ayudo. El día anterior, el pronóstico meteorológico había anticipado vientos de 10 a 15 nudos, lo que era perfecto para mí. Pero el día del evento el viento máximo fue de 8 nudos y solo duró 20 minutos. La mayor parte del tiempo corrió a una velocidad promedio de 4 nudos. De haber continuado la travesía con esas condiciones nos hubiéramos tardado más de 30 horas y, pues, no era el caso. No hay que hacer necedades, así que decidimos cancelar. La falta de viento y exposición al sol por mas de 10 horas provocaron que me deshidratara, gracias a Dios y a la adecuada atención médica que recibí en el momento en pocas horas me recuperé.

Nos sirvió y aprendimos mucho de esta experiencia; seguro que lo volveré a intentar. No sé la fecha exacta porque tengo otros retos que cumplir. Pero, en algún momento encontraré tiempo para volver a intentar navegar de México a Cuba.

 

Nota:

Para conocer más sobre Cuaz
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