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Parapente
Travesía de la Nueva Era en Chile

Daniel Crespo -
Colaborador Aventurarse

Las travesías largas parecen estar casi siempre destinadas al montañismo, al ciclismo y, en menor medida, a actividades como el kayak o el esquí. Pero esta vez le toca el turno al parapente. La Travesía de la Nueva Era, tal como se la denominó, es el nuevo desafío del equipo de acrobacia SAT (Safety Acro Team), integrado por varios de los mejores exponentes de la especialidad en todo el mundo. Se trata de un viaje por tierras chilenas para vivir casi 30 días a puro vuelo y acrobacias, recorriendo gran parte del territorio de ese país. Además, en su recorrido transmite todo lo que acontece, tanto en lo que a vuelos se refiere como desde el punto de vista humano.

La aventura comenzó el día 15 de enero en la capital, Santiago de Chile. Allí se encontraron Pablo López (Argentina), Félix Rodríguez (España), Bárbara Uranga (Argentina), Ricardo Parot (Chile), Hernán Pitocco (Argentina), Daniel Crespo (Venezuela), Raúl Rodríguez (España), David Eyraud (Francia) y Peter Brinkebi (Suecia). Comenzaba así el largo viaje, por meses soñado. El mismo incluiría vuelos en diversos ambientes como montañas, desiertos y la costa del Pacífico, desde el extremo norte del país hasta la ciudad de Pucón, en el sur.

La travesía, aún en marcha, finalizará precisamente en Pucón, el 18 de febrero y con exhibición de acrobacia incluida. El venezolano Daniel Crespo -el Pana- relata, con lujo de detalles, esta emocionante aventura en tierras chilenas. Así lo cuenta:

Los vuelos en Antofagasta

26 de enero

Tras una extenuante semana jugando en las dunas iquiqueñas, nos dirigimos hacia Antofagasta, unos 400 km al sur, donde se lleva a cabo la Competición de Aladelta y Parapente Zircosur. Nuestra sorpresa al llegar fue que dormiríamos en un alucinante hotel donde podríamos recuperarnos, descansando a gusto, y de paso "conectarnos" con el mundo vía Internet. Los días anteriores han sido muy moviditos y hoy por hoy estamos durmiendo un promedio de 4 horas diarias. ¡Es que hay tantas cosas por hacer y descubrir que dormir resulta inapropiado!

Pensábamos participar en la competición pero al final decidimos continuar en la misma línea y dedicarnos a la acrobacia, que en definitiva es la inspiración de nuestro grupo, especialmente en esta travesía.

Con un desnivel de 200 metros el despegue de Antofagasta ofrece un vuelo laminar, idóneo para hacer wagas y freestyle, y eso fue a lo que nos dedicamos ayer. Jugamos en las lomas de la cresta, haciendo pasadas rasantes y ajustando el control de la velocidad. A medida que transcurría el día, el viento fue en aumento hasta ponerse muy duro (sobre los 35 km/h). Fue entonces, cuando nos dirigimos a la playa y nos pusimos a ensayar los llamados "giros de la muerte". Pero esta vez lo hicimos con bastante margen pues aquí el mar tiene unas olas muy grandes y la idea de caer al agua no seduce en lo más mínimo.

Tras una tarde descansando nos reunimos y planificamos dos cosas: mañana iremos a volar a Hornitos, un lugar que nos han recomendado fervientemente y el domingo, justo antes de despedirnos de este lugar, pasaremos la tarde y la noche en La Portada, una hermosa formación natural en forma de arco que se encuentra en una zona de acantilados a corta distancia de Antofagasta.

27 de enero

Para llegar al despegue de la mina desde Antofagasta, tuvimos que desplazarnos una hora, subiendo desde la costa y atravesando el desierto con cautela y sin apartarnos de la ruta establecida, pues la zona esta regada de minas, un regalo de las fuerzas armadas y viejas reminiscencias bélicas.

Pero desde luego que valió la pena subir y nos quedamos extasiados ante la gran panorámica que se extendía ante nuestros ojos. Con un desnivel de 1100 metros, las posibilidades que ofrece este despegue están aún por descubrirse.

Mientras la organización del evento armaba la prueba, nosotros ya nos dispusimos a volar. Yo no pude resistir la tentación pues la imponente ladera me invitaba a la exploración así que este día decidí cambiar la acrobacia por un vuelo de cross country.

Frente al despegue, las condiciones aún no estaban muy definidas, así que me dirigí directamente hacia la derecha buscando mi siguiente apoyo. Las térmicas eran estrechas y turbulentas y apenas pude subir hasta los 1100 metros. Pero sólo bastó eso para hacer un entretenido recorrido, remontando la cordillera durante 35 kilómetros. Al final me encontré con un paso que no ofrecía seguridad y decidí regresar por donde vine y cerrar una ida y vuelta. Este vuelo fue fantástico y disfruté una panorámica desértica, donde la tierra mostraba extrañas vetas rojas ocres y verdes.

De regreso me encontré con los participantes de la prueba quienes seguían la misma ruta. Frente al despegue estaba Raúl (Rodríguez) ensayando helicópteros. A su lado Peter Brinkebi y Pablo López practicaban en el biplaza unas maniobras SAT.

Ya en la tarde nos fuimos a aterrizar en la playa de Hornitos, donde nos juntamos para ir a volar a La Portada, verdaderamente algo de lo más bello. Está enfrente hay unos acantilados de 60 metros, aproximadamente. La experiencia fue plena. El lugar, místico. Nos recibió con una brisa suave, invitándonos a desplegar las alas y despedir el día con un vuelo maravilloso y una espontánea celebración. Esa noche caímos todos rendidos.

28 de enero

Nuestro ultimo día antofagastino no pudo resultar mejor. Primero fuimos a volar a la mina y resultó otro extraordinario vuelo. Despegando con apenas 100 metros de desnivel, la actividad térmica te catapultaba hasta los 1200 y desde allí: o bien te marchabas a explorar los riscos y cerros cercanos o, como Raúl, Pitocco, David, Barbi y López, te entretenías perdiendo altura rápidamente para volver a ejecutar nuevas series de maniobras.

Mientras tanto se llevaban a cabo las pruebas del Campeonato Zicosur de Aladelta y Parapente que transcurrieron muy bien y completaron los recorridos estipulados.

Ya en la tarde y según lo planificado nos fuimos a La Portada volando. Allí estuvimos horas disfrutando de uno de los paisajes más embriagantes y sinuosos que hemos podido volar. Fueron unas horas exquisitas jugando con el viento y disfrutando de un paisaje nada habitual. Fue tanto el frenesí, que por momentos colapsábamos el espacio y se hacía difícil maniobrar entre los unos y los otros.

En esta ocasión el Coyote (Ricardo Parot) y Raúl (Rodríguez) estuvieron flipando con el aterrizaje en negativo, que consiste en hacer un negativo a sólo 2 metros de altura -no más- y dar media vuelta para caer de pie y con estilo. He de comentar que en esta gracia puedes terminar con la boca llena de arena.

Ya en la noche y de regreso en el hotel disfrutamos de la clausura de la competición Zicosur. Fue muy gratificante ver el interés que despierta el vuelo libre en estas zonas, donde lo toman como una manera muy eficaz de promover el turismo. Y es que realmente tienen muy buenas condiciones de vuelo. Por aquí hay unos sitios excepcionales y no dudo que quede aún mucho por descubrirse.

De hecho este viaje generó muchas ideas y cosas positivas. Especialmente quedó pendiente una travesía vivac por toda la cordillera de la costa para tratar de recorrer 1000 Kilómetros.

Mañana partimos hacia San Pedro de Atacama. Sinceramente, ya estamos con ganas de desplazarnos y descubrir otros lugares.

El desierto de Atacama

29 de enero

Día de preparativos y carretera. En un viaje como este, por supuesto, pasan mil cosas y no todas tan buenas y ricas como las que les he contado hasta aquí. Hoy, desde que salimos de Antofagasta llevamos 5 pinchaduras, con sus respectivas reparaciones.

Hoy antes de marcharnos tuvimos que hacer muchos preparativos, pero por fin en la tarde pudimos coger rumbo hacia el Altiplano. Llegamos tarde y agotados pero aún hubo tiempo para conocer el centro de la pequeña villa. Allí comimos frugalmente y, tras proveernos de agua, nos fuimos a acampar en dirección al Valle de la Muerte. Fue todo fugaz. El cansancio nos vencía. En menos de lo que canta un gallo ya estábamos todos dormidos.

30 de enero

El despertar fue pleno, aunque por la altura el sueño se hace un poco pesado. ¡El sitio que escogimos -por casualidad- es hermoso! En la noche habíamos tomado rumbo al Valle de la Muerte y estábamos en mitad de un extraño y hermosos lugar. Al poniente, una inmensa duna, y por levante, unas formaciones de piedra caliza, muy intricadas y sugerentes. Mientras nos aseábamos y desayunábamos, no dejábamos de maravillarnos por el entorno que nos rodeaba.

La mencionada duna era una invitación que Raúl y Coyote no podían rechazar. Sin espera a que el sol se pusiera sobre nuestras cabezas tomaron la iniciativa y cogieron las tablas de arena que cargamos durante días. Por un buen rato nos dedicamos a aprender la técnica de este deporte, el sandboard, difícil por cierto. En cada ocasión hay que subir la duna y poner parafina a la tabla para que deslice bien. Estuvimos allí un par de horas, probando todas las maneras de revolcarnos y llenarnos la boca de arena.

Al rato llegaron unos amigos afincados en San Pedro, quienes se dedican precisamente a esto. Fue un lujo contemplar sus descensos, acariciando en la arena en un espectáculo nada común. Lo cierto es que este Altiplano y seco desierto, es muy caluroso e inhóspito para cualquiera, y más aun para los no habituados. Por eso, al cabo de unas horas decidimos ir a San Pedro, un verdadero oasis en el desierto.

Pudimos pasear y conocer más el lugar. Lo primero que llama la atención son las casas, todas de adobe. También la cantidad de viajeros que hay, los que sin ser demasiados, llenan el lugar y le dan un aire agradable.

Ahora mismo acampamos en una casa abandonada, un lugar apartado a la rivera de un pequeño río. Todos trabajamos en equipo. Raúl (Rodríguez) se encarga del fuego, mientras Félix (Rodríguez), ayudado por la Cote, la Josefina y la Barbi (Uranga), prepara una rica cena. Yo trato de aprovechar para registrar algunas de las tantas cosas que nos suceden cada día. Y, mientras tanto, el Coyote (Parot) se preocupa de las gestiones del viaje. Aún nos faltan unos cuantos miles de kilómetros.

31 de enero

San Pedro de Atacama es un lugar hermoso. También, ciertamente, es un lugar donde volar parece una empresa complicada. De hecho, lo primero que nos dijeron fue: Tres personas lo intentaron y dos murieron en el intento. ¡Ahhhhhh, nos será para tanto!

Seguramente es difícil y según nuestras propias observaciones durante de estos días, a partir de las 14:00 el viento se dispara en intensidad. Por otro lado, imaginar un vuelo de distancia se hace difícil, pues estamos en mitad del desierto y sería necesaria una logística muy compleja incluyendo, oxigeno y abrigo muy técnico, pues sin duda se podrían alcanzar alturas de más de 6000 metros.

Este día lo pasamos relajados, realizando notas y entrevistas. Francisco -del programa de televisión Ave Fénix- viajó con nosotros para coproducir junto con el SAT nuevas creaciones audiovisuales y hacer el seguimiento de la Travesía de la Nueva Era. Ya habíamos trabajado bastante con imágenes aéreas y mucha acrobacia. Sin dudas, nos faltaba trabajar más sobre el aspecto humano, sobre nuestra propia experiencia.

Para ello la casita de Bahareque nos ofreció un polvoriento pero agradable lugar, donde montamos nuestra base. Ya en la tarde quisimos darnos un paseo en skate, así que subimos y subimos hasta los 3.200 metros y desde una solitaria carretera emprendimos un alucinante descenso rodeados de imponentes volcanes.

Seguimos así un buen rato y más tarde nos dirigirnos al Valle de la Luna, famoso y turístico valle cuya orografía recuerda a nuestro satélite natural. Allí atrapamos un momento increíble en el que Raúl y el Coyote bajaban una gran duna envueltos con la maravillosa luz de ocaso. Fue un increíble y hermoso juego de colores y texturas. La arena y las rocas parecían librar una eterna batalla por superarse entre sí.

Esa noche disfrutamos una exquisita cena en San Pedro, donde es posible degustar excelentes verduras.

El reino de los cactus

2 de febrero

Bien temprano nos pusimos en marcha. Este día debíamos dejar a Francisco "Ave Fénix" en el Aeropuerto de Calama, a una hora y media de San Pedro. Su vuelo salía a las 11:30 así que nos vimos obligados a despedirnos muy temprano de la casa de Bahareque. De recuerdo nos llevamos un buen kilogramo de polvo cada uno.

Francisco ha sido un compañero entrañable en este viaje y hemos conseguido integrarnos y trabajar en equipo. Por ello, el momento de la despedida se convirtió en una llana resignación. La pena es que el no pueda seguir este viaje y aportar más de su talento a esta historia. ¡Hasta pronto Viejo!

Subiendo desde San Pedro deseábamos llegar a la selva. Pensamos que probablemente algo de vegetación nos vendría bien y sería interesante variar el paisaje. En la tarde llegamos al Parque Natural de Pan de Azúcar, donde estamos ahora. Sin embargo, aquí el paisaje esta lejos de considerarse verde. Es el reino de los cactus.

Acampamos esperando disfrutar de algún nuevo vuelo o quizá algo de fly surf. Pero lo cierto es que por esta zona la costa es muy abrupta, fría y sobre todo con un oleaje importante. Las playas son pocas y hay muchas rocas, algo que a los lobos marinos les da igual, para nosotros resulta algo peligroso. Teniendo en cuenta nuestro joven nivel en fly surf, decidimos ser cautelosos y no tomar riesgos innecesarios. Realmente no nos atrae el peligro por el peligro. Más bien nos resulta absurdo. Volando hacemos todo lo que está en nuestros limites de pilotaje. Y las cosas nuevas las buscamos sobre el agua y con nuestro sistema de seguridad.

Es posible volar en Pan de Azúcar. Una cordillera recorre toda la costa y hay varios lugares interesantes. Pero en esta ocasión apenas volamos, más bien estuvimos aprovechando todo este aire de mar. Un poco de ambiente playero y unos pescados deliciosos dieron al garete con otros planes más movidos.

La travesía concluirá aproximadamente el día 18 de febrero, en la ciudad de Pucón, con exhibición de acrobacia incluida. Pero falta para eso y aún quedan muchos otros lugares por conocer y donde volar. Los seguiré manteniendo al tanto de esta experiencia inolvidable para todos los que integramos el SAT.

 

 



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