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Relato
de un viaje al Annapurna y al Mont Blanc
Fernando
Claverino -
Aventurero
Annapurna
Estuvimos
en Nepal, uno de los lugares más impresionantes de
la tierra. Sus valles, su gente, su cultura, sus lluvias,
su tierra, nos ofrecieron en todo momento una áspera
hospitalidad. En ese lugar, donde el monzón castiga
permanentemente, donde el sol de las alturas se hace notar
con toda su fuerza, donde las formas y matices de los glaciares
forman espectros de luz que tiñen los colores del
hielo, tuvimos la posibilidad de compartir una gran experiencia.
Ahí,
donde emergen de la tierra los Himalayas, tuvimos la suerte
de acercarnos a ellos. Annapurna, el primer ochomil, fue
el lugar de nuestra aventura. Esa montaña que fuera
contemplada por los ojos de Herzog, Lachenal, Terray, Rebufat
y tantos otros.
Muchas
personas murieron a sus pies, como hemos visto a través
de su aproximación.
Pero también, muchas personas lograron enriquecerse
de ella, pudieron vivirla, sentirla, para luego pasar a
ocupar un importante lugar en su interior. Sus glaciares,
sus filos, sus aristas, toda su majestuosidad, se presentaron
ante nuestros ojos. Nunca vamos a olvidar cómo nos
miraba. Todo el entorno formaba parte de ella, sus torrentosos
ríos, las nubes que por momentos la ocultaban, sus
derrumbes que a menudo se hacían oír, las
avalanchas que de cuando en cuando anunciaban el avance
del glaciar hacia el valle. Toda esa orquesta, armonizada
bajo la custodia de un grande, el Annapurna, pasó
a ser parte de nuestra aventura, de nuestros sentimientos,
de nuestros pensamientos, de nuestro interior.
El
Annapurna, montaña de la cual hemos leído
y soñado se ha convertido en una experiencia más
dentro de nuestro camino. Recordaremos con gran entusiasmo
cómo nos recibían por la mañana sus
lluvias, cómo nos saludaba su gente, cómo
nos acompañaba en nuestro camino, cómo nos
ofrecía en forma algo áspera, su hospitalidad.
Mont
Blanc
Y
luego el Mont Blanc, lugar místico si los hay, para
nosotros. Ni más ni menos que la cuna del montañismo.
En sus laderas comenzó a escribirse esta historia.
Una historia llena de aventuras, de pasión, de desilusiones
y emociones. Caminar por Chamonix, sobre calles como Payot,
Croz o Mummery, trae a nuestra mente las historia de estos
pioneros del montañismo. Su gente, posee una cultura
muy fuerte y marcada, relacionada con la montaña.
Y esto lo podemos ver en sus ojos, en sus palabras, en sus
gestos.
Recorrimos
sus glaciares, curtimos nuestra piel con su viento, compartimos
la montaña con su gente. La noche gélida y
tranquila, como hemos leído en gran cantidad de relatos,
nos invita a sentir esta montaña. Calzarse los grampones,
escuchar el crujir del hielo a cada paso, sentir la fuerza
del viento y aferrarse al piolet, remontar una pendiente,
faldear una ladera, ascender por un filo, caminar por una
cornisa. Todas esas cosas, nos permiten hacer montaña
en la forma que más nos gusta.
El
Mont Blanc es un lugar mágico, lleno de historias.
Es el terreno de juego con el que muchas veces hemos soñado.
Es la montaña que, desde hace años jugó,
en nuestra mente para poder dar origen a esta aventura,
para trasladar el sueño a la realidad. Compartimos
un sueño, vivimos una experiencia y esto es algo
que vamos a recordar para siempre.
Gracias
por acompañarnos en este camino. Ahora ya estamos
proyectando nuevos viajes. Comenzamos, nuevamente, el camino
de la preparación, el análisis de costos y
climas. Pero no se nos borra la sonrisa por haber estado
allá.
Nota:
e-mail:
oha@cluboha.com
web: www.cluboha.com
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