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Crónica del Andirod 2001, parte II
Hernán Cipriani -
Experto Aventurarse

Hasta el momento, se habían podido realizar apenas dos etapas de la edición 2001 del Andirod, la carrera de trineos con perros más tradicional del hemisferio Sur (ver Crónica del Andirod 2001, parte I). El mal tiempo nos había obligado a movilizarnos demasiado para llegar a Villa Pehuenia, donde finalmente realizamos la segunda etapa en la zona del volcán Batea Mahuida. Pero, afortunadamente, eso era ya cosa del pasado. Esa etapa al fin se pudo correr y nos dispusimos entonces a largar la tercera, otra vez en las nieves del "Batea".

Esta vez la novedad, al menos para mí y para el resto de los corredores nacionales, era que se trataría de una largada masiva. Ya en alguna de mis notas habrán leído cómo es el sistema de largada de los equipos, siempre cada dos minutos. Pero, en esta etapa, largaron, por primera vez en una competencia en la Argentina, todos los equipos a la vez. Once mushers, con sus respectivos ocho perros cada uno, ochenta y ocho en total, todos a la vez en una sola largada con el ancho suficiente, pero que se angosta en forma de embudo hacia la primera curva, a unos escasos cien metros de haber largado. Todo un enredo de perros, trineos y mushers. Por momentos yo no sabía cuáles eran mis perros y cuáles los del corredor que largaba a mi lado.

Realmente fue un espectáculo único para los privilegiados que la presenciaron. La táctica en este tipo de largada es tener perros sumamente explosivos, que tomen muy buena velocidad en un corto trayecto y, a la vez, que no se distraigan con los perros que largan a su lado. No fue mi caso. La verdad es que no quedé muy bien ubicado al final de esa largada. Pero a los pocos kilómetros empecé a pasar a los equipos más lentos, hasta ubicarme en el pelotón de punta.

A medida que avanzaban los kilómetros comencé a pasar equipos hasta quedar en punta. Pero como éste no era mi año, evidentemente, tuve mala fortuna y en una bajada pronunciada, yendo a gran velocidad, una de mis perras guía se detuvo para hacer sus necesidades. Claro, ellos también lo hacen. Desafortunadamente, no tuve tiempo de frenar el team y sufrí un gran enredo. En resumen, debido a lo junto que iban todos por la largada masiva, me pasaron seis equipos.

En busca del tiempo perdido

Pero, como la promesa de Monique Bene se cumplió y el recorrido por primera vez fue largo, mis perros empezaron a rendir como esperaba y comencé a acercarme a los equipos que me habían pasado, llegando finalmente al cuarto lugar. Bastante bien para tan mala largada. En alguna parte de esta crónica comenté que éste no fue mi año, sobre todo teniendo en cuenta que había ganado todas las carreras previas al Andirod (dos en trineos de ruedas, en Córdoba y en Necochea) y que en las ultimas tres ediciones del Andirod terminé con un tercero y dos segundos puestos. Pero este año la cosa cambió para peor. Y aún podía empeorar más.

Las etapas del volcán Batea Mahuida se terminaban. De ahí, correríamos la siguiente etapa muy cerca, a unos nueve Kilómetros de Villa Pehuenia. El circuito siguiente sería en Pampa del Arco, lugar ya conocido por mí (ver Trekking y Trineos en Paso del Arco), donde, de seguir con etapas largas como estaba previsto, podría llegar a recuperar el tiempo perdido en Caviahue y acercarme un poco más a la punta. Pampa del Arco es un lugar muy similar al Batea Mahuida, pero con un terreno algo más ondulado que el de la etapa anterior, con más bosque de araucarias y algunos cruces de puentes. Finaliza esta zona en el puesto de gendarmería, ubicado en el límite con Chile, llamado Paso del Arco, ahora inhabilitado.

Pero la noche anterior, los organizadores tenían previsto un agasajo para los mushers en el lago Ñorquinco, en la estancia del Turco Hadab, a 90 kilómetros de Villa Pehuenia. El lugar es un paraíso enclavado en un valle, rodeado de cerros y lagos. En un principio, el cronograma establecía en ese lugar una etapa con vivac nocturno, largando del lago Moquehue, a unos 20 kilómetros de Villa Pehuenia y llegando al otro día a Aluminé. Pero la nieve en esa zona no ayudó y nos conformamos con ir en vehículo y aprovechar el mamón al asador que, con tan buena predisposición y esmero único, nos brindaron el Turco y su gente.

Desgracias con suerte

Por la mañana, todos los equipos salimos nuevamente hacia Pampa del Arco, ubicada a unos 9 kilómetros de Villa Pehuenia. Salimos junto al musher Nacho Ayala, como lo hicimos todo el circuito. Por esos pagos, las rutas son muy desoladas y nunca está de más, a pesar de lo que otros competidores crean, salir acompañados, sobre todo por el estado en que se encontraban los caminos de la zona, y con los vehículos muy cargados y trailers a remolque. Efectivamente y por desgracia, no nos equivocábamos. Ibamos a necesitar ayuda en este viaje hacia la cuarta etapa del Andirod.

A poco menos de un kilómetro de salir del campo del Turco, se partió en dos el eje de nuestro trailer. A causa del traqueteo del viaje, y después de una fuerte helada nocturna, el acero se quebró limpiamente y sin previo aviso. Estábamos en problemas, por cierto. El lugar más cercano para arreglarlo era Aluminé, a unos 90 kilómetros.

Pero, como toda desgracia lleva acompañada algo de suerte, cerrando la caravana y previendo cualquier tipo de avería que pudiera ocurrir, venía el "location manager" y encargado de la logística local en todo el área de Villa Pehuenia y Aluminé, Hugo. Actuando en forma rápida y teléfono satelital mediante, único medio de comunicación en la zona, llamó a una grúa que se encargaría de llevar todo el equipo a la largada y el trailer a arreglar, como para que estuviera listo para las siguientes etapas. Claro, Hugo trabajó en forma excelente, pero contra la mala suerte nada se puede hacer. La grúa, que venía en camino, unos kilómetros antes de llegar se rompió quedando atravesada en el camino, para completar el panorama.

Seguir en carrera

A todo esto, ya habíamos bajado los perros al costado del camino y disfrutábamos (los perros y nosotros) de un hermoso día de sol y un suculento almuerzo, con todas las reservas alimenticias llevadas en los vehículos ahí detenidos. Ya la organización estaba informada de nuestro percance y, en vista de que éramos tres los equipos ahí detenidos, demorarían la largada de la etapa todo lo posible. Comenzamos a analizar el modo de salir de ahí con todo lo necesario para correr. Finalmente desarmamos el trailer y repartiendo la carga entre los vehículos de Nacho, Hugo y el nuestro, logramos salir hacia el Arco.

Tanto esfuerzo, lamentablemente, no rindió sus frutos. Cuando llegamos a Pampa del Arco, la etapa ya había sido corrida. Perdimos una etapa pero ganamos en amistad, compañerismo y solidaridad, cosa que a la postre fue premiada por los jueces de la carrera.

Por no haber largado la etapa de Pampa del Arco, los tres equipos fuimos penalizados con el tiempo del último en llegar, cosa que si bien nos bajaba en la clasificación general, nos permitía seguir en carrera. Aún quedaban dos etapas y la carrera no termina hasta la última.

A falta de nieve

Después del Arco, la caravana llegó a la ciudad de Aluminé, donde pasaríamos la noche, para salir al día siguiente hacia el volcán Lanín, en Junín de los Andes. Junto con Sergio Curio, mi co-equiper, aprovechamos esa noche y, gracias a que el genio Hugo tenía nuestro eje perfectamente reparado y listo para colocar, rearmamos nuestro trailer e hicimos reparaciones en el jeep, ya que nos quedaba un tramo de ruta bastante complicado y en mal estado hasta Junín de los Andes.

El arribo de la caravana a Junín de los Andes fue recibido con dos noticias, una buena y una mala, o, más bien, malísima. La buena, las exquisitas e inolvidables empanadas y choripanes, la mala, que no había nieve suficiente para correr en el Lanín. Esto nos ponía en pésimas condiciones a los tres equipos con una etapa menos, ya que lo que quedaba por correr, en San Martín de los Andes, era una etapa muy corta, y en esa distancia no había forma de recuperar el tiempo que llevábamos de diferencia. De manera que la única forma de recuperar algo de tiempo era que alguno de los competidores más cercanos a nuestros "cronos" cometiera algún error grave, como equivocarse de recorrido o largar tarde por algún motivo y recibir una penalización.

Pero, lo dicho, este no era mi año. La última etapa del Andirod se llevó a cabo con total normalidad en el habitual circuito de Las Pendientes - Antulauquen, en el cerro Chapelco y con la mayor concentración de público de todo el circuito. Un tramo muy rápido de seis kilómetros de subida y otro tanto de bajada por un tupido bosque de lengas no presentó mayor dificultad, ya que la nieve estaba muy pesada y los trineos no desarrollaron grandes velocidades, a pesar de la pendiente.

Después de unos 70 kilómetros totales de carrera, las posiciones finales quedaron como estaba previsto, con Evaristo Bravo y Martín Cipriani, a escasos minutos uno del otro en el primero y segundo lugar. El francés Joel Rauzy alcanzó un merecido y muy regular tercer puesto. Yo, finalmente, y después de la penalización, quedé en el sexto puesto. Nacho recibió el merecidísimo premio a la solidaridad y al compañerismo por el apoyo que nos brindó a Sergio y a mí con la rotura de nuestro trailer.

Tratándose de una actividad "de y en" la montaña como el sled dog, creo que el primer premio en este Andirod es el de Nacho Ayala y todos aquellos que tuvieron ese espíritu de unión y de aventura que le dan ese toque de romanticismo a la vida.

 



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