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Crónica del Andirod 2001, parte I
Hernán Cipriani -
Experto Aventurarse

Llegó la hora de vivir a una nueva edición del Andirod, la décima desde el año 1992, cuando en Ushuaia, de la mano de Pablo Germann y un par de colegas de la zona, se organizó lo que fue la primera carrera de trineos en el Hemisferio Sur. Recién al año siguiente, y con el apoyo de algunos sponsors, se dio a publicidad el circuito Andirod y recibí la invitación para correr lo que sería mi primera carrera de trineos. Paradójicamente, siendo de Buenos Aires, mi primera competencia fue sobre nieve, cosa que no esperaba, ya que venía entrenando sobre trineos de rueda y pensaba que para mi debut en la nieve faltarían algunos años.

Desde entonces, y de la mano del Andirod, he tenido la fortuna de recorrer toda la Patagonia con mis perros, lo que "pegó" muy fuerte en mi persona y en mi familia, al punto de pensar en instalarme definitivamente al sur de la cordillera andina, lo que espero concretar a fin de año.

Hemos transitado los valles fueguinos hasta el norte de Neuquén, pasando por Esquél, Bariloche, San Martín de los Andes, Junín de los Andes, Aluminé, Villa Pehuenia, Batea Mahuida, Caviahue, Copahue, y prácticamente toda la cordillera patagónica quedó marcada por las huellas de nuestros perros y las marcas de los patines de nuestros trineos.

En los últimos tiempos el Andirod se ha instalado en la provincia de Neuquén, para acortar las distancias que existen entre cada sitio de carrera y para aprovechar al máximo la nieve de cada lugar.

A pesar de que este año la idea era realizar una carrera de media distancia (unos 300 kilómetros), el tiempo nos jugó una mala pasada y faltó la nieve en algunas partes como en Junín de los Andes y en la base del volcán Lanín. En Caviahue, por ejemplo, el viento blanco impidió realizar las distancias previstas, lo que transformo al circuito en un sprint.

Todo esto dificultó un poco la performance final de mi team, entrenado para distancias mucho más largas. Igualmente, al margen de lo deportivo, el balance y lo positivo de este Andirod fue el gran despliegue organizativo y de prensa, lo que augura para las próximas ediciones un fuerte apoyo de sponsors al sled dog, necesario tanto para corredores como para organizadores.

Presentación con presencias destacadas

Todo arrancó en Neuquén, con una mega conferencia de prensa en uno de los principales hoteles de la ciudad y con la siempre bien apreciada presencia de los medios de prensa, que se encargan de difundir esta actividad, lo que favorece el crecimiento de la misma. En la conferencia y gracias a la presencia de nuestra madrina y gran amiga del sled dog en el país, la francesa Monique Bene, a la que este año se le agregó como juez un mito viviente del deporte, el norteamericano Joe Runyan, corredor por diez años de la famosa Iditarod con varios triunfos y otros tantos podios, se informó de los distintos puntos que tocaría la caravana de este año.

Al día siguiente, bien temprano y con bastante nieve, iniciamos viaje en la ruta desde Cutralcó hasta Las lajas, con los vehículos y trailers cargados con todo el equipo para los diez días siguientes de carrera. El primer destino fue Caviahue, lugar muy querido y al que no iba desde antes de la erupción del volcán Copahue, en 2000. Pero este año, no tuve allí un buen arranque en lo que a clasificación se refiere.

Después de unas seis horas de viaje y con bastante retraso por la gran cantidad de nieve acumulada a la altura de Zapala, cosa bastante anormal, llegamos a Caviahue. La idea de los organizadores era, esa misma noche, realizar un "prólogo" o primera etapa clasificatoria corta, que determinaría la posición de largada para el día siguiente.

Así fue que a la diez de la noche y después del habitual musher meeting a cargo del Race Marshal Monique Bene y del Juez Joe Runyan, se largó una etapa de cuatro kilómetros, en un circuito armado dentro del pueblo. En sí, dicho circuito no presentaba grandes dificultades, pero la idea era que los perros estiraran sus músculos tras tan largo viaje y que sirviera de precalentamiento para la siguiente etapa.

Largada del Andirod

En esta oportunidad formaron parte del Andirod conocidos musher del exterior como Joel Rauzy de Francia, Mikel Irueta del País Vasco y Joao Trabuco de Portugal, quienes vinieron con sus perros desde Europa. Ellos trajeron Alaskan Huskys y equipo de primera línea, lo que siempre es bienvenido para incorporar conocimiento y mejorar día a día. También son expertos montañistas, lo que motivó su compromiso de volver a la Patagonia a escalar y recorrer más ampliamente alguno de los lugares que conocieron durante la carrera.

Al finalizar la etapa nocturna y después de que cada musher atendiera, siempre con la ayuda de los handler, a sus respectivos equipos de perros, fuimos muy bien recibidos en el Hotel del Instituto de Seguridad Social del Neuquén con una suculenta y reparadora cena.

A la mañana siguiente empezaría "realmente" la carrera. El circuito original unía Caviahue con Copahue, pero debido a fuertes vientos de altura hubo que cambiar el recorrido sobre la marcha. Entonces, saldríamos del centro de esquí con dirección al cerro Mesa, muy cerca del cráter del volcán Copahue, muy tranquilo tras descargar su enojo el pasado año. De ahí, el impecable circuito trazado por el equipo de Caniche, Fabián y Leo, viraba hacia el sur, a la base del Cerro Pirámide, para luego retornar al punto de partida.

Este recorrido no me favorecía, ya que por algunos años realicé allí junto a Sergio Curio, co-equiper de este Andirod, travesías turísticas, por lo que algunos de los perros, sobre todo los guías, tenderían a repetir el circuito habitual complicando un poco la guiada. Además, cuando se trata de un circuito conocido para ellos, suelen realizarlo sin mayor entusiasmo, bajando un poco la velocidad.

Una vez largada la etapa, comprendimos porqué el cambio de recorrido. Al llegar a la cota de los 2000 metros sobre el nivel del mar, el viento borraba la huella marcada por las motos de Caniche, dificultando el recorrido previsto. Algunos perros guías, como el caso del equipo de Mikel, el español, una vez que llegaban a la zona de fuerte viento se negaban a seguir hacia arriba.

El husky sabe por viejo

Para el trazado se dispusieron banderas colocadas en cañas. La única forma de seguir el trayecto era ir de baliza en baliza, lo que obligaba a conducir con más atención en el camino que en el team de perros o en el manejo del trineo. A pesar de las dificultades del recorrido, hasta la mitad del mismo venía bien ubicado, dentro de los tres primeros puestos. Hasta que ocurrió lo previsible: Ganda, mi guía más vieja, llegado al punto donde habitualmente volvíamos al refugio desde donde operábamos en las travesías turísticas, comenzó a desviar a todo el team en la dirección incorrecta, obligándome constantemente a detener corregir la marcha mediante las habituales órdenes de " ji " o "ja", para derecha e izquierda respectivamente.

Finalmente detuve el trineo y coloqué a la guía más vieja detrás, dejando a las jóvenes adelante, las que con menos experiencia en el circuito obedecerían mejor las órdenes. Para entonces, además del tiempo perdido por las constantes detenciones, equivoqué el camino sobre el final, pues no llegué a ver una de las banderas y tuve que desandar gran parte del mismo para pasar por el puesto de control que marcaba el trazado correcto. A pesar de las demoras y extravíos, llegué en quinto lugar, entre once corredores que largaron.

Por la tarde llegaba el tiempo de ocuparse de los perros. El trabajo habitual es controlar la hidratación, revisar almohadillas y su estado general. Un buen indicio del estado de cada uno consiste en controlar la manera en que come. Cuando los perros están con demasiado desgaste físico o estrés, el primer síntoma lo notamos en la forma de comer. Cuando pierden la voracidad habitual, algo ocurre. Por eso hay que estar siempre ahí, atentos a la hora de la comida.

En el caso de algunos perros cansados, siempre es bueno, sobre todo después de etapas largas, un buen masaje. También hay productos energéticos (este año, el laboratorio John Martin me dio un producto nuevo, Nutri Pet, que resultó excelente) del estilo power bar, que ayudan a una rápida recuperación. Además, son muy ricos al paladar de los perros, incentivan su apetito y los ayudan a descansar bien, lo que es fundamental en una carrera.

Para un buen descanso de los perros en competencia son necesarios un lugar seco y abrigado y una buena comida, después del esfuerzo de la carrera. Yo utilizo un trailer con una cama de paja de trigo, como la utilizada en los boxes de caballo. Así, los perros duermen secos y abrigados, ahorrando la energía que gastarían en calentarse si durmieran a la intemperie. Por otra parte, al dormir siempre en el mismo lugar, encuentran un hábitat conocido y no extrañan su hogar, haciendo más efectivo el descanso.

Un largo camino a Villa Pehuenia

Al otro día, la caravana del Andirod siguió viaje hacia la zona de Villa Pehuenia. La idea original de los organizadores era ir hacia el paso Pino Hachado para, largando desde la Ruta Provincial 23, que se encuentra cubierta por la nieve en esta época del año, llegar hasta el lago Aluminé recorriendo el valle del río Litrán. Lamentablemente no había conexión para los vehículos de apoyo, al estar cortada la Ruta Provincial 13 que une Zapala con Villa Pehuenia, por acumulación de nieve. Así que hubo que hacer unos 400 Kilómetros rodeando el camino del Rahue y pasando por Aluminé. Esto impidió que ese realizara la etapa prevista para ese día, ya que por el estado de los caminos y la distancia extra nos llevó todo el día llegar a Villa Pehuenia.

Esa y las siguientes dos noches las pasaríamos en el refugio de Gonzalo Vitali, un viejo anfitrión de la carrera, que siempre nos recibe con los brazos abiertos. La sugerencia tanto de Monique Bene como de Joe Runyan, para el próximo año, es tratar de acortar estos tramos de enlace entre etapa y etapa, ya que son muy desgastantes para los vehículos, perros y hombres que viajamos, y tratar de realizar más etapas en cada localidad.

Por la mañana del tercer día nos encontramos en el volcán Batea Mahuida, a unos 16 kilómetros de Villa Pehuenia, donde, una vez más, la comunidad Mapuche Puel nos recibió para correr una de las más increíbles etapas del circuito.

El Batea Mahuida es un lugar paradisíaco e ideal para la práctica del sled dog, con nieve "como para hacer dulce", a decir de los lugareños, con largas travesías y un paisaje maravilloso. Nos movimos en una cota que ronda los 2000 metros sobre el mar y la vista era espectacular, con los lagos Moquehue y Aluminé en todo su esplendor y con el inconfundible cono del volcán Lanín, como imponente marco en el horizonte. Por otra parte, la muy buena nieve del lugar, seca en polvo y sin hielo, favoreció el desplazamiento de los trineos.

Las dificultades del circuito estaban dadas por las fuertes pendientes, que exigían un muy buen control del trineo. Lo usual en condiciones de bajadas largas y pronunciadas es utilizar el freno de alfombra o cepillo. Este freno, a diferencia del habitual de puntas de acero que se clava en la nieve, es un rectángulo de goma con unas pequeñas protuberancias que pueden ser de goma o acero. Unido al trineo, funciona independientemente del otro freno, permitiendo aminorar la velocidad sin frenar en forma brusca. Esto permite mantenerse en forma más firme y con mayor equilibrio, y frenar sólo lo justo, para no encimarse a los perros y mantener el tiro con tensión.

Mirando el equipo extranjero pudimos ver nuevos modelos de este tipo de freno, con sistemas automáticos para subirlos y bajarlos a voluntad y diseños verdaderamente innovadores, los que seguramente en breve, trataremos de copiar para mejoras nuestros trineos.

El Batea Mahuida

Esta primer etapa en el volcán Batea Mahuida, a pesar de estar planteada como de media distancia, finalmente quedó algo "corta" para mi gusto, con unos 12 kilómetros de trayecto, pero con la promesa del Race Marshal de armar uno más largo al día siguiente. Para esta altura del circuito, las tres primeras posiciones, si bien se iban intercambiando, ya estaban planteadas. La cosa estaba entre Evaristo Bravo de San Martín de los Andes y Martín Cipriani, mi hermano menor, ambos corredores del team de Pablo Germann del equipo oficial Purina Pro Plan, y el francés Joel Rauzy.

En un segundo pelotón, pero pegado al primero, estaban Antonio Ocanto, de Aldo Bonzi, Buenos Aires, el portugués Joao Trabuco y mi equipo, que este año participó gracias al patrocinio de las firmas Gooster Pets, de alimentos balanceados, y Libo, de equipamiento de montaña. En un tercer pelotón, con algo más de diferencia en los tiempos, estaban Nacho Ayala, de Buenos Aires, Gustavo Iriarte de Allen, Río Negro, el vasco Mikel Irueta, Sergio Curio, de Buenos Aires, corredor también de Gooster Pets y Libo, y Máximo Junquet, de Caviahue, Neuquén.

El tiempo en Batea Mahuida estaba a pleno sol, para dar algo de descanso tras tanto mal tiempo que nos acompañó hasta Caviahue.

Continuará...

 



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