Trekking
y trineos en Paso del Arco
Hernán Cipriani
- Experto Aventurarse
Nuestros
perros nos han llevado hacia un paso fronterizo ya en
desuso. En la provincia argentina del Neuquén, sobre la
cordillera de los Andes y cerca de Villa Pehuenia (Aluminé),
se encuentra esta pampa que limita con Chile. Para llegar
al puesto de Gendarmería que hace de límite con Chile
hay que recorrer unos 16 kilómetros desde la Ruta Provincial
13. A esta altura del año el puesto se encuentra en la
más absoluta soledad.
El
trabajo que debíamos realizar con nuestros bien dispuestos
perros era el de acompañar y apoyar a un grupo de ocho
aventureros guiados por Daniel Villarruel, un experimentado
montañista argentino, quien tuvo la innovadora idea de
recurrir a los trineos con perros para llevar todo lo
necesario para el campamento base más algunas exquisiteces
culinarias que sólo así podría cargar. De este modo, cuando
el grupo arribara al campamento encontraría todo armado
y listo, para sentarse alrededor del fogón a disfrutar
alguna carne asada y con un tinto ya templadito al calor
de las brasas.
Allí,
además de buena cantidad de agua y algunas comodidades,
como fogones y establo, tendríamos un lugar seguro donde
refugiarnos en caso que el mal tiempo nos visitara. Pero,
el clima hasta ahí acompañaba con sol, cielo despejado
y sin viento en superficie.
Al
margen del transporte, iríamos abriendo la senda sobre
la nieve blanda para que el trabajo de caminata sea más
fácil. Los caminantes se trasladarían muñidos de modernas
raquetas o snow shoes, como se las conoce en la actualidad.
Estas raquetas facilitan y alivianan mucho el desplazamiento
en la nieve profunda.
La
otra función que deberíamos cumplir era la de cuidar la
seguridad de todo el grupo, manteniendo un fluido contacto
por Radio y realizando recorridas con nuestros perros
para asegurarnos que nadie extravíe el camino. Esta función,
tal cual lo teníamos previsto, fue la más útil, ya que
el grupo se sintió apoyado en todo momento, pero sin la
molesta presencia de algún medio motorizado que desentone
con ese maravilloso y agreste paisaje: A la vez, los trineos
le daban a la travesía esa cuota de romanticismo siempre
necesaria.
Los
trineos
Los
trineos serían llevados por 14 perros, y conducidos por
Pablo Germann y quien suscribe. Pablo es un experimentado
Musher que empezó con el Sled Dog en Ushuaia, hace ya
unos 10 años y hoy vive en San Martín de los Andes y realiza
travesías con turistas en el cerro Chapelco. Él llevaría
un team de seis perros Alaskan Huskys con un trineo de
travesía del tipo canadiense, mientras que mi team sería
de ocho Alaskan y dos trineos a la vez, uno de travesía
de unos tres metros de largo con mucha capacidad de carga
y el otro del tipo tobogán, de fibra de vidrio y aluminio,
con más carga.
El
camino de aproximación lo transitamos con la fiel Toyota
de Pablo, que en baja y con la doble tracción conectada
nos permitió llegar hasta donde había nieve suficiente
para que los trineos puedan desplazarse.
Una
vez en el punto de nieve realizamos la ultima verificación
de los equipos, distribuimos la carga en los trineos y
comenzamos a bajar los perros del trailer. Mientras tanto,
estos aullaban desesperadamente, indicando sus ganas de
comenzar lo que mejor saben hacer: ¡Correr!
Mientras
los montañistas comenzaban su caminata por los últimos
tramos visibles de la ruta, terminamos de colocar los
arneses a los perros y de engancharlos a la línea que
los une al trineo para, finalmente, despedir a Gonzalo
Vitale, nuestro Location Manager, quien desde su camping
y refugio Lagrimitas nos brinda un constante apoyo en
todas nuestras incursiones en Villa Pehuenia y aledaños.
No teníamos prisa, a pesar de que ya eran casi las 18:00.
Sabíamos que en pocos minutos alcanzaríamos a los caminantes
y llegaríamos con tiempo suficiente para armar el campamento.
Confiamos
en el instinto de nuestros perros. Ellos saben "leer"
muy bien el suelo cubierto de nieve. A cargo de la tarea
de abrir camino estuvo Pablo que, con "Mañana" -una perra
guía que vino desde Francia y que posee un sentido de
orientación y una capacidad de conducción únicos- iba
copiando, como si tuviera un mapa, el trazado de la ahora
invisible Ruta 12. Yo lo seguía a cierta distancia.
La
geografía a esta altura está poblada por unos increíbles
bosques de Pehuenes, -Araucaria araucana- variedad única
en el mundo. El Pehuén, tal su nombre Mapuche, crece en
suelos volcánicos como el que transitamos. Estos densos
bosques están separados por grandes planicies del níveo
elemento. Es ahí donde más se complicó establecer un rumbo
ya que una vez cruzadas estas planicies, hubo que encontrar
exactamente el paso dentro de otro bosque de Araucarias,
más adelante.
Antes
que la tarde cayera por completo terminamos de recorrer
los 15 kilómetros que nos separaban de nuestro objetivo.
Este trayecto nos demandó un poco más de una hora. La
ultima planicie costó atravesarla. La nieve, muy blanda
y profunda, hacía que los trineos cargados con cerca de
200 kilos, se hundieran con facilidad.
Finalmente
vimos al final de la planicie por la que transitábamos
el destacamento El Arco, puesto fronterizo de la gendarmería
nacional. En un bosque lindero al puesto y a la vera de
un arroyo, desatamos nuestros perros y los colocamos sobre
un sector de suelo seco, debajo de unas añosas Araucarias.
Esto fue agradecido por los perros, que lo expresaban
estirándose y revolcándose entre la hojarasca formada
por las cáscaras de los piñones y el poco pasto que ya
empezaba a aparecer en los manchones de tierra que iba
descubriendo la nieve.
El
grupo
Mediante
el contacto radial habíamos seguido hasta ahí el avance
del grupo de raquetistas pero ahora, al llegar al puesto
de gendarmería, habíamos perdido todo contacto con ellos.
Cabía la posibilidad de que alguna de las radios se encontrara
con poca batería, producto del intenso frío o que se encontraran
aún a mucha distancia del campamento.
El
día se había presentado muy despejado y con buena visibilidad.
Por el momento no había que preocuparse. Pero la noche
ya lo cubría todo y estábamos con luna nueva, de manera
que la visibilidad nocturna dependía sólo de sus linternas
frontales. No tenían un rumbo preestablecido, así que
dependían de seguir la pisada echa por los trineos para
arribar al campamento del Arco.
A
modo preventivo, mientras Pablo se encargaba del fuego
y de acondicionar el lugar y la carga, yo armé nuevamente
un trineo grande y me preparé para salir en búsqueda del
grupo en caso de no tener noticias rápidas por radio.
Empezó a caer una brutal helada. El suelo comenzó
a endurecerse en forma abrupta, lo que hizo que se formen
las llamadas placas de hielo, nieve congelada en superficie
pero que en su base no lo está. El efecto que esto causa
es que al transitarla con un peso significativo, se partan
las placas, descendiendo unos centímetros todo el trineo.
Lo mismo ocurre debajo de las patas de los perros más
pesados o de nuestros pies.
A las 21:00 y con todas estas condiciones en contra,
lo que hacía presumir que no me desplazaría en forma sencilla
y rápida, decidí salir en busca del grupo.
La
búsqueda
Salí
por la pisada que habíamos dejado, pero en dirección contraria.
Si no perdieron el rumbo, debía encontrarlos en esa picada
abierta. El suelo estaba muy duro en superficie. Se escuchaba
claramente el sonido del hielo desprendido por las pisadas
de los perros y el crujir de los patines del trineo. Pero
esto era sólo en superficie y, tal cual lo habíamos supuesto,
por debajo la nieve aún no había escarchado. Así, se desprendían
grandes placas del tamaño de todo el equipo de perros.
Algunos de ellos se tiraban al suelo cuando sentían la
caída de la placa. Las perras guías buscaban por instinto
un suelo más firme donde pisar. Pero no debía apartarme
del camino que habíamos realizado en la nuestro viaje
de ida. La solución fue ir avanzando en forma de "S".
A
poco más de tres kilómetros y en plena oscuridad, escuché
voces a la salida de un tupido bosque de araucarias. Cuando
comencé a bajar, vi la linterna frontal del que iba adelante.
Eran tres integrantes del grupo, los más entrenados. Les
dije que estaban muy cerca y les convidé agua y comida
para que recuperen el aliento. Del resto -otros cinco
integrantes- no sabían mucho, salvo que venían bastante
más atrás.
Al
rato los escuchaba por radio, pero no los veía cerca,
así que entré a un bosque de araucarias que tenía delante
de mí. Tal vez estuvieran adentro y por eso no los veía.
Crucé el bosque sin encontrarlos y salí a una planicie
nevada muy amplia.
Modulé
por radio con ellos y pregunté si llevaban alguna luz.
Entonces, uno de ellos prendió la luz estroboscópica que
llevaba en su bastón y ahí los vi, sobre un filo mucho
más alto. Les mostré mi luz indicándoles que bajaran directo
hacia ella. Mientras, acomodaba mi tiro de perros en dirección
al campamento.
Eran
cerca de las 23:00 y el frío se hacía sentir. Hacía algunas
horas que caminaban en esas condiciones por lo que algunos
se encontraban algo cansados. Decidimos llevar en el trineo
al más sentido de ellos a quien, además, le dolía una
pierna. Lo colocamos dentro de una bolsa de dormir de
Duvet para que no se enfríe y comencé el regreso al campamento.
El
campamento
Una
hora después, y tras algunos vuelcos del trineo producto
de las placas que ahora se quebraban más por el peso extra
del trineo, arribamos todos juntos al campamento, felices
de encontrar el calor del fuego y el olor del asado!
La
cena se prolongó hasta entrada la madrugada, ya que comenzó
a medianoche. Fue el momento de comentar las experiencias
vividas durante la travesía. Más tarde, el sueño reparador
nos invadió a todos: hombres y animales.
Pero
al amanecer nuevamente comenzaba nuestro trabajo: reavivar
el fuego, traer y calentar agua, preparar la comida con
caldo para hidratar a los perros y limpiarlos. Ellos agradecieron
ese sol de la mañana que calentaba el suelo helado de
la pasada noche.
Ya
a media mañana empezaron a emerger de sus respectivas
carpas los integrantes del grupo de trekking, ya con nuevas
energías y dispuestos a calzarse nuevamente las raquetas
para recorrer la zona del Paso. Después del mediodía los
trekkers fueron partiendo. La idea era llegar temprano
al refugio de Gonzalo Vitale y tener tiempo de un baño
caliente. Los Mushers nos quedamos para dejar en condiciones
el campamento y cargar los trineos, que gracias a lo consumido
en la cena y el almuerzo bajarían bastante más livianos.
El
suelo estaba nuevamente blando, pero eso no impidió que
la bajada sea rápida, con lo que llegamos a la ruta antes
que el grupo. Para su llegada estaba todo el equipo, con
perros y trineos incluidos cargados en el trailer y la
camioneta. Sólo restaba, ya en el refugio, servirles a
los perros su merecida cena.
A
la mañana siguiente quedó tiempo para visitar el Volcán
Batea Mahuida y la comunidad Mapuche Puél donde, con gran
esfuerzo, se armó un parque de nieve con un medio de elevación
para la práctica del esquí alpino en el volcán. También
hubo una visita a la tienda de artesanías, muy bien atendida
y provista por Ana y Gonzalo dentro del Camping Lagrimitas,
un sitio que no se puede dejar de conocer en Villa Pehuenia.