I.
Introducción
1.
La orientación como técnica rutinaria
y de supervivencia
En
la capacitación o desempeño en cualquier
disciplina de la vida, ya sea profesional, cotidiana,
recreativa o cualquier otra, aplicamos un conjunto de
conocimientos. Algunos de estos son innatos, otros son
adquiridos por simple experiencia a lo largo de la vida,
otros son adquiridos bajo cierta dedicación,
ya sea en forma intuitiva o racional, como instrucción
formal o por acopio de información.
Estos
conocimientos, aplicables a la actividad que sea, los
vamos incorporando ya sea como artes o como técnicas.
Las primeras guardan una relación estrecha con
nuestros talentos innatos y con nuestras preferencias
particulares. Los segundas son más fácilmente
transmisibles formalmente, y se pueden incorporar de
un modo consciente, con mayor o menor dificultad, como
habilidades biomecánicas (caso de los deportes)
e intelectuales.
Si
clasificamos nuestro bagaje técnico aplicado
a las actividades de aventura en la naturaleza, veremos
que podemos reconocer tres tipos de técnicas:
básicas, las que son fundamentales de la actividad
(en el caso del montañismo incluye las técnicas
de marcha, de acampada y de escalada básica);
específicas, las que se refieren a temas específicos
o especialidades de la actividad (en el caso del montañismo
pueden ser las técnicas más refinadas
de determinados tipos de escalada, de esquí,
etc.); y eventuales, las que se aplican en eventualidades
o situaciones excepcionales (en el caso del montañismo
pueden ser las técnicas de búsqueda y
rescate, primeros auxilios, supervivencia, etc.).
Pues
bien, la técnica que nos ocupa ahora es la orientación.
Cabe preguntarse qué tipo de técnica es
en el desempeño en la aventura. Para muchas personas,
erróneamente, la orientación (y sus distintas
disciplinas) parece ser una técnica eventual,
algo que se usa sólo cuando estamos perdidos.
Ese error se basa en que en el terreno utilizamos casi
siempre procesos de orientación muy básicos
e intuitivos. En la montaña, por ejemplo, es
dificil perderse porque la propia dureza del terreno
hace que nos desplacemos lentamente y reconociendo los
lugares más apropiados. La marcha transcurre
por los valles o los filos, y regresar por donde uno
fue es relativamente sencillo. Ello hace relativamente
innecesario, la mayoría de las veces, usar un
mapa, mucho menos una brújula. Para otros la
orientación es una técnica específica,
es decir, algo que sólo usan los que van a propósito
a "hacer orientación", como una especie
de juego.
Nosotros
sostenemos que la orientación es una técnica
básica. Que todo aventurero responsable y consciente
debe saber manejar la carta, la brújula, el altímetro
y el GPS, ya sea en forma independiente o combinada.
Y en el caso de profesionales (como instructores, guías
de montaña o deportistas asiduos) debe saber
hacerse a la perfección y con precisión.
La orientación está sólidamente
ligada a la palabra aventura. Los aventureros no sólamente
leemos el terreno y nos valemos bien de las técnicas
de progresión en distintos ambientes; sino que
debemos tener la capacidad de anticiparnos a lo que
el terreno nos depara, para poder modificar a voluntad
el itinerario, para desplazarnos incluso en terrenos
desconocidos y en condiciones adversas de visibilidad.
Y además para poder transmitir nuestra posición
a otros, para elaborar informes y relatos con referencias
precisas y para podemos planificar una excursión
previamente contando sólo con un mapa.
Es
inadmisible que un verdadero deportista de la naturaleza
no sepa interpretar las curvas de nivel de una carta,
no pueda trazar un itinerario y calcular su duración
o no pueda navegar a un punto con su GPS o su brújula.
Por todo esto, la orientación y sus disciplinas
asociadas son técnicas de aplicación rutinaria
en la aventura en general, y por supuesto en ciertas
disciplinas en particular, como la profesión
de guía o la afición a las carreras de
aventura.
Pero
también debemos saber aplicar técnicas
no ortodoxas de orientación a situaciones eventuales,
lo que convierte a la orientación en uno de los
elementos básicos de la supervivencia y por ende
hay técnicas de orientación que caen en
las técnicas eventuales. Las técnicas
de orientación en la emergencia son un valioso
auxiliar por ejemplo a la hora de hacer exploraciones
en búsqueda de agua y regresar al campamento,
al organizar una búsqueda o al encarar una travesía
para regresar a la civilización. Además
de ello, así como podemos improvisar un anclaje
en una pared o ejecutar un rappel sin mosquetones, o
encender fuego sin fósforos o encendedor, un
aventurero responsable debe saber orientarse con el
sol, la luna o las estrellas, o calcular una distancia
con la brújula.
2.
Disciplinas de la Orientación
La
Orientación incluye tres disciplinas:
Para
ello la Orientación cuenta con los siguientes
medios: la carta (y por ende la cartografía podría
considerarse otra disciplina dentro de la Orientación),
la brújula, el altímetro y el GPS.
II.
Cartografía
Lo
que incluímos en este capítulo NO ES un
tratado de cartografía, ni siquiera un apunte
general sobre el tema, sino sólo los elementos
de interés resumidos para un aventurero. En nuestros
cursos el temario de cartografía se divide en
tres: Cartografía Plana, Sistemas de Proyección
y Sistemas de Referencia. Ha de tenerse muy en cuenta
que el sistema de proyección y el de referencia
cartográficos que aquí explicaremos son
los vigentes en Argentina (proyección Mercator
transversa Gauss-Kruger y datums Campo Inchauspe y POSGAR),
pero otros paises utilizan otros (por ejemplo México
utiliza proyección UTM con sistemas NAD27 y recientemente
están pasando al ITRF92).
1.
La carta
Se
denomina en general "mapa" a un modelo a escala,
plano, de la superficie terrestre, en el cual se han
respetado determinadas pautas de escala, proyección
y referenciación del terreno, y generalmente
contienen información temática. Se denomina
en particular "carta" a un mapa que incluye
información física detallada que resulta
útil para la navegación. Finalmente, se
denomina "plano" a un mapa a gran escala (mayor
a 1:10 000) donde la curvatura terrestre se hace despreciable.
El hecho de construir o trazar un mapa o carta incluye
varios conceptos que es necesario desarrollar, y son
los siguientes.
1.1.
Escala
Es
la proporción geométrica que guardan las
medidas en la carta con las medidas homólogas
en el terreno. Las dos formas típicas de expresar
la escala de una carta son la gráfica, simplemente
dibujando un segmento donde representamos 1 km, o 10
km u otra cantidad redonda, o numérica, diciendo
cuántas veces está achicado el terreno
en la carta, por ejemplo 1:1 000 000, 1: 50 000, etc.
Este
es un concepto muy fácil de entender, casi intuitivo,
pero lo que no es tan conocido es que la escala de una
carta nunca puede ser única en toda la carta.
Si bien no nos detendremos a analizar esto aquí
(se ve en los cursos), bástenos saber que por
el hecho de tener que traducir una superficie redonda,
como es la terrestre, sobre un plano, pasa por un proceso
de cuatro pasos que coloca al cartógrafo en la
disyuntiva de tener que conservar semejanza de formas,
de superficies, de distancias o de direcciones. Las
cuatro no son compatibles entre si, de modo que una
carta SIEMPRE poseerá deformaciones intencionales
e inevitables, lo que hará que la escala no sea
la misma en toda la carta o en todas las direcciones
de la carta. En rigor, normalmente la escala declarada
es sólo válida a lo largo de una dirección
del mapa donde el plano de proyección es tangente
o secante al elipsoide terrestre. Esta línea
singular recibe el nombre de línea automecóica
y es un meridiano en las proyecciones transversas, y
un paralelo en las rectas y cónicas. Pero afortunadamente
para nuestra afición de aventureros, excepto
para grandes viajes, generalmente en nuestras travesías
nos manejaremos dentro de un tamaño del terreno
que las escalas que se utilizan no introducen grandes
deformaciones. De hecho, la proyección Gauss-Kruger
que utiliza la Argentina limita estas deformaciones
a un máximo de 0.04%, es decir 4 cm en 100 m
o 4 m en 1 km. Lo mismo ocurre con las cartas UTM que
usa la mayor parte del mundo.
Las
cartas en escala 1:100 000 son relativamente comunes,
aunque las ideales, pero no siempre disponibles, son
las 1:50 000. Escalas mayores (por ejemplo 1:25 000
o 1:10 000) no son usuales en Argentina. En forma regional
podemos ubicar nuestra zona de trabajo en las cartas
1:250 000, y las cartas 1:500 000 y 1:1 000 000, están
absolutamente fuera de nuestro uso. Las últimas
son las que se usan para aviación.
El
sistema de nomenclatura de la cartografía argentina,
confeccionada por el Instituto Geográfico Militar,
está basado en cartas 1:500 000 que representan
"rectángulos" del territorio (entre
comillas, porque en realidad son casquetes de superficie
redonda sobre la Tierra, más precisamente sobre
un elipsoide) de 3º longitud de ancho por 2º
de latitud de alto, siendo los meridianos centrales
múltiplos de 3º y los paralelos centrales
impares. Por ejemplo, la carta base que contiene a la
ciudad de Mendoza es la 3369, por estar centrada en
los 33º de latitud y los 69º de longitud.
En realidad las cartas 1:500 000 no se usan sino sus
cuartos, en escala 1:250 000, que en nuestro ejemplo
se denotan, de izquierda a derecha (W a E) y de arriba
abajo (N a S), 3369-I, II, III y IV. A su vez cada una
de estas cartas se dividen en nueve cartas menores en
escala 1:100 000, denotadas con un número arábigo
en el sentido de la lectura, y estas a su vez en 4 cartas
en 1:50 000, también numeradas en arábigos.
1.2.
Proyección
No
vamos a entrar muy profundamente en este tema (en los
cursos lo hacemos en detalle). Para poder representar
en un plano una superficie redonda como es la Tierra
o regiones de ella, debemos proyectarla del mismo modo
que podemos dibujar nuestra silueta en la pared proyectando
la sombra. Obviamente esta sombra se deformará
de diverso modo dependiendo de dónde provenga
la fuente de luz. Pero si más que dibujar artísticamente
queremos hacer una expresión matemática
de nuestra silueta, entonces debemos idealizar
nuestro cuerpo y despojarlo de cualquier particularidad,
y por ello los mapas no proyectan en realidad la Tierra
tal cual es, sino un modelo geométrico de ella
llamado elipsoide, que es una esfera lisa (sin topografía)
achatada en los polos.
En
los cursos vemos en detalle los distintos tipos de proyección
y de elipsoides usados, pero aquí resumiremos
diciendo que la proyección que usa la Argentina
es la de Gauss-Kruger, que es una proyección
Mercator transversa que se toma cada 3º de longitud.
Esto significa que un determinado territorio contenido
en esta delgada faja está proyectado sobre un
plano (la carta) "enrollado" en un cilindro
que envuelve al elipsoide (la Tierra) en forma transversal
al eje. Este cilindro es tangente a un meridiano del
elipsoide que pasa por las cercanías del territorio
a cartografiar. Estos meridianos son automecóicos
y de longitud múltiplo de 3, por ejemplo 69º
para buena parte de Mendoza, y en esa "faja"
de 3º de longitud se representan los territorios
que se hallan 1,5º a cada lado de dicho meridiano,
es decir desde los 70º30' hasta los 67º30'
para Mendoza. Para otros territorios más alejados
se usan otras fajas, y la Argentina se cubre totalmente
con 7 fajas que van desde los 73°30 a los
55°30 de longitud Oeste.
Existen
otros tipos de proyecciones de las que no nos ocuparemos
aquí. Conocer qué proyección usa
una carta es, por ejemplo, necesario para los usuarios
del software OziExplorer para GPS, de creciente utilización
por los aventureros.
1.3.
Sistemas de referencia
En
todas las cartas se utilizan coordenadas, que son números
que permiten cuantificar una posición sobre la
superficie terrestre o sobre la carta. Estas coordenadas
pueden ser básicamente de dos tipos: geodésicas
o planas. Las geodésicas (mal llamadas geográficas)
se expresan en grados de arco, la latitud o arco medido
desde el Ecuador hasta el paralelo local, y la longitud
o arco medido desde el meridiano de Greenwich hasta
el meridiano local. Estas coordenadas son muy aproximadamente
iguales a las coordenadas geográficas, que se
miden con centro en el baricentro de la Tierra, y que
se utilizan aún en la náutica y se miden
físicamente utilizando astros con instrumentos
tales como sextantes y cronómetros, que se basan
en la vertical del lugar por medio de niveles de burbuja
o plomadas y la cronometración de la rotación
terrestre. Las coordenadas geográficas toman
como sistema de referencia una esfera (el cielo), en
cambio las geodésicas (que no se miden físicamente
sino que se calculan geométricamente) toman como
sistema de referencia un elipsoide. Este sistema es
más preciso a la hora de hacer una proyección
cartográfica porque la Tierra tiene una forma
aproximadamente elipsoidal. En este caso se abandona
el concepto físico de vertical del lugar para
reemplazarlo por el de perpendicular al elipsoide.
El
problema es que la Tierra no es exactamente un elipsoide,
sino que se aproxima a una forma particular denominada
geoide. Las diferencias entre las geoformas locales
con el geoide es la topografía local, pero el
geoide tiene la particularidad de representar exactamente
la forma de la Tierra si esta estuviera dada por el
nivel medio de los mares continuando bajo los continentes.
Tratar de proyectar la cartografía sobre este
geoide, una especie de papa de forma irregular
y con ondulaciones locales dadas por las perturbaciones
de la fuerza de gravedad, sería sumamente dificil.
Es por eso que se usan los elipsoides. No se usa un
único elipsoide sino que cada país adapta
un determinado elipsoide a su propia región de
la Tierra y le introduce una serie de correcciones,
llamando datum a este sistema, de modo que
su superficie regional coincida lo más posible
con el geoide regional. En la Argentina, la cartografía
está proyectada sobre un elipsoide cuyo punto
de tangencia con el geoide local está en la localidad
de Campo Inchauspe, en la provincia de Buenos Aires.
En ese lugar la perpendicular al elipsoide coincide
con la vertical. Por eso se dice que nuestra cartografía
usa el datum planimétrico Campo Inchauspe 69,
es decir que las latitudes y longitudes están
medidas sobre dicho elipsoide, determinado en 1969.
Como datum altimétrico usamos el nivel medio
del mar fijado en 1924 en el mareógrafo de Mar
del Plata, es decir que las alturas o cotas se refieren
a dicho nivel. Desde el año 1994 se ha propuesto
cambiar de datum, y actualmente se está pasando
toda la cartografía al datum POSGAR 94 (POSiciones
Geodésicas ARgentinas 1994). Este elipsoide es
un elipsoide centrado en el centro de la Tierra (no
desfasado como el Campo Inchauspe 69) y por lo tanto
no está tan ajustado al geoide local, pero tiene
la ventaja de coincidir con el elipsoide WGS84, que
es el que utiliza el sistema GPS, que es el método
moderno de fijar coordenadas. Por eso, las coordenadas
de una carta POSGAR 94 serán las mismas que indica
un receptor GPS, del mismo modo que las coordenadas
de una carta Campo Inchauspe serán muy similares
a las que se obtendría astronómicamente
como coordenadas geográficas. La ventaja de las
primeras es que son homogéneas e isométricas,
por no estar deformadas por perturbaciones locales de
la gravedad.
Ahora
bien, ya sea con el sistema de referencia basado en
el datum Campo Inchauspe 69 o el POSGAR 94 (o WGS84),
las coordenadas se proyectan en la carta con el sistema
de proyección Gauss-Kruger citado más
arriba. ¿Por qué hemos de tener en cuenta
ambas cosas, sistema de referencia Campo Inchauspe (u
otro) y proyección Gauss-Kruger? El sistema de
referencia es el elipsoide sobre el que se toman las
latitudes y longitudes, como ángulos en el espacio,
en cambio la proyección es cómo se proyectan
estas en un plano para darnos la carta. No debemos confundir
ambos conceptos.
Conocer
el sistema de referencia es fundamental a la hora de
intentar intercambiar datos entre un receptor GPS y
una carta, pues el primero debe configurarse en el mismo
sistema de referencia de la carta. En el caso de trabajar
con cartografía tan vieja que no utilice los
nombrados sistemas de referencia, el GPS debe configurarse
en CI69, pues dará por resultado coordenadas
parecidas a las geográficas, las cuales seguramente
son las que se determinaron astronómicamente
y utilizaron para hacer la carta antigua.
El
otro tipo de coordenadas, llamadas planas, no se miden
en unidades angulares sino en metros. El sistema adoptado
en Argentina, el Gauss-Kruger, da como coordenada plana
latitudinal, llamada X, la distancia elipsoidal desde
la latitud del punto hasta polo Sur del elipsoide medida
sobre el meridiano central de la faja Gauss-Kruger;
y como coordenada plana longitudinal, llamada Y, la
distancia perpendicular hasta dicho meridiano. Para
dar esta distancia en números homogeneos ya sea
al W o al E del meridiano central, se le da a este meridiano
un valor, llamado falso Este, de "F500 000 m",
donde F, es decir la unidad de millones, es el número
de faja. Argentina utiliza 7 fajas, siendo la F = 1
la más occidental, cuyo meridiano central es
el 72º W. En Mendoza impera la faja 2, centrada
en 69º W. El número F de faja se calcula
como F = (75 - M) / 3, donde M es el meridiano central
(múltiplo de 3) más cercano al punto considerado.
Tanto
la graduación de coordenadas geodésicas
como planas se encuentran indicadas en los márgenes
de las cartas. Se debe saber leer las coordenadas de
un punto en ambas graduaciones, y los cursos deben incluir
estas prácticas. Las planas se encuentran indicadas
en km en un cuadriculado de 4 x 4 cm, y las geodésicas
se encuentran indicadas numéricamente en los
cuatro vértices de la carta, y representadas
en los márgenes con segmentos que indican cada
uno 1' en las cartas 1:100 000, y 20" o 30
en las 1:50 000.
1.4.
Relieve
La
topografía del terreno se representa en la carta
con diversos tipos de sombreado en las zonas nevadas
o rocosas, y con curvas de nivel, o isohipsas, en toda
la extensión de la carta. Las curvas de nivel
son líneas contínuas trazadas a cota constante,
es decir que representan las trazas que surgen de cortar
el terreno con planos horizontales espaciados verticalmente
una distancia uniforme llamada equidistancia de la carta.
En general estas equidistancias son de 50 o de 25 m,
con líneas más gruesas respectivamente
cada 250 o 100 m.
La
observación atenta de las curvas de nivel indican
los valles, los cordones, las cumbres y las diversas
pendientes del terreno. Debe saber observarse claramente
estos accidentes en una carta. Lo ideal, para interpretar
facilmante una carta, es trazar con trazo grueso los
filos, delimitando así cuencas, valles y cordones.
Hacer esto es fundamental en los trabajos prácticos
de un buen curso, y es muy importante ganar experiencia
al respecto.
1.5.
Otras representaciones del terreno
Aparte
de las cartas puede contarse con fotografías
aéreas e imágenes satelitales. Normalmente
las primeras deforman mucho la representación
del terreno, y ambas carecen de coordenadas. La utilización
de estos recursos recién está comenzando
a ser interesante para el aventurero con el uso combinado
del GPS y una PC con software OziExplorer o TrakMaker,
cuyo uso excede el alcance de este apunte, pero que
es altamente recomendable aprender a usarlo.
1.6.
En resumen
La
mejor cartografía del IGM con que podemos contar
en Argentina es en escala 1:50 000. Está en Proyección
Gauss-Kruger cada 3º, y en su gran mayoría
está referenciada a Campo Inchauspe 69, sólo
unas pocas a POSGAR 94. En ella pueden leerse coordenadas
geodésicas con divisiones cada 20" y planas
Gauss - Kruger de 2 km por cuadrícula, y las
curvas de nivel tienen en general equidistancia de 25
m. En la de escala 1:100 000, estos valores son respectivamente
1' (60"), 4 km por cuadrícula y generalmente
50 m de equidistancia.
2.
Cálculo de itinerarios sobre la carta
Una
carta es útil tanto para la ubicación
de la propia posición como de otros puntos de
interés, y para orientarse en el terreno. Pero
también podemos trazar sobre ella el itinerario
a seguir, y luego navegarlo en el terreno. Una utilidad
muy importante de esto es poder estimar a priori el
tiempo que nos demandará recorrerlo sobre el
terreno.
Un
método inmediato es medir las distancias y calcular
el tiempo dividiéndola entre la velocidad estimada
de desplazamiento, pero en el caso de la montaña
la progresión vertical complica estos cálculos.
Se han ideado muchas fórmulas para resolver este
problema. La más simple, debida a Kellermann
y que el autor (GC) ha usado con mucho éxito
en montañas bajas con buena cartografía
(Pirineos), es la siguiente:
Ta
[h] = (L[km] + DH[hm]) / 4 Td = Ta / 2 ó 3
para
recorridos normales de baja y media montaña con
mochilas livianas o medianas, lo que significa que el
tiempo de ascenso Ta expresado en horas es igual a la
longitud horizontal L en kilómetros más
el desnivel DH en hectómetros, dividido 4; y
que el tiempo de descenso Td es la mitad o un tercio
del de ascenso, según se trate de una bajada
de mediana dificultad o una bajada franca rápida.
Si hubiera sendero bien marcado, en vez de entre 4 podemos
dividir entre 5.
Esta
fórmula ha demostrado ser bastante buena para
recorridos donde L y DH son numéricamente parecidos
dentro de un 20% de tolerancia, pero cuando L y DH son
más disímiles el mayor valor se hace mucho
más incidente. En ese caso se ha propuesto dividir
el menor valor entre 2, es decir se calcula
Ta
= T + t / 2 donde T = M / 4 y t = m / 4
siendo
M y m respectivamente el mayor y menor valor entre L
y DH. Esto da tiempos más realistas para ascensos
de montaña deportivos, es decir, relativamente
rápidos.
Para
alta montaña el rendimiento disminuye mucho con
la altitud. El autor ha hecho un estudio estadístico
con itinerarios clásicos en varias altas montañas
andinas y ha encontrado una muy buena correlación
utilizando la siguiente fórmula obtenida por
regresión lineal
Ta
= (L + DH) / C donde C = 7 - H / 1200 con Cmáx
= 5
H
es la altitud promedio del recorrido en metros. Nótese
que para H < 2400 m tendríamos C > 5, pero
debemos observar la condición de que el valor
máximo a utilizar es 5.
Para
utilizar estas fórmulas se siguen los siguientes
pasos:
Al
tiempo total así calculado se le deben sumar
los tiempos muertos. Estos dependerán del tipo
de actividad y del grupo, pero en general siempre debemos
tener en cuenta: a los 20 minutos de marcha paramos
5 a ajustar abrigo y carga, cada hora u hora y media
computar unos 10 minutos de descanso, parada para comer,
etc.
Este
tiempo total se compara con la duración del día.
Podemos determinarla usando un programa Excel que pueden
solicitar gratuitamente al autor
o bajarse del sitio web de la Asociación
Argentina de Guías de Montaña.
III.
Posición o Ubicación
1.
Tipos de posición
La
determinación de la posición consiste
en obtener las coordenadas de donde nos encontramos,
o bien el elemento geográfico que la representa
sobre la cartografía. Este elemento puede ser
un área, una línea o un punto. Según
el modo de determinación de la posición
o nuestro interés en el momento, podemos tener
uno de los siguientes tipos de posicionamiento.
1.1.
Posición de área
Consiste
en saber en que zona de la carta (o en qué carta)
está nuestra posición. Normalmente este
dato es superfluo para un guía de montaña,
porque en montaña es casi imposible cambiar de
área, o perder noción de la misma, por
mucho tiempo.
La
Posición de Área se logra delimitando
en la carta la zona donde estamos, ya sea por estima
de tiempos de recorrido, por reconocimiento de puntos
característicos, etc.
1.2.
Posición de línea
Consiste
en saber sobre qué línea estamos, pudiendo
ser una línea recta imaginaria que nos une con
un punto conocido, una línea ferrea o camino,
una isohipsa (curva de nivel). Dos o más posiciones
de línea pueden determinarme una posición
de punto.
1.3.
Posición de punto
Consiste
en conocer sobre la carta nuestra posición. El
método clásico es la intersección
de dos posiciones de línea. Actualmente se dispone
del GPS, como veremos luego.
2.
Coordenadas rectangulares y polares
El
sistema de referencia para denotar las coordenadas puede
ser ya sea plano o elipsoidal, expresando las coordenadas
en los márgenes de la carta en forma cartesiana;
o indicando rumbo y distancia a un punto conocido, en
forma polar.
Con
GPS las coordenadas se pueden expresar en el sistema
rectangular o cartesiano (en Argentina se suele usar
el datum Campo Inchauspe para coincidir con la cartografía),
o en forma polar a partir de un punto conocido (waypoint).
Veremos esto con más detalle en el capítulo
específico de GPS.
3.
Determinación clásica de la posición
con mapa y brújula
El
método clásico con mapa y brújula
se denomina Intersección Inversa (mal llamado
Triangulación en casi todos los libros), y es
el siguiente: