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Tigrenses en el Aconcagua
Mauricio Bianchi - Aventurero

A Javier Bosch (36 años) lo conocí en 2000 gracias a ese medio fantástico que es Internet. Nos unía el interés por la montaña y así, con él y otro amigo (Gonzalo Pérez, de 20 años), decidimos intentar la cumbre del San Lorenzo en nuestra Patagonia (Santa Cruz), durante enero de 2001. Pero esa es una historia que contaré en otra nota. Ahora -enero de 2002- nos esperaba otra montaña, nada menos que la mayor cumbre de América.

Este amigo ya ha decidido dos años consecutivos dónde pasar el mes de enero ya que, aquella vez me invitó al San Lorenzo y el año pasado me contó que estaban buscando voluntarios para realizar un estudio médico en el Aconcagua y ambos nos anotamos.

EARN Aconcagua 2002

El estudio, denominado EARN Aconcagua 2002 (Estudio de Aclimatación Ruta Normal), impulsado por el Dr. Carlos Pesce y la Sociedad Argentina de Medicina de Montaña, buscó determinar cuál sería el mejor método de ascenso al Aconcagua (6962 metros). La idea: poder sugerirlo a los miles de visitantes que intentan su cumbre o recorren sus alrededores todas las temporadas. Entre noviembre y marzo entran al Parque Provincial Aconcagua más de 4000 visitantes y el 75 por ciento de ellos son extranjeros.

Para ello, el 5 de enero partimos 19 personas hacia "el Centinela de Piedra" (eso significa "Aconcagua"). Fuimos divididos en dos grupos con diferente esquema de ascenso. Eso significaba que mientras un grupo ascendía gradualmente el otro hacía "serrucho".

El problema principal de la altura es la falta de oxígeno en la atmósfera. Ello produce una serie de trastornos en el organismo que pueden producir el Mal Agudo de Montaña. Sus peores manifestaciones son el edema pulmonar y el edema cerebral, que pueden matar al andinista en sólo de 48 horas. La aclimatación permite al cuerpo generar la cantidad de glóbulos rojos necesarios para compensar la falta de oxígeno. Igualmente esto ocurre hasta cierta altura. Más allá, es imposible aclimatarse.

Nosotros hicimos los siguientes campamentos: Horcones (2980 metros), Confluencia (3380 metros), Plaza Francia (4200 metros), Plaza de Mulas (4370 metros), Plaza Canadá (5050 metros.), Cambio de Pendiente (5345 metros), Nido de Cóndores (5560 metros) y Berlín (5920 metros).

Para evaluar nuestro estado general, todos los días nos tomaban la oxigenación en sangre y el ritmo cardíaco a la mañana y a la tarde. Esto se hacía con un oxímetro que se coloca en el dedo índice y tiene un láser. Además, se evaluaba el estado general (síntomas como diarrea, vómitos, dolor de cabeza, agotamiento, etcétera).

El estudio tuvo el siguiente esquema:

  • 4 noches en Horcones, una de las cuales con mi grupo fuimos a dormir a Confluencia y regresamos.
  • 3 noches en Confluencia, una de las cuales con mi grupo fuimos a dormir a Plaza Francia y regresamos.

El mal tiempo

Luego venían cinco noches en Plaza de Mulas, con una en el medio en la cual debíamos subir a dormir a Nido de Cóndores. Pero, entonces, el tiempo comenzó a jugarnos en contra y el día que iniciamos el ascenso un temporal nos obligó a llegar sólo hasta Plaza Canadá y tener que soportar allí una noche con tormenta de nieve. Al día siguiente descendimos. Dos noches más en Plaza de Mulas y deberíamos ir todos hacia Nido de Cóndores, pero el tiempo volvió a estar en contra y no permitir la salida.

Ante las malas condiciones del tiempo (fue el año con más nieve desde 1992) y considerando que a algunos se les terminaban las vacaciones, se dejó en libertad de acción a los voluntarios para seguir el ascenso con un esquema propio y aportar así libremente datos al estudio. De los 19 integrantes de la expedición, tres decidieron regresar inmediatamente (Hernán Pinto -médico/coordinador de la EARN-, Juan Ignacio Seiler y Matías Bellochio). Ellos fueron los primeros en abandonar el intento, el día 21 de enero.

El Bonete

Durante los días que estuvimos en el campamento base de Plaza de Mulas varios de nosotros hicimos cumbre en el cerro Bonete (5040 metros) que está cerca del mismo. Yo lo hice el 20 de enero. El ascenso se inicia por una senda detrás del Hotel-Refugio Plaza de Mulas y se realiza tranquilamente en dos o tres horas, durante las cuales se ascienden típicos acarreos andinos y se atraviesa un espacio de penitentes antes de encarar el último tramo, de gran inclinación, para llegar a la cumbre. Cuando llegamos a la cima, para variar, se descompuso el tiempo y la última parte del descenso la hicimos con una tormenta digna de la Patagonia.

Una cumbre en el Aconcagua

El 19 de enero, seis integrantes de la expedición partieron, aún contra lo sugerido por los guías especializados, hacia los campamentos superiores. Esa noche durmieron en Plaza Canadá, donde debieron soportar una gran tormenta que motivó que José Álvarez González descendiera al día siguiente y decidiera no intentar más la cumbre. Los otros cinco partieron hacia Nido de Cóndores, pero uno de ellos, Rubén Barrionuevo, regresó pasando una mala noche en Plaza Canadá (otra vez tormenta) y para llegar a Plaza de Mulas el día 21.

El 22 de enero, Ariel Marmulsztein inició el regreso a Buenos Aires, con lo cual quedamos 15 miembros de la expedición, distribuidos: cuatro, uno de ellos Javier, que ese día ascendieron de Nido de Cóndores al Campamento Berlín; siete, entre ellos yo, que ascendimos a dormir a Cambio de Pendiente; tres (Romina Bonanno, Ayelén Krompiewieski y Francisco Martini), que ascendieron hasta Nido de Cóndores a conocer y regresaron a dormir a Plaza de Mulas, donde se quedó José. Estos últimos ya habían decidido que no intentarían la cumbre. Fue un día de buen tiempo.

El 23 de enero, de los siete que dormimos en Cambio de Pendiente, cinco nos trasladamos a Nido de Cóndores para dormir. Mientras, Rubén y Paula Fritzsche llegaron hasta allí y descendieron a Plaza de Mulas desistiendo así del intento de la cumbre.

Ese día partieron intentando la cumbre, desde Berlín, Javier y Esteban Schneider, mientras que Gabriela Segura y Elizabeth Guerrero (dos barilochenses que desentonaron totalmente con la cohesión que tenía el grupo y demostraron no ser buenas personas) debieron descender porque comenzaron a tener síntomas de mal de altura y, además, no tenían el equipo adecuado para afrontar la montaña, a pesar de los consejos que les habían dado guías expertos como Gabriel Cabrera o Daniel Pizarro en los días previos.

A poco de iniciar el intento, Esteban comenzó a sentir mucho el frío. La temperatura debía estar allí arriba en unos -20/-25 °C. Decidió regresar, abandonando el intento. Javier continuó y, luego de meterse en una carpa de desconocidos durante una hora para retomar el calor en sus pies, llegó a la cumbre alrededor de las 13:30 hs.

Desde allí descendió directamente hasta Plaza de Mulas. Nosotros lo cruzamos cerca de Nido de Cóndores y, totalmente feliz, nos contó su ascenso. A Javier le salió bien el jugarse a "aguantar" dos días de tormenta en los campamentos superiores, aunque eso no era lo que recomendaban "los libros".

Mi intento de cumbre

Los cinco que quedábamos en la parte alta de la montaña (Christian Ferrari, Patricia Laspina, Leandro Matilla, Santiago Arce y yo) ascendimos el 24 de enero hasta el campamento Berlín, y allí dormimos: Pato y Christian en el refugio y el resto en una carpa. El 25 de enero, Pato y Christian partieron a las 8:30 hacia la cumbre. Lean, Santi y yo lo hicimos recién a las 10:00. Muy tarde, pero motivado, en parte por el intenso viento que sopló durante la noche que nos hizo dudar de partir o no y porque tratamos, varias veces, que Santi tomara líquido para afrontar la jornada.

Santi estaba sintiendo la altura y eso le producía el típico "desgano" que se genera muchas veces. Incluso estaba medio indeciso de ir o no, pero cuando lo decidió tuvimos que esperar que estuviera listo.

Al poco de salir, aproximadamente a los 6150 metros, cruzamos a Pato que regresaba. Había desistido porque estaba muy afectada por la altura. Ahora quedábamos cuatro intentando la cumbre.

Avanzamos en un terreno que se hacía difícil por la carencia de oxígeno y pesado por la gran cantidad de nieve caída en los últimos días (en un año normal se puede llegar a la cumbre casi sin pisar nieve).

Alrededor de las 15:00 alcancé a Christian en la base de la Canaleta (6660 metros) y, mientras él reiniciaba el ascenso, esperé a Santiago y Leandro. Santi venía muy agotado y había llegado hasta allí con una increíble fuerza de voluntad, pero al límite de sus energías. Lean venía muy lento pero mucho más entero, con una muy buena aclimatación.

Fue muy curiosa esa media hora de espera, ya que en ese momento me puse más abrigo, comí una barra de cereales y me dediqué a observar el entorno; ese increíble entorno que me rodeaba, y pensaba en el lugar único en el que estaba, un lugar que muy pocos seres humanos tienen el privilegio de alcanzar.

Lo único malo de ese momento fue tomar conciencia de que teníamos encima una fuerte tormenta que había aparecido "de la nada", ya que hasta el mediodía no habíamos visto prácticamente ninguna nube. Por otra parte, pude constatar que mi estado físico era estupendo para estas circunstancias. Era evidente que el proceso de aclimatación había sido impecable y mi organismo había respondido muy bien. Sólo tenía el cansancio lógico, pero ni siquiera un dolor de cabeza.

Cuando llegaron Santi y Lean adonde yo estaba, retomé el ascenso. Mientras subía por la famosa Canaleta final del Aconcagua, comenzó a nevar y a hacerlo cada vez con más fuerza.

A las 16:00 alcancé nuevamente a Christian, quien se detuvo a esperarme para que decidamos qué hacer. Sin dudarlo le dije: "bajemos, la tormenta ya esta a pleno y además no lo veo bien a Santi". Antes saqué una foto y el GPS para verificar la altura: estábamos exactamente a 6802 metros. A tan sólo 160 metros de la cumbre. ¡Una pena tener que volver!

Tormenta en el Aconcagua

Iniciamos el descenso junto a los chicos que estaban un tanto más debajo pero ya en la canaleta. El regreso fue verdaderamente duro y lo que normalmente lleva dos horas de vuelta (hasta el campamento Berlín) nos llevó más de tres. Hubo sectores donde la tormenta desatada con violentos vientos no nos permitía ver nada. Era el famoso "viento blanco", que produce que todo sea igual: todo blanco. La temperatura fue estimada en -30/-35 °C.

En "la gran travesía" nos hundíamos hasta las rodillas en la nieve, lo que hacía muy dificultoso el avance. En este trayecto fue un excelente punto de referencia el llamado "Peñón Martínez" (6465 metros) al que, por momentos, se lo podía ver a pesar de la tormenta.

Cuando llegamos a la zona del destruido Refugio Independencia (6370 metros) era tal el temporal que, aunque resultó ser que lo teníamos a sólo diez metros de nosotros, no lo podíamos ver. Pero más fuerte era la tormenta un tanto más abajo donde, sin ninguna referencia visible, el GPS y la brújula pudieron indicarnos el camino a seguir y así llegar a la zona denominada Piedras Blancas. Para ello fue invalorable el tener en el GPS los puntos de referencia de Gabriel Cabrera, publicados en los folletos del Parque Provincial Aconcagua.

Cuando pasamos la zona de Piedras Blancas ocurrió algo increíble. ¡Se abrió el cielo! Tuvimos un espectáculo de belleza impresionante. Nubes corriendo sobre otras nubes, con muy distintas características y consistencias, dejando ver, entre ellas, montañas y montañas teñidas de blanco. Eran ya las 19:00 y la tormenta había decidido detenerse tan imprevistamente como había aparecido. En media hora más estuvimos en Berlín, donde Lean y yo dormimos en la carpa y Santi (que vomitó cuando llegó y estaba agotado) fue a dormir al refugio con Christian. Así terminó ese increíble e irrepetible 25 de enero de 2002.

Volviendo a casa

Al día siguiente iniciamos el descenso a Plaza de Mulas y, para no ser menos, en el trayecto de Berlín a Nido de Cóndores nos castigó una terrible tormenta, tan fuerte como la del día anterior. Luego de recuperar fuerzas en Nido y aprovechar que el tiempo calmó un poco, seguimos pronto hacia abajo y esa tarde estábamos los cuatro en Plaza de Mulas junto a Romina y Patricia, que se habían quedado esperando nuestro regreso. Finalmente, todos menos Christian regresamos el 27 de enero hasta Puente del Inca, desandando ¡45 Km. en 9 horas!, lo cual creo que nos agotó más que todo el trajín en la montaña. A las 3:00 de la madrugada del 28 tomamos el ómnibus hacia Mendoza. Llegamos a las 5:00 de la mañana a la ciudad e inmediatamente buscamos un alojamiento y nos dimos una ducha caliente, algo que nos faltaba desde hacía 21 días! ¿Se imaginan no?

El Aconcagua significó para mí algo totalmente distinto a lo que estaba acostumbrado. Siempre esquivé las "conglomeraciones" en la montaña y allí hay un campamento base que reúne, diariamente, entre 200 y 300 personas: ¡más que muchos pueblos patagónicos que he conocido!

No puedo decir que me gustó más que otras salidas, no puedo decir que es "mi montaña", ni siquiera puedo decir que he soñado con ella y añoraba ascenderla. De hecho, sino hubiera sido por participar del estudio no hubiera ido allí. Pero sí debo decir que le he ido "tomando cariño", que empecé a quererla y, además, creo que ella sabía que yo no la deseaba, que cuando iba ascendiendo sus laderas me preguntaba si realmente quería estar allí. Ella lo percibió y, creo que por eso, no me dejó pisar su cumbre. Como si me hubiera dicho: "Te dejaré cuando realmente lo quieras de corazón, cuando realmente lo sientas". Pues he comenzado a quererla, a sentirla, así que seguramente nos volveremos a ver. Tiempo hay, ella siempre espera, siempre estará allí.

 

Nota:
e-mail: elandinista@yahoo.com.ar

 

 



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