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Proyecto de forestación en El Foyel: riesgos ambientales
Daniel Barrios - Experto Aventurarse

Desde hace meses, un proyecto de forestación comercial en un área de bosque lindero al Parque Nacional Nahuel Huapi preocupa a los vecinos de San Carlos de Bariloche (Río Negro, Argentina) y asociaciones ambientalistas en general. El proyecto prevé talar más de cuatro mil hectáreas de bosque de ñire, una especie netamente autóctona, y sustituirlo por pinos, una especie foránea. Las implicaciones ambientales de este proyecto son todas negativas y se teme que sea la punta de lanza para proyectos similares que terminen convirtiendo las montañas de la Patagonia en maquetas de las Rocallosas de Canadá y Estados Unidos.

El eje del conflicto es la empresa Río Foyel S.A. que habiendo adquirido recientemente casi ocho mil hectáreas, planea destinar la mitad de esta superficie para el aprovechamiento maderero. El campo se encuentra en la zona del paraje El Foyel, una extensa área de bosque y matorrales con una pequeña urbanización ubicada a unos 75 kilómetros al sur de San Carlos de Bariloche. La zona es una transición entre la cordillera andina y la precordillera. Está enclavada en un gran valle que corre de norte a sur, a su vez atravesado de este a oeste por varios ríos (el Villegas, el Manso y el Foyel, que da el nombre a la zona). La vegetación principal se compone de matorral mixto de ñire, una especie arbórea baja que frecuentemente se encuentra asociada con árboles y arbustos de retamo negro, laura, maiten, radal y maqui, entre otros. También se encuentran bosques de coihue, de ciprés y de lenga, siendo el ñire una frecuente transición hacia estos bosques más puros.

El paraje El Foyel es paso obligatorio entre las ciudades de San Carlos de Bariloche y El Bolsón. El paisaje actual es de grandes extensiones de vegetación prácticamente inalteradas, que hacen de la ruta 258 un deleite para la vista entre quienes viajan por la cordillera rionegrina.

El proyecto de Río Foyel S.A. planea destinar unas 4200 hectáreas de este paisaje para el desmonte y posterior reforestación con especies exóticas de pino, principalmente Oregon. Esto ha causado un gran revuelo entre las organizaciones ambientalistas barilochenses, quienes ven en este proyecto la destrucción de un importante ambiente ecológico. Río Foyel S.A. cuenta con el aval de la legislación provincial de Río Negro, aunque se han descubierto fallas en los procesos previos al inicio de las obras de tala.

Según la ley Nacional 25.080, para toda plantación con especies exóticas mayores a las 100 hectáreas debe hacerse un estudio de impacto ambiental realizado por instituciones independientes de la empresa inversora. Además deben realizarse audiencias públicas y las especies a plantar deben cumplir con ciertos requisitos básicos establecidos en la ley. Entre las irregularidades halladas en el proceso de habilitación, el estudio de impacto ambiental lo efectuó la misma empresa que se encarga de los trabajos de tala y reforestación. Asimismo no se hicieron las audiencias públicas ni se pidió certificación de las especies a plantar. Además la ley 25.080 es muy clara en determinar que solo se puede forestar en lugares donde no existiesen previamente bosques nativos. En la Patagonia el espacio forestable sería una estrecha franja entre los bosques de transición y la isohieta 400 milímetros, el límite de precipitaciones donde una forestación deja de ser rentable. Pero la legislación provincial de Río Negro permite forestar en lugares con vegetación arbórea preexistente. Es en este conflicto legal donde se amparan las empresas que desean forestar en las ricas tierras de los bosques de ñire, mucho más favorables que la estepa patagónica.

El factor ecológico

Más allá de los conflictos legales e irregularidades de procedimientos, es el factor ecológico el que más preocupa a la gente. El área propuesta para la foretación linda con el Parque Nacional Nahuel Huapi, la mayor y más antigua reserva de vida natural de la Argentina, y la Reserva Provincial Río Azul, creada recientemente para preservar gran parte de la cordillera andina rionegrina.

El principal riesgo inicial de este proyecto es la pérdida de masa vegetal. Si bien el ñire es menospreciado como una especie inferior (por su pobre aprovechamiento maderero), es el eje de uno de los mayores ambientes de biodiversidad de los bosques patagónicos. El bosque y matorral de ñire es una masa vegetal de transición entre los incendios y los bosques adultos de lenga y de ciprés, principalmente. Ya en 1914 el ingeniero Bailey Willis mapeó en la zona de El Foyel un antiguo incendio acaecido años atrás. La primer especie que se propagó fue el ñire, el cual provee de refugio para los renovales de cipreses que pueden ser encontrados hoy en día al abrigo en los matorrales y que en algunas décadas bien podrían convertirse en un frondoso bosque de ciprés. En una primera instancia, la tala del bosque de ñire podría estar destruyendo un futuro bosque de ciprés.

Un efecto secundario, pero igualmente importante, es la erosión del suelo, que quedaría expuesta a los elementos durante el tiempo que demoren los árboles plantados en formar raíces y follaje que soporte el barrido de las aguas. También se perdería capacidad de retención de agua, que ocasionaría aluviones en tiempos de lluvia y caída de la humedad en épocas de sequía. Esto iría en detrimento de las cuencas de los ríos Foyel y Manso.

Otro factor ambiental a largo plazo es la capacidad del pino para la propagación descontrolada fuera de los límites de una forestación. Si fuera una especie no invasiva los problemas serían menos preocupantes que la realidad. Prácticamente todas las especies de pino introducidas tienen un ciclo de reproducción muy rápido y logran crecimientos acelerados con el clima y suelo andinos. Esto hace que a la larga colonicen y se impongan a las especies autóctonas, desplazándolas o frecuentemente eliminándolas de una determinada área. Esto es motivo de gran preocupación para los responsables del Parque Nacional Nahuel Huapi, ya que el objetivo del Parque es preservar las especies vegetales y lindero a éste se establecerían millones de árboles cuyas semillas bien podrían causar un desastre ambiental en los bosques que se intentan proteger. En un reciente congreso sobre ecología en Buenos Aires, especialistas canadienses argumentaron que sería conveniente limitar la introducción de especies exóticas en los bosques patagónicos, precisamente por este hecho incuestionable.

Tal vez el último factor ambiental sea el fuego. Como tristemente lo comprobamos los habitantes de Bariloche durante el verano de 1999, las forestaciones de pino arden con mucha fuerza. EL ñire es otra especie vegetal que arde con gran furia, pero que a la vez se encuentra muy bien adaptada para recuperarse tras un incendio. Toda la zona aledaña a El Foyel está contemplada como de un gran riesgo de incendio descontrolado. Pero si la gran masa de ñire de El Foyel va a ser sustituida por pinos, entonces el problema se verá incrementado. Como ya ha sucedido en anteriores ocasiones, sea por designios del destino o simplemente mala suerte, las forestaciones no suelen arder sino hasta que cumplen los 10 o 12 años. Es cuando los árboles están llegando a la edad adulta y su masa vegetal es abundante. Cualquier incendio que entra a una forestación dificilmente se detiene dentro de la misma, sino que continúa a veces con redobladas fuerzas. Un motivo más para temer a una reforestación con especies exóticas.

El incierto temor a los bonos de carbono

Hace unos años los países industrializados crearon algo llamado Bonos de Carbono. El carbono es el ladrillo de la vida. Está en todas partes, forma parte de nosotros, de las plantas y los animales. Cuando respiramos exhalamos dióxido de carbono, que es el principal gas de invernadero. Las plantas reciclan el gas absorbiendo el carbono y liberando el oxígeno que necesitamos para respirar. Hasta hace poco gracias al CO2 el planeta Tierra se mantenía con una temperatura medianamente estable, pero la actividad humana de los últimos dos siglos ha cambiado el equilibrio y actualmente enfrentamos un lento pero constante calentamiento global.

Los grandes culpables del calentamiento global son las empresas que emiten grandes cantidades de dióxido de carbono por la combustión de los combustibles fósiles. Los automóviles hacen su parte, lo mismo que la quema de leña, los incendios, el ganado, la agricultura y prácticamente cualquier actividad humana.

El calentamiento global es un hecho del que no podemos escapar salvo reduciendo las emanaciones de dióxido de carbono. Pero en vez de reducir las emisiones los países industrializados proponen aumentar la cantidad de bosques capaces de reciclar el dióxido de carbono que emiten sus industrias y automóviles. Promoviendo grandes reforestaciones de la selva en el amazonia, por ejemplo, se espera revertir el efecto de la tala indiscriminada a la que se vio sujeta. Hay formas de medir cuánto carbono recicla un árbol. Plantando una determinada cantidad de árboles se puede calcular que estos árboles reciclan una determinada cantidad de dióxido de carbono. La empresa que tenga estos árboles podrá compensar sus emisiones de gases invernaderos con estas forestaciones.

Para la organización ecologista Greenpeace, esto no es más que una gran falacia. Tal vez funcione en el Amazonas donde se intenta recuperar la selva perdida, pero de nada sirve talar el bosque andino autóctono para plantar especies exóticas que reciclen el carbono. El solo hecho de usar la madera de ñire como leña anula cualquier intento de proveer un beneficio al planeta, ya que se intentaría reciclar lo que se ha destruido.

En la Argentina ya existe una empresa cuyo objetivo es obtener bonos de carbono. Esta empresa adquirió recientemente unas 50 mil hectáreas cercanas a Alto Río Senguer, en la provincia de Chubut. La sola idea de "manejar" los bosques de lenga y ñire de Chubut atemorizan a los lugareños y ponen en estado de alerta a organismos como Greenpeace. En el caso que nos atañe se teme que el proyecto de Río Foyel S.A. sea la punta de lanza para el aprovechamiento de las 190 mil hectáreas posibles para ser reforestadas con especies exóticas, destruyendo el ambiente natural en pos del beneficio económico sin sustentabilidad ambiental. En medio se encuentran los pobladores de El Foyel, un área relegada del progreso económico que ven en las forestaciones las posibilidades de desarrollo que largamente han estado esperando. En su situación no intentan comprender las posturas ambientalistas ni las que promueven el desarrollo desmedido. Solo quieren trabajar y hasta ahora lo único que tenían por cierto era este emprendimiento comercial que, gracias a la presión popular, ha sido suspendida. Tal vez si en vez de subsidiar las forestaciones se utilizara ese dinero para infraestructura turística la historia sería diferente. Mientras tanto queda latente un proyecto que pone en seRío riesgo a uno de los pocos ambientes naturales que hasta ahora se venían salvando de la destrucción sistemática. Mientras que por un lado los turistas vienen a ver espacios vírgenes o semi vírgenes, por otro lado parece que se buscara erradicar aquello que tipifica a la Patagonia como un ambiente turístico inigualable.

 

 

 



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