Sobrevivientes del Chaguaral
Martín
Avila -
Aventurero
Esta
salida guarda un significado tan especial para mí
y para los participantes, probablemente, porque durante
su desarrollo nos sorprendió la noche. Como guía
de la travesía, debo reconocer en esto múltiples
razones. El circuito elegido privilegiaba evitar subidas,
aun a costa de extender el recorrido. Además, debimos
esperar bastante a aquellos que tomaron la alternativa
de ver la cascada de Los Chorrillos desde arriba. Indudablemente,
guardaba junto a la memoria de los recodos de la zona,
la experiencia de volver de noche, aunque era en tiempos
en que llegar tarde no importaba. Esta vez, por las demoras
que hubo en el momento de salir o por la cantidad de anotados
que decidieron saltar la cerca anímica que trae
aparejada la crisis económica, llegamos a Flor
Serrana tras el ocaso.
Así,
este trekking del primer fin de semana del otoño
a la Quebrada del Chaguaral, Córdoba (Argentina),
sigue siendo un grato recuerdo, a pesar de que vamos todos
los fines de semana a caminar la sierra.
Por
lo que yo puedo contar, la historia podría arrancar
en los comienzos de mi actividad de guía en Explorando,
cuando todavía no se habían impuesto las
zapatillas de trekking a nivel masivo y lo mejor hasta
el momento eran los brutos borceguíes del ejercito.
En aquella época escuché, de una persona
que vive en Tanti, provincia de Córdoba, que antes,
cuando el puma atacaba el ganado, lo iban a buscar a los
Calabozos del Yuspe o a la Quebrada del Chaguaral. Ya
conocía los Calabozos y al poco tiempo, en una
de las pocas ocasiones en las que salí solo, encontré
el Chaguaral, pero no había ningún león.
Más
allá de la anécdota, el sitio me impactó.
Altos saltos de agua, bosque serrano con quebrachos colorados
y una quebrada sin senderos de herradura ni de vacas.
Y como todos los lugares lindos de Córdoba, aislado
de la civilización pero a mano de los caminantes.
La
historia sigue cuando deslumbrado les cuento el hallazgo
a dos amigos que llegarían luego a las cascadas.
Fueron solos y por sus medios, pero en el mismo paso les
tomó el borceguí una trampa para pumas o
zorros. El ancho y dureza de los borceguíes no
dejó que los filos de la trampa tomen bien y lograron
zafar.
Pero
hay más para agregar acerca del lugar. Flores raras,
aves rapaces de todo tipo, reptiles y el encuentro, que
no es poco, con la gente que gusta de estas excursiones.
Las
personas que participan de las caminatas, de tanto proponer
un espacio diferente de encuentro con la naturaleza, en
ocasiones se conocen de antes, de otras salidas o de la
ciudad. Otras no, pero eso tampoco es problema. Así
caiga el corralito, se nos expropien los depósitos,
falte trabajo, haya que correr a corruptos o se nos indexe
la vida, es muy común que el campo obre un corte
o cable a tierra, siendo inevitables los chistes, la risa,
la desinhibición.
Noche
serrana
Por
supuesto, lo que convoca es la naturaleza. Al menos es
la excusa. El plan para el circuito del Chaguaral era
tener como punto final las cascadas de la quebrada. La
travesía tiene de interesante que comienza claramente
en un punto y finaliza en otro. Además, se puede
disfrutar el tránsito por la falda oriental de
las Sierras Grandes con el valle de Punilla y las Sierras
Chicas como marco, al este. Antes del almuerzo, y en el
pico del calor, programé la parada principal en
un salto previo a la quebrada, con una buena hoya para
nadar. Luego de descansar un rato, vimos los saltos más
profundos de la quebrada. Un aprendizaje de muchos años
es que cascada con hambre no gustan tanto.
Luego
abandonamos el pastizal y llegó el momento de bajar
por el monte serrano. Se trata de laderas difíciles
de transitar por hacheros e incluso por el ganado. Allí,
los quebrachos, cocos, manzanos del campo, molles y guindillos
mantienen, cerca de la ciudad de Carlos Paz, su último
relicto con algunas cicatrices de las quemazones de campo.
Los
chaguares, especies de bromelias que abundan en zona y
dan nombre a la quebrada, dificultaban la marcha por su
gran cantidad de espinas. Luego vino el mate cocido agreste
en Las Taperas del río Los Chorrillos. La última
subida, con un atardecer de gloria y al asomar las cabezas
frente al valle lejano. Encontramos la noche con otros
sonidos y un espacio nuevo para los que venían
por primera vez. Sin recordar que había pasado
el 21 de marzo y asomaba el otoño, nos sorprendimos
al llegar a la ciudad en el mismo horario que en anteriores
salidas, pero en plena oscuridad.
Pero
hasta aquí esta es una crónica fría.
La historia central de está nota no la he de contar
solo. Ya la relató mejor el caminante que perdió
la suela de su calzado en la caminata y la tuvo que atar
con los cordones. Mario Seguel, quien nos acompaña
desde 1992, es actor, escritor y peluquero, hijo de galés
colono de la Patagonia y de una tehuelche del interior
de la estepa. Y así cuenta la historia.
Sobrevivientes
de Chaguarales, por Mario Seguel
Suena
al despertador.
Él lo apaga, rápidamente.
Mira a su compañera dormida.
- "Mejor la dejo dormir otro ratito.
Esta noche hablaremos, hay que pagar los impuestos.
Los zapatos de la nena.
¡Cómo crecen!
Tantas horas fuera de casa."
Agarra la mochila y sale.
Al sur de la ciudad. Ella prepara también su mochila.
¡Ojalá no llueva!
- ¿No me olvido de nada? Piensa.
7 am.
De otros puntos llegamos al lugar de partida.
Semidormidos.
Ahora, marchamos en fila india, con dos mochilas, una
lleva comida,
alguna bebida espirituosa.
En la otra, cada uno sabe.
Los pensamientos también marchan.
Pero hoy la consigna es reír.
- "En la oficina no tengo con quién."
Una liebre nos espía detrás de unas matas.
Por las dudas,
hay un tehuelche suelto,
casi sin zapatillas.
Seguimos en fila india por tres horas.
Lalo cierra la fila y las tranqueras.
"Cuidado con ir por ahí al corral abandonado,
solamente hay silencio.
¡Por fin la cascada, la hoya!
Todos al agua, parecemos chicos raboneros.
Tal vez por eso, demoramos la partida.
Nos resistimos al lunes.
Y nos agarró la noche y dos horas por delante.
Ahí se ve quién nos guía.
¡Claro hay que llegar.
Su hija espera!
Martín dijo: todo lo que se trae, se lleva de vuelta.
Le hacemos una trampa, algo nuestro quedará para
siempre entre el Chaguaral y la montaña.
Magullados.
Llegamos a salvo.
Ninguno reveló su secreto.