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Reportes día a día

Miércoles 29 de enero de 2003

Villa Gesell - Faro Querandí: 13 millas (23 kilómetros)

Nos levantamos decididos a encarar una de las etapas más complicadas de esta segunda etapa, ya que desde Villa Gesell hasta Mar Chiquita no hay absolutamente nada civilizado a excepción de la base de la Armada en el Faro Querandí.

El viento se había establecido del Noroeste a unos 17 nudos (unos 30 km/h), condiciones perfectas para encarar de un tirón la navegación de 36 millas. Salimos pocos minutos antes de las 11:00 hs. Después de pasar las rompientes altas y pesadas, ganamos mar abierto y dimos un largo borde hacia adentro. Trabuchamos y pusimos rumbo al faro, con las velas a pleno de viento y barrenando olas enormes, montañas de agua. Un tobogán interminable, ya que al pasar una ola empalmábamos la siguiente, volando a más de 16 nudos. ¡Cantábamos y gritábamos como desaforados cuando las tablas arrancaban en cada ola, un derroche de alegría!

A eso de las 12:00 hs. ya estábamos a una milla del faro, cuando comenzamos a sentir que el viento soplaba cada vez con mayor violencia. Como es habitual con los vientos de tierra, el peligro es romper alguna pieza del aparejo y quedar sin posibilidades de navegar derivando mar adentro, ¡hasta Sudáfrica sin escalas! Así que decidimos hacer una escala en el faro a esperar que las condiciones mejorasen. Fuertes rompientes barrían la playa del faro y Felipe es arrastrado por una de ellas dando varias vueltas entre la espuma y la arena antes de asomar a la superficie. En ese revuelo, el mástil lo golpea en la cabeza produciéndole un corte detrás de la oreja.

Poco después sale Daniel sin mayores inconvenientes aprovechando la relativa calma de una serie de olas menores. El viento supera los 25 nudos y sigue en aumento. Subimos los equipos y vamos caminando por el médano hasta el faro. Allí conocemos a Omar y Cristian, que son de la Armada y están cargo del cuidado de la Base Faro Querandí, el funcionamiento del faro y sus instalaciones. Subimos los 278 escalones de la escalera caracol hasta lo alto y desde ahí el paisaje es alucinante: hectáreas de médanos, lagunas y el mar azul y eterno enfrente.

Hablamos por radio con la Prefectura de Villa Gesell y con los chicos, y les avisamos que si el viento sigue así, pasaremos la noche en la Base.

El viento sigue aumentando y por momentos las rachas superan los 40 nudos, imposible navegar. Dormimos una siesta bajo unos árboles, tomamos unos mates con los marinos amigos y nos invitan para cenar y pasar la noche allí. ¡Mil gracias!

Comemos unos fideos con estofado alucinantes, vemos un poco de tele, que hace rato que no le pasamos ni cerca de una. Un par de colchones son para nosotros una suite presidencial y nos desmayamos antes de las 11 de la noche.

Equipo Travesía Costa Atlántica.










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