Bebidas,
tragos típicos y una línea muy delgada
entre la vida y la muerte
Si
usted pensó que es buen bebedor, si tienes amigos
que han roto marcas a la hora de tomar. Después
de conocer la cultura etílica de Bolivia, se
dará cuenta que todos sus compañeros de
trago, he incluso usted, son todos hombres de pecho.
En
Bolivia hay tantos tragos como ciudades existen. Cada
ciudad, a raíz de su ubicación geográfica
y cultura, es caracterizada por una bebida diferente.
El presente es un análisis completo que ayudara
al viajero a orientarse o mejor dicho, a "desorientarse",
dentro de este culto del beber que encierra el altiplano.
El
origen de este informe surgió de una amistad,
que en su momento, se entablo con el agregado cultural
de la cuidad de Potosí. Dicho personaje, lo hallamos
en el teatro de la ciudad donde, con paciencia y en
un acto por rescatar la identidad de cada pueblo, por
y a través, de sus bebidas típicas, realizo
un inventario que describía ciudad, trago y referencia.
Fue
maravilloso ver abrir un viejo mueble y encontrarse
uno con una gran variedad de botellas que viraban del
turquesa al ocre, pasando por el traslucido y carmesí.
El
nos cuenta que en todo el país hay una infusión
en común, un mismo espíritu. Su nombre
es: Cingani, o bien, preparado, se convierte en San
Pedro de Oro. "Es una puerta que hay que pasar".
El efecto es uno y devastador. Después de haberlo
ingerido en considerables cantidades, el cuerpo adquiere
una postura erecta y rígida. Es muy común
ver a hombres-tabla tapizando las calles después
de una festividad.
Una
de las tradiciones que destaca la hospitalidad del norte
es la generosidad de "las cholas". Estas buenas
mujeres tienen la costumbre de invitar a uno con un
trago cualquiera.
Supongamos
que estemos en La Paz y nos invitan un "té"
o Misil, allí los tragos se sirven de a seis
y nuestro instinto nos llevara a consumirlos en su totalidad.
Error. La consecuencia de esto convendrá en tener
al momento seis tragos mas delante nuestro, que no sabremos
si estaremos dispuestos a terminar y, supongo no verán
como una alternativa despreciar. Seria mejor antes que
ello, salir corriendo sin mirar atrás. Entonces,
para ser aceptados, debemos proceder de la siguiente
manera: de los seis tragos, tomar solo cinco y el último
invitarlo a nuestra anfitriona. De este modo se evitaran
huidas vertiginosas o que el viaje llegue a su fin antes
de tiempo.
Ahora,
nos trasladamos a Potosí, donde los tragos son
alcohol de 96º con coca (solo para mineros); Chancho,
canela con fermento de fruta; Pitufo, nuestro amigo
alcohol con soda turquesa; o los famosos Polvitos, que
siempre van acompañados de una tradicional serenata
y por supuesto una dama.
Caminando
por las calles, envueltos en una de las tantas festividades,
una chola nos ofrece cerveza casera. Ya conocemos la
primera medida a tomar: nunca despreciar. Seguido a
esto, verter un poco del líquido, en agradecimiento
a la tierra (Pacha Mama) que nos da su fruto. Luego
disfrutarlo.
Al
igual que la coca, todos los obsequios se reciben con
las dos manos. A nadie se le ocurriría extender
solo una mano para recibir algo, lo cual seria sinónimo
de desprecio. Esto no es una norma de convivencia, sino
más bien, para el gringo, cuestión de
supervivencia.
Para
los amantes del buen vino, Tarija ofrece un abanico
de posibilidades, pero un solo vino: el mejor de su
tierra. En esta ciudad, seguramente, nos inviten Chapaco.
La forma de beberlo debe ser rápida y seca. La
clave, tanto aquí como para las otras ciudades
es: "nunca rechazar, siempre invitar".
Si
bien Sucre tiene su Chamiscol, Caipirinha y Caldo de
Loro; Oruro su Quema Pechos, acompañado por un
Intendente, nada supera a Santa Cruz, donde su trago
por excelencia son las Mujeres y no es justamente un
trago fácil.
Teniendo
en cuenta este breve reporte podemos dar origen a una
Receta Mágica: nos pegamos una vuelta y tomamos
una mujer en Santa Cruz; comemos un Intendente en Oruro;
nos refrescamos con un Chancho en Potosí y terminamos
con un Misil en La Paz, donde se halla el Estado mas
alto del mundo.
J.N.M.