Iglesias
y conventos en Potosí
Potosí
encierra, para los piadosos, una gran cantidad de Iglesias
y Conventos que pueden ser visitados, y en ocasiones
a modo de museo.
Cuenta
la leyenda popular, que debajo de la ciudad se cruzan
infinidad de catacumbas de distintas congregaciones.
Estas albergan en su interior los restos de hermanas
y hermanos religiosos. También hay visitas guiadas
a estos oscuros pasajes. La Iglesia de San Francisco
ofrece un recorrido pero hasta cierto punto.
No
me resultaría raro pensar que más de algún
religioso no se haya encontrado con algún grupo
de mineros que estaban trabajando en las inmediaciones
del Cerro Rico. Esta vieja costumbre de enterrar a sus
muertos en esos grandes laberintos subterráneos,
bien podría haber sido una estrategia de evangelización
para los ciervos de Dios, en ciudades mineras como Potosí.
Casa
de la Moneda
Otra
de las visitas, casi obligada, es la Casa de la Moneda;
no solo forma parte del patrimonio potosino, sino que
también contiene parte del patrimonio argentino.
En ella se forjaban las monedas y matrices de todo el
viejo Virreinato. Para sorpresa de muchos, nuestra primera
moneda patria, también encontró su origen
allí. Para quien lo quiera corroborar, tome en
sus manos la moneda de un peso, luego de leer: "En
Unión y Libertad", (hoy día estas
dos palabras conforman una paradoja) encontrará
el logo del departamento de Potosí. También
hallará una fecha: 1813, época floreciente
de esta ciudad.
En
esta casa, ahora Museo, tuve la oportunidad de visitar
los talleres de restauración en donde el común
de la gente no tiene acceso. Gracias a uno de los artistas
restauradores y amigo (los llamo artistas, por que no
solo lo es el que pinta la obra, sino también
el que la restaura) es que tuve la oportunidad de tomar
contacto con este submundo que devuelve el aura perdida
a pinturas de incalculable valor.
Daniel
Jiménez Lanza, restaurador de talla y policromía,
o para que entiendan mejor: restaurador de marcos, es
quien me introdujo, primero a su taller y luego a su
invalorable confianza. Me confesó su intranquilidad
al pensar que después de un trabajo que lleva
meses, la gente nunca nota la presencia de un marco.
Y yo, que si de algo sé es de marcos, le dije
que los marcos visten a la pintura, que una pintura
sin marco es una pintura desnuda, y que la gente nunca
notara la presencia de un buen marco, pero sí,
en cambio, la ausencia del mismo. Pasa como con las
mujeres, ellas no notan lo que hacemos por ellas, pero
sí se fijan en lo que dejamos de hacer por ellas.
J.N.M.