Un
reencuentro muy esperado
Emiliano,
que había partido los primeros días de
enero hacia Bolivia y ya estaba de nuevo para comenzar
el viaje conmigo, me esperaba en la estación
terminal de ómnibus. Recorreríamos los
mismos lugares que él había hecho unos
días atrás, pero el viaje sería
diferente.
Es
bueno llegar y saber que alguien te esta esperando pero
para desgracia de ambos, él estaba en la etapa
crítica del viaje; diarreas, vómitos y
muchos otros tantos síntomas que conforman el
cuadro clínico perfecto del viajero: cuando ha
absorbido tantos lugares, gente y distancias en tan
poco tiempo.
En
aquellos días había llegado hasta La Paz
y dado la vuelta para reencontrarnos después
de mucho tiempo de no haber compartido caminos. Ahora
mi deber era cuidarlo para que Bolivia nos volviera
a encontrar unidos.
Salta
Capital
Una
Posta en el camino
Camino
hacia la Quiaca, nunca nos imaginamos encontrar un paraíso
en Yala (Jujuy), si no fuera que la providencia nos
apeara en aquellos caminos.
Gracias
a una vieja amistad y una dirección bien anotada,
dimos a parar a la Estancia de Los Carrillo, familia
que data del 1700 y cuyos antepasados acogieron a muchos
próceres que se encontraban de paso por el Norte
Argentino. Familia de viajeros y aventureros aún
hoy recordando sus días de mochileros, acogieron
a estos dos peregrinos haciéndolos sentir, a
pesar de la distancia, cerca de casa.
A
pesar de los cuidados Emiliano no mejoraba y un mal
presentimiento me dio la razón: mi vieja amiga
la Hepatitis se hacia presente una vez más. Así
fue que nos separamos y él siguió su camino
hacia el sur y yo sin mas remedio solitario hacia el
norte.
Viajar
solo tiene sus ventajas, pero también sus desventajas:
"todo
hombre aunque tenga un carácter activo y sensato,
se arriesga, a fuerza de viajar solo, a acabar sus días
encerrado entre las cuatro paredes de un manicomio",
Bram Stoker (Drácula)
Hepatitis
A
El antes y el después en la vida de un hombre
Este
pequeño virus se merece para mi un capítulo
aparte, en especial para los viajeros que van hacia
el norte.
Hay
un porcentaje de uno en tres de los visitantes infectados
por este virus. Si está pensando pasar unas excelentes
vacaciones en Bolivia, vacúnese. No crea que
tomar agua mineral, ponerle lavandina a todo y extremar
cuidados mantendrán a la hepatitis lejos de usted;
en una manija antes de entrar a un albergue, sobre la
tapa de un inodoro o antes de subir al ómnibus
él lo espera allí, listo para que en algún
descuido su mano toque su boca y listo el virus dicta:
CUARENTENA.
Resultará
gracioso pero, hoy caminando por las angostas calles
de Bolivia me sentía un poco mas seguro, no mucho,
pues la hepatitis también es B y C.
J.N.M.