No
des nunca un consejo. El ignorante no te escuchará
y el inteligente no lo necesita.
The
Washington Post
Más
arriba el Paraíso
Titicaca
Para
los que decían que Bolivia no tenia salida al
mar, lamento decirles que se encuentran en un terrible
error. A 3900 metros sobre el nivel del mar, el Titicaca,
uno de los lagos más altos del mundo y el más
grande, es de agua salada. Decir esto es meramente un
dato o una anécdota. Allí arriba después
de un largo trayecto, uno se reconcilia con el altiplano
y puede recuperar fuerzas para emprender un nuevo viaje.
Cuenta
la tradición que de las profundidades del lago,
surgió Manco Cápac, fundador, según
la leyenda, del Imperio Incaico y junto con él
Mama Ocllo, hija del Sol, hermana y esposa de Manco
Cápac, según la mitología Incaica.
Su
ciudad principal es Copacabana a orillas del gran lago.
Dicha ciudad no encuentra horizontes en este retazo
de mar. Llena de vida y tradición, hace reencontrar
al viajero con un típico paisaje del sur argentino.
Dentro
de esta ciudad, entre otras cosas hay: una curiosa iglesia,
que evoca un templo islámico; un monte, llamado
el Monte del Calvario, desde donde se logra contemplar
el imponente paisaje que abarca la ciudad; el lago y
un puerto. Aquí el viajero puede tomar las embarcaciones
que van a la Isla del Sol o a la Isla de La Luna, lugares
míticos si los hay, donde un grupo de precolombinos
desarrollaba una serie de ritos al Dios Sol o a la Diosa
Luna. Esto dependía, por supuesto, en donde los
agarrara la noche.
Al
día siguiente de llegar, iniciamos el largo trayecto
que nos llevaría a la Isla del Sol. Hay dos caminos:
por tierra o por agua. A menos, claro, que usted sepa
volar y en tal caso debo informarle que los Incas no
habían inventado, para ese entonces, la pista
de aterrizaje. Y aunque lo hubieran hecho, más
difícil se les haría encontrarle alguna
utilidad. La opción no fue la barca sino rodear
el golfo a pie. Son doce kilómetros donde uno
se sumerge en la silenciosa vida que rodea el lago.
En
nuestro trayecto tuvimos la oportunidad de conocer desde
pastores de ovejas, hasta los singulares pescadores
que con sus totoras incursionan en las aguas transportando
el tiempo a épocas de antaño. La especialidad,
para los hombres en toda la costa, son las totoras.
Embarcaciones hechas a base de juncos unidos a presión
que se mantienen a flote de seis a ocho meses. Los hay
de diferentes formas y tamaños. Los más
llamativos, para el tiempo de las celebraciones, ostentan
en su proa, cabezas de seres mitológicos hechas
de junco y luego pintadas a mano.
Aquella
tarde llegamos a la Isla del Sol. A decir verdad, justo
enfrente. No quisimos cruzar. Pensamos que guardar algo
sería lo mejor. Habíamos visto demasiado
en muy poco tiempo. Así es que dormimos una siesta
y partimos de vuelta hacia Copacabana. Creo que hicimos
lo correcto.
J.N.M.