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Huella de Malones
El
lugar - Primera Edición (16 de marzo de 2003)
Son
muchas las enseñanzas que nos dejan las carreras
de aventura. Así, entre otras cosas, aprendemos tanto
acerca de la solidaridad con competidores-compañeros, como
así también que la comunión con la naturaleza
es inmensamente más valiosa que la competencia con ella.
Pero en esta oportunidad, al finalizar el paso por la Selva
Subtropical más Austral del Mundo, habremos aprendido
sobre la historia de la flora que nos rodea hoy en día
y de quienes introdujeron gran parte de ella en el país,
y habremos admirado la presencia de ejemplares únicos en
el mundo.
En
esta ocasión, el Ministerio de Seguridad y el Profesor
Fernando Guaragnini (Director de la carrera), abren las puertas
de la Escuela de Cadetes Juan Vucetich, para que los corredores
conozcan en familia el casco principal de la Estancia Pereyra
Iraola.
Esta
estancia data del año 1850, cuando la inmensidad y la ausencia
de hombres y árboles de las pampas era descripta por Pierre
La Rochelle como un verdadero vértigo horizontal.
Sin embargo, para Leonardo Pereyra Iraola, el parque de la estancia
fue la obra de su vida, y la dedicación y recursos invertidos
en ella, hicieron que para el año 1910, el viajero francés
Jules Huret estuviera en condiciones de decir
Ese
parque constituye la gloria de la familia
y no lo cambiarían
ni por un título de nobleza.
Este valiosísimo patrimonio forestal y artístico
es preservado desde 1949, cuando la expropiación de las
estancias de la familia, evitó el desmembramiento de la
propiedad.
Entrados
en el siglo XXI, las arboledas de eucaliptos (especie cuyas semillas
fueron ingresadas al país por Sarmiento y entregadas a
Pereyra Iraola en 1875) son habituales en los paisajes bonaerenses,
pero combinadas con la variedad y la exclusividad de la flora
existente en la estancia, hacen que la carrera se desenvuelva
en un ámbito "único en el mundo".
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