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Huella de Malones
Primera
Edición, 16 de marzo de 2003
Cristian
Castillo, uno de los organizadores de la competencia, nos relata
así lo sucedido:
"El
domingo 16 de marzo de 2003, bajo un sol brillante, se disfrutó
la primer edición de la carrera de aventura Huella de Malones.
Cerca de las 11:00 de la mañana 208 aventureros contaron
los 10 últimos segundos que los separaban de la largada
y salieron disparados debajo del arco inflable gigante hacia una
galería hermosísima de árboles muy altos.
La
corrida inicial fue espectacular, primero los árboles y
después 1 kilómetro a campo traviesa hasta llegar
a los bellísimos senderos estrechos de la primer parte
de selva. Sin ver el sol por la vegetación, con menos temperatura
y mucha humedad, los corredores bordearon un arroyo y llegaron
a los puentes colgantes.
Había
cuatro, muy bien armados por los especialistas del Rocódromo,
que se superaron muy rápido para luego enfrentar los 1000
metros que faltaban para llegar al parque cerrado y subirse a
las bicicletas.
El
ritmo de los primeros era fuertísimo, algunos cambiaron
de calzado, otros no, pero todos salieron a gran velocidad. Los
senderos ahora un poco más anchos les permitían
rodar muy rápido.
En
esta etapa hubo de todo: asfalto, tierra, barro, pasto, terrero
arado, huellas duras y profundas, un arroyo que atravesar con
la MTB al hombro, puentes... y además pasó de todo:
caídas, equipos perdidos, pinchaduras, ruedas rotas, todo
lo que debe tener una carrera de aventuras.
Una
hora de carrera y los primeros ya estaban terminando al etapa
de MTB y saliendo para cumplir con los 7 kilómetros finales
de cross country. Todos sintieron la dura etapa de MTB y el ritmo
ya no fue tan alto, los senderos seguían siendo hermosos.
En particular uno donde las cañas armaban un túnel
perfecto por donde debían correr agachados.
Pasaron
por detrás del árbol de cristal, el cruce de la
virgen robada y llegaron a la segunda prueba especial: una espectacular
tirolesa de 32 metros de largo y siete metros de altura sobre
el agua. Pero eso no era todo, al bajar debían atravesar
100 metros con el agua a la rodilla para por fin emprender el
regreso hacia el casco de la Estancia.
La
llegada fue una fiesta, un montón de gente aplaudiendo,
las chicas del Grupo Alquimistas entregando las medallas y regalos
de los esponsors. Sólo faltaba retirar la comida que la
organización entregó a todos los participantes:
empanadas, frutas y gaseosas. Para el final quedó la entrega
de premios a la sombra del ombú y pastelitos dulces para
todos".
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